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Perón no fue Marx

Vaya este vuela pluma ágil porque el ballottage en Argentina está ahí y pese a mi condición de uruguayo he vivido allá como cientos de miles de compatriotas sintiendo que era uno más en la diaria y maravillosa locura de Baires a excepción, obvia, de esos 90 minutos que periódicamente nos confrontan a celestes y albicelestes detrás de una pelota.

Del no lo entiendo dogmático al sí lo entiendo inclusivo, han transcurrido mis 55 años cada vez que el peronismo ha visitado mi cabeza. Y en estas fechas, por razones obvias que se pueden enmarcar en no sentirme ajeno a las vicisitudes de la llamada “patria grande”, la visita tiene visos de quedarse hasta el 22 de noviembre.

Perón no fue Marx, en el peronismo no hay un desarrollo intelectual donde las personas suscriben total o parcialmente. Perón fue un gobierno de hechos reales y concretos, de formas y contextos, de prioridades claras que uno puede o no compartir. No hay formulaciones ni tan siquiera lineamientos políticos. Hay interpretaciones fidedignas y también intolerables. ¿No les duele en las entrañas que un personaje como Menem haya gobernado bajo las siglas del peronismo? ¿No les produce hilaridad los acercamientos mediáticos de Macri al peronismo?

En estos momentos, Sergio Massa que también se autoproclama peronista deshoja la margarita de sus apoyos para el ballottage. ¿Es una joda? No. Es una realidad. Algo así como las “terceras vías” de Occidente. Probablemente apoye a Macri que, por otro lado, es totalmente claro en el modelo de país al que aspira: neoliberalismo. ¿Y eso es peronismo? No. Y hay un precedente con Menem.

Es lícito y saludable que Sergio Massa se haya postulado a la presidencia y que ahora mercantilice el voto de sus seguidores. Pero, por favor, no le llamen peronista. Peronista, guste o no, son millones de personas como el gallego Ageitos, incansable reciclador de un modelo peronista asentado en la inclusión de las personas a través de una producción nacional con peso, que no excluyente. Juan Domingo no era Carlos y en Argentina ya es hora de limpiar los conceptos.

Cabeza a cabeza

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Los resultados de las elecciones de la primera vuelta en Argentina tienen dos ganadores. Detesto esa milonga tan habitual en casi todo el mundo donde todos ganan: los que tienen más votos, los que suben en sus resultados comparativos y aquellos que se erigen en posibles jueces. La realidad es que Scioli y Macri, más allá de sus dos puntos de diferencia, enfrentan el ballottage del 22 de noviembre en igualdad de condiciones, cabeza a cabeza a pocos metros del disco de llegada, pendientes del voto de la parcialidad de Massa.

Argentina es un país importante en el marco regional y del llamado mundo de habla hispana. Marca tendencia, nos guste o no. Los resultados y aunque parezca contradictorio es un aplauso a los gobiernos kirchneristas que con sus políticas sociales sacaron del pozo a una clase media acorralada en el sistema financiero. Empobrecidos, sin trabajo ni sistemas sociales que garantizasen los mínimos para vivir, la clase media descendió un escalón para compartir durante un tiempo la precariedad en las que muchos, por desgracia, sobreviven desde su nacimiento. Durante 13 años se avanzó cuesta arriba con políticas productivas, de deuda, sociales y de memoria. El acceso al trabajo y al emprendimiento rehabilitó a buena parte de la media argentina que instalados en una cierta comodidad prestó oídos a su interés principal: la propiedad privada.

Las clases medias en los sistemas democráticos liberales, y más aun en los neoliberales, son inestables con el tiempo, cíclicas, vulnerables. En los períodos de bonanza el discurso que mejor asimilan es la reducción de costes, siempre asociados con los impuestos, para mantener la titularidad de la propiedad. Ya sea una casa, un vehículo, una empresa, etc. las personas se desprenden de la solidaridad, rechazan las políticas sociales y crean un discurso propio donde cada uno es el ejemplo a seguir en el trabajo. Diferente es cuando bajan ese escalón. El conocimiento se vuelve una abstracción.

En ese campo Macri, con un pasado familiar y propio tenebroso, lleno de egoísmo y ambición, se maneja como pez en el agua. Es el espejo de triunfo que toda persona de clase media le gustaría alcanzar. Menos impuestos, más olvido de los olvidados, ambientación internacional a cambio de privatizaciones y, sobre todo, los privados somos los mejores gestores. Algo sorprendente a poco que se gire la cabeza y se analice los resultados de otros macris del pasado. Y en ese campo, Scioli está a medio camino, tan solo.

Macri y Scioli, Scioli y Macri, no dejan de ser otra singularidad del modelo argentino. No es ni mucho menos el único país que se rige por el carisma más que el programa. Los ejemplos son intercontinentales. Argentina es y ha sido un país de peronistas, balbinistas, menemistas, frondicinistas, alfonsinistas, kirchneristas (versión bicéfala de Néstor y Cristina) y hasta de videlistas porque en el recuerdo de la dictadura cívica militar, Videla es en lo simbólico su principal figura. Macri ha sabido manejarse en la creación de la figura mientras que Scioli todavía, quizás si logra alzarse con el triunfo lo modifique, es un actor secundario del cristinismo.

Sobre el papel, la adscripción peronista de Massa debería inclinar la balanza a favor de Scioli. Tengo serias dudas. Argentina, más allá de la presión mediática nacional e internacional que es muy intensa, vive un momento de oportunidades. China pateó el tablero internacional del comercio y en lo regional comparte espacio con otros países ricos en recursos. El desempleo es bajo y un cambio de gobierno podría incluir regalos de la economía buitre a cambio de futuros negocios. Massa se dejará querer por ambos candidatos, podrá ser la imagen templada del macrismo o el contrapeso a políticas sociales del sciolismo. En lo particular y con visión a largo plazo, quizás, se incline por construir el massismo dentro del macrismo. La verdad es que no existen verdades y Scioli y Macri están, cabeza a cabeza, en la recta de llegada.

Imprescindibles

Necesito tu sonrisa. Un rato, tan solo. Ver por un momento que se forman hoyos en tus mejillas. Que levantas la mirada. Solo un poco, lo suficiente para redescubrir el brillo en tus ojos, para romper esa atracción invisible que te provoca caminar cabizbajo. Quisiera llenar mis oídos con tus futuros: los perdidos, los soñados, los imposibles. Quizás, confluyan con los míos. O quizás los escriban nuestros hijos. Ya sé, nos conocemos de vista. Invisibles al resto, atrezzo de una escenografía donde aún estamos, aún resistimos, aún peleamos.

Te necesito por egoísmo porque millones como tu mueven el universo. Se lo mueven a las familias, al entorno, al tendero pero también al banquero, al empresario, al profesional, al que se proclama conservador y a quien postula un futuro sostenible. Probablemente muchos no lo sientan del mismo modo. Probablemente a muchos les reconforte dejar caer la mísera limosna, la caridad como sistema. Nacidos y criados en la creencia del pecado concebido, son asociales, radicales del vacío, del no futuro. Las palabras no consuelan, ya lo sé. Las palabras no alimentan, ya lo sé. No estás solo. Ayer se presentó el borrador de la Renda Social en A Coruña. Lo escribieron tus vecinos que ahora gobiernan. Es un buen paso. Chiquito, claro, pero un paso. Y ojalá allá más. Es de justicia social una distribución justa y equitativa. Y que sepas que acá y allá, como hace unos años en Sudamérica, sos imprescindible.

Aylan y su caballo de Troya

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Durante cuatro años para Europa los refugiados sirios eran invisibles, desplazados de una guerra que encontraban seguridad en Turquía, Líbano y Jordanía, prinicipalmente. Si bien los datos apuntaban al drama en las fronteras, al censo de 2013 que elevaba  2.000.000 de personas refugiada en Turquía, el interés de la política internacional europea ponía el foco en Ucrania y otros conflictos, cuando no en Venezuela. La República Árabe Siria aun no estaba suficientemente destruida, había que vender armas a través del reino de Arabia Saudí y solo impactaba las esporádicas ejecuciones de occidentales, cuchillo en mano y emitidas por redes sociales, realizadas por esos soldados de uno de los tantos dioses que se dividen el mundo.

Hace unos meses se inició el éxodo masivo de la población en zona de guerra. Europa era un puente a cruzar sobre el estrecho del Bósforo, una precaria embarcación para navegar el Mediterráneo. El costo previsible, alto. Y Europa se despertó. Ya no eran africanos que nacen sin garantías internacionales, ahora avanzaban refugiados sujetos al amparo que una vez se firmó en la ONU.

Las escenas de miles de personas escapando de la muerte que conlleva la guerra, preocupó a los políticos porque todo éxodo implica transitar por otros territorios, por países europeos. Los desatinos, insolidaridades y hasta declaraciones xenófobas de los distintos gobiernos se fue tolerando entre reprimendas o llamadas a la cordura. Y, lamentablemente, llegó la imagen de Aylan. El impacto mediático derribó cualquier estrategia dilatoria para abordar la situación de miles y miles de personas. Es más, hasta se compitió por ser solidario y comprensivo (dentro de los parámetros europeos).

Ha pasado mes y medio desde aquellas imágenes. La lista de muertos ha seguido creciendo y la guerra tiene un nuevo convidado: Rusia. Reunidos los representantes políticos han decidido dar 3.000 millones a los turcos para que construyan campos de concentración para los refugiados. Crear una nueva línea Maginot que contenga a los que escapan del daño de las armas que se siguen vendiendo.

Por muchos niños que mueran, la imagen está quemada y los políticos se ven liberados de seguir actuando, con el consentimiento de la población que los votó, torpemente. Quizás, el cura de Valencia expresó correctamente la posición de los políticos europeos que ven en Aylan y demás refugiados a verdaderos soldados de un caballo de Troya que traerán a Europa un futuro mestizo. Terrible, convivir con estos otros soldados de otro dios que se divide el mundo.

Calibre 38

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Los chicos entran armados en el high school de un pueblo ajardinado, de casas similares, en el medio oeste estadounidense y comienza la masacre. ¿Ficción o realidad? Una u otra respuesta nos vale, la violencia individual es consustancial  a la sociedad del norte del río Grande. Ha sido así desde siempre: archivos, libros, enmiendas constitucionales, dibujos, cuadros, fotografía, más relatos, cine, radio, televisión y todos los formatos posibles de estos soportes lo atestiguan.

Héroes y canallas, causas justas e injusticias consumadas, en legítima defensa y por defender los pilares de la moral común. Todo se justifica y desde chicos las incluimos como un recurso de nuestros sueños para cumplir lo que despiertos se nos escapa: agarrar un fierro de cañones recortados y hacer justicia. Es anormalmente normal. ¡Ah!, es Estados Unidos e inventaron la democracia y las libertades individuales. Si cambio el high school por una favela, ¡mierda!, no hay ficción posible; son las sociedades imposibles. Peor aun, el cul de sac organizativo en torno a la violencia que solo se puede combatir con presupuestos millonarios, alianzas peligrosas e imbéciles con el dedo sobre el botón rojo de las armas de destrucción masiva es el terrorismo.

Hace unos días el presidente Barack Obama desafió a los periodistas a comparar el número de muertos causados en la última década por ataques terroristas con los provocados por el uso de armas de fuego en manos de particulares. Ya existen resultados de algunos medios de información: más de 316.000 personas murieron en Estados Unidos por efecto directo de las armas, que llegan a 394.000 si se suman los homicidios cometidos por la policía. Las víctimas adjudicadas al terrorismo en ese mismo período son 38. Cuestión de calibre

Suicidio en Compostela

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Hace dos días un hombre se suicidó en Compostela al cumplirse un año de su desahucio. Habrá quien piense que tenía muchas salidas, que la vida es maravillosa, que siempre hay otra oportunidad, que hay que pelear por las cosas. Habrá quien piense que necesitaba ayuda, que cumpliendo las reglas de un terapeuta o leyendo los libros de autoayuda encontraría las claves para enfocar su vida restándole peso a lo material. Habrá quien piense que fue irresponsable comprarse una casa sin medios para enfrentar el peor de los escenarios y que la justicia solo ejecutó una sentencia que él solo había redactado. Habrá quien interprete las lindas y huecas palabras de la constitución sobre los derechos que nos corresponden apelando a un juzgado aun no inventado. Somos opinión y substraemos al individuo de su condición para transformarlo en creencia.

Hace dos días un hombre se suicidó en Compostela para concluir un año de agonía. Por una vez su decisión propia no dependería de otros. A la mierda las noches de insomnio repasando errores, cobardías e ilusiones. A la mierda ver que el mañana es un horizonte demasiado lejano para alcanzarlo. A la mierda despertarse sabiendo que el día estará vacío. No ya más envidiar a los que se cruzan en el camino rumbo a trabajos o casas. Ni anestesiarse pensando que se es parte de un mal común. A la mierda recordar las mariposas en el estómago justo en el instante que firmó la hipoteca. Ni reprochar la educación recibida que irremediablemente lo conducía a poseer algo. A la mierda sentir esa infinita culpa de golpear puertas mendigando dignidad. Ni molestar a los amigos; ellos ya tienen lo suyo.

Hace un año un hombre sintió que la parca rondaba su océano. Hay tantos mares como personas y todos iguales de desconocidos. A la mierda, hace dos escapó de la cárcel.

Stand up presidencial

http://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/mariano-rajoy-27s-son-elecciones-autonomicas-tengo-claro-que-espana-ley-cumple_201509225600fd260cf23298e0d3d1aa.html

Los nacidos y educados en el franquismo, adolecen de nociones de historia y geografía básica; es decir, exactitudes que después se puedan disfrazar con ideología pero que a priori partan de una verdad incuestionable. Mariano Rajoy es un ejemplo de libro que con el tiempo nos ha hecho olvidar los dislates de José María Aznar, siempre dado a confundir reyes y a no dimensionar las culturas que una vez existieron en su tierra. Eso sí, dicho con mucha gracia con su peculiar acentazo texano.

En una reciente entrevista radiofónica con Carlos Alsina en Onda Cero al hilo de las elecciones de Catalunya, Mariano Rajoy avergonzó a buena parte del reino ante su desconocimiento básico de geografía política. Los epítetos con que adornaron su nombre, sobre todo en redes sociales, recordó su anterior etapa como ministro y los “hilillos de plastilina” que salían del Prestige. Merecidos, por supuesto, pero justificados porque todos sabíamos antes de hacerlo presidente de sus limitaciones culturales. Y es que Rajoy, desde primero de escuela era conocedor de su futuro sin complicaciones, de que, oposición mediante, algún gran puesto del Grupo A, una notaría o como al final se dio, el Registro de la Propiedad, le esperaban. ¿Para qué entonces estudiar? Y menos las asignaturas consideradas “marías”. Eso era de pobres, de familias sin abolengo. No los Rajoy.

En la España franquista que estudió Rajoy, la geografía política trazaba sus fronteras a mayor gloria del imperio, último bastión defensivo contras las hordas democráticas, los rojos y los judeo-masones. Así, la América de habla hispana era Hispanoamérica, Asía no tenía China, África eran territorios y Europa terminaba en Checkpoint Charlie. Y Mariano nunca presto mucha importancia. Tampoco otros. La verdad es que por lo que al reino le atañe, convendría refrescarle los conceptos a Mariano: europeos son todos aquellos habitantes que han nacido dentro del continente de Europa; es decir, es su gentilicio. Son europeos los gibraltareños, los catalanes sean o no independientes como los gallegos. Por el contrario, no lo son los canarios (africanos), los kelpers (americanos), ceutíes y melillenses (africanos), o los groelandeses (americanos), por ejemplo. El derecho de pertenencia no lo dictan los tratados que sí tienen por competencia el objeto del mismo. ¿O no son europeos los suizos?

Rajoy, que otra cosa no pero campechano es un rato largo, anda trabucado en los conceptos pero que más da si lo importante es el espectáculo. Y en eso de hacer reír, el stand up presidencial arrasa.

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Algoritmo finés

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Hasta los 70´, Finlandia era tierra y agua de nadie. Un barrizal a caballo entre los llamados “países del Este” y la comunidad escandinava. Todos hablaban con la boca chica para situarlo en sus filas. Probablemente su orografía compleja y climatología extrema como a tantos otros pueblos tatuó su ADN. Eran raros. Respetablemente, raros. Su idioma era ninguneado en las altas esferas del poder que prefería hablar sueco, lo que aún acontece. Algún deportista, obviamente de disciplinas de gran esfuerzo o piloto de rali, trascendía y nos recordaba la cruz azul sobre fondo blanco de su bandera. Los bosques, la nieve y los lagos eran la postal. Helsinki solo era escenario para la intriga de la Guerra Fría.

Y entre tanto olvido, los fineses se fueron haciendo un hueco en el concierto internacional a través de la tecnología, sobre todo de las telecomunicaciones y forestal. Fueron las marcas las que nos cachetearon su presencia. La caída del Muro de Berlín los agarró bien posicionados y de ahí en más empezamos a babear con una nueva Finlandia: la del éxito a través del conocimiento. En poco más de 25 años hemos llenado miles de textos sagrados tomándolos como ejemplo, como referencia hacia donde concluir. La educación como el teatro siempre ha vivido en crisis.

Todos los indicativos globales que periódicamente se publican para recordarnos los deberes en la metodología y la práctica de esto que es vivir en sociedad, nos muestran a los fineses como albaceas de lo correcto. ¿Quién no sueña con un sistema donde los niños aprenden jugando? ¿Quién no se imagina a los gurises desparramados por el piso fecundando las grandes ideas del futuro? Lo dice el Informe PISA, aunque este maldito estudio anual también nos indica que los asiáticos son también unos cracks y yo, particularmente, no deseo para mis hijos sociedades como las coreanas, Hong Kong o Macao, por ejemplo.

Lo que es indiscutible es que mientras nosotros arreglábamos nuestras necesidades, ellos desarrollaron y aplicaron su propio algoritmo que interconecta y automatiza las relaciones y busca la viabilidad para un futuro sostenible basándose en la educación. Admirable. Ayer, la Unión Europea votó la admisión, discutible por ser cuotas pero admisión al fin y al cabo, de los refugiados sirios. Finlandia se abstuvo. El algoritmo finés para el éxito “debe” implicar la insolidaridad.

Mantener las distancias

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Vivía en Londres en el año 86 cuando me visitaron unos amigos de España. Un fin de semana estupendo para ver y disfrutar de la capital del antiguo imperio británico. La primera de las noches después de cenar y recorrer los garitos del Soho, retornábamos charlando al apartamento cuando nos detuvo una patrulla de policía. Cordiales, se bajaron del coche y nos pidieron la documentación preguntándonos por nuestro paseo a las 2 de la mañana. Uno de mis amigos me comento lo extraño de la situación y yo le resté importancia. La pareja de policías, al escucharnos hablar en español volvió a su arlequinado coche patrulla para agarrar unos guantes. Siguieron siendo cordiales pero a distancia. Nuestros documentos se habían convertido en posibles portadores de patógenos foráneos de esos que crecen, se reproducen y atacan a la población del norte. Sin perder la cordialidad, esa distancia me incomodó. Se terminaron las preguntas y el tono distendido. Todo en regla, chau, buenas noches. Se quitaron los guantes y se largaron.

La llegada de refugiados e inmigrantes me recuerda aquella escena. Las mascarillas y guantes con los que las fuerzas de seguridad y trabajadores sociales reciben a las personas me producen bronca y risa a la vez. Los que a diario viven entre la contaminación, comen alimentos industrializados, visten plásticos se sienten temerosos de los otros. Reciben, con cordialidad, marcando una distancia que demuestra la ignorancia de quienes dictan esas normas profilácticas. Vamos por la calle y acaricias a las mascotas, sin guantes ni mascarillas, sabedores que las pulgas prefieren a los peludos. Sin embargo, entre los humanos cuando el color de la piel no es el mismo o el origen se expresa en otro idioma, rehusamos el contacto, el calor de una mano con otra, el beso en la mejilla o el abrazo. Así, mal se empieza.

Vos y yo somos personas (aunque no lo creas)

No quiero tu democracia. No me sirve y me mata. Tus libertades me esclavizan. A ti te llevo siglos conseguirlas y a mi me das una primavera para aplicarlas. Es cierto que tus libertades se consiguieron a sangre y fuego pero, ¡pucha, digo! no habrás evolucionado algo para evitar tanto padecimiento. No, tu democracia tiene que ver con la demografía. Es una democracia llena de derechos y libertades con númerus clausus. Y nosotros somos demasiados. Nos gusta perder nuestra cabeza rozando cuerpos que en ese instante amamos. Nos falta tu tarada frialdad. Ya sé que te gustan lo que nuestras tierras y mares albergan. Y que yo me fascino con tus jueguecitos y aplicaciones. Podríamos ser amigos pero eso implicaría respeto. Ni mejor ni peor, diferentes. Ni arriba ni abajo, a la par. No te asustes, estoy de broma. El mundo es ancho y grandote para tus maquinas y estrecho y chiquito para las personas. Porque somos personas. Vos y yo somos personas, aunque no lo creas.

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