Papelitos al aire

Cada 31 de diciembre la Ciudad Vieja de Montevideo se llena de papelitos que desde las ventanas de los escritorios y oficinas se arrojan a la calle en un ritual donde las hojas de las agendas se rasgan y fraccionan. El “ya fue”, el olvido de lo vivido, se mezcla con agua, alcohol, porros, farlopa y pastillas de acrónimos imposibles de recordar si no estas en “onda”. Una tradición a la cual no vale la pena sacarle punta ni juzgarla y sí vivirla.

Asumiendo ese espíritu cuasi de purificación, de desagravio contra los sinsabores de la diaria laboral y profesional voy hacer papelitos mi agenda respetando aquellas páginas que, lamentablemente las llevo garabateando desde mi infancia. Y es que romper mi interrogante sobre el porqué de las hambrunas y sequías en el mundo menos favorecido sería borrar el tatuaje que un día marcó un nombre doloroso: Biafra. Casi 50 años después, ninguno de los nombres que apunto cada año me es ajeno. Casi todos africanos. También descubrí a la par que el hambre y la sed obligaba la partida, el desplazamiento, el desarraigo en busca de refugio que permitiese sobrevivir. Y por eso, tampoco destruiré las decenas de páginas que hablan de los refugiados aunque ahora nadie sepa bien donde yacen. Quizás estén en el Este europeo soportando al cruel “general invierno”, o en el Oeste asiático turco, oliendo a lontananza sus aromas sirios calcinados por la guerra, o de camino desde otros conflictos larvados, o cruzando el Sáhara a lomos de camiones preñados rumbo a un mar que no es “nostrum” y si tumba posible, o en barcos de papel por el profundo Índico que nunca serán noticias porque no arañan Occidente, o cabalgando trenes rumbo al Río Grande, tan estrecho y mortal, o, o, o.

Voy hacer papelitos, sin embargo, a los pelotudos y ovariudas que, ya sé, seguirán estando, manejando, mirándome con displicencia porque ironizo toscamente y me embroco sonoramente perdiendo los papeles que se le suponen a un tipo de mi edad. Papelitos para los que dirigen el poder financiero y que a veces son implacables y otras veces unos llorones a los que hay que rescatar por incompetentes. Papelitos para la gilada que dirige esas grandes empresas de grandes marcas; son unos chorros. Papelitos para todos los políticos menos unos pocos que siguen siendo peligrosamente insustanciales, bobos a las órdenes de los anteriores. Papelitos para los trepas, sobre todo para los que militan en las nuevas organizaciones y siguen las pautas de las viejas; ojo, no confundan el silencio con la pelotudez. Papelitos para los medios de comunicación; está bien, en el 15 han ganado muchas elecciones pero tienen los días contados como cuarto poder. Papelitos para las religiones, malditas y canallas; ya sé, ganan por goleada pero también matan impunemente. Papelitos para la industria cultural; aburren. Papelitos, que vuelen los papelitos y que cada uno tire los suyos.5683ea02351bd

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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