Instantes / Pequeñas renuncias

La escena es en Punxín, en un motel de carretera del medio oeste de Oregón. Un lugar en la nada. Ventura Malvino y Micaela Zélie extenuados, disfrutan contemplando sus cuerpos empapados en el espejo del techo. La atmosfera, humedecida de fluidos, es densa y cálida. Un trópico desubicado. Horas de caos, de refriega, de desnudar deseos. Toman whisky y fuman. Es una tregua. Traducen en palabras el descubrimiento que es cada encuentro. Son veteranos amantes sorprendidos. Ambos saben que no decir aunque no es fácil domar el apetito de devorarse. Hablan en clave, se burlan de sus pasadas malas elecciones. Zélie es contundente: “las pequeñas renuncias del enamoramiento son un final anunciado”. Malvino lanza una carcajada y se derrota para mordisquear los pezones de Zélie y entre dientes le susurra, “las pequeñas se vuelven grandes y odias, porque lo sabes, sabes el momento exacto de la estúpida renuncia. Hagamos una cosa: nada de pequeñas renuncias” Zélie surca con sus dedos la cabeza de Malvino, “nada de renuncias”. La excitación les trenza el cuerpo y se forma el entrevero. Y el caos triunfa otra vez.

Normalmente anormal / Al garete

 

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(Hugo Pratt)

Los barcos, normalmente, navegan con el piloto automático en una inexistente línea recta aunque sobre la carta se trace la rectitud entre una posición vivida y otra a donde llegar. Se navega evitando la resistencia de la poderosa mar cayendo unos grados a babor para inmediatamente hacerlo, en el mismo ángulo, a estribor. Es un zigzag sutil y continuo, casi inapreciable que solo la aguja del rumbo lo marca. Y así, la tripulación se relaja casi, o sin casi, duerme la monotonía de ser un salame entre el cielo y la mar. El barco no se hunde, no hay prisas. Una rutina a guardias, picando un rato o escuchando la radio mientras se lucha contra el sueño en el puente. Y no es siempre así. Si la motonave atraviesa un banco de niebla, el piloto automático sigue navegando pero el puente está alerta, se fuerza la vista sobre el radar, se agudiza el oído. Más aun, cuando la mar es arbolada. Ya el piloto es humano. Ya el puente se refuerza. Y la maquina. Las alarmas de cabeceo no molestas. De repente, el barco despierta de su letargo y todos cumplen sus trabajos. Más o menos maquina para remontar olas o descender por esos valles improvisados. Que la mar nunca entre por una banda, que la popa no traicione. El destino final del viaje no cuenta. Es el presente, el momento quien condiciona si se vira o no, si al final hay que ponerse a la capa, que no es avanzar pero tampoco hundirse cabalgando con maquina sin moverse del sitio. Es la mar.

El Reino de España es una península y navegar un oficio de pelaje. Y, sin embargo, entre tantos capitanes y pilotos de la mar océana nadie atisba a sacar ese piloto automático que no entiende que galernas. La mar aísla y crea alcohólicos miserables. Nadie se salva. Los monárquicos han perdido un rey emérito, saqueador como su abuelo, en los mares del Caribe. Los populares son virreyes amanerados y esnifadores de rapé dispuestos a ser corrompidos por cualquier comerciante errante. Los socialistas vacían sus baterías inmersos en la absurda contienda de la identidad: piratas o corsarios. Los nacionalistas alistan los botes salvavidas. Las nuevas formaciones, en la proa, proclaman que son los reyes del mundo. Y la banca, que se mueran todos pero que se salve la carga. Y mientras tanto, en el castillo de los subalternos solo se cuentan las bajas. Desde que la nave partió son millones los que se han ido quedando. Y los que resisten, en estos momentos, no importan un carajo. Solo cuando la tozuda encuesta del CIS recuerda que son la primera preocupación y las únicas victimas de la tormenta, todo se vuelve consenso. Hasta la siguiente ola. Técnicamente, estamos en una nave al garete.

Peres, ¿gavilán o paloma?

La muerte de Peres, irremediablemente, nos debería llevar a darle una pensada, la enésima, a la cuestión del Estado Judío. Raro, porque escribo de una teocracia. O sí. O, al menos, de una, como se dice ahora con cara de estúpido, teocracia 2.0. Bueno, democracia religiosa. Sí, 2.0. Shimon no pasó por la vida desapercibido. Fue de los pocos que podríamos aplicar el símil inverosímil de “levantar el córner y cabecearlo”. Laborista, que es cómo no decir nada, fue un péndulo Foucault capaz de ejemplarizar la rotación del pueblo israelí en esta indefinición vital que vive desde su independencia como estado. Qué no judío. Todo bárbaro cuando la administración estadounidense de turno fue proclive a la apertura, a la sensatez de hacer un medio oriente inclusivo. Digámoslo, a cumplir el mandato de Naciones Unidas. Todo mal cuando los gobiernos de Washington pensaban en una cabecera de playa. En ese mundo de rotaciones permanentes, Peres se manejó como un maestro y cosechó la admiración de unos y otros dejando que las leyes de la gravedad actuasen para terminar aplastando lo que menos peso tiene, Palestina. De esperanza a desasosiego, Shimon jugó sus cartas. Resulta complicado no ser categórico cuando la honestidad reclama reconocer que como todo pueblo hay un compendio de voluntades que pelean por la convivencia. Resulta complicado dejar de serlo. El Estado Judío nunca debió opacar al Estado de Israel. Las victimas que con tanto dolor asumimos del nazismo eran judíos. Los victimarios de los palestinos, también. El Estado de Israel es mucho más. O eso creo. Y, sin embargo, desde su fundación ha sucumbido a la presión religiosa que no tolera la igualdad en lo terrenal. Un estado en construcción al albur de las minorías mayoritarias religiosas. Y ahí, Peres fue un cobarde. O un sobreviviente. O un conviviente.

A Peres se le terminó el tiempo. A Israel no. Y creo que fue gavilán, no paloma.

68 años de soledad

Ayer planché mi camisa blanca. La de los feriados de escarapela y segura borrachera. La que mi cábala me reclama para poder encontrar a esa veterana morocha que huele a Palo de Cruz y que ha robado mi cordura. Ayer no festejábamos heroicas batallas, ni épicas conquistas, ni tan siquiera sesudos y arcaicos decálogos de constituciones importadas. Ayer se escribía la historia, la que dábamos por imposible. ¡Quién sabe, a lo mejor, hasta es posible que la paz llegue a ese callejón del Mediterráneo que es Palestina! Ayer, se firmó la paz en Colombia.

Era hora. Ahora nos toca al resto acompañar a los colombianos. Lo deberíamos haber hecho hace décadas. Lo siento. Creímos el discurso del destino manifiesto yanqui que pronosticaba un nuevo Vietnam en Colombia. Y Centroamérica fue la barrera. Aunque después llegó “la Contra”. Y la certeza del odio lo invadió todo. Y no nos dimos cuenta del reguero de víctimas que nuestras palabras transformaba en caudalosos ríos de sangre y de desplazados para siempre. Le echamos la culpa al narco mientras nos esnifábamos las palabras. Pero nunca nos detuvimos a pensar en Colombia.

Ya sé que sobreviven los señores de la guerra y sus cruzados. Son las toxinas de un discurso que entre todos hemos creado. Hay que dar tiempo para depurar tanta borrachera de violencia.

Pero Colombia nace. Y a los que estamos fuera nos compete firmar la paz y desarmarnos de prejuicios que durante 68 años hemos construido de una Colombia violenta, prostituta, delincuente, narcotraficante, migrante, de servicio doméstico, llena de balas, secuestradora, sicaria,… solo balanceada por artistas de expresión mágica y espontánea, por ritmos de cumbia, por deportistas de máximo esfuerzo y médicos como rara avis.

No escribo de olvido. Tampoco de futuros venturosos. Sí, en cambio, desearía que después de tanto olvido, de tanto utilizar ese territorio en el maldito puzle geoestratégico, la firma de ayer nos provoque poner punto final a 68 años de soledad. Seremos mejores.

Expectativas y resultados en Galicia: ganó el “yo”

Galicia es una singularidad en los territorios europeos. Las relaciones de sus habitantes con el poder político regional se fundamenta en el “yo”. Hay otras elecciones y diferentes resultados pero cuando se dirime un gobierno gallego, prima la visión personalista. En el pasado se hablaba del “amiguismo” (nunca entenderé por qué se enterró esa línea de denuncia) y ahora de gestión. Es verdad que el rural, con sus horizontes cercanos y sus aislamientos perennes, es proclive al subliminar el “yo”, pero, no es menos cierto que el incremento poblacional de las urbes pide, también, gestionar lo cotidiano con agilidad y eso, las nuevas formaciones no han sabido entenderlo enrocados en otro “yo” simbólico que ahuyentó la visión del “nosotros”. Sánchez Pombo habla sobre el PP como una gran gestoría. Y acierta. Los conflictos del rural, la pesca y la naval se entienden en clave europea. Y si se entiendan mal es porque nadie lo ha explicado bien. Pero había más temas donde rascar votos y, sencillamente, se han obviado. Por la contra, ha primado el barullo. El ruido. El caos. Y es imperdonable porque las elecciones estaban marcadas en el calendario desde el 2012 y, sencillamente, el “yo” de los estrategas de la oposición fue más fuerte que la estrategia del “nosotros”. No se ha querido construir ese “nosotros” aunque el resultado no es malo. Esa errónea lectura de las elecciones municipales, que apenas fue el primer paso, se truncó al no buscar la convergencia de alternativas. Ganó el consenso que por definición crea otro “yo” nuevo. Quizás, a fuerza de chocar contra el mismo muro, el tiempo de la perspectiva suficiente para tolerar distintas opciones en un mismo frente común. Y el “yo” también le quitó votos al PSG que, en realidad, nunca han tenido siglas claras. O acaso alguien puede decir que parte los votantes que en el pasado optaban por un Vázquez u Orozco y en el presente lo hace con Caballero no buscan en primera persona que alguien les gestione la vida.

En definitiva, quedan cuatro años de legislatura para trabajar el “nosotros”. Y eso solo se consigue sin demonizar al votante del “yo”, demostrándole que el “nosotros” no es el caos, el ruido, la inoperancia. Los gobiernos tienen tres patas: mantener, innovar y lo simbólico. Mantener en funcionamiento la administración, innovar en los procesos de relacionamiento, de transparencia y gestión e incluir a todas las sensibilidades de forma armónica. Galicia es una singularidad cuasi atávica del “yo” pero es lo que hay y desconocerla o situarlas en paradigmas inexistentes de un “nosotros” que no se ha construido conduce a estos resultados que, lamentablemente, para muchos es una decepción.

Normalmente anormal/ Crear opinión pública

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Trajes corbatas y traje chaquetas están reunidos en una impersonal sala de juntas. Les acompañan otros trajes dentro de pantallas que desde sus neurálgicas cities, opinan y exponen. El motivo: una estrategia de comunicación para posicionar una idea o un producto en la opinión pública; lo que es lo mismo, en todos los públicos. Las masas son cubiertas por publicidad, redes e información. La intensidad y la forma dependerán del grado de aceptación o rechazo natural que la sociedad tiene acerca del objeto a posicionar. Lo mismo la programación en el tiempo. Una parte de la estrategia, quizás la más importante, es la creación de la fuente de dónde emanará la credibilidad de los argumentos y valores con que se le dotará a la idea o el producto (entiéndase como idea todo aquello que hace a lo abstracto y que viene a dar respuesta a una necesidad y como producto todo aquello que es físico y genera una necesidad de asimilarlo, consumirlo o poseerlo. Es decir, lo primero podría predisponer a una guerra o a una enfermedad y lo segundo a las bondades de utilizar un medicamento o consumir determinados productos).

El proceso de creación de opinión pública es imprescindible en corporaciones multinacionales (al contrario de lo que se piensa, no existen los rasgos identitarios en estos procesos y sí un término medio adquirido), sobre todo laboratorios y finanzas que apuestan decididamente por sus centros de estudios, investigación y fundaciones, verdaderos brazos armados del posicionamiento social. El objetivo es generar confianza y prejuzgamientos positivos entre los profesionales y docentes afectados por la idea o el producto. Estas personas son, en diferente medida, líderes de opinión de sus comunidades inmediatas. ¿Quién duda del médico, del profesor, del “experto” (figura retórica cotidiana en los medios de comunicación de masa)? Las investigaciones de tal o cual instituto, las publicaciones de tal o cual centro de estudios o fundaciones son las fuentes de estos, digamos, prescriptores de la idea o el producto. Y antes de eso, están quienes dentro de esas entidades llevan a cabo el estudio o la investigación con aparente libertad y respeto a sus conclusiones. Personas, casi todas jóvenes y brillantes (qué es fundamental para la credibilidad), dispuestas a reconducir el objetivo de su trabajo con tal investigar o estudiar. Los fondos y los medios existen pero, como se les dice, tienen que tener un objetivo práctico. No se miente, se busca determinada verdad. Y los profesionales, salvo excepciones de outsiders, tienen el ego desmedido que las universidades y postgrados les han vendido. Son la parte pensante de la sociedad. Pero son humanos y necesitan fuentes fiables como cuando uno quiere saber qué coche debería comprar. Y las fuentes, no son fiables. Basta decir que la asociación de la prensa médica estadounidense llegó a plantear que dejarían de publicar cualquier investigación o estudio procedente de esas entidades del saber si no introducían el rigor en sus trabajos (hay que señalar que eran los locos años 90 y primeros de este siglo, donde la absoluta pleitesía al neoliberalismo y los territorios al Este por conquistar habían generado la sensación de que todo el campo era orégano).

Si ya se ha creado la fuente fiable y confiable, los profesionales han tragado el mensaje y recetan sin pensar a su entorno, aun nos falta hablar del medio, el canal por donde se transmite. En primer lugar están los medios especializados presentes en todos los soportes que existen y con una gran capacidad de aggiornamiento tecnológico. Ellos estructuran el mensaje, lo hacen digerible al profesional. En segundo lugar, los periodistas que dentro de los medios generalistas están también especializados. Ellos consumen la información que se generan en los primeros a ciegas. Son fiables. ¡Cómo dudar si lo publica ese medio-fuente! Éstos, a su vez, mastican el mensaje para que todos los consumidores de los medios generalistas puedan digerir la idea o el producto. Y ahí, el común de la gente, entiende que si lo dicen los expertos, será verdad. Una verdad aplastante e incontestable. Una verdad que apoya y da argumentos a la que quizás ya se sabía.

Hoy, un medio español titula que “Los europeos prefieren refugiados que no sean musulmanes ni parados”, haciéndose eco de “un macro estudio internacional europeo” http://elpais.com/elpais/2016/09/21/ciencia/1474452948_071526.html. Eso se llama, crear opinión pública. Y, por supuesto, habilita científicamente a tomar en el futuro ciertas decisiones que, seguramente, contravengan al derecho pero tengan el supuesto aval de la opinión pública.

Instante a cuatro bandas

 

ba76.jpgSe encontraron en una feria hecha escenario de un mundo difícil de datar y que un cartel anunciaba como medieval. Fue en una ciudad con vistas al Atlántico, en el sur de Europa que viene siendo como el norte del mundo habitado. Eran un él de México, otro él de El Salvador, una ella aborigen y un tercer él uruguayo. Ni maras, ni corridos, ni euros, ni fútbol entraron en liza. Desconocidos unos de los otros, el primer él les obsequió con un relato sobre el peyote curativo. Su mundo era de las proporciones exactas obtenidas en un desierto implacable donde una vez fue a parar con sus desproporcionadas adicciones. Un relato con cadencia que era acompañado por los trazos seguros, cuasi cubistas, que la ella dibujaba en una libreta absorbiendo el momento desde un punto ciego. Un espejo de los sentidos. Sin ansias de intervenir, el segundo él perfilaba las palabras creando una estructura narrativa con un trozo de alambre que hasta el final del relato solo él entendería. Y viéndolo, hecho forma, estaba todo dicho. El tercero de los él, creaba imágenes del relato en su cabeza utilizando su archivo de desiertos y drogas sabedor de la imposibilidad de coincidencias. Clips para su archivo mágico de historias. Al final de aquel trozo de instante improvisado, los saludos fueron cálidos. Esos de toda una vida. Se habían descubierto anónimos. El ruido de la feria ganó espacio otra vez en el ambiente. Ana Tijoux, Ry Cooder, Cheikha Rimitti, Molina y Los Cósmicos,Xoel López, Tom Waits, Tom Zé y algunos más.

Kim Jong-Rajoy

 

desfile-8-640x640x80Son malos tiempos para conjugar ética personal y militancia en el PP (escribir sobre moral me resulta impúdico). Es tan abrumadora la realidad de casos de corrupción que a diario saltan a la opinión pública que imaginar la diaria de un militante en su trabajo, en el bar, yendo a compra el pan, en torno a la mesa familiar, en fin, en todos esos tabernáculos que la confianza permite el comentario, conmueve a cualquiera. Y, sin embargo, la realidad nos muestra que lejos de desplomarse el apoyo popular, se mantiene (con una baja) como primer partido en intención de voto. ¿Por qué? Sin lugar a dudas por su líder, Mariano Rajoy Brey.

Rajoy es perfecto e insustituible en esta situación de caos, de dudas sobre la conducta y comportamiento de los políticos electos del partido en cualquiera de las administraciones del reino. Y lo es porque sabe, mejor que cualquiera de sus asesores, lo que es vivir entre rumores, comentarios a sus espaldas, bulos o verdades a medias. Nadie de sus adversarios ni los analistas, hoy llamados politólogos, han escudriñado la figura de Rajoy y las claves de este aparente éxito, o por lo menos encaje de golpes ante la corrupción. Y no está grogui.

Rajoy, nieto e hijo de políticos tiene callo en sus relaciones personales. Su crianza en la ciudad Pontevedra fue complicada por toda la rumorología existente sobre sus preferencias sexuales. Complicada porque en los setenta y ochenta la sociedad, sobre todo en las pequeñas ciudades, tenía un catálogo amplísimo sobre lo que era perverso. Sin embargo, su caso, sobre todo desde que comenzó su vida pública, si bien era un clamor y hasta se señalaban a otras personas, tenía el ingrediente de la típica hipocresía de estas urbes: era hijo de un magistrado. Y no cualquiera. El presidente del tribunal que juzgó el Caso Redondela, primer gran contacto del chaval en el mundo de la corrupción. Es de suponer que la casa de los Rajoy, con ministros, directores generales y empresarios (algunos muertos en misteriosas circunstancias) implicados fue un gran máster sobre cómo se las gasta el poder cuando tiene una oportunidad de obtener beneficios. Es decir, se hablaba con la maledicencia típica de quién es amigo del conocido de un amigo de la persona en cuestión, pero se hacía en privado, en los bares o pubs de la ciudad. Por suerte, algo ha cambiado. Tampoco mucho.

Rajoy ya tenía la primera lección aprendida. Qué hablen todo lo que quieran que ya vendrán a su redil. Qué hablen que ninguno tendrá el coraje de ir más allá. Son las reglas del juego. Y manda el linaje y, sobre todo, el intercambio de favores (algunos sitúan la decisión de mandar a Soria al Banco Mundial, en la relación de éste con el padre de Rajoy residente en Canarias). Es importante destacar que, en su juventud, las mafias del tabaco, después de la coca, estaban amparadas por ministros del régimen y fuerzas de seguridad como Pío Cabanillas.

Esta lección de supervivencia en un mundo hostil hacia su persona, pero de boquilla, lo lleva al segundo curso como líder: no ser el más listo genera réditos. Todo el mundo recordará la escena de los “hilillos de plastilina” saliendo del Prestige, que le reportó fama mundial por lo esperpéntica de la misma. Fue un trending topic, que se dice ahora. Dentro del drama que afectaba a toda una costa, lejos de aparentar compungimiento, Rajoy, con su peculiar dicción que aporta sonido al chascarrillo, restaba importancia al accidente casi como una burla. Y lo superó bien. Y no lo tengo registrado, pero estoy seguro que, por lo menos en privado, se parodió a sí mismo con su ocurrencia de los hilillos y, además, de plastilina (para que lo entendiesen hasta el alumnado de infantil).

Estoicamente aguantó, también, ser la opción light, bueno, boba, de Aznar cuando durante una temporada aquel insigne estadista, que solo le faltó la figura de un general como Berthier para emular a otro gigante como Napoleón en sus incursiones por Oriente Próximo, portaba una libreta azul donde decía tener anotado el nombre del sucesor. Dos eran las opciones, Rajoy y Rato. La megalomanía de Aznar inclinó la balanza hacia Rajoy que, ni en pedo, ocultaría el resplandor de dos legislaturas del “España va bien” y el “créame, en Irak hay armas de destrucción masiva”. Pero el tiro les salió por la culata, ¿o no? Ya que perder las elecciones con Zapatero solo era posible por la imagen de perfil bajo de Rajoy (con Rato eso no habría ocurrido).

Dos legislaturas se comió como jefe de la opción. El partido en constante reajuste permitió que Mariano Rajoy maniobrase en su hábitat natural, las comunidades autónomas. Esa pelea en la corta distancia, los intercambios de favores, la supuesta bonanza económica, lo consolidó. Y aunque como en su Pontevedra de juventud, a sus espaldas se le tachaba de pusilánime, blando y soso, de frente nadie daba el paso. Fueron las grandes épocas para hacer fortuna en una Génova en la oposición y él, supo dejar hacer y guardar la información para utilizarla si llegase la ocasión. La escuela de papá en el caso Redondela.

El acceso a la presidencia por aclamación hay que inscribirla en el descenso a los infiernos, también por aclamación de Zapatero. La crisis era una realidad y en el congreso de Valencia nadie quería quemarse en un gobierno que terminó siendo una singularidad. Y durante esta presidencia salió el Rajoy oculto, el que esperaba desde que un día presidió la Diputación de Pontevedra. Ese personaje es el que obvia la inseguridad de un mensaje de teléfono, el que instaura el plasma para las ruedas de prensa, el que si no le gusta la pregunta se da la media vuelta y se va aunque tenga cámaras delante, el hombre que no responde, el que inventa definiciones paranormales o construye frases ridículas, el que mantiene a sus amigos corruptos en sus puestos sin dar respuesta, el que deja que se peleen y quemen sus subordinados, el que apoya públicamente a los supuestos porque sabe como funciona el sistema judicial, el que miente sin ruborizarse y, si procede, se desmiente al día siguiente con la misma tranquilidad, el que incumple promesas electorales, el que manipula datos, el que nombra a un amigo a dedo… En definitiva, un personaje de amianto, difícil de conjugar desde el exterior entre sus dichos y las acciones.

Dos elecciones después, Rajoy sabe que en la tercera sus fieles súbditos le darán la mayoría parlamentaria. Lo sabe porque los conoce mucho mejor que sus adversarios. Sabe de las miserias que anidan en sus deseos, de las dependencias que se generan, de como solventar malas caras con limosnas. Y sabe que dentro nadie como él podría resistir impasible a un Baltar, Barberá, Cospedal, Bárcenas, Rato, Fernández… Así, desde la oscuridad, desde la marcialidad del silencio y al igual que el líder norcoreano al cual no paran de inventarle o difundir sus extravagancias, el soberano vota la nada. Y la nada es Rajoy o, mejor dicho, Kim Jong-Rajoy.

Perros callejeros

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La cara de incredulidad de Julieta le produjo risa a Ventura Malvino. A sus diez años tenía que procesar  la revelación imposible acerca de la mutación que sufren los perros tras varias generaciones de mestizaje: todos terminan de media estatura, pelo corto y rubio. Perros listos, astutos y sobrevivientes perfectos de las sociedades urbanizadas. Claro que para ella, primero tenía que hacer crecer o menguar, teñir, cortar o dejar crecer el pelo y, sobre todo, desnudar los valores que a cada raza le otorgan los mercados caninos como pastor, vigilante, peleador, faldero, cazador o acompañante. De ahí su cara de asombrada desconfianza sobre las palabras de Ventura que intenta mitigar argumentando que, “al fin y al cabo es normal ya que antes de ser parte de las ciento y un razas, todos fueron lobos”.

Dos cuadras más allá, Julieta rompe su silencio preguntando si las personas son iguales qué los perros. “Cierto”, atisba a responder Ventura: “todos fuimos uno que con el tiempo y por mor de la climatología, el hábitat y la endogamia nos diferenció. Lo de ser mejores o peores, más listos o capaces, más trabajadores o vagos, más falderos o independientes, más peleadores o pacíficos, es una milonga creada para los mercados humanos”. Ambos ríen profusamente imaginándose como perros y los perros como humanos. Bien de dibujos animados.

Antes de despedirse de su habitual paseo a Ventura le resulta inevitable responder a la pregunta que le ronda a Julieta por su cabeza: ¿Y nosotros qué somos? “Nosotros,… nosotros somos mestizos, de acá y de allá, cruzados de migrantes y originarios, nietos de otros migrantes y originarios que su vez lo eran… Hasta donde los cuentos cuentan, hemos transitado los caminos de Europa y América pero antes los tátara de los tátara también el norte de África y Medio Oriente. Hemos navegado mares, donde algunos perecieron ahogados, y ahora volamos cielos. En tus ancestros hay peleadores, comerciantes, maestros, artesanos, marinos, prófugos y perseguidores, de campo y de ciudad, pobres, ricos, de clase media, contrabandistas, fabricantes, artistas,… abrazamos las tres religiones escritas y alguna de sus escisiones, tienes documentación de izquierda, derecha, liberales y absolutistas, súbditos y revolucionarios independentistas…”  Julieta, abrumada con tanta palabrería le da un beso de despedida y resume: “Papá, los Malvino no tenemos raza, somos perros callejeros”. Y Ventura Malvino le susurra, “como la mayoría hija, aunque a las personas les guste decir que son de raza.” https://youtu.be/DkFJE8ZdeG8

Tu espécimen

Si elevas la alambrada,

treparé más alto, no me detendrás.

Si me arrojas a las mafias,

las usaré, no me detendrás.

Si me condenas a vagar en tus ciudades,

venderé la ocasión, no me irritarás.

Sin armas me tienes miedo,

sin leyes me tienes miedo,

sin estudios me tienes miedo.

Yo solo soy deportista que te emociona,

la puta que te encuentra,

la sirviente que te limpia,

el militar que te defiende,

el camello que te droga.

Soy tu espécimen de alguna parte,

siempre cosa de la naturaleza,

objeto de cambio y venta, estadística,

mantero, mendigo, peligro, ratero.

Pareces más fuerte desde lejos,

más docto desde lejos,

más limpio desde lejos,

más blanco desde lejos.

Tú nos llamaste con tus discursos de libertad,

igualdad, fraternidad y aquí estamos.

Ya no importa la mentira, aquí estamos.

Ya no importa el decorado, aquí estamos.

Ya no importa tu racismo, tu xenofobia,

aquí estamos.

Y mañana, la tez de vástagos será siena y

el sudor mezclará especias.

Y no temas, seguirás siendo humano.