Chechu

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El tipo se llama Chechu. Cuarenta y pico prácticamente sin uso. Medio pelado, con esos quilos de más de la indolente déjà vu diaria del funcionario y con una vista ociosa que demandan lentes para ver lo que no le interesa. Es como uno de esos muñecos con los que las tías abuelas decoran sus camas de sueños infantiles incumplidos. Sepia y naftalina. Hay algo de perverso en su sonriente rostro cerámico. Algo de puñalada traicionera. Sus ropas son anodinas, probablemente compradas por una mamá que aún le prepara el desayuno, porque habiéndolo castrado de chico, sólo resta aguantarlo hasta el liberador crematorio. La suerte está echada y que alguien aparezca capaz de soportar la inutilidad de su ser, no tiene boletos.

Trabaja en la oficina de empleo que no emplea. La que autoriza el pago del subsidio de desempleo. Su mesa es su estrado. Impoluta. De psicópata. Los 1,80 x 0,90m son un estado tan absurdo como una monarquía parlamentaria. Un estado al fin y al cabo donde él, y solo él, es la autoridad, quién decide si la persona es merecedora de su visto bueno para concluir el trámite. Sobre el equipo informático el calendario de un sindicato confunde a quienes se sientan para enfrentarlo. Podría ser un tipo comprometido. Chechu, no. Probablemente apareció una mañana a primeros de año y se olvidó de su presencia. Teclea con la espalda recta y a pesar de los años calentando silla, carece de gracilidad en sus dedos. Y usa el ratón. En realidad odia a la máquina, nunca habla con ella, nunca la acaricia, nunca juega con sus teclas a quitarle un gemido, una mínima excitación. Pobre máquina caer en sus manos esmaltadas.

Recibe sin saludar solicitando el carné de identidad como cree que debe hacerlo la autoridad. Distancia. Sobre todo distancia. En vano cualquier comentario amistoso so pena de ser interpretado como un intento de soborno. Ha visto demasiado y sabe que las personas gentiles siempre buscan saltarse la sacro santa legalidad. Es fácil imaginarlo en sus cenas diarias: una tortilla francesa y un vaso de leche mientras aburre a su mamá con sus triunfos laborales. Lo importante son los números de la cédula de identidad y sus ojos se vuelven botón de calzoncillo cuando la pantalla saca todos los ítems asociados a la misma. Es meticuloso chequeando la documentación en busca de la discordancia. Y la suele encontrar. Cuando faltan papeles le brillan los ojos de roedor tras los cristales llenos de huellas. Sin sonreír, su voz aflautada recita la sarta de falencias. Al terminar, mira con displicencia sabedor que habrá excusas, argumentaciones, por dioses. Hace cruces en las cajitas vacías de los formularios, repasa hacia adelante y hacia atrás lo aportado y se pregunta, pregunta, por qué ahora, cómo es, no será qué…

Ventura Malvino lo conoce. Hace un año lo encaró ante la insinuación de que no buscaba trabajo. Le llamó idiota. Le demoró dos meses el trámite en represalia. Ahora, tan sólo lo mide. Le pide un papel que ambos saben imposible. Malvino, después de dos años en el desempleo oficial, rebuscando en la basura de los trabajos sin papeles, trabajando gratis porque hay que apostar, haciendo cursos porque hay que estar, se le cruza el pensamiento de agarrarlo por las bolas y apretárselas hasta que saque la lengua o se le disparen los ojos de la orbita. Se pasa la mano por la cara maldiciendo el sermón de que la violencia no conduce a nada. Una pausa y sin mirarlo a su cara le fraile le dice a media voz: “lo que me extraña es que después de tantos años ahí sentado, viendo y escuchando las historias de las personas que no les queda otro remedio que venir para sobrevivir, sigas pensando que somos unos delincuentes”.  Sonó profundo, solvente.  Chechu calla y aprieta su culo. Por una vez se ha asustado. No habido quejas solo un comentario. Ha sido suficiente.  Se levanta y acude a su supervisora para ver cómo arreglarlo. Vuelve y el papel que falta, irrelevante pero que el sistema reclama para evitar el pago, ya no es necesario. Ventura Malvino se marcha abandonando una nota: “broken flowers, guacho”.

El vientre blando de Occidente

o-AL-SURI-facebookPolíticos, politólogos, medios de comunicación y opinantes en general paulatinamente están instalando un estado de opinión belicista donde la democracia europea se enfrenta al medievo islamista sin otra solución que su aplastamiento militar. Atentado a atentado, si bien los métodos varían, el perfil del lobo solitario, esos seres considerados asociales, se consolida alejando el debate de una solución justa y dialogada entre mundos de creencias cada vez más influyentes (parece habitual las declaraciones del presidente de los Estados Unidos donde su repulsa al acto se transmite a través de una plegaria). Y es cierto que los escenarios de muerte ya están instalados en Europa pero las causas de los mismos tienen más que ver con la globalización tecnológica, en los avances de las comunicaciones y en ese pozo de racismo y xenofobia que durante décadas se ha engendrado en los conurbanos europeos. El odio estaba hibernando, solo había que decir las palabras acertadas para despertarlo.

Las democracias occidentales suelen elegir a sus presidentes y primeros ministros bajo el principio del carisma y excepcionalmente a líderes que aglutinan méritos objetivos y sentido de la responsabilidad social. Son funcionales al poder económico (gran beneficiado en cualquier conflicto). Los atentados de hoy, en el esquema de la tercera yihad en la que estamos inmersos, tienen su origen en la Guerra Fría, en la Revolución de Saur de Afganistán (1978), cuando sí se derroca una monarquía feudal y el gobierno de Nur Mohammad Taraki inicia un programa de reformas que pone fin a la usura, realiza campañas de alfabetización (por primera vez en las escuelas se enseñó en las lenguas nativas de los alumnos y también asistían mujeres), pone en marcha una reforma agraria, separa la religión del Estado, acaba con el cultivo del opio, legaliza los sindicatos y establece una ley de salario mínimo (en el caso de género, promueve  la igualdad de derechos para las mujeres: permiso de no usar velo, de transitar libremente y conducir automóviles, abolición de la dote, integración de mujeres al trabajo y a los estudios universitarios, así como a la vida política con cargos públicos done siete mujeres fueron elegidas al parlamento).

Ante esta dictadura del libertinaje Occidente, liderada por Estados Unidos y con la ayuda de Arabia Saudita y Paquistán organiza, promueve y apoya financieramente y con armas (francesas, británicas, estadounidenses…) a los grupos rebeldes muyahidines para desestabilizar el estado a través de la “Operación Ciclón”. El asesinato de Taraki fuerza a la Unión Soviética, en cumplimiento al pacto entre ambas naciones, a la invasión que se prolongará durante 10 años y será determinante para que sin ambages Occidente, Paquistán, Irán y Arabia Saudita destinen fondos y armas, subvencionen las famosas madrazas de Peshawar (Paquistán), adiestren y alienten a personajes como Bin Laden, Al Zawuahirí o los mulá Massoud, Haqqan,… y cómo no, el gran teórico de la tercera yihad, el sirio, de nacionalidad española, Abou Moussab al-Souri, en paradero desconocido dentro del Estado Islámico.

El repliegue soviético del 89, la caída del Muro y el fin de la Guerra Fría estuvo presidido por dos presidentes con alzhéimer incipiente que actuaron como si de una guerra colonial se tratase obviando la radicalización y poniendo el acento en Irán donde los chiíes sobrevivían con éxito a la guerra contra Irak, el aliado de Occidente. Debieron pensar que unos contendrían a los otros cuando en realidad se retroalimentaban de las acciones realizadas y las respuestas que las potencias daban a las mismas. La lucha era por liderar a los musulmanes, por decantarlos entre sunitas y chiíes.

En un reciente artículo, Febbo introduce la controversia interna de Al Qaeda entre Ben Laden y Al-Souri, su mano derecha y autor del libro fundamental para los yihadistas del Estado Islámico, “Llamado a la resistencia islámica mundial”, donde contrapone la estrategia de los grandes atentados que solo pueden acarrear consecuencias destructoras porque accionaban dos resortes de una potencia con una capacidad de intervención militar enorme: primero, el aumento de los créditos militares, dos la invasión de los llamados “territorios cuna”, es decir, Afganistán. El atentado de 11 de septiembre atrajo a Estados Unidos a Afganistán y esa expedición militar terminó con el desmantelamiento casi total de Al Qaeda. La ex cabeza pensante de Bin Laden criticó a su jefe en un correo electrónico donde decía: “nuestro hermano fue contaminado por la enfermedad de las pantallas, los flashes, sus admiradores y los aplausos”.

Abou Moussab al-Souri propuso cambiar el objetivo hacia lo qué el llamaba “el vientre blando” de Occidente, es decir, Europa. Para ello, inventó el término de “nizam la tanzim”, un “sistema pero no una organización”: es decir, una estructura terrorista compuesta por células auto gestionadas, sin lazo con un órgano central, una suerte de yihad horizontal autónomo, separado de cualquier idea piramidal. Internet y las redes sociales serán en esa visión otro aporte clave porque ambos, en la idea de Al-Souri, ocupan el lugar de las mezquitas o los imanes. Sin contacto físico, sin frecuentación de lugares vigilados, los individuos se empapan en esa opción. Pero además, supo leer la situación de miles de posibles yihadistas que nacidos o criados en el seno de las sociedades occidentales y que eran victimas del racismo, la xenofobia, la exclusión. El Estado Islámico ha seguido esta doctrina ampliando, hasta el momento sus objetivos a Arabia Saudita, Yemen, Túnez, Libia, Turquía y Rusia. El lejano Oriente será, probablemente, su siguiente paso.

Afganistán, Irak (tanto en la primera invasión del 2003 como la que destruyó el país y creó la estructura administrativa del Estado Islámico), las primaveras árabes, etc. etc. son mojones de errores garrafales de los gobiernos de Occidente (por calificarlos con benevolencia) que en su búsqueda de petróleo y gas han logrado globalizar este “yihadismo pobre”. Ese “vientre blando” que es Europa debería endurecerse para encajar los golpes que aún restan y no seguir golpeando como única respuesta. Es una guerra ganada para la industria armamentística y perdida para todos.

 

Perros callejeros

maxresdefaultLa cara de incredulidad de Julieta le produjo risa a Ventura Malvino. A sus diez años tenía que procesar  la revelación imposible acerca de la mutación que sufren los perros tras varias generaciones de mestizaje: todos terminan de media estatura, pelo corto y rubio. Perros listos, astutos y sobrevivientes perfectos de las sociedades urbanizadas. Claro que para ella, primero tenía que hacer crecer o menguar, teñir, cortar o dejar crecer el pelo y, sobre todo, desnudar los valores que a cada raza le otorgan los mercados caninos como pastor, vigilante, peleador, faldero, cazador o acompañante. De ahí su cara de asombrada desconfianza sobre las palabras de Ventura que intenta mitigar argumentando que, “al fin y al cabo es normal ya que antes de ser parte de las ciento y un razas, todos fueron lobos”.

Dos cuadras más allá, Julieta rompe su silencio preguntando si las personas son iguales qué los perros. “Cierto”, atisba a responder Ventura: “todos fuimos uno que con el tiempo y por mor de la climatología, el hábitat y la endogamia nos diferenció. Lo de ser mejores o peores, más listos o capaces, más trabajadores o vagos, más falderos o independientes, más peleadores o pacíficos, es una milonga creada para los mercados humanos”. Ambos ríen profusamente imaginándose como perros y los perros como humanos. Bien de dibujos animados.

Antes de despedirse de su habitual paseo a Ventura le resulta inevitable responder a la pregunta que le ronda a Julieta por su cabeza: ¿Y nosotros qué somos? “Nosotros… Nosotros somos mestizos, de acá y de allá, cruzados de migrantes y originarios, nietos de otros migrantes y originarios que su vez lo eran… Hasta donde los cuentos cuentan, hemos transitado los caminos de Europa y América pero antes los tátara de los tátara también el norte de África y Medio Oriente. Hemos navegado mares, donde algunos perecieron ahogados, y ahora volamos cielos. En tus ancestros hay peleadores, comerciantes, maestros, artesanos, marinos, prófugos y perseguidores, de campo y de ciudad, pobres, ricos, de clase media, contrabandistas, fabricantes, artistas,… abrazamos las tres religiones escritas y alguna de sus escisiones, tienes documentación de izquierda, derecha, liberales y absolutistas, súbditos y revolucionarios independentistas…”  Julieta, abrumada con tanta palabrería le da un beso de despedida y resume: “Papá, los Malvino no tenemos raza, somos perros callejeros”. Y Ventura Malvino le susurra, “como la mayoría hija, aunque a las personas les guste decir que son de raza.”

Europeos matan europeos, le aclaro Rivera

La comparecencia pública del líder de Ciudadanos, Albert Rivera para dar sus impresiones sobre los execrables atentados de Bruselas resultó reveladora. Existen esos momentos donde el instinto puede al intelecto, donde, a decir de la psicología, aparece el yo reprimido que tenemos dentro y dejamos el cálculo de beneficios que se asocia al discurso para revelar quienes somos. Y hoy, a Rivera le salió su más poderosa xenofobia que a diario suele ocultar con su discurso de reformista de centro, de chico que no rompe un plato y que tan solo quiere cambiar las formas para maquillar a sus colegas de espectro político que no es otro, a tenor por lo de hoy, que el radicalismo de derechas, el malón fascista que mudó uniformes militares por trajes y corbatas. No hablaré del Ibex 35, es irrelevante ante el discurso de superioridad racial de los “europeos”.

A falta de determinar el origen de los asesinos, fanáticos religiosos, le aclaro que con los mismo datos que barajamos todos, lo más probable es que sean europeos que atacan en suelo europeo (en Francia, lamentablemente, también murieron personas de fuera del continente). Europeos de nacimiento, algunos de tercera generación, criados y educados en la sociedad europea. Europeos aunque por lo visto para vd. y otros de su calaña, existan “sí europeos” y “no europeos”. Europeos nacidos en repúblicas, federaciones y monarquías de Europa. Claro, europeos de facciones diferentes a las caucásicas, de lenguas maternas asiáticas, africanas o americanas, de religiones diversas pero sobre todo, mano de obra barata, precaria, acumulada en los guetos de las principales ciudades de esta península euroasiática que durante décadas han sido invisibles para los sí europeos. Y en este punto le disculpo porque vd. nunca ha tenido interés en las clases sociales más precarizadas y su mensaje es ininteligible para la población de estos conurbanos continentales que, dicho sea de paso, biológicamente somos iguales.

Dicho en plata, Rivera, me cago en los valores europeos porque son puro verso. Desde aquel “igualdad, libertad y fraternidad”, lo que más nos ha diferenciado a los pueblos del mundo ha sido el saqueo, genocidio y aculturación que dichos valores han conllevado para hacerlos valer como propios de los sí europeos del continente y de los de allende los mares y los Urales. No le recordaré a Leopoldo II, ni la esclavitud, ni la Indochina, ni tan siquiera Argelia y menos de la masacre de París de 1961. Supongo, que como introduce en su discurso, “son los valores que tanto trabajo han costado construir” (a base de la muerte de millones).

Qué duda cabe que todos suscribimos dichos valores pero todos somos todos. Desde que en los años 60 Europa necesito importar mano de obra barata para su milagro, consideró que traía carne humana. Que un auto viejo, unos cuantos electrodomésticos y edificaciones alejadas de la postal eran el “estado del bienestar” para quienes aun yacían victimas del debate del siglo XVI sobre su condición humana. Y en este medio siglo de avecindad entre los sí europeos y los que como vd. consideran que son no europeos, se ha fermentado esta locura de muerte indiscriminada, la misma que bajo el término “daño colateral” se acuña en ese ímpetu de saqueo para la democracia.

Es vd., Rivera, un xenófobo radical. Igual que otros en el continente. Es lamentable que alguien se siente a la mesa a su lado en pos de algún cambio. Yo soy no europeo de corazón porque respeto a los demás sin medir valores o intelectualidades que se les suponen a unos en desdén de otros. Vd., no. Le repito, Rivera, hoy en Bruselas unos europeos mataron a otros europeos.

 

Clérigos radicales del neoliberalismo

Cuando con el ayatolá Jomeini viajó en 1979 de París a Teherán para certificar que Persia se diluía entre los dedos e Irán emergía como una república islámica, Occidente se apuró a evidenciar los rasgos, cuasi maléficos, para temerosas y normales familias de donde se pone el sol. Jomeini inauguró la moderna figura del líder político-espiritual. El radicalismo estaba implícito en el discurso de los medios pero aun no presidía los titulares ya que su sola imagen imponía el miedo. Tanto que Saddam Husein era la imagen de las democracias para aquellos territorios orientales. Y fue el primero porque lo espiritual entró en la agenda de lo terrenalmente político con figuras polémicas como Juan Pablo II.

La siguiente década mostró como lo político-espiritual ganaba terreno en todos los frentes fruto del previsible desenlace de la URSS, sumergida en la Perestroika y el despiste post mortem de Mao en China. Las dictaduras sudamericanas ya no eran viables para Washington que medía sus fuerzas en Centroamérica para mantener su inercia armamentística junto a la guerra Irán-Irak. Hasta Medio Oriente veía como se apagaba la luz de Arafat e Israel daba paso a un mayor protagonismo de sus ortodoxos.

Con la caída del Muro de Berlín, por fin, se visibilizó sin ambages una nueva religión que daría soporte a las democracias de Occidente: el neoliberalismo. Su dios: el mercado. Sus terrenos santos: las bolsas. Sus santos lugares: los paraísos fiscales.

No creo en las conspiraciones. Creo en las hegemonías que conllevan a las tendencias que se suman como oportunidades de medrar, de estar, de ganar los cielos particulares. Es una confluencia hacia donde han tendido desde la antigua izquierda vuelta socialdemócrata, los sindicatos pero también la antigua derecha. Mensajes sencillos y claros: el consumo para tener y así ser.

En el 2008 se produce el primer sisma-crisis de esta nueva religión. Los datos objetivos demuestran las falacias de sus mandamientos. El dios mercado es injusto pero unos y otros están acostumbrados a las injusticias o misterios en la formas de los dioses tradicionales. Y aunque la lógica de sacrificio-beneficio apuntaría a su fin, ninguno de nosotros hemos tenido a bien considerar seriamente la cuestión de fe. Cuánto peor van las cosas, más necesidad existe entre las personas de aferrarse a la solución divina. Y en ese punto donde el miedo a lo desconocido es la principal arma, los nuevos clérigos radicales del neoliberalismo imparten sus homilías desde los púlpitos de las democracias. Y ahora como antes, estos sermones no se difunden para las legiones de mendigos que esperan otra vida, en forma de moneditas, en los atriles de los templos. Basta leer el siguiente informe:

https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2015-01-19/el-1-mas-rico-tendra-mas-que-el-resto-de-la-poblacion

 

Defender la publicidad engañosa del Estado

Cuando hoy escuchamos a la abogada del Estado, Dolores Ripoll afirmar que el claim usado durante años en distintos soportes y canales, “Hacienda somos todos” es tan solo una frase publicitaria no sujeta a derecho es correcto y no lo es. En primer lugar deberíamos felicitarnos que un representante legal del Estado, en sede judicial y ante toda la audiencia que por primera vez ve a una representante de la Casa Real, la Infanta Cristina de Borbón sentada en el banquillo de acusados, tenga la sinceridad de abiertamente decir que el Estado nos miente cuando comunica nuestra relación como ciudadanos con la administración. Todos lo suponemos en conversaciones de café que ni somos iguales ante la ley, ni nacemos iguales de derechos, ni los reconocimientos positivados de la Carta Magna tienen que cumplirse. La lista podría ser muy amplia entre el guion que da vida a la sociedad y la representación efectiva que hacen sus actores que, como no es menos, aducen la licencia del autor.

Es practica habitual que los vericuetos de la justicia son insondables y que si el Estado, en este caso a través de la figura política del fiscal o la Agencia Tributaria, no acusa es poco probable que una acusación particular prospere. Sin embargo, si me gustaría apuntar mi extrañeza cuando se defiende a una persona a través de una base argumental, cuando menos dudosa, como es el derecho del Estado a una publicidad engañosa. El Estatuto de la Publicidad del año 1964, ampliado y reformado para su adecuación al marco europeo por la Ley general de publicidad (Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad) cuatro principios básicos que al caso nos atañen el “Principio de autenticidad, referido a la necesidad de que el público pueda reconocer claramente que un mensaje es publicitario.”  Y define la publicidad engañosa: la que “induce o puede inducir a error a sus destinatarios pudiendo afectar su comportamiento económico, o perjudicar o ser capaz de perjudicar a un competidor”. También lo es en caso de silenciar “datos fundamentales de los bienes, actividades o servicios cuando dicha omisión induzca a error de los destinatarios”. Dicho esto, en el desarrollo de la Ley en su Artículo 3 define la Publicidad ilícita: “La publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución, especialmente a los que se refieren sus artículos 14, 18 y 20, apartado 4”. Solo resta recordar que el Artículo 14 de la Constitución dice que: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.” Es decir, hoy asistimos y aunque nos remitan a la jurisprudencia a la defensa televisada de la publicidad engañosa del Estado.

http://www.lavozdegalicia.es/video/espana/2016/01/11/hacienda-aplicable-infanta/0031_2016014698568464001.htm

El perito dice que es aluminosis

aluminosis en el Turo

La aluminosis es una pesadilla bien jodida. Una sentencia de muerte a un saco de billetes que un día juntaste para dar forma a un sueño que estaba escrito en las observaciones de tus calificaciones de segundo grado: “adelante, el futuro es tuyo”. Y te metiste con la onda de trabajar y te buscaste un casal y ambos imaginaron que todo crecía si se le regaba según la norma. Y ambos regaron trabajos, descendencia, auto, figuritas para los muebles, ropa con alguna marca, vacaciones,… durante años. La ciudad se transformó. El país, también. El continente entró por la ventana porque quería verlos, comprobar con qué líquido habían regado ese, dios me perdone, milagro de crecimiento. Lo decían en la radio, en la tele, en el periódico de los domingos, en el bar era una conversación habitual y los parroquianos eran más altos, rubios y titulados. Imparable. Astronautas, por supuesto; innovadores, de cualquier tecnología; creativos, impreso en el ADN.

Cuando las paredes mostraron las primeras grietas, más que asustarse hicieron acopio de folletos de lindas urbanizaciones a cinco minutos del centro en avión a chorro. Vino el perito y puso mala cara. Era aluminosis. El seguro no cubría. El constructor se desentendía. Igualmente, buena onda. La ciudad era la que era. El país, de champion league. Y el continente, bueno, el único. Las grietas se extendieron por el barrio. Mal de muchos. Un día llegaron hasta los trabajos. Bueno, había paro. Pasó el tiempo y las soluciones de emergencia se han vuelto perennes, como las grapas de las paredes revocadas mil veces. Eran tan lindo el apartamento que, para qué. Era tan fácil el trabajo que, para qué. Eran tan lindas las palabras que, para qué.

A la clase política le gusta hacer símiles sobre la crisis que desde hace 8 años vive España y la economía doméstica: las apetencias o deseos de una niña imaginaria que es hija y víctima, la reprimenda necesaria  para esa familia que no puede gastar más de lo que ingresa, el trío conyugal de pareja y entidad financiera (donde la entidad es rescatada para felicidad de la libertina pareja)… Y lo hace jugando a ser perito pero no dando las explicaciones del mismo. Las grietas del modelo de sociedad creado en el 78 parecen más fruto de un inesperado terremoto que del previsible desgate de un hormigón que se sabía tenía una fecha de caducidad temprana. En apariencia era una linda edificación y además barata; en su estructura, sale cara arreglarla si no hay que demolerla y volver a construir. Avaricia, incompetencia (que ahora peina canas), conformismo, arreglo, ventaja, oportunidad de unos constructores metidos a políticos. Y ahora, volver a empezar porque el perito dice que es aluminosis.

Argentina &Co

marca+argentina+turismo

¡A la madonna!; los caza talentos están a full contratando ministros, directores generales, secretarios, subsecretarios, gerentes y directores de empresas públicas y demás cargos políticos para el gobierno de Macri, en Argentina. ¡Na mina vida tal vin! ¿Y qué será de los lobistas de antaño, tradicionales intermediarios de lo privado en lo público? ¿Es acaso la última vuelta de ese tornillo sinfín del neoliberalismo global y virtual? Puede ser. Lo que está claro que no debería dejar a nadie indiferente aunque la latitud sea demasiada austral para algunos.

Hasta ahora la creencia de que los cargos políticos de la administración pública eran lo que eran porque los presupuestos no daban para pagar salarios acordes a las supuestas lumbreras que cohabitan en lo privado, era máxima. ¡Cuántos debates! Hasta hay decretos en muchas democracias del orbe sobre incompatibilidades y puertas giratorias. Claro que los suspicaces, que haberlos haylos, hablaban del programado abandono del beneficio de la administración pública como una maniobra para las socorridas privatizaciones. ¡Las privatizaciones qué todo lo curan!

El gobierno de Macri parece ser que tiene plata suficiente no solo para igualar si no superar los salarios de la privada. Nadie deja su puesto de trabajo para ganar menos plata. Y si lo hace, ¡caramba!, deberíamos ir pensando en un nuevo modelo socioeconómico: socio-neoliberalismo. Convengamos que no es el caso ya que los salarios públicos están sujetos a principios de intervención y transparencia de los otros poderes del estado.

¿Entonces, este milagro digno de incluirse en el epilogo de algún texto sagrado? Bueno, primero hay que entender que Argentina, como en muchas otras ocasiones, ha servido de laboratorio de pruebas para aplicarlas en otras partes del mundo. Todas las personas contratadas por los caza talentos destacan porque son los soldados de las Corporaciones globales y criollas. El equilibrio es importante. Su misión ya no es influir, hacer lobby, si no gobernar  bajo el filtro de un gobierno legalmente elegido. Un reto titánico encargado a soldados que como toda tropa, está para ganar o ser quemada. No tienen un valor estratégico.

El reto es conseguir un nuevo modelo de relacionamiento externo e interno. El externo, la relación entre la ciudadanía y el estado, mudará al modelo supermercado.  Lineales de productos y servicios a los que la población puede acceder si tiene recursos. A cambio y para que tengan algunas monedas en el bolsillo, quita de impuestos. El Estado se financia con el margen de beneficios de los mercados. A lo bruto porque la decisión de hacer este organigrama no admite mejoras o perfeccionamiento del actual sistema, simplemente se pone al frente a personas que defienden a ultranza que es mejor compra un auto nuevo que arreglar la ruta. A lo bruto porque los caza talentos no han buscado personas con experiencia en la administración pública; han buscado currículums en Corporaciones. De esto, se escribirá mucho porque no deja de ser un reto, bastante infantil y seguramente doloroso, a mi juicio.

El reto interno, por el contrario, es apasionante. En alguna medida recuerda a la Libia de Gadhafi, la Siria de Assad padre o mismo el Iraq de Hussein de los años 70´. En fin, veamos como todas estas personas dibujan un nuevo mapa geocorporativo de Argentina. Porque volviendo a cuestiones de salarios, las medidas que adopten no pueden ser libre concurrencia y competencia. No está en el ADN de las corporaciones (por supuesto que sí en el discurso, sobre todo cuando no tienen una posición de preponderancia sobre determinados mercados). Para el cliente final poco cambia ya que estas grandes corporaciones, en cada sector, es un conglomerado de marcas que aparenta cierto principio de competencia. ¿Pero entre ellas? Disponer de un mercado de 47 millones de personas, de medidas y normas realizadas ad hoc, libradas de la competencia de otros, sobre todo chinas e indias… ¿Quién no optará por posicionar a sus soldados en la administración sabedor de la cuenta resultados para los accionistas? ¿Y alguien conoce a un accionista preocupado por los medios empleados para obtener rédito a la inversión?

Lo redactado suena a broma de 3 de enero de 2016. Y no lo es. Basta con leer detenidamente el nuevo organigrama de esa nación: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-289451-2016-01-03.html Dicho de otra forma, el organigrama indica que la República Argentina pasa a ser Argentina & Co

Nota final: enlace de los caza talentos que han obrado el reto http://www.egonzehnder.com/

Es gratis

Venice

Hay quienes dicen que nunca antes se había vivido mejor, logrado más cosas y contado con personas mejor preparadas. Es una misma frase que se repite por doquier puertas adentro de este edificio en el que moramos. Es una sentencia que, sin buscar comparativas, también la repite el vecino, el de la escalera contigua y hasta los que viven en los pisos más bajos. Las personas, generalmente, se atribuyen el éxito de sus formas de gestión por haber conseguido tupir la tierra de objetos innecesarios para el placer humano. Todos saltan presurosos en defensa de esa máxima cuando se siembra la duda sobre la necesidad o no del deseo de ese estilo de vida. Pese a la juventud de la idea, hay quien ve que encaja a la perfección con esos libros sagrados que rigieron a nuestros ancestros. Es cierto que existe una resistencia real en la construcción de esta sociedad de autómatas. Y, sin embargo, es tan poderosa la idea de posesión, de lo propio e intransferible, de la propiedad y la ganancia, del ser mercancia y del reconocimiento a través de la imagen que le basta con la inercia automatizada para acabar con toda resistencia disidente. Por suerte, son los albaceas de la misma, los llamados poderes y poderosos, quienes con sus torpezas y excesos nos espabilan con el agua fría de sus actos. Y también, claro que sí, por la actitud de muchas personas inmunes a la enfermedad de ser sujetos solamente reconocidos a través de los objetos poseídos. Nada de moral. No sirve. Y la ética es una construcción efímera que pide deconstruirla. Hay más de todo, en todo el mundo, y nadie renunciará a seguir poseyendo aún a costa de un final amargo en el cual, por otro lado, sinceramente pocos creen. Mientras existan las ganancias del hoy, el mañana ya se verá, parece ser el claim del imaginario colectivo. La cuestión es la felicidad.  Y ahí está el gran dilema: ¿qué nos hace felices? ¿Consumir el tiempo sin quilombos mentales siendo obsecuentes o destriparlo con la curiosidad de la interpretación? Quizás, deberíamos entender que justo lo inexplicable, lo que nos parte al medio de placer, lo que nos descubre en ese increíble instante donde encontramos que somos también otro ser y otro ser es nosotros, es gratis.

Papelitos al aire

Cada 31 de diciembre la Ciudad Vieja de Montevideo se llena de papelitos que desde las ventanas de los escritorios y oficinas se arrojan a la calle en un ritual donde las hojas de las agendas se rasgan y fraccionan. El “ya fue”, el olvido de lo vivido, se mezcla con agua, alcohol, porros, farlopa y pastillas de acrónimos imposibles de recordar si no estas en “onda”. Una tradición a la cual no vale la pena sacarle punta ni juzgarla y sí vivirla.

Asumiendo ese espíritu cuasi de purificación, de desagravio contra los sinsabores de la diaria laboral y profesional voy hacer papelitos mi agenda respetando aquellas páginas que, lamentablemente las llevo garabateando desde mi infancia. Y es que romper mi interrogante sobre el porqué de las hambrunas y sequías en el mundo menos favorecido sería borrar el tatuaje que un día marcó un nombre doloroso: Biafra. Casi 50 años después, ninguno de los nombres que apunto cada año me es ajeno. Casi todos africanos. También descubrí a la par que el hambre y la sed obligaba la partida, el desplazamiento, el desarraigo en busca de refugio que permitiese sobrevivir. Y por eso, tampoco destruiré las decenas de páginas que hablan de los refugiados aunque ahora nadie sepa bien donde yacen. Quizás estén en el Este europeo soportando al cruel “general invierno”, o en el Oeste asiático turco, oliendo a lontananza sus aromas sirios calcinados por la guerra, o de camino desde otros conflictos larvados, o cruzando el Sáhara a lomos de camiones preñados rumbo a un mar que no es “nostrum” y si tumba posible, o en barcos de papel por el profundo Índico que nunca serán noticias porque no arañan Occidente, o cabalgando trenes rumbo al Río Grande, tan estrecho y mortal, o, o, o.

Voy hacer papelitos, sin embargo, a los pelotudos y ovariudas que, ya sé, seguirán estando, manejando, mirándome con displicencia porque ironizo toscamente y me embroco sonoramente perdiendo los papeles que se le suponen a un tipo de mi edad. Papelitos para los que dirigen el poder financiero y que a veces son implacables y otras veces unos llorones a los que hay que rescatar por incompetentes. Papelitos para la gilada que dirige esas grandes empresas de grandes marcas; son unos chorros. Papelitos para todos los políticos menos unos pocos que siguen siendo peligrosamente insustanciales, bobos a las órdenes de los anteriores. Papelitos para los trepas, sobre todo para los que militan en las nuevas organizaciones y siguen las pautas de las viejas; ojo, no confundan el silencio con la pelotudez. Papelitos para los medios de comunicación; está bien, en el 15 han ganado muchas elecciones pero tienen los días contados como cuarto poder. Papelitos para las religiones, malditas y canallas; ya sé, ganan por goleada pero también matan impunemente. Papelitos para la industria cultural; aburren. Papelitos, que vuelen los papelitos y que cada uno tire los suyos.5683ea02351bd