El collar, la pulsera

Carga el futuro escondido sobre su espalda. Tiene el futuro unos hermosos y grandes ojos negros que nos mira sin juzgar. Es futuro. Es el nuestro, ese trozo de vida que mañana será (aunque muchos como yo no estemos o seamos un recuerdo distorsionado invocado inventado reinterpretado por unos gurises hechos adultos con un fugaz deje de nostalgia). El futuro en realidad tiene mal el género, es la futura, o eso creo. Y es amable como la presente. Suave. Delicada. Abrazable. Vendedora de pulseras de mesa en mesa de terraza en terraza de plaza en plaza en un Madrid de licencias hechas turismo. Es vendedora de medidos y pausados gestos que nos retratan en nuestras trivialidades que nos otorgamos porque, al fin y al cabo, deberíamos reconocernos que hace un minuto éramos nosotros los que deambulábamos de mesa en mesa y que cuando amanezca otra vez nuestra diaria volveremos de plaza en plaza a buscarnos el pan con nuestras únicas y permitidas armas y enfrentar las miradas ariscas, (pre)juzgadoras, condescendientes, llenas de certezas inciertas, odiadoras, medidoras, xenófobas, temerosas porque al futuro se le teme y se lo mira como un cuello de botella por donde unos pocos lo atraviesan y el resto tan solo son gotas o definitivamente posos del culo de la tierra definitivamente embotellada. Y como la vendedora de pulseras esconde el futuro de grandes y silenciosos ojos que carga en su espalda para no tranzar misericordias (fea palabra) caridades (espantosa palabra) mendicidad (vergonzante palabra) ata en mi gastada muñeca un finísimo cordón que nos iguala en el efímero intercambio de palabras de iguales tan necesarias y buscadas para ambos para sabernos no tan solos tan a contramano. Sólo en la despedida descubro al futuro chiquito en su espalda. Un futuro invalorable si no existiese tanto miedo a sus grandes ojos negros.

Hace muchos años, cuando mi piel se expandía insolente, con un amigo caminábamos por el secano terreno en la trasera de la Koutoubia de Marrakech (falta de guías y touroperadores) con monedas contadas en los bolsillos apenas precio para estudiantes, cuando una futura que no debería pasar de los cinco o seis años se nos acercó para vendernos un tan-tan por un dírham. Sus grandes ojos negros y su sonrisa sabían que nuestros escasos recursos no tenían mucho trapo. Lo compramos. Al día siguiente de vuelta en la vuelta porque a los sitios hay que repasarlos con la mirada, un enjambre de chiquilines nos rodearon como si fuese un recreo. Nada que vender, solo saludar. Y ese ajetreo de la gurisada, aquella futura chiquilinas, nos enrolló a cada uno un collar en la muñeca. Un regalo acompañado que festejaba la igualdad de estar juntos en esto que es sencillo aunque parece más deseable hacerlo complicado. Fue el único collar (naranja y negro) que tuve usé y hasta perdí con inmenso dolor en mi vida. Ahora, ayer, un cordón finísimo es pulsera en mis desnudas muñecas. Ni es más ni es menos. Pero tal como lo veo, es un trocito de una futura que no veré pero deseo.

Buendía; soy porque somos

Alegría. Inmensa alegría. Alegría fresca colorida sonora sabrosa sudada excitante mágica dolorida ancestral insolente. Alegría por torcer el brazo a lo imposible a las democracias que dictan verdades que son mentiras, pero mandan acampan se prolongan enquistadas tras el dogma poderoso de la trinidad: poder económico poder judicial poder mediático. Alegría porque no fueron 100 años y sí más de 500 años de profunda soledad desangrada, aislada, desconsiderada, olvidada como tantos otros territorios de la tierra donde el color de la piel es un síntoma para caer en la burla de boliche, en el prejuicio del relacionamiento, en la condescendencia del intelecto. Alegría por abofetear el prejuicio de pobres irresolubles, de terroristas con botas de goma, de malos malísimos narcotraficantes que pervierten al norte, del sicariato en moto de a dos, de nacidas putas para la exportación, de nacidos bandidos adolescentes (también para la exportación), de nacidos esclavos para los cafetales minas selvas cordilleras ríos páramos. Alegría por decapitar el miedo omnipresente al amo patrón al señor extranjero de las corporaciones que chupa whisky odiando estar pero necesitando saquear. Alegría, inmensa alegría. Alegría porque Colombia, la eterna siguiente Vietnam, le hará bien al continente, a la mirada de un espacio común progresista, liberado del antiguo régimen que hoy es el neoliberalismo libertario esquizofrénico especulador buitre anglosajón en lengua piel y creencia. La América progresista no lo es sin una Colombia inclusiva social diversa con quien relacionarse intercambiar crecer. De ingenuo sería pensar que ahora mismo ya se plantean las estrategias para desacreditar, ningunear mofarse de las formas o inventar las seguidillas de informaciones falsas que a buen seguro llegarán con certera y periódica frecuencia, pero lo importante es que la rueda por fin se ha movido, que el miedo a introducir un voto en la urna se ha superado, que la gente está feliz y el reto con aciertos y errores se ha puesto en marcha tras siglos de olvido y desprecio, de armas y autodefensas, de militarismo y paramilitares, de economías blancas e ilegales informales de subsistencia. Decía el Che y los colombianos lo han demostrado en las calles antes y ahora en las urnas que: «Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás».

Gustavo Petro, durante sus años de militancia en el M19, de tortura cárcel y exilio, adoptó el nombre de Aureliano, el más solitario de los Buendía de García Márquez, el coronel autoproclamado que nunca se hizo general en sus 32 guerras civiles contra los gobiernos conservadores y que entendió que la paz era necesaria aunque cazasen a sus 17 hijos en el Macondo imaginario.

Francia Márquez, ambientalista y feminista, se subió al Pacto Histórico que gobernará desde el próximo 7 de agosto bajo la consigna “Soy porque somos”, o lo que es lo mismo: “Soy parte de un proceso, de una historia de lucha y resistencia que empezó con mis ancestros traídos en condición de esclavitud. Soy parte de la lucha contra el racismo estructural, soy parte de los que luchan por seguir pariendo la libertad y la justicia. De quienes conservan la esperanza por un mejor vivir, de aquellas mujeres que usan el amor maternal para cuidar su territorio como espacio de vida, de quienes alzan la voz para parar la destrucción de los ríos, de los bosques, de los páramos.”

Alegría inmensa por Colombia.

¡Explicaciones de qué!

Por una rara (in)explicable circunstancia que nunca determiné, de vez en cuando aparecían unas revistas europeas en el revistero del apartamento de la calle Canelones. Todo color. Carrozas barrocas salones barrocos pan de oro por doquier espejos cuadros dinásticos terciopelos bandas medallas pamelas familias numerosas ordenadas de mayor a menor o en semicírculo en torno a alguien y personas, no barrocas pero amantes del estilo, con banderitas aclamando los desfiles de uniformados brillantes y coloridos a caballo. Ese era uno de los grandes argumentos para discernir que nosotros vivíamos en un continente nuevo joven adolescentes y aquellos personajes pertenecían al viejo continente pese a no estar claro cuando pasaron de los Stonehenge a los Buckingham Palace. Eran la confirmación de su existencia de aquella colección de Sissi Emperatriz de la editorial Bruguera que mi hermana devoraba sin remedio y yo detestaba sin remedio porque ella leía más rápido y restaba espacio a las aventuras.

En estos días es bastante habitual el análisis de sucesos de analistas políticos sobre la vida y obra con milagros incluidos del otrora rey de España (cuestion mark diría aquel viejo profesor del maltés Instituto Whitaker de la calle Río Negro cuando desordenaba los sustantivos adjetivos los verbos y predicados saliendo de la norma que lo importante va primero diferenciándose así del castellano). Las preguntas sobre los porqués de su comportamiento económico-financiero-impositivo invaden el panorama entre la bronca y la traición de aquel que era tan campechano y ahora tan odiado. En verdad, después de hacerle la ola y aclamarlo con barroquismo entusiasmo, sus súbditos (por diferenciarlos de los ciudadanos por ese plus emocional) están indignados. ¿Pero qué esperaban? ¿Qué pensaban que es una monarquía por más adjetivo de parlamentaria se les indilgue? Lo importante va primero y las monarquías son normalidades donde una persona y su familia, aunque cambien los escenarios y no habiten castillos en promontorios, se consideran ajenos al mundano padecer de los comunes de sus reinos. Creen (y ejercen) sus derechos, que ya no son de pernada, pero si de acumular su barroco estilo de vida. Sus normalidades es merecer todo lo material que se les antoje porque son los “jefes del Estado-Reino”. Nacen príncipes y princesas, tiene líneas dinásticas de sucesión y sobre todo, viven ajenos por derecho real o divino a sus reinos. Son así (recientemente decenas de miles de personas han muerto por la pandemia y se generaron las colas del hambre; ¿alguien los vio arrimando el hombro? No. Sin embargo no faltan a las presentaciones de una supuesta élite empresarial o académica que, supongo, consideran parte de su corte). ¿Alguien conoce un rey pobre? No. Entonces, para qué analizarlo y pedirle explicaciones si no tienen la capacidad de diferenciar lo que el resto consideramos correcto o incorrecto. Son así están en otro mundo y si falta se enchufa un holograma (ese concepto de la luz coherente). Días atrás una periodista le preguntó al rey-padre si le daría explicaciones al actual rey de España. La respuesta sonó fuerte, de esas que salen desde las tripas: ¡Explicaciones de qué!

Tun tun, ¿quién es? cierra la muralla

Un pasajero es retirado de la fila de migraciones del aeropuerto de Dallas, Texas, EUA por no haber marcado la casilla de la tarjeta verde de ingreso donde se pregunta: es alcohólico, pertenece o perteneció al partido comunista y otras sandeces. El pasajero ya en el mostrador de aduanas pregunta: si yo marco que sí, que soy alcohólico o que soy o fui en mi juventud del partido comunista ¿puedo entrar? No hay respuesta. Pasan los minutos llenos de apremios y pensando que es el momento exacto de tomarse un whisky y ser expulsado no resuelve nada, marca que es todo lo que esperan que sea para entrar en ese país. Otro pasajero, en un aeropuerto londinense zanja la cuestión con una frase que le viene a la cabeza tras muchas ocasiones donde se ha sentido humillado con las risas de los aduaneros por su escasa capacidad económica haciéndole dar vuelta los bolsillos (lo salva la carta de la institución de estudios) para estar en tierras británicas como estudiante: si aprendo tu maldito idioma en una semana, no estoy dos. Chash-clash, pasaporte sellado y el amistoso: have a nice day, sir. Anglosajones de ambas orillas.

Ahora Europa se saca de la manga la visa ETIAS para latinoamericanos que estaban exentos que por esas cosas del relato dicen que es una autorización de viaje y no una visa (vaya). Los tiempos han cambiado y los aduaneros son sustituidos por el algoritmo. Mismas absurdas preguntas que van creando un filtro para dejar afuera a muchos sin subirse al avión. Se hace telemáticamente. Si no presentan una tarjeta de crédito o débito, imposible la entrada. Es una visa de turista, no un cuestionamiento para obtener una residencia o un permiso de trabajo (esa pescadilla que se muerde la cola) que amerita un estudio más amplio. No. Es para sacarse una foto con las palomas de la Plaza España de Sevilla o en Duomo de Milán o para ver un partido de fútbol en el Saint Denis parisino o para detenerse frente a la Puerta de Istar en el berlinés museo de Pérgamo. Para cualquier cosa temporal, incluso visitar a la familia aunque ese punto, avisan, se mirará con detenimiento porque eso de la familia implica relación frecuente y las visitas sorpresa o los encuentros con familiares desconocidos, no pasan.

Así que frente a la compu, supongamos ciudades pero también espacios rurales, altiplanos, selvas, desiertos…, quien quiera visitar Europa debe responder sobre: antecedentes penales, historia laboral, consumo de drogas, participación en la trata de personas, viajes anteriores a zonas de conflicto y viajes anteriores a la UE.

Ahí directamente entra el algoritmo. Por ejemplo, la hoja de coca tradicional método para combatir el mal de alturas elimina a toda la población de los países andinos y también a los habitantes de los países con territorios selváticos y por supuesto en los países donde el consumo de marihuana está legalizado, como Uruguay. Marchan al spiedo. El algoritmo no entabla conversaciones, decide. Sigamos, ¿y la historia laboral? ¿A qué viene contarla? ¿Qué aporta? Ah, el algoritmo programado saca el perfil de la persona buena trabajadora o mala, de la frecuencia tipo o permanencia en los trabajos, ergo, en sus binarias conclusiones puede o no entrar. ¿Entrarán lo mismo obreros peones rurales camareros que ejecutivos empresarios o profesiones universitarias…? Hay que decir, en honor a la verdad, que no piden las calificaciones y tampoco las faltas injustificadas. Otro montón de personas sin darle de comer a las palomitas. Lo de participar en la trata personas (único tema específico y que debería estar en antecedentes penales que tampoco son exigibles si no es para una residencia) es para señalar un extremo de la cuerda y librar al otro en la prostitución. Sin más comentarios porque en esa lógica se podría especificar cada tipo de delito. Lo de haber estado en zonas de conflicto qué es: Israel lo es, pero Colombia o como Europa participa de los bloqueos con Cuba y Venezuela, ¿también? Es más, cuenta visitar haber estado anteriormente en Europa ahora que ella misma se considera zona de conflicto lo que redundaría en la siguiente pregunta: haber estado anteriormente en Europa.

En el primer gobierno de Lula, EUA dictó una norma para restringir el acceso de brasileros al país del norte. De la noche a la mañana se cerraron las puertas para una inmensa mayoría de visitantes. La respuesta del gobierno de Lula fue aplicar la misma norma, sin cambiar una palabra ni una coma a los visitantes estadounidenses y el resultado fue el mismo, los del norte incumplían tanto como los del sur. Resultado, se levantó la norma. Ahora, supongamos, que los países de América latina introducen la misma norma invocando los mismos principios de seguridad y de lucha contra el terrorismo, también sin cambiar una pregunta…, ¿cuántas personas europeas entrarían?

Las murallas de la xenofobia y el racismo se pueden pintar de colores, pero son lo que son. Y dan asco.

Y dale alegría a mi corazón

Mi hijo se va a Río de Janeiro (recuerdo a Carlitos cuando tenía 17 años y le avisé que me iba a Marruecos de mochilero y decirme: ¡qué envidia! Si tuviese tu edad, me iba de cabeza). Asumida la envidia, estoy contento muy contento recontento y pesado, todo hay que decirlo. Es Brasil. Pese a lo que pese y los conceptos preconcebidos de la industria del entretenimiento, volver a Brasil está bueno. Le envío por la mensajería electrónica pulgas de cosas variadas. Es Brasil (ya lo dije). Por suerte no me hace mucho caso, cumple la estricta cortesía hijo-viejo, salvo en los almuerzos que estoico aguanta anécdotas relatos de los culpables de nuestra existencia relacionados con Brasil. Uno que en casa tenemos asociado con el Pan de Azúcar es el aeropuerto Santos Dumont porque parece que un familiar hace la intemerata de tiempo tuvo casi un accidente, de eso que convierte en anécdota por su condición de “zafaste por los pelos”. Pista corta al lado del mar, con el Pan de Azúcar para esquivar. Es decir, subimos para verlo e imaginarlo pisando el freno, sacándole humo a las ruedas. Ver Santos Dumont nos detiene para saber lo que pasa.

Ayer saltó la noticia y en las redes se festejó con profusa alegría: “Hackearam um painel do aeroporto Santos Dumont e botaram pornô kkkkkkkkk o brasileiro não tem UM DIA DE PAZ!!!”. Durante un buen rato el perfume auto whisky paraíso con palmeras lentes de sol… y todo el llamado producto de lujo, le hicieron un hueco a vídeos pornográficos (justo ahora que los hackeos son sinónimo de caballo alado israelí que te espía de datos, muchos datos, de big data de estafas económicas de guerras…). Otro bromeó con “parece que mucha gente perdió sus vuelos hoy», pero sin dudas el mejor le agregó al nombre: «bienvenidos al Aeroporno Santos Dumont (lo que me lleva a recordar al familiar y en lo qué estaría pensado para hacer aquel desastroso aterrizaje)». En la crónica que no está firmada pero seguramente es una persona con buen sentido de humor y la exacta dosis de sarcasmo señala: “Tampoco faltaron los aguafiestas: «Imagínese a las personas que viajan con niños», se quejó un usuario, «qué falta de respeto», detalló otro sin agregar qué atropello a la razón”.

Contradiciendo en parte y sin acritud a Juan José Millás que apuesta, en estos tiempos, por correr para que la actualidad no te atrape, creo que hay actualidades que nos deben abrazar porque no llueve, hace sol y la temperatura está agradable.

Otra actualidad reconfortante (seguramente impúdica para los viejos thatcherianos) es la que implica a los que 82 vieron salir de su puerto a parte de la flota para guerrear en territorios de ultramar contra los argentinos, los que le compiten a los cavernosos y legendarios escarabajos porque en la cancha y en esos tránsitos cuando todo se viene abajo y hay que inventarse una forma de vivir a los ponchazos, nunca caminan solos han incorporado a sus cánticos una canción del flaco de Rosario, Fito Páez, haciéndola propia a medio trayecto entre la suplica el reclamo la promesa: “Y dale alegría a mi corazón”. Seguramente tengo diferencias con muchos de ellos en ciertas miradas políticas, pero nadie podrá convencerme que también hay confluencias sensaciones que hacen del fatalismo una insolente alegría. O una risa fácil.

Un Estado psicópata pare sociópatas

Un psicópata es una persona/Estado (lo añado y espero explicarme) narcisista, que no siente empatía hacia el sufrimiento ajeno, ni remordimientos, con una elevada inteligencia que le permite manipular a quienes tiene alrededor, y que suele reincidir en sus acciones.

Estados Unidos es un Estado psicópata. Definitivamente. Conducido desde los púlpitos, explicado por la industria del entretenimiento, en perpetuo estado de guerra interna y externa contra la impureza intelectual, racial, económica que siente como ofensa, con mandamientos bíblicos como sistema jurídico, narcotizados por un sueño primario y primitivo donde matar es aceptable loable defendible, un daño colateral de su destino manifiesto.

Un Estado narcisista que se autopercibe define siente como el pueblo elegido blanco-protestante-anglosajón post nórdico-dueño de la razón-inventor de la democracia libertades derechos-hacedor de sueños-poseedor del bien de la pureza frente al mal de impureza de las “razas inferiores”-de las creencias erróneas-incapacidad intelectual-de las libertades innecesarias-de las democracias mestizas-la vagancia-la deformidad.

La falta de empatía ante el sufrimiento ajeno ha forjado su expansión territorial y su poder económico, a través del aniquilamiento exterminio e incumplimiento de leyes y tratados con los pueblos originarios, los “indios”, con sus vecinos mestizos impuros degenerados, con los que eran difícil de ubicar en un mapa. Y su poderío económico en el que sustentan su cuerpo legislativo, sus derechos y libertades corporativas, en la esclavitud, esa fuente de energía que mueve la economía gracias al trabajo esclavo de personas que parecen ser pero no lo son, que deben agradecer su transformación de animales a esclavos.

Ni remordimiento tiene cabida en su construcción identitaria del destino manifiesto (divino y llamado a cumplirse) desbordado de matanzas robos esclavitud (formalmente erradica y realmente sostenida a través de la falta de derechos, del sobrante de guetos de los nuevos campos de algodón que son las cárceles) invasiones golpes de estado en países de medio mundo bombardeos por tierra mar y aire, de los  nucleares químicos…

Una elevada inteligencia destinada a manipular a su entorno por ser considerarse sentirse víctimas con derecho a la violenta legítima defensa. Basta acudir a los archivos de sus administraciones, a las actas de sus cámaras, a los discursos oficiales de sus políticos, a las bibliotecas, a las hemerotecas de los medios de comunicación para recabar que una mala mirada, una palabra mal ubicada, un error de interpretación, una libertad innecesaria, un exceso de natalidad fueron son y serán motivo más que suficiente para desencadenar una justa y sanadora masacre, intervención, bloqueo, castigo porque la letra con sangre entra. Y así, la esclavitud se justifica como libertad y las guerras como misiones pastorales y el amarillismo y las fake-news en premio a la libertad de prensa (tiene pelotas que el coinventor de la desinformación amarillista, Pulitzer se haya convertido en el máximo premio a la libertad de prensa).

Reincidir en sus acciones es la pauta de los psicópatas y así es su historia, no la del entretenimiento, la que les acompaña en “su normalidad” desde el XVIII al presente y el futuro que vendrá. Sorprenderse por un Trump es desconocer la larga lista de presidentes habidos en la Casa Blanca que lo dejan como un bebé de pañales y han forjado su historia de victimas que se vieron en la necesidad de matar.

Un Estado psicópata pare sociópatas capaces de agarrar un fusil de asalto y descargar sus victimismo al estilo del papá Estado, matando. En una escuela, un supermercado, una iglesia o en los linchamientos supremacistas. Pare sociópatas que crean asociaciones del rifle, que enseñas a sus crianzas a disparar para defenderse del otro, el de siempre, el diferente, el impuro, el viene a robarles su sueño de anglosajones blancos protestantes con un destino manifiesto. Pare odio sin remordimientos ni empatías. Y frente a su espejito se ven puros bellos únicos frente a ese mundo a catequizar; por las armas.

La pantalla renacentista

El apagón del medievo europeo (de alguna forma existieron existen existirán medievos en todas las civilizaciones cuando el poder sucumbe a la fe en los dios diosa o en plurales), demandó la creación de una iconografía con relato-imagen-sonido-escena compatible con las recuperadas ansias del conocimiento expresado habitado hecho volumen edificado e incorporado definitivamente a la diaria de las personas para desgracia de los monasterios veedores de los vestigios no incinerados. Recrear reinventar reinterpretar recuperar relatar y reacomodar la ciencia-cultura-religión-historia fueron secuencias de olas estrelladas contra la orilla de la verdad revelada. Nada de tsunamis y sí mucho de comunicación gracias a Johannes con su invento del arma de comunicación masiva, pero también de la portabilidad de escenarios teatrales músicas rituales religiosos pintura historicista. Así la tierra poco a poco giró, recuperó las curvas de su forma, se protestó hasta ser protestante, el mesías tornó a blanco-caucásico-tirando a nórdico, aparecieron nuevos-viejos mundos con nuevas-viejas personas que eran humanas pero no se comportaban como tales sino más bien como parte de la salvaje flora y fauna donde habitaban…, un largo etcétera donde la última civilización nacida por arte del relato y el conocimiento se atribuyó ser la más vieja y la más sabia y su territorio, por siempre jamás, el viejo continente. Cuestión de tiempos, de relatos, de inventos (bien es sabido que los descubridores de la fundición del hierro se pasaron por el filo de su espada a los que seguían anclados en el bronce), de relatos para acortar distancias, de ganarle metros a la lejanía, minutos a los husos horarios, de aproximar lo propio, en el entendido que los imperios apropian e intentan unificar el discurso cultural, religioso, científico. Prevalecer es unificar. Eso dicen. No ha lugar dos o más miradas.

Hoy, la proximidad, aggiornada la imprenta de Johannes en pantallas, está en los bolsillos y son más importantes que la ropa interior. Es tanto el caudal informativo que prevalecer demanda un relato como el renacentista, multiplataforma o multisoporte. El bien del mal, lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo bárbaro de lo incivilizado tiene que ser prejuzgado desde la infancia y consumido como menú del día. Pero, no es tan fácil. Nunca lo es. Quizás lo sea en un futuro replicante de Blade Runner. Por ahora hay asistir desde nuestra caverna digital a los mensajes. Y vaya que los hay. Y vaya que a veces duelen los oídos cuando nos recrean reinventan reinterpretan recuperan relatan y reacomodan lo que los sentidos el conocimiento y la experiencia nos alertan como absurdos. Alguien en algún lugar (sin utilizar el comodín del algoritmo) está empecinado en insultar (con éxito, hay que decirlo) la inteligencia.

(no entraré en la madre de todas las guerras de héroes villanos ni en lados correctos de la historia). Seré más banal, tanto como un rey emérito, que en estos días más parece un Cid Campeador que Rico «Ratso» Rizzo, aquel timador que nunca llegó a su Florida deseada para escapar del “todos hablan”. “El último campeón del mundo de vela”, el Colón o Vasco da Gama o Erick el Rojo o el almirante Zheng He o el Piris Reis, ocupó durante días la información por su retorno a su antiguo reino. Por tierra mar y aire se conjeturó sus argumentos: navegar, patronear el Bribón (no va con segundas aunque entre el Bribón y el Fortuna, carajó, blanco y en botella para describirlo a través de los nombres de sus yates), Sanxenxo, Galicia, su familia, sus súbditos, su autoexilio dorado, sus pelillos a la mar.

(no entraré en la política y en sus causas judiciales, ni tampoco en el desprecio de mis hijos por matar a sus dumbos de la infancia). Esa idea de recuperar su figura más excelsa de deportista buen mozo de más talla rubio sonriente campechano, llama la atención cuando sabemos que los años se morfan cualquier pintura y a la natura ya que le queda poco trapo. Pero no. Y la realidad, cuando desciende del avión privado (así viajan los monarcas eméritos), muestra lo que la lógica dicta a un tipo de su edad bien o mal llevada: un carcamal. Sin embargo, el mensaje continua y no está claro por qué al final no fue parte de la regata, pero se apresta a estar en otra, la verdadera, la que defenderá su título mundial, la que mostrará cicatrizadas sus heridas, tonificados sus músculos para los vientos y maniobras prestos los sentidos para la caña. Surrealista, pero lo dicen las pantallas del nuevo renacimiento creando ese epílogo de un monarca que no supo serlo aunque eso es un matiz típico de sus antepasados borbones. Pero eso es otra historia.

Recuerdasipuedes la margarita deshojada

Salsipuedes vivesipuedes sientesipuedes amasipuedes trabajasipuedes riesipuedes cantasipuedes escribesipuedes besasipuedes abrazasipuedes hablasipuedes llorasipuedes paresipuedes comesipuedes caminasipuedes duermesipuedes…

Fue la matanza de 1831, el asesinato de Charrúas en el arroyo Salsipuedes cuando arrancó el relato, apenas un combate entre la civilización y la barbarie; eso dijeron. Así lo escribieron y durante generaciones así lo estudiamos. Un relato de un territorio que es biblia con otros tantos de otros tantos territorios, plagiados adaptados versionados, de sometimiento castigo desolación muerte, de poderes mandatos divinos, de elegidos rechazados esclavizados, de epidermis claras quemadas oscuras, de sangres puras impuras fragmentadas, de libertades entendidas merecidas excluyentes, de democracias a según quién a según cómo a según cuándo a según dónde.

Un país sin indios fue el comienzo de un relato civilizatorio donde la preposición aún sigue cumpliendo su función tenebrosa del descarte de personas bárbaras incivilizadas oscuras menstruantes pensantes de otras vidas posibles. Les dan miedo. Les jode, mucho y me alegro, mucho.

Deshojar la margarita, ajenos al relato, es saber que todos sus pétalos tienen la misma respuesta: te quiero no estás pero estás. Algo que hace rabiar hasta el delirio de aquellas personas que quieren ser victimas siendo victimarios cómplices secuaces odiantes, los que niegan golpes, dictaduras, imperios, guerras civiles, estados que secuestran, torturan, asesinan y desaparecen personas.

No hay relato para aquella mujer expresa política que creó una margarita a la que le faltaban pétalos y se convirtió en la imagen de Madres y Familiares de Detenidos Desparecidos. Fue en 1989. Se podría escribir una tesis. No hace falta. Se entiende en cualquier punto de la rosa de los vientos. Cada 20 de mayo, y van 27 veces, “La marcha del Silencio”, nos recorre la columna y la avenida. Las fotografías las margaritas el silencio. Todos somos familiares de las 194 personas detenidas desaparecidas por un Estado que aún hoy, está ausente, callado, cobarde para no molestar a los uniformados y a quienes los financiaron de traje y corbata.

Cada mundo en la tierra tiene una génesis real donde surge el mito de su relato identitario que justifica la vida sin el otro el vacío el olvido. La grieta cada vez es más grande, pero en algunos lugares, gritando en silencio se da la pelea.

Recuerdasipuedes a la margarita deshojada porque dice: Memoria, verdad y justicia.

El abrazo del Frontex

Te abracé en la noche, te ibas de mi vida, te abracé en la noche, era un abrazo de despedida…, quedé a la deriva… y quedé con sabor desaparecido… (no puedo entrecomillar porque no recuerdo, la etaria condena que nos habita, saber si amasijé a Fernando Cabrera y, vaya mi disculpa de mostrador de habitué de El Cosmopolita que ya no está, pero ahí, justo ahí viene el tema de las ausencias presentes nunca olvidadas ausencias).

Mis tatarabuelos, bisabuelos abuelos viejos yo y quizás (seguramente sí) mis hijos que aún no lo saben enfrentaran ese abrazo nocturno que pelea por quedarse y sabe que cuando amanezca en el último colchón cardado por la necesidad vendrán un puerto aeropuerto estación de tren de autobús o un camión que pondrán la ruta en funcionamiento. Y quién se tiene que marchar, deja. Y quién queda, deja. Y es el abrazo, el último el que no quiere ser el que es y no quiere ser el que siente como la arena se escurre entre los dedos lo que produce ese rechazo visceral (mirar hacia otro lado es también asunto de vísceras) para no recibir. Qué tema, qué aburrimiento, qué pesadez escuchar leer ver ese asunto epidérmico de decir que no sé es y sin embargo, sí; ese asunto epidérmico de ser distraído con los miles y miles, decenas cientos y a poco que miremos atrás, millones de ñatas contra el vidrio que piden entrar. Racismo. Sí, da igual la etiqueta (quizás tenga razón Byung-Chul Han y Europa está signada por la infocracia, donde las audiencias, el público, las personas que enfrentan la sobredosis informativa sin saberlo pero a propósito se han convertido en mercancía. Quizás).

La publicación de una investigación conjunta de ‘Lighthouse Reports’ (Der Spiegel, SRF Rundschau, Republik y Le Monde) donde se acusa al Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, creada en 2004) de haber estado involucrada en la devolución en caliente de al menos 957 solicitantes de asilo en el mar Egeo entre marzo de 2020 y septiembre de 2021, provocó la dimisión de su director ejecutivo, el francés Fabrice Leggeri que había llegado en 2015. Apenas la punta del iceberg de una agencia involucrada en varias investigaciones desde su operativa hasta el antifraude.

Leggeri, apoyado por el semicírculo parlamentario europeo que va desde centro a la punta de la extrema derecha (y que avanza), sintiéndose desautorizado escribió en su carta de despedida: “parece que el mandato de Frontex por el que he sido elegido y renovado en junio de 2019 ha sido modificado de forma silenciosa pero efectiva”. Vaya, a quién se le ocurre mojarle la oreja con las violaciones de los derechos humanos. Vaya, porque venir ahora, tras muchos años asistiendo a la muerte de miles de personas, a decirles que existe la ley, que guardar las fronteras no es reprimir a las personas que intentan llegar, no es abandonarlas en la mar a esperar la muerte, no es devolverlas a los puertos de partida de donde han escapado, no es hacer negocios públicos y privados para agrandar y extender el abandono. Vaya, seguro que no se miran como personas. Ni tan siquiera un rato, como alguien escribió, pensarlas en clave de refugiados ucranianos.

Ver una patrullera un coche un helicóptero un uniforme del Frontex es una eurovisión canalla y no da para un abrazo. Es el mandato de Europa: blancos entran el resto afuera…, cosas de pieles culturas libertades derechos..

Lula es claro: se necesita una nueva gobernanza mundial

Habían transcurrido ocho años del inicio de la Guerra Fría cuando  por iniciativa de los jefes de gobierno de India, Jawaharlal Nehru, Egipto, Gamal Abdel Nasser e Indonesia, Sukarno (inspirados en el pensamiento de Mahatma Gandhi), se vislumbró una nueva vía intermedia para ser posibles como naciones, los Países No Alienados sin la adscripción a los dos grandes bloques en liza: EUA/Europa Occidental vs URSS/China. Fue en la primera de sus cumbres (la inicial en Bandung de 1955 fue la propuesta de crear la organización), en Belgrado (1961), cuando se dio forma a la organización oficializó la denominación de Movimiento de Países No Alineados (a fecha de hoy la componen 120 países y 15 observadores, que supone el 55% de la población mundial y 2/3 de los países presentes en la ONU). Y no, por supuesto, no están los países de los antiguos bloques que hoy siguen guerreando simbólica y realmente en sus cosmogonías geoestratégicas de poder como miembros de cada una de las partes (aunque no exista la URSS).

Los objetivos primarios, desde aquel 1961, de los países no alineados se centraron en: el apoyo a la autodeterminación, la oposición al apartheid en Sudáfrica, el apoyo de la lucha contra el colonialismo, el racismo, la no adhesión a pactos multilaterales militares, la lucha contra el imperialismo en todas sus formas y manifestaciones, el desarme, la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, el fortalecimiento de la ONU, la democratización de las relaciones internacionales, el desarrollo socioeconómico y la reestructuración del sistema económico internacional aspirando a la independencia económica y a la colaboración en pie de igualdad, los principios de la coexistencia pacífica, la diplomacia como solución a los problemas… Ni Europa (Este/Oeste) ni EUA ni la URSS ni China ni otros países que bajo sus órbitas participaron ni participan de esa visión que hoy, tras 60 años, la siguen presentado como: populista, radical, antidemocrática, inviable, carente de libertad…

En estos días, el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, candidato para las próximas elecciones generales en octubre de este año, concedió una entrevista a la revista estadounidense Time (https://time.com/6173104/lula-da-silva-transcricao/) y entre muchos temas, habló sobre la guerra en Ucrania y su repercusión mundial. Fue claro contundente sin ambages en cada una de las respuestas responsabilizando a Putin pero también a Zelenski a Europa a la OTAN y a Biden por estar más pendientes de echar gasolina al fuego que de buscar la paz a través del diálogo, de colectivizar las sanciones a Rusia a la mayor parte de la humanidad, del circo mediático (la comedia de relaciones públicas), de la falta de líderes que actúen como tales y, sobre todo, de la necesidad de una nueva gobernanza mundial (ninguneada la ONU).

Brasil no es un país cualquiera y Lula tampoco es un dirigente cualquiera de éstos que abanderan “estar en la lado correcto de la historia”. Porque la historia, la real que está llena de atrocidades tras un relato, la siglos de imperios, guerras mundiales, pandemias hambrunas, crisis de todo tipo y pelaje…, siempre tienen los mismos actores y los mismos resultados. Los objetivos principales del Movimiento de Países no Alineados siguen vigentes y aunque Lula no los cita como herramienta, es bueno que sea claro y le llame a las cosas por su nombre: se necesita una nueva gobernanza mundial.