Es gratis

Venice

Hay quienes dicen que nunca antes se había vivido mejor, logrado más cosas y contado con personas mejor preparadas. Es una misma frase que se repite por doquier puertas adentro de este edificio en el que moramos. Es una sentencia que, sin buscar comparativas, también la repite el vecino, el de la escalera contigua y hasta los que viven en los pisos más bajos. Las personas, generalmente, se atribuyen el éxito de sus formas de gestión por haber conseguido tupir la tierra de objetos innecesarios para el placer humano. Todos saltan presurosos en defensa de esa máxima cuando se siembra la duda sobre la necesidad o no del deseo de ese estilo de vida. Pese a la juventud de la idea, hay quien ve que encaja a la perfección con esos libros sagrados que rigieron a nuestros ancestros. Es cierto que existe una resistencia real en la construcción de esta sociedad de autómatas. Y, sin embargo, es tan poderosa la idea de posesión, de lo propio e intransferible, de la propiedad y la ganancia, del ser mercancia y del reconocimiento a través de la imagen que le basta con la inercia automatizada para acabar con toda resistencia disidente. Por suerte, son los albaceas de la misma, los llamados poderes y poderosos, quienes con sus torpezas y excesos nos espabilan con el agua fría de sus actos. Y también, claro que sí, por la actitud de muchas personas inmunes a la enfermedad de ser sujetos solamente reconocidos a través de los objetos poseídos. Nada de moral. No sirve. Y la ética es una construcción efímera que pide deconstruirla. Hay más de todo, en todo el mundo, y nadie renunciará a seguir poseyendo aún a costa de un final amargo en el cual, por otro lado, sinceramente pocos creen. Mientras existan las ganancias del hoy, el mañana ya se verá, parece ser el claim del imaginario colectivo. La cuestión es la felicidad.  Y ahí está el gran dilema: ¿qué nos hace felices? ¿Consumir el tiempo sin quilombos mentales siendo obsecuentes o destriparlo con la curiosidad de la interpretación? Quizás, deberíamos entender que justo lo inexplicable, lo que nos parte al medio de placer, lo que nos descubre en ese increíble instante donde encontramos que somos también otro ser y otro ser es nosotros, es gratis.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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