Elegir el llanto

El gobierno Canario anunció que en lo que va de año, al menos 1.000 reinas y reyes, princesas y príncipes, duquesas y duques, infantas e infantes, murieron o desaparecieron en la travesía atlántica conocida como “la ruta Canaria”. Y aún falta lo peor, cuando la mar y el tiempo cambian el escenario y se arbola. Un escenario más de los muchos con los que Europa y Estados Unidos conviven adentro de sus murallas salinas espumosas dulces alambradas desérticas, de púas y cemento. Pasmosa y argumentada normalidad. Sus viajes no son oficiales, no les bailan con su exótica vestimenta las tribus blancas del norte. No les muestran sus cuerpos pintados. No les cantan en sus primitivas lenguas ni le comparten su comida de plástico. Cuando acontece la muerte no se paran las rotativas, no se repasa su vida como hitos de la supervivencia humana llevada al extremo y aun así, sonrientes optimistas creyéndose posibles, constructoras de sueños. No se hacen panegíricos semblanzas in memoriam, ni se cuenta que lo han sido todo por todos con sus resistencias que han sufrido el saqueo vandálico de sus recursos la guerra la hambruna las enfermedades la contaminación que las aguas y el viento arrastran desde lejanos reinos a sus vidas. No hay lutos oficiales ni lazos en los perfiles de las redes ni cortejos fúnebres ni tuits ni telegramas ni fotografías ni familias pueblos países imperios mundos desconsolados. No hay. Simplemente no hay, desaparecen o yacen en fundas mortuorias rumbo a cementerios de tumbas NN, sin nombre sin historia sin llantos de miles de millones de personas que sienten congoja por su muerte, también anunciada. Son los que no son, los que nunca fueron, los que no paralizan el tiempo con sus ausencia, los que nunca entendieron que la democracia y la libertad tienen fronteras, pruebas de aptitud, reglas llenas de palabras asesinadas, color de piel. Son reinas y reyes que buscan refugio que no invaden buscando recursos, imponiendo religiones culturas…, creando súbditos. No celebro muertes, pero elijo a quienes llorar.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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