Mantener las distancias

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Vivía en Londres en el año 86 cuando me visitaron unos amigos de España. Un fin de semana estupendo para ver y disfrutar de la capital del antiguo imperio británico. La primera de las noches después de cenar y recorrer los garitos del Soho, retornábamos charlando al apartamento cuando nos detuvo una patrulla de policía. Cordiales, se bajaron del coche y nos pidieron la documentación preguntándonos por nuestro paseo a las 2 de la mañana. Uno de mis amigos me comento lo extraño de la situación y yo le resté importancia. La pareja de policías, al escucharnos hablar en español volvió a su arlequinado coche patrulla para agarrar unos guantes. Siguieron siendo cordiales pero a distancia. Nuestros documentos se habían convertido en posibles portadores de patógenos foráneos de esos que crecen, se reproducen y atacan a la población del norte. Sin perder la cordialidad, esa distancia me incomodó. Se terminaron las preguntas y el tono distendido. Todo en regla, chau, buenas noches. Se quitaron los guantes y se largaron.

La llegada de refugiados e inmigrantes me recuerda aquella escena. Las mascarillas y guantes con los que las fuerzas de seguridad y trabajadores sociales reciben a las personas me producen bronca y risa a la vez. Los que a diario viven entre la contaminación, comen alimentos industrializados, visten plásticos se sienten temerosos de los otros. Reciben, con cordialidad, marcando una distancia que demuestra la ignorancia de quienes dictan esas normas profilácticas. Vamos por la calle y acaricias a las mascotas, sin guantes ni mascarillas, sabedores que las pulgas prefieren a los peludos. Sin embargo, entre los humanos cuando el color de la piel no es el mismo o el origen se expresa en otro idioma, rehusamos el contacto, el calor de una mano con otra, el beso en la mejilla o el abrazo. Así, mal se empieza.

Vos y yo somos personas (aunque no lo creas)

No quiero tu democracia. No me sirve y me mata. Tus libertades me esclavizan. A ti te llevo siglos conseguirlas y a mi me das una primavera para aplicarlas. Es cierto que tus libertades se consiguieron a sangre y fuego pero, ¡pucha, digo! no habrás evolucionado algo para evitar tanto padecimiento. No, tu democracia tiene que ver con la demografía. Es una democracia llena de derechos y libertades con númerus clausus. Y nosotros somos demasiados. Nos gusta perder nuestra cabeza rozando cuerpos que en ese instante amamos. Nos falta tu tarada frialdad. Ya sé que te gustan lo que nuestras tierras y mares albergan. Y que yo me fascino con tus jueguecitos y aplicaciones. Podríamos ser amigos pero eso implicaría respeto. Ni mejor ni peor, diferentes. Ni arriba ni abajo, a la par. No te asustes, estoy de broma. El mundo es ancho y grandote para tus maquinas y estrecho y chiquito para las personas. Porque somos personas. Vos y yo somos personas, aunque no lo creas.

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La valija

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El olor de la piel de tu vieja dándote de mamar, el penetrante Primus antes de comer, la tierra mojada por la lluvia al amanecer, el octanaje de la nafta y, en mi caso, el salitre de la brisa marina fumigada sobre el metal y la madera de los barcos, puntualmente retornan a tu presente a través de alguna palabra o imagen que se cruza al azar. La tragedia de los nadies que desde hace siglos son expulsados de sus espacios sudados a la incógnita de otros salvadores solo es visible en la partida, la llegada y, en algunos casos, esas fronteras que buscan ganar tiempo a la realidad. Puertos, aduanas, estaciones de ferrocarril, fronteras, aeropuertos y control de pasaporte enmarcan historias que, sin embargo, no pasan de ese instante. El motivo, el viaje y su vida en el destino no se narran. Importa sí ver el gesto desgarrado, el llanto de las criaturas y como portan sus enseres. Toda una vida dentro de una valija que busca ser futuro o ancla del pasado. O ninguna de las dos cosas. La valija es un compendio de la vida. Y no es fácil escoger como rellenar sus espacios. Verla abierta sobre la cama es un instante maldito. Nadie que no lo haya vivido puede entender que en ese puto momento la persona está dando el primer paso de un adiós. Y aunque afuera todo este derruido por las bombas, esos cascotes forman parte de la historia. Y hay millones de relatos como millones de migrantes, cada uno con su valija. No importa que la valija sea de cartón, plástico o tela; no importa que sea un bolso con publicidad incluida; o una mochila para vacaciones. No importa. Importa el interior donde está la historia de la mano que la arrastra.

Tripa

“Hoy me desperté con el rumor de los latidos de tu tripa mestiza. Mi lugar en el mundo. Hoy me desperté ausente. Como ayer, como hace tanto tiempo desde mi huida hacia la nada. La nada es perturbadoramente centrifuga. Y vos, la textura de tu tripa, mi gravedad a la que en sueños desciendo para calmar la amargura de este mar sin sentido, eterno, final. No pidas que no te sueñe.” Anónimo mío para anónimo tuyo.

https://youtu.be/QYEC4TZsy-Y

https://youtu.be/pO8kTRv4l3o

https://youtu.be/dp7gfHcXz1o

https://youtu.be/JxPj3GAYYZ0

¡Es bárbaro vivir sin mosquitos!

Bienvenidos a la tierra sin mosquitos, bienvenidos a ¡¡Euuuuuuuuropa!! Continente de escasas medidas y sobrada soberbia. Encontrarán personas estupendas, mucha desidia y algunos odiosos. Acá, ya lo vieron en la televisión desde sus casas antes de iniciar el éxodo, se cuecen muchas respuestas a sus preguntas. No todas. Eso fue antes pero no había televisión para contarlo. Todos los blanquitos que se han cruzado en sus vidas, de alguna manera, en primera o decimoquinta persona, se decolaron acá. Ta´, sé que no es lo esperado. Nunca es lo esperado. Hay quienes tienen más tiempo para desempañar el vidrio. Vds. no, han salido con lo puesto. Padecer el momento solo se mitiga con desear lo que se sueña. Cuánta felicidad con los ojos cerrados. Cuánto dolor al abrirlos. Por suerte el cansancio los cierra cada noche para encontrarse con todos a salvo de bombardeos, de ratas disputadoras de alimentos, de dioses que envilecen las miradas de los que ayer eran buenos vecinos. Ahora habrá otros dioses que tampoco son mejores. Ya sabes, los humanos somos muy chiquitos e idiotas para cuestionar los pensamientos y decisiones de tales figuras; o por lo menos es lo que dicen sus portavoces en la tierra. Hay que seguir caminando, nadando y sumando personas. Lo sabes bien, cuando las miradas oteen otros horizontes, vos y los tuyos ya serán parte de suburbio de lata, madera y lona. Chabolas, ranchos, favelas, villas, asentamientos, cantegriles,… ya se verá el nombre que se escoge en cada lengua del continente. En dos generaciones, tus descendientes cantarán himnos nuevos, vestirán uniformes de deportistas, militares, barrenderos u obreros sin cualificar y lamentaran que nuevas oleadas de refugiados vengan a disputar la miseria. Así que, aunque los veas blanquitos, sin mosquitos, con el pasto cortado,… recordá que son apenas un par de generaciones de otros que eran refugiados y a su vez de otros, que morirían gaseados y a su vez de otros, que escapaban  a otras guerras y a su vez, y a su vez, y a su vez…  Son los paisajes reales de ese mundo real que rodea al bienestar. Ya verás, ¡es bárbaro vivir sin mosquitos!

Un tranvía a la marchanta

P1020357Siempre me han fascinado los vestigios industriales al punto de participar en el diseño de contenidos en un proyecto de turismo industrial. Cuestión de imaginación infantil eso de inventar historias y cuentos sobre el cemento lacerado o el metal purulento de oxido. Hay quienes ven estos espacios como lienzos urbanos o pancartas inmóviles de manifestaciones.  Hay quienes guarecen sus vidas de una sociedad a la intemperie. De chico escuchaba historias imaginarias al mismo tiempo que jugaba al fútbol contra sus muros; de grande, las he ido buceando para mi colección de pecios industriales.

Fabricas, cárceles, hospitales, frigoríficos, facultades, ingenios energéticos, ferrocarriles,…  agonizaban o ya eran esqueletos cuando nací allá por mis ocho años de vida. Obviamente, lo primero era preguntarse el porqué de su muerte. Saber si nuestros constantes cambios en hábitos y costumbres los habían arrinconado. O, quizás, una medida de un gobierno o una coyuntura internacional habría dictado los pasos de cierre. Porque detrás de ese cierre, el segundo paso, era humanizar las escenas de una vida pasada de esplendor e ilusión colectiva. Claro que crecemos y nuestro mundo se vuelve real. De la épica a opaca realidad hay un paso. En lo privado los quiebres y el abandono son en su mayoría salvar al propietario. El vestigio, un imperativo legal. En lo público es la demostración palpable de producir y construir por impulsos electorales. El vestigio, un error de cálculo.

Ayer paseaba con los gurises sacándole puntas de conversación al vuelo de una mosca. Una vez más caímos en la cuenta que la masa de cemento y grúas que está frente a nosotros, ría por medio, es el nuevo puerto de Ferrol. Y que a nuestras espaldas está el nuevo de A Coruña. Y a medio gas, los viejos de ambas ciudades. Cuatro puertos en 7 millas náuticas. Y seguimos caminando hasta quedarnos petrificados frente al mato grosso de las cocheras del tranvía turístico de A Coruña. Millones de euros enterrados hace veinte años por la ignorancia prepotente de un alcalde, Francisco Vázquez. ¿Le vendieron la idea o fue cosecha propia? En ambos casos la respuesta es mala ciudad. Nadie sabe bien que hacer con las cocheras, las unidades y las vías con su correspondiente tendido eléctrico. Todo cuesta, aunque las vías sean un peligro para la circulación, hay que pagar para sacarlas. Y así, paso a paso, la insensatez de aquel hombre se va convirtiendo en un vestigio más. Ojalá la inocencia infantil pueda inventar alguna historia que dignifique un vestigio de vida efímera y alto coste que como lo pagamos todos fue un tranvía a la marchanta.

Seres vacíos nacidos para dominar

Existen seres humanos malos. Reconozcámoslo. Seres humanos iguales que nosotros pero que disfrutan imponiendo su criterio a través del sufrimiento de otros. Cuando se ponen uniformes es más fácil distinguirlos y hasta pelearlos. Cuando van vestidos de calle todo se complica. El camuflaje es importante. La maldad está reñida con el conocimiento y su supuesta superioridad material se basa fundamentalmente en las creencias religiosas, la xenofobia y el racismo. Otra vez más con las dictaduras es fácil identificarla pero con las democracias se complica. Quizás sean factores climatológicos o la dificultad para acceder a los recursos básicos lo que acomoda a la maldad en la ética de las sociedades. Porque en democracia  se debe hablar de las personas que con su voto sustentan al gobernante, siempre sujeto de ser identificado con el mal. La Alemania de antes era más que Hitler. La actual, es más que Merkel. En ambos casos existía un consenso de castigar a los otros, a los diferentes que de una u otra manera se les considera como inferiores, con la miseria, la desesperación, la desnutrición y también la muerte. La humillación es una puesta en escena, la realidad es mucho más dura porque entre otras cosas, hablamos de vecinos, de seres próximos que han compartido un tronco cultural común. Ya ni hablar de los lejanos. Así que me sitúo en la Marienplatz de Munich, la que los sábados por la tarde muchos muniqueses le rezan a la estatua de María, o junto al lago Alster de la hanseática Hamburgo y me cuesta verlos. Pero existen y no sé hasta qué grado disfrutan con el sufrimiento de sus vecinos del sur. Son, simplemente, seres vacíos y como cantaba Ana Curra, «nacidos para dominar» 

Siete y tres

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Las mañanas por la calle Real y los Cantones aparentan ser vías con destinos a un trabajo, a un encuentro a vidas con agendas completas . Apenas cuatrocientos metros donde nos cruzamos con nuestras mentes ocupadas en la diaria. En el medio, invisibles, están los que les caminan sin destino. Mediana edad, ropas gastadas pero limpias y zapatos sin temporada. Han salido del encierro de las casas pero aun rechazan sentarse en el piso, último escalón de la esperanza. En esos metros detecto cuatro personas. Son muchas, y más si aplico la teoría de crecimiento económico de este gobierno. Casi no se detienen para solicitar unas monedas a quien los cruza. Hace un leve gesto con la cabeza como señal de rendición. Y si nadie se para, los demás no los vemos.

La escena, cuatro veces repetida, me anudan las tripas. Somos una sociedad, todos, sin ninguna excepción, fallida. ¿Qué hace diferente a estas cuatro personas de todos los demás que ocupamos el mismo espacio? ¿Cuáles son sus discapacidades para excluirlos, volverlos invisibles y continuar con nuestras vidas sin una pequeña sensación? Nos conmueve un edificio en ruinas, un perro abandonado, una historia de amor ficticia.

Somos una sociedad fallida por burros. Burros letrados . Letrados de falsedades. Esas cuatro personas deberían ser fuente de nuestras riquezas. Como cada uno de nosotros lo somos en cada una de las millones de relaciones que contiene nuestra sociedad compleja. Nadie sobra. Quizás muchos faltan.

Somos burros porque los datos lo demuestran. Y son fríos los datos. La desocupación no fue súbita. No cayó un meteorito. Porque ni las guerras son súbitas. Acá y muchos lados, volver invisible a las personas ha sido fruto de muchos gobiernos que como adolescentes fueron receptivos al halago fácil. Y al dinero.

Estoy seguro que ninguno de ellos admitirá en público que el futuro, tal y como lo plantean, nos llevará al escenario de un 70% de sobrevivientes frente al 30% de vida plena. Ese es el escenario del FMI, BM y su sucursal en Bruselas que hasta ahora se planteaba para el resto del mundo pero que, probablemente, incluya desde ya a la periferia europea.

Seguirá amaneciendo y los cuatro invisibles de hoy se multiplicaran. También la informalidad laboral. Y el crecimiento se fundamentará en ese 30% de población. Basta introducir algún cambio en las preguntas estadísticas para que cuadren los datos . Cuando era chico, en los almacenes de barrio las damajuanas de vino eran conocidas burlonamente como siete y tres: siete de vino y tres de agua. En los mercados actuales: siete son de agua y tres de vino

Ambigú ambiguo

pxl_e35026a2b91f352db22bfef0e693c2e3Las redes sociales han pescado un mensaje congelado. Es lógico que un soporte electrónico tenga personas, procesos y automatismos que espíen, analicen y guarden lo que a diario publicamos. Desconocer esta verdad es práctica habitual. Quizás, sin en las escuelas por fin se explicase exactamente como funcionan las personas, en un futuro, condicionarían sus comunicaciones. Es una pena pero tarde o temprano se hará (como lo del chip para perros y a la vuelta de la esquina para personas). Los motivos serán otros, básicamente la defensa de la libertad abstracta, siempre ad hoc para recortar libertades reales.

Guillermo Zapata no metió la pata publicando esos tuits en su contexto original. Metió la pata metiéndose en política; o por lo menos, en la política tal y como se concibe en la actualidad. Las redes sociales es el ambigú personal donde nos relajamos y opinamos del teatro de nuestras vidas. El bar de antaño. En los bares no se hacen amigos. En el bar se conversa aun a sabiendas de la posible confrontación de nuestras palabras. Es, o era, un momento de nuestras rutinas donde hablar sin renuncias. Todas esas insignificantes, y a la larga fundamentales, renuncias que hacemos para mantener una relación, un trabajo y hasta una buena vecindad. Claro que tantos años de mostrador nos fue dando oficio y heredando consejos de nuestros mayores para posibilitar nuestro momento de desahogo sin caer en el escarnio público. En las redes sociales somos nosotros los que a través de prueba y error le vamos agarrando la manija para ser sin ser repudiado.

Me sobran las disculpas de Zapata. No su renuncia la cual celebro. Me pasaría lo mismo si escuchase chistes sobre católicos hechos por Gallardón. No dudaría de su profunda fe. La actitud frente a la vida es una suma de instantes que conforman un discurso personal. Chistes de gallegos, judíos, belgas, leperos, vasco, gays, catalanes, brasileros, negros, mujeres, argentinos, gitanos,… están en el aire. Son todos iguales y todos carecen de gracia si no tienen un contexto, ni se graban en la memoria, ni se utilizan para excluir. No deberían existir: seguro. Pero lo arrastramos como también cargamos otras conductas que, según se miren en cada momento, también son merecedoras del oprobio. Me vienen a la cabeza varias caritas que hablan públicamente contra el aborto, las drogas, la eutanasia, el robo, la injusticia,… y en privado, hacen lo contrario.

Zapata, no mataste a nadie ni te quedaste con una comisión ni maquinaste como fundir una ciudad, una provincia, región o estado. Pero tenías que renunciar por meterte en política. Ahora bien, no “rompan las pelotas” con la mujer del César, la moral, el y tú más y otra serie de ocurrencias en favor o en contra de un episodio francamente irrelevante. Parece triste concluir que en el ambigú hay que ser ambiguo.

Ciudadanos se merendará a PP y PSoE

000000En la recta final de los pactos que facilitará la formación de gobiernos locales y muchos regionales, la formación liderada por Albert Rivera ha tomado el protagonismo postelectoral. Los dos grandes partidos tradicionales, PP y PSoE, ansiosos de mantener su cuota de poder, de seguir en la lucha entre ambos por darle color al mapa del reino y, en definitiva, de seguir generando titulares pese a la tendencia de los dos últimos comicios, abrazan jubilosos los pactos con Ciudadanos obviando, vaya uno a saber por qué, la próxima cita electoral que, a buen seguro, será la madre de todas las elecciones: las generales. Doctores tiene la iglesia, dicen.

El próximo lunes arranca el día a día de las administraciones que midieron sus fuerzas en las elecciones. Los gobiernos del PP y PSoE, formados gracias a los pactos con Ciudadanos tendrán sus luces y sus sombras. De unas y otras, el único beneficiado será la formación de Rivera. De los éxitos, huelga explicar. De los fracasos, solo recaerán en el PP y PSoE porque Ciudadanos se presenta como un outsider de estos gobiernos. Está pero no está. Es el albacea de la ética que muchos de los votantes de los partidos tradicionales buscaban; es decir, de una amplia masa de la población que entiende ciertas actitudes pero que le es imposible aceptar el exceso. Y Rivera ha destacado a lo largo de los años por saber navegar en la ambigüedad, tocando los márgenes pero no sobrepasándolos.

La pregunta es: ¿era tan necesario para PSoE y PP meter esta piedra en sus zapatos? O dicho de otra forma: ¿no es pan para hoy y hambre para mañana? ¿La Sra. Díaz tiene un plan definitivo para sacar a Andalucía de los peores ratios de desempleo, con todas sus implicaciones en otros ámbitos de la vida, tras décadas de gobiernos del PSoE? La respuesta es no. Lo mismo se podría pregunta por el PP en otras regiones y ciudades con la misma respuesta. A veces es importante dar un paso atrás para tomar impulso o al costado para ver, analizar y reciclar propuestas. Y es importante porque los objetos de sus organizaciones somos personas. No tornillos.

En las próximas generales estaremos saturados de los mensajes del poli bueno y el poli malo. Una dupla con un claro ganador para el electorado. La vieja usanza serán PP y PSoE y los garantes de los valores y además modernos, Ciudadanos. Ambos partidos solo contaran con los irreductibles y el ansiado centro político tendrá un único dueño. El pan de hoy, mañana se lo merienda Ciudadanos.