Emigrante, ¡a mucha honra!

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En el año 65, hicimos un viaje a España. Mi abuela había decidido morirse en la tierra de sus primeros juegos, suspiros, corazones. Igual que su viejo, mi bisabuelo, sobreviviente del maremoto de San Francisco, que solía contar historias increíbles de sus travesías por los mares de la China, de los años llevando mineros de muchas lenguas a buscar su dorado en Alaska. Antes que la abuela Pura, murió el abuelo Paco. Hijo de hereu e inmigrante desde su Girona natal. Familia de pasado judío que por miedo a la fe católica cambió de apellido, que no de rasgos, y buscó en Deus un apellido amable con el poder. Paco, sin necesidad material pero sí vital, emigró a Cuba con 13 años. Normal. De ahí saltó a Uruguay donde empieza mi historia, la de mis juegos, suspiros y corazones.

En aquel viaje también conocí a Marcelino, otro abuelo muy a su pesar. No lo recordaba de Uruguay aunque estuvo años. La política había bajado la guardia y su carácter fronterizo, con un pie a cada lado del Miño, le había restaurado la sonrisa. Otro narrador de historias devenidas en soliloquios. De él sabía que emigró a Madrid. De él no sabía que vivió años en Nueva York. Y menos que ayudó o traficó, vaya uno a saber, a sus paisanos y familiares en el viaje a esa ciudad. Enviudó joven con cuatro hijas entre 7 meses y 15 años. Una hermana, Herminia, reclamó la tutela de las niñas y los cinco marcharon para Montevideo. Ella y su marido, tenían el hotel Español, una vetusta casona en el centro de la ciudad que formó parte de los decorados de mis juegos. Lo mismo sus moradores y transeúntes. Todos gallegos. Los había recién llegados que vivían alborotados por las perspectivas de una nueva vida. Eran los transeúntes. Los había condenados a muerte, silenciosos y con sorna, por las perspectivas no cumplidas de una vida.

De las cuatro hermanas que llegaron con mi abuelo, las que nos mecían, alimentaban y tiraban de las orejas, la de los domingos de emigrantes en playas, una volvió a Galicia, la mayor que tenía juegos, suspiros y corazones, otra vivió y murió en Londres, la tercera acaricia nietos en Italia y mi vieja, sobrevive en Argentina.

Sería largo de narrar segundas y terceras líneas de la familia. Tendría que viajar además Brasil, Alemania, Francia, Venezuela, Estados Unidos y sobre todo a Australia, donde mi hermana disfrutó más de 30 años de su vida y engendró a Natalia, siempre con un ojo en Perú desde su Byron Bay.

Esta mañana me desayuno con las cuotas para recibir refugiados. Dentro de la desgracia es un suerte tener una categoría donde ampararte. Tal vez solo representen un 5% de las migraciones globales. Y dependen de la mezquindad de unos mediocres que a buen seguro tienen historias similares a la narrada. O tal vez no. Simplemente son ciegos mentales y consideran que es natural que en los seis continentes vivan los blancos, que el sol gira alrededor de la tierra, que la naturaleza es un jardín en la Selva Negra.

En 1965, de regreso al Uruguay tras mis tres meses de galeguidade, impregnado del acento español, lleno de eses y saliva en boca, subimos a un autobús en mi Montevideo y el chofer, natural de Galicia bromeó, “¡galleguito el botija!” y me salió un inesperado: “gallego sí,… ¡Y a mucha honra!” El tiempo me sacó nacionalismos y me situó gusto en el medio del Atlántico, mucho más cerca de muchas más personas a las que quiero. Sin cupos.

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El gallego se aprende en la cama

Los días “por algo” son los “te quiero” de disculpa. Primero actúo mal, después pido disculpas. No me gustan. También es fácil decirlo cuando se está pero no se es. O siéndolo, faltan los potreros de la infancia donde se acunan los sentimientos a lo intangible de nuestras vidas. Y vaya por delante mi rechazo a impartir cátedra de analista distante y frío, de corresponsal paracaidista, de aconsejador profesional de la paja en ojo ajeno.

Hoy es el día de las letras gallegas. Y ayer, siguiendo recomendaciones busqué información sobre una persona de las que parece están destinadas a ser influyentes a la hora de canalizar el talento y la innovación gallega. No lo dudo aunque me cuesta pensar en futuro cuando le leo  a un analista (también conocido como experto): “Para ser breve y destacar alguna característica, particularmente creo que, por un lado, haber vivido tan intensamente el drama de la emigración durante muchos años, ha ido forjando un carácter de personas que destacan por su capacidad de trabajo y esfuerzo, iniciativa, valor y superación ante las adversidades.”

Quizás por mi carácter atlántico, mis dos orillas, sigo evolucionando e intentando comprender tanto a los gallegos como a los uruguayos. En principio, y ya desde hace bastantes años cuando era trabajador “ilegal” en Londres, la definición del perfil de los gallegos me resulta inexacta. Existen dos gallegos, que son uno y me explicaré más adelante: el residente y el emigrado. Esa visión unívoca de los gallegos como fuerza bruta, como “bois de carga”, disimulada con adjetivos políticamente correctos me rompe las pelotas. Esa visión victimista, judeo-cristiana del sufrimiento, es una maldita excusa para dejar las cosas como están y, por supuesto, saltar a la palestra cuando desde fueran se caen en los tópicos absurdos construidos en el reino de García.

El gallego en el exterior fue y es desde hace siglos un trabajador nato, un creador y poblador de urbes, primer toque de atención que nadie ha tenido en cuenta ya que procedente del rural estuvo destinado a lo urbano por real decreto de las coronas de turno dejando a los canarios el poblamiento de las campañas, del rural. Es cierto que la falta de instrucción la cambiaban por el trabajo pero, y acá los datos mandan, también lo es que supo progresar a través de la unión, de la confianza en otros para suplir las carencias y desarrolló un instinto único para posibilitarse un futuro sustentable. Quizás no tuviesen la mejor letra y sus operaciones matemáticas fuesen las elementales; sin embargo, las personas nos manejamos con criterios básicos para ir añadiendo complejidades. Y ahí, los gallegos son unos cracks.

Los gallegos de allá

Los gallegos desde finales del XIX, en Uruguay, se han unido, renunciando a parte de su propiedad fruto del esfuerzo para convertirse en referentes de varios sectores: el 75% de la distribución en alimentación está en manos de CAMBADU, creada por gallegos minoristas. Las grandes superficies no acampan a sus anchas como sí ocurre en Galicia. Podría extenderme pero solo quiero dejar un dato: entrevisté al presidente de CAMBADU y le pregunté por ese poder que frena a las grandes superficies. La contestación me sorprendió: “en el año 86, detectamos que en Bélgica se había creado las grandes superficies. Un grupo de directivos decidimos desplazarnos a ese país para estudiar el fenómeno y ver como nos afectaría a nosotros que todavía estábamos con los bares-almacenes. Lo estudiamos y vimos que necesitábamos aggiornarnos. Así que cambiamos al “auto-servicio”. Las personas empezarían a demandar su capacidad de escoger los productos libremente y no como hasta el momento que era el almacenero quien les servía. Fue una revolución y cuando llegaron las grandes superficies solo aportaron grandes espacios pero no cambios en el modelo existente”. Sobran palabras cuando te habla una persona que llegó como fuerza bruta y como esponja fue sumando conocimientos, asociándose, confiando en el otro.

El segundo caso,  implica a un hombre de una aldea cerca de Laracha, en A Coruña. En 1937, las grandes multinacionales del transporte, dominaban el servicio de las ciudades con sus tranvías. Alemanes y británicos. La invención y rápido desarrollo del motor de explosión les había creado un competidor, los ómnibus, menos costosos y más versátiles en dar servicio a la expansión de las urbes. Como siempre, ambos gobiernos plantearon al uruguayo el chantaje habitual de recibir un empréstito goloso a cambio de la exclusividad en el transporte capitalino. Por supuesto, exclusividad significaba excluir a los ómnibus del paisaje. En ese momento existían 508 unidades, cada una cubría una línea y cada una tenía un propietario: gallego. El personaje en cuestión fue llamado al ministerio para proponerle un reto imposible: crear en seis meses una sociedad anónima cooperativa con todos los propietarios de ómnibus. Los propietarios tenían que renunciar a parte de su propiedad y como se presupone, los gallegos son incapaces de ello. Pues no. Los 508 gallegos entendieron cual era su futuro. En seis meses se plantaron con la sociedad establecida, CUTCSA y el gobierno uruguayo tuvo que cumplir su palabra. De la evolución de la compañía solo basta decir que estuvieron a punto de comprar la empresa de aviación comercial de bandera uruguaya y que su negocio se sigue diversificando. Ninguno de aquellos propietarios abandonó el trabajo y además, supieron ser generosos con la riada de compatriotas que recalaban en Montevideo. Otro ejemplo de unión, confianza y visión de futuro.

Puestos en Galicia

Puestos en Galicia, a poco que se le acaricie la panza, se descubre que solo hay un gallego y son las condiciones no dadas las que impiden que surjan las mismas actitudes ante la vida. No existe voluntad política en ninguno de los tres partidos gallegos, digamos tradicionales, en revertir la situación: el PP porque defienden el amiguismo como sistema productivo y son incapaces de ver la rentabilidad al conocimiento; el PSOE porque carece de líderes aptos para ejecutar ese ideario imaginario que dicen tener; y el BNG porque está inmerso en una única lucha por el idioma y posterga otras políticas a no sé cuándo.

El gallego tiene las mismas capacidades que cualquier otra nacionalidad. Se expresa, si puede, singularmente pero ni es más trabajador ni más burro que nadie. Los pueblos tienen que tener las herramientas para crecer en su propio modelo. Mentirles como en el pasado donde no había nadie mejor en el orbe, no ayuda. Tampoco mentirles como en el presente donde no hay nadie peor. Durante años he trabajado en Galicia y he sudado la capacidad de su gente. Hay talento e innovación. Hay ganas. Hay mucha creatividad. Solo falta quitarse la pelusa de pueblo trabajador como singularidad. Solo falta quitarse el amiguismo como potenciador de inquietudes.

A mí entender, la riqueza de Galicia está en el sector primario, el más abierto al conocimiento y el más necesario para el futuro porque hasta que nos superen las máquinas, necesitamos comer. Los políticos actuales miran a la mar o al rural como un lastre del pasado, de esa imagen de emigración. Y no es así. Es futuro. Es hectárea productiva. Es industria pesquera sostenible. Es mi opinión. Lo demás, los servicios, nacen de las necesidades de modelos que lo tienen claro.

Existe un solo gallego y es tan bueno o jodido como el uruguayo. Necesita las herramientas para desarrollar todo su potencial. Yo lo aprendí en la cama que es como se conocen los idiomas. En las intensas previas y los eternos cigarrillos posteriores. Todo está a la vista de quien quiera verlo. La suerte fue mi traductora que se olvidó de folclore y tipismos para explicarme que acá, como en otros lados, lo gallego tiene muchas y más ricas lecturas.

Hablando en plata: LADRONES

Partidos-políticosDentro de una semana se vota en el reino a las municipales. Tras años de constantes informaciones sobre los partidos políticos que han gobernado el reino, las comunidades autónomas, las provincias y los ayuntamientos ya nadie se puede considerar desinformado sobre las actuaciones de los mismos. Es una instancia no menor para definirnos como personas, sobre nuestras formas de interrelacionarnos, sobre, en definitiva, nuestra cosmogonía.

En las encuestas del CIS la corrupción y la desocupación, que es una derivada de la primera y que nos arrojó irremediablemente a la crisis que es visible desde el 2008, es la mayor preocupación de los electores. Nada se puede objetar a no ser que se viva en la luna de Valencia. Las encuestas de los medios, sin embargo, muestran una realidad distinta donde cabeza a cabeza los partidos con experiencia de gobierno afrontan la recta del disco de llegada con las nuevas formaciones. Sin entrar a valorar la capacidad mediática de unos frente a otros, el arraigo a las fuentes informativas en esa inercia perversa que tenemos las personas, o la capacidad financiera para estar impresos en nuestros parabrisas,… en definitiva, sin hacer hincapié en la desigualdad formal entre organizaciones, me gustaría hablar en plata:

. si una persona vota a un corrupto, a un partido que cobija, defiende, maquilla y disculpa esta forma de gobernar deberá asumir que es igualmente un corrupto, que en su ética “hacer robando” es una opción merecedora de la confianza del voto. Es una opción y es bueno que los demás sepamos que frente a nosotros o viviendo junto a nuestras casas tenemos vecinos que son o les gustaría ser LADRONES. Y no hay que dramatizar, la vida es así y llevamos mucho tiempo. Quizás nos quede la ironía o la risa. En este caso, yo prefiero ser claro: LADRONES.

. la disculpa sobre que cohabitan con corruptos pero el candidato de turno no lo es, sencillamente es tan estúpida como la teología de la liberación que siendo un hermoso postulado de vida no renuncia a una institución dictatorial y genocida como la iglesia católica. Si la persona elegible tiene dignidad, debe abandonar la organización por pura coherencia. Claro, el posibilismo es duro de rechazar.

No. No sirve. Hablamos de personas. Y de personas con el más maravilloso deber: servir a los demás. No. No sirven las vueltas, la vida es más sencilla y nos la jugamos. No es una joda. Es la única ocasión que tenemos para influir con nuestro acto: votar.

Si te gustan los LADRONES, no pasa nada. Nadie te va a escupir. seguirás reinando y riéndote. Con un poco de suerte también podrás robarle al vecino. No parece lógico pedir el voto para nadie. Es solo un paseo entre la gente. Hablando en plata: son una manga de LADRONES. ¿Y vos?

La Concertación “marchó al spiedo”

Las urnas han dictado sentencia: el Frente Amplio accede a su sexto mandato consecutivo en la Intendencia de Montevideo, el segundo ejecutivo más importante de la República. Y es una victoria, si cabe, más importante ya que estaba en juego medir el calado de La Concertación, propuesta de aggiornamento del centro-derecha político del Uruguay representado tradicionalmente por los partidos Blanco y Colorado.

Desde que hace más de un año se hizo pública la intención de crear esta fórmula de consenso, las opiniones se han dividido en las filas de los partidos tradicionales si bien, al final han llegado en un supuesto bloque. La idea de crear un frente de centro-derecha para oponerse al Frente Amplio, solo se sostiene en el enunciado. En la línea marketiniana de “por la positiva” que Lacalle lanzó para las generales, La Concertación adolece de un mínimo de reflexión que la dote de contenidos argumentales para satisfacer a sus públicos objetivo.

La Concertación nace, y según Garcé “llega para quedarse”, con la idea de aunar lo que queda de la marca “Colorado” que, básicamente apela al pasado renovador de Batlle y Ordóñez de hace un siglo obviando las contradicciones de ser rival de Saravia, con los nacionalistas “blancos”, mejor posicionados pero con un techo electoral evidente por sus carencias en políticas urbanas. Y abierta, también, a empresarios independientes, paracaidistas y abanderados del “self-made” que vende mucho a una sola vuelta pero que carecen de aptitudes de fondo como para bancarse una legislatura en una bancada.

El error de cálculo es desconocer las motivaciones de su electorado y de sus partidos. Los frentes son posibles en ideologías de izquierda ya que reclaman el bien común, el estado de bienestar, la acción social inclusiva y el papel del estado. Cierto es que dentro del Frente Amplio cohabitan posturas más progresistas junto a otras más socialdemócratas pero respetando un tronco común social. A veces más, a veces menos, con mayor o menor velocidad, asumiendo más o menos riesgos, la izquierda avanza y cierra filas en las elecciones.

Por el contrario, La Concertación, es el estandarte del nacionalismo, el liberalismo y en su versión 2.0, el neoliberalismo. La concepción de la sociedad se centra en las posibilidades del individuo para acceder a bienes materiales. Se plantea una pelea por la posesión del espacio y todo que contiene. El individuo, a su juicio, nace igual de derechos y oportunidades y a través de sus capacidades y recursos obtiene la satisfacción, el premio. Y con los que no llegan, aunque los números sean elevados, se aplica la caridad. Esta concepción en lo particular, llevado a las organizaciones, es fácilmente detectable en la historia del país. Plantear ahora una fuerza conjunta capaz de renunciar a su cuota de poder particular, sobre todo a lo largo de una legislatura o como alternativa de futuro, es improbable. Ellos son sus principales enemigos y los futuros puñales por la espalda. De ahí que no exista un proyecto por escrito y nacional de La Concertación. De ahí que en su primer envite hayan “marchado al spiedo”.

¡Cállate, bonita!, gritaba la hinchada parlamentaria

¡Cállate, bonita!, gritaba la hinchada parlamentaria
Me siento como el culo cada vez que matizo, dudo, contextualizo y en fin, le doy una pensada a situaciones personales que por proximidad llegan a mi conocimiento. He pasado desde la radicalización, después mitigada por los propios protagonistas, hasta la incredulidad de saber que personas de talante y razonamiento tuvieron un día malo. Ya son muchos años viendo y sabiendo que hay momentos únicos en la vida y otros que son el primer paso a una perversa adicción. Matices. Necesarios en lo personal.
Ayer, Teresa Rodríguez comprobaba en carne propia como quienes vigilan lo políticamente correcto en ojo ajeno, sucumben al efecto hinchada, al barrabrava parlamentario. “No tienes puta idea” o “cállate, bonita” fueron algunas de las frases que trascendieron del pleno en el parlamento andaluz. Y al igual que en la cancha, despojados de todos los matices y con la responsabilidad de ser parlamentario; es decir, conocedor de que sus palabras hacen daño al agredido pero también son referentes para el desquiciado, estos seres deberían ser denunciados por “violencia de género”. ¿Le llamarían bonito a un hombre? ¿Le dirían que no tiene puta idea a un hombre? Entiéndase, no hablaremos de capacidad intelectuales porque para esa masa mediocre, el conocimiento es un hándicap. Todos estos seres, veremos si tienen la condición de personas, han tirado la primera piedra. Como certeramente avisa la publicidad contra la violencia de género, animo a sus colegas mujeres de partido (PP y PSOE), madres, esposas, hijas, a llamar para denunciarlos… Realmente no hacen falta en ningún lado pero menos en un parlamento. ¡Cállate, bonito!

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/espana/2015/05/06/tienes-puta-idea-callate-bonita-descalificativos-pp-psoe-dedicaron-portavoz-podemos-andalucia/00031430921799871808877.htm

Las figuritas del presente

De chico las figuritas nos daban las caras de nuestros ídolos o enemigos en las retransmisiones radiofónicas de los partidos de fútbol. Rara vez se televisaba un match y aunque así fuese, la radio estaba presente. La garantía de lo visto necesitaba ser compartida, verificada, relatada por un speaker de confianza. Éramos sin saberlo hinchas virtuales. Éramos sabiéndolo, abducidos del transistor. Y ocurría que lo que se veía no siempre lo compartías, casi nunca si contásemos con nuestros silencios privados, nuestras verdades buscadas. Después inventaron lo de repetir las jugadas para ganar voluntades. Ver lo que no veíamos o no queríamos ver, admitir, certificar. Gran parte del entretenimiento, que es cuando aparentemente estamos más lucidos, se vino abajo.

Las figuritas hoy siguen existiendo pero ya son tan solo un recordatorio, un escapulario sin valor para el trueque, el juego. Adiós a la fantasía de poner un gesto en la cara, una intencionalidad en la acción, un pensamiento en la actitud. Soy laico, devoto del misterio de las incertezas, de los puntos de vista, de las interpretaciones y de la ciencia. Demasiadas relaciones, actuaciones o representaciones se repiten una y otra vez mudando nuestro deseo de imaginar lo posible. Y lo imposible, también. Nos hemos convertido en vacas rumiando las jugadas, las promesas electorales, la industria de la cultura y de los valores.

Nos quedan los sueños, hasta que inventen la repetición de los mismos.