Normalmente, anormal / Encapsulados

14678274342174Antonio Catalán es anormal. ¡Qué suerte! Sus recientes declaraciones son una gota en el desierto de la normalidad reinante. Desde que Iglesias aggiornó oligarquía por casta para incluir a más sectores sociales en el bando de los estafadores de la democracia (aún hoy muchos lamen sus heridas y destilan odio por acuñador), nada serio se ha dicho hasta que Catalán, y de coté, llamó a empresarios y políticos “encapsulados”, incluyendo, obviamente, al propio Iglesias. Impecable.

Y ha trascendido porque Antonio Catalán es un empresario. Y de reputación. Con una trayectoria de éxito en la hotelería. Algo que se atraganta a quién quiera desprestigiar su opinión. Lo normal, cuando mucho, es pensarlo no decirlo. Pero lo dijo. Y con una normalidad pasmosa como cuando la evidencia de algo es tan abrumadora que driblarla es solo para la galería.

Encapsulados fue término para señalar que los políticos viven fuera de la realidad. Que no pisan la calle. Que están en un mundo paralelo. Y lo están. La precariedad vital a la que han conducido a millones de personas en estos años de crisis atenta a la línea de flotación de un sistema, la democracia, que dicen defender. Se les podría insultar pero parece más acertado verlos como encapsulados. Y lo están porque se ha generado un discurso estéril sobre el cual se debate mediáticamente.

La política es un “gran hermano” televisado en unas instituciones aisladas de la realidad diaria que padecen decenas de millones de personas. Un entretenimiento. Con jurados mediáticos que son la fusión de economistaspolitólogoscatedráticossociólogos (no tardará en crearse la facultad al uso o máster en alguno de los sembrados universitarios del territorio) y que entran en el debate del día a día de si uno le toca el culo al otro con una medida, si los movimientos bajo la manta conducen a un relación entre partidos o es puro sexo o, si la cámara que todo lo ve descubre que hablan a espaldas del otro para llegar a acuerdos (todo aderezado con lágrimas, risotadas, abrazos y miradas bajo el principio del carisma, del verbo fácil). Fuera de las instituciones, la vida es otra. Dura, a veces terrible y siempre invisible. Y como siempre, la levedad del accionar se justifica echándole la culpa a la audiencia que los ha votado.

Encapsulados bajo una parra arreglando el mundo con licor café o en los cenáculos tradicionales, barrocos de unos, cool de otros. Ajenos a la sensación de vivir y construir sin nada, a enfrentarse a un papel para diseñar una posibilidad, a trampear la situación, la emergencia, a sufrir sabiendo que nada se puede hacer por alguien, o que sí, y eso es desnudarse de dependencia y echarle genitales. Encapsulados porque no caminan para ahorrarse el autobús. Porque no escuchan las historias de quienes también son parte del equipo aunque no jueguen en el mismo puesto. Encapsulados.

Y los empresarios, también encapsulados. Abducidos por el discurso del negociante, el antiguo tratante de ganado, que avala cualquier medio y forma con tal de ganar dinero, que justifica la explotación de las personas, la evasión fiscal y sus paraísos. El empresario que calla cuando la patronal señala al trabajo de la mujer es causa del desempleo. El empresario clientelar, subvencionado, incapaz. El que reclama más reforma laboral sin entender que un salario digno le hará sustentable su empresa. Que un salario digno agilizará la economía. Que un salario digno permitirá mantener el sistema de pensiones. Que un salario digno recaudará más impuestos y con ello se mantendrá el sistema sanitario y la educación. Que, en definitiva, no entiende su papel clave para hacer un país posible, sustentable. Y no se corta citando a Ferrovial o Entrecanales como explotadores de trabajadores, dos acorazados de la marca España.

Qué estupenda anormalidad sacarle los colores a la normalidad yaciente. Decir que: “Tenemos que generar riqueza, beneficios y pagar impuestos para que el país funcione”. O que: “A mí la CEOE no me representa. No todo vale para ganar dinero”, o “si este país no chuta es porque los empresarios no generan más puestos de trabajo”.

En palabras suyas: «para hacer un país posible la gente tiene que poder vivir dignamente”.14678274342174

Instantes / Tu cara me suena

JUICIO POR LAS TARJETAS OPACAS DE CAJA MADRID
GRA098. SAN FERNANDO DE HENARES (C.A. DE MADRID), 26/09/2016.- El ex secretario de organización y comunicación de CCOO Rodolfo Benito (c), durante la primera sesión del juicio contra los 65 usuarios de las tarjetas opacas de Caja Madrid celebrada hoy en la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares. EFE/Sergio Barrenechea ***POOL***

¡Qué sorpresa! O no tanto. Si está el hijo y nieto de aquellos funcionarios del régimen que lo llevaban al colegio, El Pilar, por supuesto, en un 1.500 negro y con chofer del Parque de Automóviles del Ministerio. Después, con su sempiterno jersey sobre los hombros, ya montaba un Vespino. Era del montón aunque no lo sabía y todos lo utilizaban para hacer los guateques. Estudió ICADE, obvio. Y entró a las plantas más altas de un ministerio de la Castellana. Y también está el trapichero. El rey de las Centraminas. Bueno, de cualquier anfeta. Lo tenía bien montado con la venta de exámenes. Creo que su papá estuvo implicado en un desfalco y pasó una temporada en Brasil. ¡Ay!, los industriales de aquellas épocas no eran comprendidos por Franco. Creo que su papá se lio con una jovencita y los mandó a paseo a su mamá, él y sus cinco hermanos. ¡Eso marca! Por lo menos, también terminó ICADE y la Caja que ayudó al asunto aquel de marras, lo colocó e hizo carrera. ¡También está el monaguillo! Qué tipo, no rompía un plato. Con su camisa abrochada hasta el cuello y aquella madre que no perdonaba un rosario diario. Se le perdió la pista en Navarra y cuando reapareció, con nueve hijos en escalera, ya era un mandamás en el departamento jurídico de la Caja. Y también está el rojo. Bueno, en la juventud que ahora vive en La Moraleja. Mucho Beatles, Brincos y hasta tuvo una camiseta del Che Guevara. Por ahí aparece el mayor de todos. Funcionario de antes y ahora. Capo. La verdad es que todos tienen una frente despejada y arrugada. Se me olvidaba, no reconocía a la morena de la Compañía de María. ¡Es que de rubia! Una chica seria. Se hizo abogada y creo que tiene no sé cuántos masters en los Estados Unidos. Por suerte, saldrán bien parados. Una pena económica y dos avemarías. Tienen equipos jurídicos cojonudos. Y además, ¿qué hicieron? Comprar en el súper, viajar por el mundo, comer en buenos restaurantes, beber caldos de añadas imposibles, pagar sexo, la gasolina de sus terribles maquinas, mercar ropa, sacar la entrada para el cine; es decir, lo habitual. No entendemos que ellos nacieron para ser grandes ejecutivos y quebrar empresas y corporaciones. Son una tribu más. Y en las tribus está el listo, el tonto y el guapo. Y como miran a la cámara, a más de uno le puedo decir: “tu cara me suena.”

Defender la publicidad engañosa del Estado

Cuando hoy escuchamos a la abogada del Estado, Dolores Ripoll afirmar que el claim usado durante años en distintos soportes y canales, “Hacienda somos todos” es tan solo una frase publicitaria no sujeta a derecho es correcto y no lo es. En primer lugar deberíamos felicitarnos que un representante legal del Estado, en sede judicial y ante toda la audiencia que por primera vez ve a una representante de la Casa Real, la Infanta Cristina de Borbón sentada en el banquillo de acusados, tenga la sinceridad de abiertamente decir que el Estado nos miente cuando comunica nuestra relación como ciudadanos con la administración. Todos lo suponemos en conversaciones de café que ni somos iguales ante la ley, ni nacemos iguales de derechos, ni los reconocimientos positivados de la Carta Magna tienen que cumplirse. La lista podría ser muy amplia entre el guion que da vida a la sociedad y la representación efectiva que hacen sus actores que, como no es menos, aducen la licencia del autor.

Es practica habitual que los vericuetos de la justicia son insondables y que si el Estado, en este caso a través de la figura política del fiscal o la Agencia Tributaria, no acusa es poco probable que una acusación particular prospere. Sin embargo, si me gustaría apuntar mi extrañeza cuando se defiende a una persona a través de una base argumental, cuando menos dudosa, como es el derecho del Estado a una publicidad engañosa. El Estatuto de la Publicidad del año 1964, ampliado y reformado para su adecuación al marco europeo por la Ley general de publicidad (Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad) cuatro principios básicos que al caso nos atañen el “Principio de autenticidad, referido a la necesidad de que el público pueda reconocer claramente que un mensaje es publicitario.”  Y define la publicidad engañosa: la que “induce o puede inducir a error a sus destinatarios pudiendo afectar su comportamiento económico, o perjudicar o ser capaz de perjudicar a un competidor”. También lo es en caso de silenciar “datos fundamentales de los bienes, actividades o servicios cuando dicha omisión induzca a error de los destinatarios”. Dicho esto, en el desarrollo de la Ley en su Artículo 3 define la Publicidad ilícita: “La publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución, especialmente a los que se refieren sus artículos 14, 18 y 20, apartado 4”. Solo resta recordar que el Artículo 14 de la Constitución dice que: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.” Es decir, hoy asistimos y aunque nos remitan a la jurisprudencia a la defensa televisada de la publicidad engañosa del Estado.

http://www.lavozdegalicia.es/video/espana/2016/01/11/hacienda-aplicable-infanta/0031_2016014698568464001.htm

Un tranvía a la marchanta

P1020357Siempre me han fascinado los vestigios industriales al punto de participar en el diseño de contenidos en un proyecto de turismo industrial. Cuestión de imaginación infantil eso de inventar historias y cuentos sobre el cemento lacerado o el metal purulento de oxido. Hay quienes ven estos espacios como lienzos urbanos o pancartas inmóviles de manifestaciones.  Hay quienes guarecen sus vidas de una sociedad a la intemperie. De chico escuchaba historias imaginarias al mismo tiempo que jugaba al fútbol contra sus muros; de grande, las he ido buceando para mi colección de pecios industriales.

Fabricas, cárceles, hospitales, frigoríficos, facultades, ingenios energéticos, ferrocarriles,…  agonizaban o ya eran esqueletos cuando nací allá por mis ocho años de vida. Obviamente, lo primero era preguntarse el porqué de su muerte. Saber si nuestros constantes cambios en hábitos y costumbres los habían arrinconado. O, quizás, una medida de un gobierno o una coyuntura internacional habría dictado los pasos de cierre. Porque detrás de ese cierre, el segundo paso, era humanizar las escenas de una vida pasada de esplendor e ilusión colectiva. Claro que crecemos y nuestro mundo se vuelve real. De la épica a opaca realidad hay un paso. En lo privado los quiebres y el abandono son en su mayoría salvar al propietario. El vestigio, un imperativo legal. En lo público es la demostración palpable de producir y construir por impulsos electorales. El vestigio, un error de cálculo.

Ayer paseaba con los gurises sacándole puntas de conversación al vuelo de una mosca. Una vez más caímos en la cuenta que la masa de cemento y grúas que está frente a nosotros, ría por medio, es el nuevo puerto de Ferrol. Y que a nuestras espaldas está el nuevo de A Coruña. Y a medio gas, los viejos de ambas ciudades. Cuatro puertos en 7 millas náuticas. Y seguimos caminando hasta quedarnos petrificados frente al mato grosso de las cocheras del tranvía turístico de A Coruña. Millones de euros enterrados hace veinte años por la ignorancia prepotente de un alcalde, Francisco Vázquez. ¿Le vendieron la idea o fue cosecha propia? En ambos casos la respuesta es mala ciudad. Nadie sabe bien que hacer con las cocheras, las unidades y las vías con su correspondiente tendido eléctrico. Todo cuesta, aunque las vías sean un peligro para la circulación, hay que pagar para sacarlas. Y así, paso a paso, la insensatez de aquel hombre se va convirtiendo en un vestigio más. Ojalá la inocencia infantil pueda inventar alguna historia que dignifique un vestigio de vida efímera y alto coste que como lo pagamos todos fue un tranvía a la marchanta.

Hablando en plata: LADRONES

Partidos-políticosDentro de una semana se vota en el reino a las municipales. Tras años de constantes informaciones sobre los partidos políticos que han gobernado el reino, las comunidades autónomas, las provincias y los ayuntamientos ya nadie se puede considerar desinformado sobre las actuaciones de los mismos. Es una instancia no menor para definirnos como personas, sobre nuestras formas de interrelacionarnos, sobre, en definitiva, nuestra cosmogonía.

En las encuestas del CIS la corrupción y la desocupación, que es una derivada de la primera y que nos arrojó irremediablemente a la crisis que es visible desde el 2008, es la mayor preocupación de los electores. Nada se puede objetar a no ser que se viva en la luna de Valencia. Las encuestas de los medios, sin embargo, muestran una realidad distinta donde cabeza a cabeza los partidos con experiencia de gobierno afrontan la recta del disco de llegada con las nuevas formaciones. Sin entrar a valorar la capacidad mediática de unos frente a otros, el arraigo a las fuentes informativas en esa inercia perversa que tenemos las personas, o la capacidad financiera para estar impresos en nuestros parabrisas,… en definitiva, sin hacer hincapié en la desigualdad formal entre organizaciones, me gustaría hablar en plata:

. si una persona vota a un corrupto, a un partido que cobija, defiende, maquilla y disculpa esta forma de gobernar deberá asumir que es igualmente un corrupto, que en su ética “hacer robando” es una opción merecedora de la confianza del voto. Es una opción y es bueno que los demás sepamos que frente a nosotros o viviendo junto a nuestras casas tenemos vecinos que son o les gustaría ser LADRONES. Y no hay que dramatizar, la vida es así y llevamos mucho tiempo. Quizás nos quede la ironía o la risa. En este caso, yo prefiero ser claro: LADRONES.

. la disculpa sobre que cohabitan con corruptos pero el candidato de turno no lo es, sencillamente es tan estúpida como la teología de la liberación que siendo un hermoso postulado de vida no renuncia a una institución dictatorial y genocida como la iglesia católica. Si la persona elegible tiene dignidad, debe abandonar la organización por pura coherencia. Claro, el posibilismo es duro de rechazar.

No. No sirve. Hablamos de personas. Y de personas con el más maravilloso deber: servir a los demás. No. No sirven las vueltas, la vida es más sencilla y nos la jugamos. No es una joda. Es la única ocasión que tenemos para influir con nuestro acto: votar.

Si te gustan los LADRONES, no pasa nada. Nadie te va a escupir. seguirás reinando y riéndote. Con un poco de suerte también podrás robarle al vecino. No parece lógico pedir el voto para nadie. Es solo un paseo entre la gente. Hablando en plata: son una manga de LADRONES. ¿Y vos?