Realmente, ¿de dónde eres?

Una Lady con modales y sonrisas mecanizadas. Nacida criada vivida como aristócrata que, equivocadamente, se podría pensar que vive ausente sumida en la burbuja de la inocencia cortesana de un cuento de reinos y hadas como esos once días de funeral de su jefa en vivo y en directo. No. La Lady Susan Hussey, además de “la madrina” del Príncipe de Gales, desde 1960 desempeñaba muchos más cargos y en especial, responder a las cartas que los súbditos británicos escribían a Buckingham Palace (nada interesante para una disección del ser británico de Stephan Frears [que hace demasiado que desapareció de la cartelera] pero sí para “cruel washing” de Netflix). Ni boba, ni inocente, pero sí abducida por el legado de Victoria que oficializó el sentimiento de imperio, los pasaportes de tres categorías de británicos y la eugenesia para depurar sangres cuando la piel se vuelve clara.

La Lady ya rondaba los diez años cuando un 22 de junio de 1948 atracó en Tilbury, el Empire Windrush con 500 personas del Caribe que llegaban a reconstruir la Britania. Y lo hicieron a pesar de guantes blancos que se ponían las personas para no tocarlos, a los bares e iglesias que colgaban sus carteles de “white people only”. Sin ellos no habría “milagro” de resurgir ni tampoco la frase que Winston Churchill nunca pronunció acerca de “cómo tan pocos hicieron tanto”. Da igual la procedencia asiática, africana o caribeña. Lo hicieron.

La mayoría no retornó. Estableció su vida en bucle: trabajo, casa y comunidad. De aquella extraña situación entre tolerancia y desprecio, entre comunidades culturales latentes o invisibles, británicos y europeos, rajado el telón de acero y abierta la habitación china, temieron por sus colores, por sus números y bienestar social, solo posible por la existencia de una mano de obra barata. Es más, hace unos años, cuando Theresa May estaba a cargo del Ministerio del Interior (después Primera Ministro), se implementó la política de “hostile enviroment” donde la delación al extranjero se premiaba. La generación del Empire Windrush comenzó a sufrir un hostigamiento del gobierno con deportaciones, tras cincuenta años, despidos en los trabajos y expulsiones de las casas que rentaban y del sistema de sanidad. Tenía que demostrar su britanidad.

Las repreguntas de Lady Susan Hussey a Ngozi Fulani, quien dirige la organización benéfica contra la violencia doméstica Sistah Space, insatisfecha por la respuesta de ser y haber nacido en el Reino Unido (pese al color de su piel) son elocuentes: ¿pero de dónde eres realmente?

Sí, la apartaron, pero esa mirada está y les cuesta demasiado digerirla a los europeos que a diario se enfrentan convivir en diversidad (fue el principal motivo para la votación exitosa del Brexit) y saber que han pasado generaciones y no ha lugar seguir creyendo que la piel da o quita sentimientos de pertenencia y menos para poner o restar valor por el origen. Es el mal del nacionalismo que tiene fecha de origen para relatar y para ocultar el pasado porque, ¿realmente de dónde son los británicos y los europeos?

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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