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La culpa fue del chachachá

La culpa es de Francia. La culpa es del no gobierno, véase anarquía resultante y olvidada de la postguerra de liberación en Libia que yace traspapelada sobre un escritorio de asuntos a reparar del Subsecretario de la Secretaria de la Dirección Internacional para el Desarrollo de Democracias, Asuntos Religiosos y Explotación de Materias Primas Público-Privada de Naciones Unidas (SSDIDDAREMPPPNA por sus siglas en esperanto y espanto). La culpa es de Marruecos que chantajea a las bienintencionadas democracias europeas con el Sáhara Occidental. La culpa es de Turquía nostálgica del Imperio Otomano codiciosa, rara, entre europea y asiática, conflictiva, poco fiable, digna de una pasión y por ello pasajera, despechada. La culpa es de Siria, otro caso casi parecido de la SSDIDDAREMPPPNA. La culpa es de Argelia, temida y acariciada. La culpa es de Mauritania (bueno, primero aclaremos que linda con Marruecos y Senegal). Este, Senegal, también tiene la culpa. La culpa es de Guinea Conakry, Togo, Nigeria, Guinea Ecuatorial, Costa de Marfil, Mali, Congo, Benín, Camerún, Liberia, Sudán del Sur y Norte, Ghana. La culpa es de Irak que no reconstruye con los buenos, geniales, de vaqueros y lentes de sol contratistas y así no hay que viva. La culpa es de Afganistán donde gobiernan los malos más malos, pero recontra malos (los veremos en alguna película del 007 porque Rambo tenía el límite intelectual que tenía y los confundió con los “luchadores por la libertad” y parece ser que en el fondo le tomaban el pelo, de ahí la vincha en su pelo, como al matón de esquina). La culpa es de China que anda sobrada de personas y se alivia por los aliviaderos fronterizos para colonizar a los que, toc-toc, tocan su muralla. La culpa es del islam, ya lo dijo un apóstol obispo de Valencia, que disfraza de desesperación a sus muyahidines de corta edad. La culpa es de Bielorrusia, que ya es culpable por el nombre, por ser peón de la Madre Rusia que es tan genéticamente mala como lo fue la URSS. La culpa es de todas esas organizaciones, que tienen que marxistas porque de otra forma no se entiende, que los socorren en las aguas que rodean la península euroasiática. La culpa, sin género de dudas porque las otras pueden entrar en colisión con algunos intereses lícitos, democráticos, empresariales, geoestratégicos es de las MAFIAS DE LOS CONTRABANDISTAS HUMANOS, unos seres que imaginamos sucios, sin afeitar, tiradores de pedos y balas, con algún diente de oro, poco leídos, moradores de mansiones agujereadas, pero con piscina que utilizan de urinario, ordinarios. Sin duda, ellos son los culpables.

Anoche, en lo que fue el corazón y ahora es una frontera de Europa, 31 personas murieron en el Canal de la Mancha en sus aguas congeladas. Los habían visto zarpar. Una más de las 25 embarcaciones que se adentraron rumbo a las islas del Atlántico, esas que están sufriendo porque no podrán comprar todos sus regalos, emborracharse a gusto, manejar su automóvil para ir a recoger a los abuelos del cotolengo porque les falta trabajadores. Trabajadores blancos, cristianos, que agradezcan con un thank you.

Quizás, haciendo propio aquello que escribió en 1792 Rouget de l’Isle navegaron al son de la marcha de “¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!, que tanto emociona cuando van por los Campos Elíseos.

La cifra es secreto de estado. Tiene demasiados ceros. En décadas las muertes se han convertido en noticia de relleno. Alguna vez, cuando interesa, uno o dos días salta a la primera plana-se sacan fotos-prometen medidas-recursos-se muestran sorprendidos-hasta derraman una mediática lágrima y pasan página. La culpa es de. La culpa es de. La culpa fue del chachachá que cantaban los Gabinete Caligari.

Al Maestro con cariño

Cuando Sr. Thackeray llegó, ya veterano, a dar clase en un centro de Chicago, eligió aceptar el reto de hacerlo en el curso “H”, de los alumnos horribles. Sus nuevos alumnos son estudiantes hispanos, negros y blancos que son ruidosos, rebeldes y empeñados en comportamientos destructivos. Como hizo en Londres, él comienza enseñándoles el respeto por los demás. Se dirige a ellos como el señor X o la señorita Y, y espera a ser llamado el Sr. Thackeray. Poco a poco se entera de sus historias personales: Wilsie (Christian Payton) es el líder de la banda que protege a su hermano menor. Otra es una mujer afroamericana que lucha doblemente contra los prejuicios. Evie (Dana Eskelson) está creciendo sin padres y esconde esto para evitar ser adoptada. Así, cada uno es una historia a conocer y ofrecerle una mirada diferente.

El viernes, echaron con muy poco estilo o al estilo de los neoliberales, al “Maestro” Óscar Washington Tabárez, tras 15 años de proceso al frente de la selección uruguaya. Aducen falta de resultados. La realidad es otra. El Maestro era una piedra en el zapato en el marketing gubernamental, una imagen sólida fruto a su mirada diferente sobre el aglutinante e imperioso mundo del fútbol donde sus protagonistas han crecido (salvo casos puntuales) desde la crudeza de sus realidades sociales a un posible estrellato renunciando a los mecanismos que sociabilizan en una sociedad. Es el “a toda costa”, es la esperanza, es el juego del contacto donde los jugadores sí manejan la bronca y la osadía. No importa la opinión de quienes pagan tribuna. Ya era mala y nada, durante su efímera carrera, les convertirá en lo que no aspiran ser a ojos de los “doctores”.

Óscar Washington Tabárez como el Sr. Thackeray, son un grano en el culo del sistema que demanda producir y desechar personas. Durante 15 años, pero sobre todo en los últimos 10 años, el “proceso” Tabárez ha suscitado interés en el mundo tanto por lo deportivo, pero sobre todo, por hacer inclusiva la figura de las grandes estrellas que juegan en las ligas del Norte en un entorno. Conocer sus realidades vitales, empatizar con las mismas, tratar y exigir el respeto al Otro, sea cual fuese la función, ha marcado un antes y un después. La hinchada, siempre demandante de éxitos futbolísticos, se sintió participe, orgullosa de sus figuras y comprensivas con la idea de planificar, de estar en un rumbo concreto.

Se sabe que el neoliberalismo se significa por la figura del líder (aunque detrás estén los accionistas que obtienen los beneficios). El Maestro era rival para el Presidente. Le recordaba que hay otras formas de dirigir, que la planificación a medio y largo plazo la vuelve sostenible, que el efectismo tiene las patas cortas, que al carisma se lo comen los años como la pintura, que el fútbol sienta juntos en la cancha a muchas ideologías durante 90 minutos, que internacionalmente es más respetado y seguido Tabárez que su desconocida e intranscendente figura (una más de tantos líderes neoliberales), que es herencia de otra forma de ver y mirar la vida y que para un país fiado a las exportaciones, Tabárez es/era (su proceso) un valor que él nunca alcanzará.

Sí, ha habido un estallido de muestras de desagrado (aunque peligre la participación en el mundial de fútbol) por su cese (en tiempo y forma ruines). Pero sobre todo, un reconocimiento a quien supo maestro de escuela y de jugadores que publican: “al Maestro con cariño”. Lo de Uruguay Campeón, es secundario. Y lo del Presidente, tan solo es y será el número 52.

Prelovers

El COP26 se celebró en Glasgow y fue, como las anteriores reuniones, de obligada cobertura informativa pese a saber de antemano que nada saldría de ahí. Sabemos quienes nos gobiernan. Lo único bueno es poder identificarlos culpables o comprar que siguen a una estrella desde el oriente. Y van 26 reuniones al pepe y de cambio ahora se habla de crisis.

No todo es malo, la semántica está cambiando. Se ha detectado que la pandemia aceleró el manejo de una terminología aspiracional sobre el clima vía desastres “naturales”. Lo verde (green suena más cool)-sostenible-reciclado no molesta; es más, lo greener ha entrado en las empresas como un modelo de negocio en sí mismo.

pero, ¿para quién? La DW, hace unas semanas emitió un revelador reportaje sobre un sector de los que más felicidade sim fim produce: el textil low cost o rápido o depredador o filantrópico. Resulta que la adicción a la compra compulsiva antes tratada como una patología es en realidad una pandemia que não tem fim.

en datos, breve y en el contexto de las sociedades libres y democráticas que han alcanzado un nivel de desarrollo importante gracias a las generaciones mejor preparadas de la historia (risas), según Greenpeace es:

. el 60% de la ropa rápida va a la basura en un año

. el 40% de la ropa rápida nunca se usa (en serio las personas compran para no usar. Sí)

. el promedio de uso de una prenda no básica (tipo top) es de: 1,7 veces

. el consumo medio anual por persona (en las sociedades automatizadas) es de 26 kilos de ropa (el colesterol textil, supongo)

para este dislate, la industria produce 120.000.000.000 (los ceros marean; 120 mil millones) de prendas al año (podríamos decir que 15 prendas por persona, pero la realidad es que la clientela se ubica en un tercio de la población mundial lo que da aproximadamente 60 prendas per cápita), a través de 52 microcolecciones; es decir, una a la semana (corred, corred malditos que el mundo se acaba)

Alguien que le ponga el cascabel a los gatos del COP26 parece complicado si sus votantes adquieren la felicidad así. Será que el estado del bienestar era esto.

La realidad es que no existe un marco regulatorio en Europa (los países se escudan tras las autoridades europeas para no legislar en la materia), si bien los datos escuecen. Las marcas al quite ya plantean estrategias de marketing para evitar el sentimiento de culpa o la concienciación de los clientes hablando de economía circular, sostenibilidad, greener (si nos compras) y van allá (autocrítica implícita): “convertimos tu basura en ropa nueva”.

Reciclar la ropa, en palabras de Kial Nebel de la Universidad de Reutlingen (Alemania), es imposible por la baja calidad de la misma (70% son fibras sintéticas derivadas del petróleo). Podrían decir, tu ropita viene de una botella de plástico reciclado, pero ese mensaje no gusta.

El “convertimos tu basura (es decir, compras basura, te lo digo, pero te hace feliz) en ropa nueva” es un plan para que las personas depositen las prendas en contenedores que después se venden al mercado de residuos. Una parte pequeña, ínfima porque quienes producen 52 microcolecciones anuales no dan calidad para ser reutilizada, va al mercado vintage. La inmensa mayoría se transforma en trapos o en material de combustión para los menos favorecidos de Europa del Este que la emplean como sustituto del carbón y leña en las estufas domésticas. Queman ropa, ropa de petróleo y no hay que ser científico para saber sus efectos en la salud para los moradores y el consecuente problema de contaminación de la atmósfera (las decenas de miles de casas devenidas micro emisores cuasi industriales).

No vale la pena ni citar las marcas. Son más de las que uno piensa. Y producen felicidad.

Aseguran los científicos de la universidad de Reutlingen que la industria podía para de producir y el mundo tendría ropa para 10 o 15 años. Ay, estos científicos que no saben de moda tendencia placer goce, de entrar en la tienda o esperar a que suene el timbre con el mensajero y su paquete.

También dicen que la única sostenibilidad es frenar el consumo, hacerlo responsable, adecuado a las necesidades demandando calidad real  o acudir a esa segunda mano que comparte y reutiliza (que no es nuevo porque quién no ha transmitido o heredado la ropa de familiares o amigos) y que tiene a bien conocerse como vintage o prelovers, pre-amantes de otro placer y goce. ¿Recuerdan? «Qué no le importe mi ropa, si total me voy a desvestir…», cantaban los Sui Generis.

meta-verso, un puro-verso

(hay imágenes imborrables) Esta es en el cruce de 18 de Julio y Ejido (pleno centro montevideano): estoy parado delante del semáforo, en la vereda de enfrente en diagonal y hay una cola de personas para entrar en una de las nuevas hamburguesería de una cadena estadounidense. Recién arrancó la década de los 90 y no entiendo nada. O sí y me resisto de puro asombro. Cómo (me pregunto) una población con cultura carnívora acostumbrada a la paleta, aguja, asado, pulpón, cuadril, lomo, nalga, peceto (por decir algunos) se autoconvocan a ingerir esa masa de carne picada de opaca procedencia que necesita enmascararse con salsas y otros aditivos que acompañan con papas fritas congeladas (con la mayoría de las adicciones necesitan romper la barrera del cuerpo y recuerdo haberlas probado y sentir, a los minutos, una extraña sensación en mi panza). los miro. los supongo dando el primer mordisco. los creo transportándose a un mundo de dibujitos animados -estatuas de la libertad- ruta 66 en 6 cilindros-bandas de rock blancas con solo estribillos-parques de atracciones con ratones y patos-surferos recién teñidos al atardecer-cowboys fumando sobre el caballo. Fin de la imagen.

Mark Zuckerberg, lo siento, a lo mejor es de carne y hueso pero desde que apareció en la escena pública tuve la sensación de estar viendo un cyborg un androide o un robot revestido de piel humana. Será su inexpresividad facial, el mecánico y perfecto corte de pelo que enmarca su androide mirada, esa piel de apariencia silicona, neutra, anclada de una eterna franja etaria en la adolescencia de la adultez. Un blanquito sin rasgos.

La pegó con las redes sociales. Incuestionable por sus apuntes contables. Entramos todos, de alguna manera estamos todos (el todos solo hace referencia a un tercio de la población mundial, que parece ser, es el número que secretamente estiman como viables-público objetivo-ideales-perfiles). Supongo (me pregunto) que todos han sentido en algún momento hastío impotencia disgusto repudio en esos mundos paralelos de las redes sociales donde forzadamente participamos y que si decidimos (decidir es un verbo claramente comprometido que cada día más se arrincona tan solo en las constituciones).

La pegó, pero se pasó de frenada. Todas las redes carecen de airbag para cuando chocan en sus delirantes trayectorias con la realidad palpable. Y, lo juro que no lo digo a mal pero sigo pensando que es un robot, está en na procura de imponer un nuevo consumo: el metaverso. Un nuevo mundo paralelo para el futuro donde se participa de lleno o a medias pero siempre a escala 1:1. Cada día un ejemplo nuevo, una solución nueva a una necesidad que desconocíamos tener, pero en nada tendremos. A alguien se le ocurre dudar que en el mundo de todos futuro nos levantemos cada mañana en dos, tres, cuatro, tropecientos mundos paralelos deseados y necesitados como vitales (otra vez me pregunto, pero ya sé la respuesta). Instantes y momentos orgásmicos ad-hoc (a los aromas de dos con sus infinitas combinaciones, uno prefabricado como las salsas de las hamburguesas. seguro que gustará)

El mundo de los mundos paralelos que habitamos cuando consumimos tiene larga data; despiertos o en sueños. No seamos malos, es una de nuestras debilidades. La ficción. En todas sus acepciones soportes canales. Seguramente en la sede de Menlo Park, allá en California (estado con nombre de mítica leyenda medieval de proezas o de cálida fornax, vaya uno a saber), hayan desechado la chicana rioplatense de llamarle al verso como sinónimo de relato adornado o directamente mentira. Y si bien no crearon el término, ahora lo abanderan e imponen. Y (qué le voy a hacer), me viene la imagen de una hermosa librería llamada Puro Verso. Y es lo que es el meta-verso, un puro-verso de universos que los que vienen atrás ingerirán. Veremos si mantienen la chicana de reírse de sí mismos. (por favor)

«Sé gitana, lo pasarás bien»

“Soy tu esclava” desnuda de rodillas aquella militante de los derechos daba rienda suelta al juego de abandonar por un momento a la militancia de café constreñida en la diaria a lo que los demás ven en una construcción de años. nada de contradicción ni de severa mirada ni experimentación ni psicoanálisis. mucho de coherencia de libertad de sensibilidad de insolencia. amor. arte-sano real-acto. con espejos. sin partituras. apenas un instante de claridad sin cilicio para mortificar la cabeza con lo educado reiterado tatuado consensuado: eso no; se hace se dice se piensa se siente se cree. es por tu bien por tu imagen por tu marca personal.

“Cuando crezcas Cristinita sé gitana, lo pasarás bien” le repetía el viejo a su hija tras los paseos reglados por el Parque de los Aliados sabedor que era cuestión de tiempo que ella le encontrase sentido al deseo paternal. Eterna certeza atemporal de no sucumbir a las normas escritas o no dictadas o no impuestas a la fuerza o no, pero impuestas para domar hasta la mansedumbre el alma que no existe, pero existe. “Sé gitana, lo pasarás bien” en tiempos del cuello de botella suena lindo, irredento, libre, nómade, interpretable, lleno de amor gastado.

Cristinita creció a Cristina con la frase para sus adentros. Se convirtió en una maravillosa poliédrica incógnita. pasar bien es conocer pasar mal, es de suponer porque qué carajo necesitamos saber de la otra persona más allá de los instantes compartidos.

100 años

“hoy el abuelo cumpliría 100 años. piénselo durante un instante, inventen sus palabras y gestos, pero no le manden ningún mensaje porque no usa whatsapp. besos”, fue la comunicación madrugadora aún exenta por imposible de exclamaciones de felicidad, recuerdo almibarado-distorsionado-afectuoso de quienes aguantamos un otoño que avanza cuando realidad deberíamos estar en una polinizada primavera que despunta. Desordenado en su orden, ajeno en su presencia, padre soltero, ateo por varias iglesias, futbolista-boxeador-estudiante-carpintero-diseñador y médico de juguetes inconcluso, pasajero trasatlántico mareado, accidentado motorista e incurable tragador de kilómetros con los sentidos, apostador impenitente de perdedores e hincha porque los ganadores no lo serían sin los perdedores, de valores suyos casi siempre, solía contar anécdotas donde habitualmente salía mal parado para encontrar la humanidad del error y desmontar la frialdad del éxito. Sencillamente complicado para llevar la contra a la norma. Felizmente infeliz o infelizmente feliz es un tema que a nadie más que a él le competía. Y con todo el entrevero hizo lo que pudo, mucho o poco bien o mal aprobado o reprobado. Con 82 años su cuerpo gastado bien de bien dijo basta. Fue a estas horas. No está, pero estuvo.

El código: ZARA ZEROU

Seguramente han vivido en el pasado o estado cerca de la escena donde un portero impertérrito, brazos cruzados escalón alto mirada en fuga, niega la entrada a un local de copas por llevar zapatillas deportivas. ZEROU. O tal vez, en un casino-restaurante-club social, con modales más amables pero igualmente implacables, ofrecen por no armar lío-escandalo-incomodidad una corbata para el ingreso a esos templos de unos pocos donde se forjan acuerdos privados sin registro o se apuestan premoniciones. ZEROU. O más infrecuentes pero existentes clubes de “caballeros” donde las “damas” no tienen acceso a bibliotecas con grandes chimeneas para dormitar en sillones orejones tras un “agotador” 18 calles de tees y green, rodeado de pelotudos vestidos de miamenses años 60. ZEROU. Sí, seguramente, o no, probablemente, han sido víctimas o visto cómo en supermercados-aeropuertos se olfatea-detecta-vigila y se separa a quienes son diferentes (quién alguna-varias-muchas veces tiene pinta de cansado-despistado-recién levantado-no duchado). ZEROU. (he de decir que por razones que no vienen al caso, los “malos” no tienen pinta de malos. Les va en el negocio y no aplica ZEROU).

ZEROU ZEROU ZEROU, intuimos que hay muchos más ZEROU de lo que sospechamos y muchas más “razones” de las que creemos para discriminar en la diaria.

Es el caso de emblemática-carismática-ejemplar marca ZARA. De ella como de su matriz INDITEX solo cabe señalar maravillas y llenar páginas de loas a su buen hacer. Señalar o cuestionar comportamientos es de resentidos y en los medios de comunicación no tiene cabida más que con un sonoro silencio. Y lo que no se publica o se ve, no existe. Eso en España, pero fuera…

El 21 de octubre de 2020, la policía de Fortaleza (Estado de Ceará), Brasil, daba un rueda de prensa para informar de la detención del gerente de la tienda de Zara en el shopping de Iguatemi, acusado en virtud del artículo 5 de la Ley de Delitos Raciales por negar el acceso o atender a una persona por su color de piel o tipo de vestimenta (“ropas sencillas”).

El hecho surge de la expulsión de la tienda en septiembre de una persona negra que, para desgracia del gerente, era comisaria de policía. De ahí en más se abrió una investigación donde se detectó que no era un caso aislado y que existía una orientación para los empleados a la hora de identificar personas “que tuviesen estereotipos fuera del patrón de la tienda”. Los clientes negros o con ropas sencillas hacían saltar el CÓDIGO ZARA ZEROU, que era transmitido por el sistema de sonido de la tienda para que los equipos estuviesen en “ESTADO DE ALERTA”. «A partir ese momento la persona no sería tratada más como un cliente y sí como una persona nociva que debería ser seguida de cerca por el personal”, detalló el jefe de policía.

Zara/Inditex en Brasil solo adujo que eran protocolos derivados de la pandemia Covid-19, pero las investigaciones demuestran más una conducta racista y discriminatoria que sanitaria. Se verá cuando se juzgue si es política de empresa en la filial de Brasil o iniciativa del gerente de la tienda (que enfrentaría una pena de 1 a 3 años en caso de condena).

Todo hay que decirlo, preguntadas fuentes locales, no existe el CÓDIGO ZARA ZEROU en España. Es más, aquí las tiendas son “pet friendly”, pero ya se sabe que las personas no somos mascotas. Y sí, el código ZEROU sea en ZARA Brasil o en cualquier otro establecimiento es RACISMO.

tinta invisble pero Indeleble

Hay un ejercicio que practico y no recuerdo desde cuando, pero presumo que debió ser cuando aún tenía anuda la lengua y por alguno motivo que desconozco, pero presumo fruto de  mi hiperactividad y la saturación-desquicie-ineficiencia de tirar las orejas-oídos sordos de los dioses invocados, encontré un lugar donde pasar el rato: el zaguán (lamentablemente soy gurí de apartamento años 50 tres alturas más azotea con taller y no disfruté del ecléctico de maestros italianos con balcones a un metro de la calle. Lo digo porque soy zaguán de mármol y baldosa imposible de calentar por muchas horas de asiento). Uno más, nada excepcional. Del zaguán a la esquina-banco de plaza- de rambla-de los bancos de territorios encontrados, es mi ejercicio practicado que practico que practicaré: observar.

Observar sin prejuzgar, sólo superponiendo imágenes, olores, gestos, palabras oídas, ritmos. Observar por curiosidad tiene una primera conclusión: dudar de la tinta visible presentada como un acto de fe con sus verdades-armonías-aceptaciones-jerarquías. De chico ya te das cuenta que algo no cuadra. De chico ya sabes que cuestionar el relato te traerá problemas. Pero algo no cuadra. Se ve, no cuadra. Sean los territorios que sean la perfección del relato que atribuye identidad está novelado y sus protagonistas, con buenos y malos, con obsecuentes y cuestionadores, tapan la mar de dudas que surgen a poco que se siente uno a mirar-curiosear-vaguear; da igual.

Sentado a miles de kilómetros aquellas superposición de imágenes se vuelven más nítidas con el estudio científico:

la primera

falso que es “un país sin indios” como proclama la historia oficial ya que hay un 14% de la población con ancestría genética indígena

la segunda

falso “el éxito del genocidio” que ya me revolvía las entrañas de chico cuando tal hecho se presentaba en los libros como una suerte de destino manifiesto con comprensión-sin crudeza-mostrando resultados que éramos nosotros, los casi europeos blanquitos civilizados enclavados en un continente demasiado indígena y por ello abocado a no lograr un pleno desarrollo cognitivo

la tercera

verdadero penoso cruel bárbaro miserable el éxito del etnocidio sobre las poblaciones originarias donde con esa mirada decimonónica de civilización-progreso, las políticas aplicadas por la ilustración local se fundamentó en tatuar la idea de que lo importante era destruir la base cultural de las poblaciones nativas: los indios no se tienen que reconocer como indios

la cuarta

el desconocimiento de los orígenes de las poblaciones nativas, la simplificación del relato, la bondad de unos frente a la maldad de otros. poco o nada es el relacionamiento de la macroetnia charrúa (acá vendrán más episodios para dar y quitar envergaduras y mitos) con los guaraníes (me pincharon el globo de la infancia donde éstos eran los culpables del asado con Juan Díaz de Solís) y, por el contrario, un lógico mestizaje con nativos argentinos y chilenos, en especial con los mesopotámicos diaguitas

la quinta

los franciscanos buscaban almas y sexo ya que se fija los primeros mestizajes con europeos sobre 1658, cuando establecen la misión en Soriano y la segunda, cuando los portugueses fundan Colonia de Sacramento (1683) donde aparecen rastros de mestizajes con europeos pero también con africanos, los esclavos de los lusos

la sexta

que es secundaria al proyecto pero general al estudio del genoma de cada individuo es que el saber SÍ ocupa espacio ya que portamos alrededor de 5 millones de datos para escrutar lo que supone en términos actuales unos 300 gigas de almacenamiento y un tera para su procesamiento.

Lucía Spangenberg y Hugo Naya son dos de los investigadores del proyecto “Urugenomes” en el que participan científicos de varios países (asiáticos-europeos-americanos) que de alguna manera están pateando en el culo al mito fundacional uruguayo a través de los dos pares de 23 cromosomas que nos habitan y como puntapié inicial es la publicación en la revista francesa Corps del artículo de divulgación “El genoma humano: la tinta invisible (pero indeleble) de nuestra historia”.

Que la tinta sea invisible forma parte del relato que aún hoy está anclado en los planes de estudio y en la esfera de lo público. Alguien se preguntó una vez que sin los romanos los pueblos romanizados ¿serían mudos? Sentarse a mirar es un buen ejercicio y quema calorías. La ciencia, con todos sus recaudos éticos, empieza a desmontar sin proponerse esa labor, pero desmontar, lo que es visible, pero es invisible oficialmente por culpa de nuestra huella que, mamá papá abuelas abuelos bisabuelas y bisabuelos…, nos han escrito con tinta indeleble.

Koalas

“EL GRAN REINICIO”, presentado en Davos en junio 2020 era claro. La puesta en escena con el príncipe Carlos de Gales adecuada para la élite financiera, tecnológica y política mundial. Un plan, un planazo diría una colega, llena de sostenibilidad innovación ideas justicia igualdad oportunidades e inteligencia artificial. Un mundo feliz pospandemia distópico pero aggiornado como el descrito por Aldous Leonard Huxley con esas nuevas viejas reseteadas castas de: élites, subalternos que se saben creen intuyen posibles, aguantes que esperan un boleto de lotería y los más que como antes y en el futuro no cuentan.

Un mundo feliz lleno de mensajes muchos mensajes un mar de mensajes por todos los canales y soportes, por todas las plumas bocas e imágenes para saber que se está avanzando hacía “EL GRAN REINICIO”

mensajes

tóxicos

si utilizas harás posible, si compras mejorarás el aire, si me permites destruir te compensaré creando, si eres responsable lo seremos contigo, si viajas serás sostenible, si tu vida es energía haremos paisajes, si tienes necesidades te las alimentamos biodegradablemente, si eres sensible te plantamos un árbol, si hay algo quieras te lo diseñamos, pero sigue avanzando comprando consumiendo teniendo porque, carajo, bien los sabes, somos parte de ti de tus alegrías de tu felicidad de tu relacionamiento de tu imagen de tus mañanas satisfechas de tus emociones de tus sentidos de tu ruta vital de tu epitafio (por favor, joder, no te quedes sentado al lado del camino no les des vueltas a las cosas a la tontería del criterio a la duda porque, ¡mierda!, solo se vive una vez y lo sabes)

Los koalas tienen un método para alimentarse con la hoja del eucalipto que es tan tóxica como el cianuro, pero es su alimentación base. Nacen si esa capacidad. Durante los primeros meses, la hembra los alimenta con leche y con una papilla de excrementos que la cría come. En esa papilla de mierda va dotándoles de las bacterias que le permitirán metabolizar lo tóxico de la hoja del eucalipto. Y alimentarse. Y vivir su indolencia. Porque este marsupial que lo confunde con un oso y que todos le aplicamos el diminutivo por su lentitud y adorable figura hasta el punto de ser un clásico del mundo peluche es, lo dice la ciencia (por las dudas), básicamente lerdo, incapaz de reconocer su alimento si no está en el árbol, de buscar otras hojas que tengan más nutrientes que la pobre y tóxica hoja del eucalipto (por eso se la pasan durmiendo 20 horas al día).

Suena conocido eso de educar el cuerpo para ingerir tóxicos sin inmutarse, metabolizar  y dormitar. Pero bueno, estamos yendo a “EL GRAN REINICIO”, lo dijo el príncipe Carlos y el Foro Mundial Económico y en nuestros bosques de eucaliptos los posibles están entusiasmados, los aguante siguen esperando el golpe de suerte y los más, no cuentan.  

Bienvenido Sr. Colón

En la previa de la llegada con las bandas metiendo tambores y trompetas para marcar el paso, las poblaciones se engalanan con la Cruz de Borgoña para recibir a la potencia que terminó con 8 siglos de infieles musulmanes, que antes habían terminado con los arrianos visigodos, que antes habían terminado con los imperiales romanos, que antes habían terminado con los belicosos cartaginenses, que antes habían terminado con los contradictorios helenos, mestizos celtiberos que un lado eran celtas y en otros íberos, que antes habían terminado con los ambulantes fenicios que antes, quizás, fueron tartessos que es casi decir que atlantes. Mucha sangre derramada; o eso parece.

Como en la fantástica película de Berlanga, cada habitante sueña con lo que supondrá la visita, la cultura que traerán, el dinero que aportarán y los mercados que se abrirán allá donde amanece cada día, las ciudades que crearán para vivir, los artilugios que les harán más cómoda la vida, los portentosos africanos para esclavizar, una única lengua para hablar y enviar mensajes y único dios para temer.

Y ensayan canciones para recibirlos, quizás, con la voz ronca y rota de José Isbert, o fresca como Lolita Sevilla: “Castellanos, vienen a Abya Yala gordos y sanos; Viva el tronío y viva un pueblo con poderío…”.

Por suerte en Villar del Río la caravana no se detuvo. Las esperanzas quedaron en sueños. Abya Yala, definitivamente América, se sumió en una pesadilla hasta convertirse en el territorio más desigual e injusto del mundo. Había un plan, pero los que llegaron no estaban gordos, menos sanos y Colón no era el bote que cantaban los Pegamoides aunque se lo tomaron en serio blanquear. Falta química. Nos estamos viendo, dice la más hermosa despedida mexicana.