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Un tranvía a la marchanta

P1020357Siempre me han fascinado los vestigios industriales al punto de participar en el diseño de contenidos en un proyecto de turismo industrial. Cuestión de imaginación infantil eso de inventar historias y cuentos sobre el cemento lacerado o el metal purulento de oxido. Hay quienes ven estos espacios como lienzos urbanos o pancartas inmóviles de manifestaciones.  Hay quienes guarecen sus vidas de una sociedad a la intemperie. De chico escuchaba historias imaginarias al mismo tiempo que jugaba al fútbol contra sus muros; de grande, las he ido buceando para mi colección de pecios industriales.

Fabricas, cárceles, hospitales, frigoríficos, facultades, ingenios energéticos, ferrocarriles,…  agonizaban o ya eran esqueletos cuando nací allá por mis ocho años de vida. Obviamente, lo primero era preguntarse el porqué de su muerte. Saber si nuestros constantes cambios en hábitos y costumbres los habían arrinconado. O, quizás, una medida de un gobierno o una coyuntura internacional habría dictado los pasos de cierre. Porque detrás de ese cierre, el segundo paso, era humanizar las escenas de una vida pasada de esplendor e ilusión colectiva. Claro que crecemos y nuestro mundo se vuelve real. De la épica a opaca realidad hay un paso. En lo privado los quiebres y el abandono son en su mayoría salvar al propietario. El vestigio, un imperativo legal. En lo público es la demostración palpable de producir y construir por impulsos electorales. El vestigio, un error de cálculo.

Ayer paseaba con los gurises sacándole puntas de conversación al vuelo de una mosca. Una vez más caímos en la cuenta que la masa de cemento y grúas que está frente a nosotros, ría por medio, es el nuevo puerto de Ferrol. Y que a nuestras espaldas está el nuevo de A Coruña. Y a medio gas, los viejos de ambas ciudades. Cuatro puertos en 7 millas náuticas. Y seguimos caminando hasta quedarnos petrificados frente al mato grosso de las cocheras del tranvía turístico de A Coruña. Millones de euros enterrados hace veinte años por la ignorancia prepotente de un alcalde, Francisco Vázquez. ¿Le vendieron la idea o fue cosecha propia? En ambos casos la respuesta es mala ciudad. Nadie sabe bien que hacer con las cocheras, las unidades y las vías con su correspondiente tendido eléctrico. Todo cuesta, aunque las vías sean un peligro para la circulación, hay que pagar para sacarlas. Y así, paso a paso, la insensatez de aquel hombre se va convirtiendo en un vestigio más. Ojalá la inocencia infantil pueda inventar alguna historia que dignifique un vestigio de vida efímera y alto coste que como lo pagamos todos fue un tranvía a la marchanta.

Seres vacíos nacidos para dominar

Existen seres humanos malos. Reconozcámoslo. Seres humanos iguales que nosotros pero que disfrutan imponiendo su criterio a través del sufrimiento de otros. Cuando se ponen uniformes es más fácil distinguirlos y hasta pelearlos. Cuando van vestidos de calle todo se complica. El camuflaje es importante. La maldad está reñida con el conocimiento y su supuesta superioridad material se basa fundamentalmente en las creencias religiosas, la xenofobia y el racismo. Otra vez más con las dictaduras es fácil identificarla pero con las democracias se complica. Quizás sean factores climatológicos o la dificultad para acceder a los recursos básicos lo que acomoda a la maldad en la ética de las sociedades. Porque en democracia  se debe hablar de las personas que con su voto sustentan al gobernante, siempre sujeto de ser identificado con el mal. La Alemania de antes era más que Hitler. La actual, es más que Merkel. En ambos casos existía un consenso de castigar a los otros, a los diferentes que de una u otra manera se les considera como inferiores, con la miseria, la desesperación, la desnutrición y también la muerte. La humillación es una puesta en escena, la realidad es mucho más dura porque entre otras cosas, hablamos de vecinos, de seres próximos que han compartido un tronco cultural común. Ya ni hablar de los lejanos. Así que me sitúo en la Marienplatz de Munich, la que los sábados por la tarde muchos muniqueses le rezan a la estatua de María, o junto al lago Alster de la hanseática Hamburgo y me cuesta verlos. Pero existen y no sé hasta qué grado disfrutan con el sufrimiento de sus vecinos del sur. Son, simplemente, seres vacíos y como cantaba Ana Curra, «nacidos para dominar» 

Siete y tres

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Las mañanas por la calle Real y los Cantones aparentan ser vías con destinos a un trabajo, a un encuentro a vidas con agendas completas . Apenas cuatrocientos metros donde nos cruzamos con nuestras mentes ocupadas en la diaria. En el medio, invisibles, están los que les caminan sin destino. Mediana edad, ropas gastadas pero limpias y zapatos sin temporada. Han salido del encierro de las casas pero aun rechazan sentarse en el piso, último escalón de la esperanza. En esos metros detecto cuatro personas. Son muchas, y más si aplico la teoría de crecimiento económico de este gobierno. Casi no se detienen para solicitar unas monedas a quien los cruza. Hace un leve gesto con la cabeza como señal de rendición. Y si nadie se para, los demás no los vemos.

La escena, cuatro veces repetida, me anudan las tripas. Somos una sociedad, todos, sin ninguna excepción, fallida. ¿Qué hace diferente a estas cuatro personas de todos los demás que ocupamos el mismo espacio? ¿Cuáles son sus discapacidades para excluirlos, volverlos invisibles y continuar con nuestras vidas sin una pequeña sensación? Nos conmueve un edificio en ruinas, un perro abandonado, una historia de amor ficticia.

Somos una sociedad fallida por burros. Burros letrados . Letrados de falsedades. Esas cuatro personas deberían ser fuente de nuestras riquezas. Como cada uno de nosotros lo somos en cada una de las millones de relaciones que contiene nuestra sociedad compleja. Nadie sobra. Quizás muchos faltan.

Somos burros porque los datos lo demuestran. Y son fríos los datos. La desocupación no fue súbita. No cayó un meteorito. Porque ni las guerras son súbitas. Acá y muchos lados, volver invisible a las personas ha sido fruto de muchos gobiernos que como adolescentes fueron receptivos al halago fácil. Y al dinero.

Estoy seguro que ninguno de ellos admitirá en público que el futuro, tal y como lo plantean, nos llevará al escenario de un 70% de sobrevivientes frente al 30% de vida plena. Ese es el escenario del FMI, BM y su sucursal en Bruselas que hasta ahora se planteaba para el resto del mundo pero que, probablemente, incluya desde ya a la periferia europea.

Seguirá amaneciendo y los cuatro invisibles de hoy se multiplicaran. También la informalidad laboral. Y el crecimiento se fundamentará en ese 30% de población. Basta introducir algún cambio en las preguntas estadísticas para que cuadren los datos . Cuando era chico, en los almacenes de barrio las damajuanas de vino eran conocidas burlonamente como siete y tres: siete de vino y tres de agua. En los mercados actuales: siete son de agua y tres de vino

Ambigú ambiguo

pxl_e35026a2b91f352db22bfef0e693c2e3Las redes sociales han pescado un mensaje congelado. Es lógico que un soporte electrónico tenga personas, procesos y automatismos que espíen, analicen y guarden lo que a diario publicamos. Desconocer esta verdad es práctica habitual. Quizás, sin en las escuelas por fin se explicase exactamente como funcionan las personas, en un futuro, condicionarían sus comunicaciones. Es una pena pero tarde o temprano se hará (como lo del chip para perros y a la vuelta de la esquina para personas). Los motivos serán otros, básicamente la defensa de la libertad abstracta, siempre ad hoc para recortar libertades reales.

Guillermo Zapata no metió la pata publicando esos tuits en su contexto original. Metió la pata metiéndose en política; o por lo menos, en la política tal y como se concibe en la actualidad. Las redes sociales es el ambigú personal donde nos relajamos y opinamos del teatro de nuestras vidas. El bar de antaño. En los bares no se hacen amigos. En el bar se conversa aun a sabiendas de la posible confrontación de nuestras palabras. Es, o era, un momento de nuestras rutinas donde hablar sin renuncias. Todas esas insignificantes, y a la larga fundamentales, renuncias que hacemos para mantener una relación, un trabajo y hasta una buena vecindad. Claro que tantos años de mostrador nos fue dando oficio y heredando consejos de nuestros mayores para posibilitar nuestro momento de desahogo sin caer en el escarnio público. En las redes sociales somos nosotros los que a través de prueba y error le vamos agarrando la manija para ser sin ser repudiado.

Me sobran las disculpas de Zapata. No su renuncia la cual celebro. Me pasaría lo mismo si escuchase chistes sobre católicos hechos por Gallardón. No dudaría de su profunda fe. La actitud frente a la vida es una suma de instantes que conforman un discurso personal. Chistes de gallegos, judíos, belgas, leperos, vasco, gays, catalanes, brasileros, negros, mujeres, argentinos, gitanos,… están en el aire. Son todos iguales y todos carecen de gracia si no tienen un contexto, ni se graban en la memoria, ni se utilizan para excluir. No deberían existir: seguro. Pero lo arrastramos como también cargamos otras conductas que, según se miren en cada momento, también son merecedoras del oprobio. Me vienen a la cabeza varias caritas que hablan públicamente contra el aborto, las drogas, la eutanasia, el robo, la injusticia,… y en privado, hacen lo contrario.

Zapata, no mataste a nadie ni te quedaste con una comisión ni maquinaste como fundir una ciudad, una provincia, región o estado. Pero tenías que renunciar por meterte en política. Ahora bien, no “rompan las pelotas” con la mujer del César, la moral, el y tú más y otra serie de ocurrencias en favor o en contra de un episodio francamente irrelevante. Parece triste concluir que en el ambigú hay que ser ambiguo.

Ciudadanos se merendará a PP y PSoE

000000En la recta final de los pactos que facilitará la formación de gobiernos locales y muchos regionales, la formación liderada por Albert Rivera ha tomado el protagonismo postelectoral. Los dos grandes partidos tradicionales, PP y PSoE, ansiosos de mantener su cuota de poder, de seguir en la lucha entre ambos por darle color al mapa del reino y, en definitiva, de seguir generando titulares pese a la tendencia de los dos últimos comicios, abrazan jubilosos los pactos con Ciudadanos obviando, vaya uno a saber por qué, la próxima cita electoral que, a buen seguro, será la madre de todas las elecciones: las generales. Doctores tiene la iglesia, dicen.

El próximo lunes arranca el día a día de las administraciones que midieron sus fuerzas en las elecciones. Los gobiernos del PP y PSoE, formados gracias a los pactos con Ciudadanos tendrán sus luces y sus sombras. De unas y otras, el único beneficiado será la formación de Rivera. De los éxitos, huelga explicar. De los fracasos, solo recaerán en el PP y PSoE porque Ciudadanos se presenta como un outsider de estos gobiernos. Está pero no está. Es el albacea de la ética que muchos de los votantes de los partidos tradicionales buscaban; es decir, de una amplia masa de la población que entiende ciertas actitudes pero que le es imposible aceptar el exceso. Y Rivera ha destacado a lo largo de los años por saber navegar en la ambigüedad, tocando los márgenes pero no sobrepasándolos.

La pregunta es: ¿era tan necesario para PSoE y PP meter esta piedra en sus zapatos? O dicho de otra forma: ¿no es pan para hoy y hambre para mañana? ¿La Sra. Díaz tiene un plan definitivo para sacar a Andalucía de los peores ratios de desempleo, con todas sus implicaciones en otros ámbitos de la vida, tras décadas de gobiernos del PSoE? La respuesta es no. Lo mismo se podría pregunta por el PP en otras regiones y ciudades con la misma respuesta. A veces es importante dar un paso atrás para tomar impulso o al costado para ver, analizar y reciclar propuestas. Y es importante porque los objetos de sus organizaciones somos personas. No tornillos.

En las próximas generales estaremos saturados de los mensajes del poli bueno y el poli malo. Una dupla con un claro ganador para el electorado. La vieja usanza serán PP y PSoE y los garantes de los valores y además modernos, Ciudadanos. Ambos partidos solo contaran con los irreductibles y el ansiado centro político tendrá un único dueño. El pan de hoy, mañana se lo merienda Ciudadanos.

«¡No tengan miedo a la mezcla!», clamó el Pepe

Hay políticos que en vacaciones descansan. Son laburantes de la política con horarios y licencias. Tienen una cara pública y otra privada. La mayoría también una ética pública y otra privada. Pero hay que decirlo bajito o entrelíneas; las formas y la estética mandan y esa boca llena de dientes y paladar negro que llaman populismo, acecha.

El Pepe Mujica está en Italia. Y bien comido y regado porque ayer acusó en Roma a la «vieja Europa» de no dar solución a la tragedia migratoria del Mediterráneo ni al cambio climático y culpó a los políticos de ignorar estos asuntos y centrarse en ganar elecciones. ¡La puta qué lo parió!, otra vez acertó.

«Los que quieren cruzar el Mediterráneo no son pobres de África, son pobres de la humanidad», y señaló que la inmigración «no es un problema de Italia, es un problema del mundo». Buena excusa para Europa. Sin embargo, la falta de solución viene, bajo su punto de vista, por que «no hay un gobierno mundial, nadie que se ocupe de cuidar el mundo».
E insistió con una de sus habituales pálidas en que «Europa está vieja, pues tiene que comprar televisiones y coches nuevos y no tiene hijos», un problema que se resolvería con «la sangre nueva de la inmigración».

«¡No tengan miedo a la mezcla!», clamó.

En cuanto al cambio climático, reclamó un compromiso para frenar esta fenómeno que ha llevado a perder «el 30 por ciento del planeta» pero que, según el expresidente uruguayo, «el hombre puede revertir» si afronta el desafío con decisión.

«El problema está en los que manejamos las políticas del mundo y no hacemos caso. Los que son los elegidos para gobernar no deberían ignorar las recomendaciones de la ciencia. No significa que la Academia (el ámbito científico) tenga que gobernar, pero no se puede gobernar el mundo si no se tiene en cuenta

1395660898_932004_1395662513_sumario_normal lo que dice la Academia», afirmó.

«Estamos todos en el mismo barco, precisamos medidas iguales porque la globalización existe y la mala globalización también existe, mientras que los gobiernos estamos preocupados por quién gana las elecciones”.

«La vieja Europa, responsable de esta civilización, no piensa así. Entonces sí estamos perdidos», sentenció.

«Cuando era joven pensaba en cambiar el mundo y ahora que soy viejo continúo pensando en cambiar el mundo», dijo Mujica, quien cumplió 80 años el pasado día 20.

Ser el más votado no es sinónimo de ganador

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Hace unos años conocí a una persona que durante mucho tiempo se jactaba de haber ganado unas oposiciones pero que no tenía plaza. Nunca la tuvo. En realidad, había ganado un examen pero no las oposiciones. Es decir, había superado el 5. Las oposiciones daban paso a un número de plazas fijas y acceder a ellas con la puntuación necesaria era ganar las oposiciones. Los demás había superado un examen pero no habían ganado las oposiciones.

En política, cuando se accede a participar en un proceso electoral no necesariamente llega con ser el más votado, hay que ganar el acceso al gobierno. En 1971, Wilson Ferreira Aldunate fue el candidato más votado en Uruguay pero no ganó. La ley de lemas que suma los votos de diferentes listas de un partido, le dio la victoria a los Colorados. Es decir, la suma de todos superaba al más votado.

En España, los resultados electorales si no dan mayoría absoluta obligan a pactar para tener una legislatura sólida entre partidos. Existe la opción de gobernar en minoría pero nadie la utiliza. Es decir, ser la lista más votada no es necesariamente ser el ganador de unas elecciones. Véase el caso andaluz. ¿Ganó Díaz? Hasta el momento, no. Sí fue la lista más votada pero el fin último es gobernar y por ahora no ha logrado los pactos necesarios a tal fin.

Y lo que escribo no es baladí porque dado el grado de incertidumbre, es seguro que después vendrán los ataques hacia la democracia como modelo. Los más votados pero no ganadores intentarán imponer sus tesis de ganadores necesarios y con derecho a gobierno. Los menos votados buscarán sus pactos con las lógicas contraprestaciones al que busca el apoyo. Pero sobre todo, asistiremos a la murga incesante sobre qué es democrático y qué no. Y es importante tener claro que ser el más votado no es sinónimo de ganador.

Post data: el lunes los títulos hablaran de los resultados en ciudades y gobiernos autónomos donde hay elecciones. Las listas más votadas o los ganadores serán presentados como la decisión de los habitantes de tal o cual ciudad o comunidad. Sé que escribiré un imposible: sí un partido obtiene el 40% del voto y hay una abstención de otro 40%, hablamos en realidad que el 24%  de la población apoyó esa lista y que, quizás, gobierne. Es decir, un cuarto de la población a través de sus representantes decide sobre las tres cuartas partes del censo (sin hablar de votos en blanco o nulos). Ya sé, los titulares hablaran que los ciudadanos de tal ciudad o región han decidido aunque no se ajuste a la realidad. A partir de ahí, todos los datos que se construyan, tanto reales o como percibidos, en la legislatura serán cuando menos cuestionables. Es decir, en un pueblo se percibe una realidad equis y sin embargo, los datos oficiales dicen otra cosa y es sobre estos datos que se ejecuta o legisla. Quizás por ello, es tan importante utilizar media hora de tu vida en acudir a depositar el voto.

Migración, mestizaje, futuro

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Desde que nos pusimos a dos patas nuestro campo de visión se amplió y creímos que también el mundo. Y nos largamos a buscar sus riquezas que no eran otras que fuentes de alimentación para sobrevivir a nuestras necesidades cada vez más complejas. Nos relacionamos con otros caminantes. Anudamos y deshicimos nuestras relaciones. Todo bien, hasta la agricultura nos volvió un poco más sedentarios. Fin al resumen de miles de años.

Durante años, quizás demasiados, mi propia experiencia migratoria, siempre con cierto sabor amargo que me producía acidez mental, concluía que los migrantes éramos perdedores de nuestros lugares de referencia y querencia. Es cierto. También que nuestra invisibilidad se vuelve palpable por nuestros actos, costumbres, perspectivas y, sobre todo, por nuestra descendencia irremediable y hermosamente mestiza.

A Coruña, junto a Cádiz, fueron los puertos que la corona española designó como oficiales para el embarque de emigrantes. Siglos y siglos viendo partir gallegos, dicho ampliamente, a la uruguaya. Siglos viendo recalar barcos con emigrantes de otras naciones europeas. Y siglos también, algo que muy poca gente cuenta , recibiendo retornados. Es decir, Coruña ha sido un nudo de comunicaciones importantísimo en el contexto histórico.

Este hecho diferencial de la ciudad que además explica muchas contradicciones de la misma en su relación con su ámbito geográfico nunca se utilizado. No existe un museo, un espacio de interpretación y estudio sobre las migraciones. Dice un buen amigo y que se sabe mucho más que yo en materia museística y de exposiciones que “las migraciones es un tema triste”. Yo apuesto por dar la vuelta al discurso, sin quitarle la razón, y buscar todo lo positivo que nos ha dejado el mestizaje a través del intercambio cultural, social y económico .

Las migraciones son reversibles y hoy por hoy de emisores se han vuelto receptores y el futuro local, regional, nacional y europeo es irremediablemente mestizo. Entenderlo es jugar con ventaja para obtener beneficios en base al relacionamiento. Hablamos de un mundo global desconociendo que las migraciones, para bien o para mal, lo cimentaron.

Emigrante, ¡a mucha honra!

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En el año 65, hicimos un viaje a España. Mi abuela había decidido morirse en la tierra de sus primeros juegos, suspiros, corazones. Igual que su viejo, mi bisabuelo, sobreviviente del maremoto de San Francisco, que solía contar historias increíbles de sus travesías por los mares de la China, de los años llevando mineros de muchas lenguas a buscar su dorado en Alaska. Antes que la abuela Pura, murió el abuelo Paco. Hijo de hereu e inmigrante desde su Girona natal. Familia de pasado judío que por miedo a la fe católica cambió de apellido, que no de rasgos, y buscó en Deus un apellido amable con el poder. Paco, sin necesidad material pero sí vital, emigró a Cuba con 13 años. Normal. De ahí saltó a Uruguay donde empieza mi historia, la de mis juegos, suspiros y corazones.

En aquel viaje también conocí a Marcelino, otro abuelo muy a su pesar. No lo recordaba de Uruguay aunque estuvo años. La política había bajado la guardia y su carácter fronterizo, con un pie a cada lado del Miño, le había restaurado la sonrisa. Otro narrador de historias devenidas en soliloquios. De él sabía que emigró a Madrid. De él no sabía que vivió años en Nueva York. Y menos que ayudó o traficó, vaya uno a saber, a sus paisanos y familiares en el viaje a esa ciudad. Enviudó joven con cuatro hijas entre 7 meses y 15 años. Una hermana, Herminia, reclamó la tutela de las niñas y los cinco marcharon para Montevideo. Ella y su marido, tenían el hotel Español, una vetusta casona en el centro de la ciudad que formó parte de los decorados de mis juegos. Lo mismo sus moradores y transeúntes. Todos gallegos. Los había recién llegados que vivían alborotados por las perspectivas de una nueva vida. Eran los transeúntes. Los había condenados a muerte, silenciosos y con sorna, por las perspectivas no cumplidas de una vida.

De las cuatro hermanas que llegaron con mi abuelo, las que nos mecían, alimentaban y tiraban de las orejas, la de los domingos de emigrantes en playas, una volvió a Galicia, la mayor que tenía juegos, suspiros y corazones, otra vivió y murió en Londres, la tercera acaricia nietos en Italia y mi vieja, sobrevive en Argentina.

Sería largo de narrar segundas y terceras líneas de la familia. Tendría que viajar además Brasil, Alemania, Francia, Venezuela, Estados Unidos y sobre todo a Australia, donde mi hermana disfrutó más de 30 años de su vida y engendró a Natalia, siempre con un ojo en Perú desde su Byron Bay.

Esta mañana me desayuno con las cuotas para recibir refugiados. Dentro de la desgracia es un suerte tener una categoría donde ampararte. Tal vez solo representen un 5% de las migraciones globales. Y dependen de la mezquindad de unos mediocres que a buen seguro tienen historias similares a la narrada. O tal vez no. Simplemente son ciegos mentales y consideran que es natural que en los seis continentes vivan los blancos, que el sol gira alrededor de la tierra, que la naturaleza es un jardín en la Selva Negra.

En 1965, de regreso al Uruguay tras mis tres meses de galeguidade, impregnado del acento español, lleno de eses y saliva en boca, subimos a un autobús en mi Montevideo y el chofer, natural de Galicia bromeó, «¡galleguito el botija!» y me salió un inesperado: «gallego sí,… ¡Y a mucha honra!» El tiempo me sacó nacionalismos y me situó gusto en el medio del Atlántico, mucho más cerca de muchas más personas a las que quiero. Sin cupos.

El gallego se aprende en la cama

Los días “por algo” son los «te quiero» de disculpa. Primero actúo mal, después pido disculpas. No me gustan. También es fácil decirlo cuando se está pero no se es. O siéndolo, faltan los potreros de la infancia donde se acunan los sentimientos a lo intangible de nuestras vidas. Y vaya por delante mi rechazo a impartir cátedra de analista distante y frío, de corresponsal paracaidista, de aconsejador profesional de la paja en ojo ajeno.

Hoy es el día de las letras gallegas. Y ayer, siguiendo recomendaciones busqué información sobre una persona de las que parece están destinadas a ser influyentes a la hora de canalizar el talento y la innovación gallega. No lo dudo aunque me cuesta pensar en futuro cuando le leo  a un analista (también conocido como experto): “Para ser breve y destacar alguna característica, particularmente creo que, por un lado, haber vivido tan intensamente el drama de la emigración durante muchos años, ha ido forjando un carácter de personas que destacan por su capacidad de trabajo y esfuerzo, iniciativa, valor y superación ante las adversidades.”

Quizás por mi carácter atlántico, mis dos orillas, sigo evolucionando e intentando comprender tanto a los gallegos como a los uruguayos. En principio, y ya desde hace bastantes años cuando era trabajador “ilegal” en Londres, la definición del perfil de los gallegos me resulta inexacta. Existen dos gallegos, que son uno y me explicaré más adelante: el residente y el emigrado. Esa visión unívoca de los gallegos como fuerza bruta, como “bois de carga”, disimulada con adjetivos políticamente correctos me rompe las pelotas. Esa visión victimista, judeo-cristiana del sufrimiento, es una maldita excusa para dejar las cosas como están y, por supuesto, saltar a la palestra cuando desde fueran se caen en los tópicos absurdos construidos en el reino de García.

El gallego en el exterior fue y es desde hace siglos un trabajador nato, un creador y poblador de urbes, primer toque de atención que nadie ha tenido en cuenta ya que procedente del rural estuvo destinado a lo urbano por real decreto de las coronas de turno dejando a los canarios el poblamiento de las campañas, del rural. Es cierto que la falta de instrucción la cambiaban por el trabajo pero, y acá los datos mandan, también lo es que supo progresar a través de la unión, de la confianza en otros para suplir las carencias y desarrolló un instinto único para posibilitarse un futuro sustentable. Quizás no tuviesen la mejor letra y sus operaciones matemáticas fuesen las elementales; sin embargo, las personas nos manejamos con criterios básicos para ir añadiendo complejidades. Y ahí, los gallegos son unos cracks.

Los gallegos de allá

Los gallegos desde finales del XIX, en Uruguay, se han unido, renunciando a parte de su propiedad fruto del esfuerzo para convertirse en referentes de varios sectores: el 75% de la distribución en alimentación está en manos de CAMBADU, creada por gallegos minoristas. Las grandes superficies no acampan a sus anchas como sí ocurre en Galicia. Podría extenderme pero solo quiero dejar un dato: entrevisté al presidente de CAMBADU y le pregunté por ese poder que frena a las grandes superficies. La contestación me sorprendió: “en el año 86, detectamos que en Bélgica se había creado las grandes superficies. Un grupo de directivos decidimos desplazarnos a ese país para estudiar el fenómeno y ver como nos afectaría a nosotros que todavía estábamos con los bares-almacenes. Lo estudiamos y vimos que necesitábamos aggiornarnos. Así que cambiamos al “auto-servicio”. Las personas empezarían a demandar su capacidad de escoger los productos libremente y no como hasta el momento que era el almacenero quien les servía. Fue una revolución y cuando llegaron las grandes superficies solo aportaron grandes espacios pero no cambios en el modelo existente”. Sobran palabras cuando te habla una persona que llegó como fuerza bruta y como esponja fue sumando conocimientos, asociándose, confiando en el otro.

El segundo caso,  implica a un hombre de una aldea cerca de Laracha, en A Coruña. En 1937, las grandes multinacionales del transporte, dominaban el servicio de las ciudades con sus tranvías. Alemanes y británicos. La invención y rápido desarrollo del motor de explosión les había creado un competidor, los ómnibus, menos costosos y más versátiles en dar servicio a la expansión de las urbes. Como siempre, ambos gobiernos plantearon al uruguayo el chantaje habitual de recibir un empréstito goloso a cambio de la exclusividad en el transporte capitalino. Por supuesto, exclusividad significaba excluir a los ómnibus del paisaje. En ese momento existían 508 unidades, cada una cubría una línea y cada una tenía un propietario: gallego. El personaje en cuestión fue llamado al ministerio para proponerle un reto imposible: crear en seis meses una sociedad anónima cooperativa con todos los propietarios de ómnibus. Los propietarios tenían que renunciar a parte de su propiedad y como se presupone, los gallegos son incapaces de ello. Pues no. Los 508 gallegos entendieron cual era su futuro. En seis meses se plantaron con la sociedad establecida, CUTCSA y el gobierno uruguayo tuvo que cumplir su palabra. De la evolución de la compañía solo basta decir que estuvieron a punto de comprar la empresa de aviación comercial de bandera uruguaya y que su negocio se sigue diversificando. Ninguno de aquellos propietarios abandonó el trabajo y además, supieron ser generosos con la riada de compatriotas que recalaban en Montevideo. Otro ejemplo de unión, confianza y visión de futuro.

Puestos en Galicia

Puestos en Galicia, a poco que se le acaricie la panza, se descubre que solo hay un gallego y son las condiciones no dadas las que impiden que surjan las mismas actitudes ante la vida. No existe voluntad política en ninguno de los tres partidos gallegos, digamos tradicionales, en revertir la situación: el PP porque defienden el amiguismo como sistema productivo y son incapaces de ver la rentabilidad al conocimiento; el PSOE porque carece de líderes aptos para ejecutar ese ideario imaginario que dicen tener; y el BNG porque está inmerso en una única lucha por el idioma y posterga otras políticas a no sé cuándo.

El gallego tiene las mismas capacidades que cualquier otra nacionalidad. Se expresa, si puede, singularmente pero ni es más trabajador ni más burro que nadie. Los pueblos tienen que tener las herramientas para crecer en su propio modelo. Mentirles como en el pasado donde no había nadie mejor en el orbe, no ayuda. Tampoco mentirles como en el presente donde no hay nadie peor. Durante años he trabajado en Galicia y he sudado la capacidad de su gente. Hay talento e innovación. Hay ganas. Hay mucha creatividad. Solo falta quitarse la pelusa de pueblo trabajador como singularidad. Solo falta quitarse el amiguismo como potenciador de inquietudes.

A mí entender, la riqueza de Galicia está en el sector primario, el más abierto al conocimiento y el más necesario para el futuro porque hasta que nos superen las máquinas, necesitamos comer. Los políticos actuales miran a la mar o al rural como un lastre del pasado, de esa imagen de emigración. Y no es así. Es futuro. Es hectárea productiva. Es industria pesquera sostenible. Es mi opinión. Lo demás, los servicios, nacen de las necesidades de modelos que lo tienen claro.

Existe un solo gallego y es tan bueno o jodido como el uruguayo. Necesita las herramientas para desarrollar todo su potencial. Yo lo aprendí en la cama que es como se conocen los idiomas. En las intensas previas y los eternos cigarrillos posteriores. Todo está a la vista de quien quiera verlo. La suerte fue mi traductora que se olvidó de folclore y tipismos para explicarme que acá, como en otros lados, lo gallego tiene muchas y más ricas lecturas.