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Y dale alegría a mi corazón

Mi hijo se va a Río de Janeiro (recuerdo a Carlitos cuando tenía 17 años y le avisé que me iba a Marruecos de mochilero y decirme: ¡qué envidia! Si tuviese tu edad, me iba de cabeza). Asumida la envidia, estoy contento muy contento recontento y pesado, todo hay que decirlo. Es Brasil. Pese a lo que pese y los conceptos preconcebidos de la industria del entretenimiento, volver a Brasil está bueno. Le envío por la mensajería electrónica pulgas de cosas variadas. Es Brasil (ya lo dije). Por suerte no me hace mucho caso, cumple la estricta cortesía hijo-viejo, salvo en los almuerzos que estoico aguanta anécdotas relatos de los culpables de nuestra existencia relacionados con Brasil. Uno que en casa tenemos asociado con el Pan de Azúcar es el aeropuerto Santos Dumont porque parece que un familiar hace la intemerata de tiempo tuvo casi un accidente, de eso que convierte en anécdota por su condición de “zafaste por los pelos”. Pista corta al lado del mar, con el Pan de Azúcar para esquivar. Es decir, subimos para verlo e imaginarlo pisando el freno, sacándole humo a las ruedas. Ver Santos Dumont nos detiene para saber lo que pasa.

Ayer saltó la noticia y en las redes se festejó con profusa alegría: “Hackearam um painel do aeroporto Santos Dumont e botaram pornô kkkkkkkkk o brasileiro não tem UM DIA DE PAZ!!!”. Durante un buen rato el perfume auto whisky paraíso con palmeras lentes de sol… y todo el llamado producto de lujo, le hicieron un hueco a vídeos pornográficos (justo ahora que los hackeos son sinónimo de caballo alado israelí que te espía de datos, muchos datos, de big data de estafas económicas de guerras…). Otro bromeó con “parece que mucha gente perdió sus vuelos hoy», pero sin dudas el mejor le agregó al nombre: «bienvenidos al Aeroporno Santos Dumont (lo que me lleva a recordar al familiar y en lo qué estaría pensado para hacer aquel desastroso aterrizaje)». En la crónica que no está firmada pero seguramente es una persona con buen sentido de humor y la exacta dosis de sarcasmo señala: “Tampoco faltaron los aguafiestas: «Imagínese a las personas que viajan con niños», se quejó un usuario, «qué falta de respeto», detalló otro sin agregar qué atropello a la razón”.

Contradiciendo en parte y sin acritud a Juan José Millás que apuesta, en estos tiempos, por correr para que la actualidad no te atrape, creo que hay actualidades que nos deben abrazar porque no llueve, hace sol y la temperatura está agradable.

Otra actualidad reconfortante (seguramente impúdica para los viejos thatcherianos) es la que implica a los que 82 vieron salir de su puerto a parte de la flota para guerrear en territorios de ultramar contra los argentinos, los que le compiten a los cavernosos y legendarios escarabajos porque en la cancha y en esos tránsitos cuando todo se viene abajo y hay que inventarse una forma de vivir a los ponchazos, nunca caminan solos han incorporado a sus cánticos una canción del flaco de Rosario, Fito Páez, haciéndola propia a medio trayecto entre la suplica el reclamo la promesa: “Y dale alegría a mi corazón”. Seguramente tengo diferencias con muchos de ellos en ciertas miradas políticas, pero nadie podrá convencerme que también hay confluencias sensaciones que hacen del fatalismo una insolente alegría. O una risa fácil.

Un Estado psicópata pare sociópatas

Un psicópata es una persona/Estado (lo añado y espero explicarme) narcisista, que no siente empatía hacia el sufrimiento ajeno, ni remordimientos, con una elevada inteligencia que le permite manipular a quienes tiene alrededor, y que suele reincidir en sus acciones.

Estados Unidos es un Estado psicópata. Definitivamente. Conducido desde los púlpitos, explicado por la industria del entretenimiento, en perpetuo estado de guerra interna y externa contra la impureza intelectual, racial, económica que siente como ofensa, con mandamientos bíblicos como sistema jurídico, narcotizados por un sueño primario y primitivo donde matar es aceptable loable defendible, un daño colateral de su destino manifiesto.

Un Estado narcisista que se autopercibe define siente como el pueblo elegido blanco-protestante-anglosajón post nórdico-dueño de la razón-inventor de la democracia libertades derechos-hacedor de sueños-poseedor del bien de la pureza frente al mal de impureza de las “razas inferiores”-de las creencias erróneas-incapacidad intelectual-de las libertades innecesarias-de las democracias mestizas-la vagancia-la deformidad.

La falta de empatía ante el sufrimiento ajeno ha forjado su expansión territorial y su poder económico, a través del aniquilamiento exterminio e incumplimiento de leyes y tratados con los pueblos originarios, los “indios”, con sus vecinos mestizos impuros degenerados, con los que eran difícil de ubicar en un mapa. Y su poderío económico en el que sustentan su cuerpo legislativo, sus derechos y libertades corporativas, en la esclavitud, esa fuente de energía que mueve la economía gracias al trabajo esclavo de personas que parecen ser pero no lo son, que deben agradecer su transformación de animales a esclavos.

Ni remordimiento tiene cabida en su construcción identitaria del destino manifiesto (divino y llamado a cumplirse) desbordado de matanzas robos esclavitud (formalmente erradica y realmente sostenida a través de la falta de derechos, del sobrante de guetos de los nuevos campos de algodón que son las cárceles) invasiones golpes de estado en países de medio mundo bombardeos por tierra mar y aire, de los  nucleares químicos…

Una elevada inteligencia destinada a manipular a su entorno por ser considerarse sentirse víctimas con derecho a la violenta legítima defensa. Basta acudir a los archivos de sus administraciones, a las actas de sus cámaras, a los discursos oficiales de sus políticos, a las bibliotecas, a las hemerotecas de los medios de comunicación para recabar que una mala mirada, una palabra mal ubicada, un error de interpretación, una libertad innecesaria, un exceso de natalidad fueron son y serán motivo más que suficiente para desencadenar una justa y sanadora masacre, intervención, bloqueo, castigo porque la letra con sangre entra. Y así, la esclavitud se justifica como libertad y las guerras como misiones pastorales y el amarillismo y las fake-news en premio a la libertad de prensa (tiene pelotas que el coinventor de la desinformación amarillista, Pulitzer se haya convertido en el máximo premio a la libertad de prensa).

Reincidir en sus acciones es la pauta de los psicópatas y así es su historia, no la del entretenimiento, la que les acompaña en “su normalidad” desde el XVIII al presente y el futuro que vendrá. Sorprenderse por un Trump es desconocer la larga lista de presidentes habidos en la Casa Blanca que lo dejan como un bebé de pañales y han forjado su historia de victimas que se vieron en la necesidad de matar.

Un Estado psicópata pare sociópatas capaces de agarrar un fusil de asalto y descargar sus victimismo al estilo del papá Estado, matando. En una escuela, un supermercado, una iglesia o en los linchamientos supremacistas. Pare sociópatas que crean asociaciones del rifle, que enseñas a sus crianzas a disparar para defenderse del otro, el de siempre, el diferente, el impuro, el viene a robarles su sueño de anglosajones blancos protestantes con un destino manifiesto. Pare odio sin remordimientos ni empatías. Y frente a su espejito se ven puros bellos únicos frente a ese mundo a catequizar; por las armas.

La pantalla renacentista

El apagón del medievo europeo (de alguna forma existieron existen existirán medievos en todas las civilizaciones cuando el poder sucumbe a la fe en los dios diosa o en plurales), demandó la creación de una iconografía con relato-imagen-sonido-escena compatible con las recuperadas ansias del conocimiento expresado habitado hecho volumen edificado e incorporado definitivamente a la diaria de las personas para desgracia de los monasterios veedores de los vestigios no incinerados. Recrear reinventar reinterpretar recuperar relatar y reacomodar la ciencia-cultura-religión-historia fueron secuencias de olas estrelladas contra la orilla de la verdad revelada. Nada de tsunamis y sí mucho de comunicación gracias a Johannes con su invento del arma de comunicación masiva, pero también de la portabilidad de escenarios teatrales músicas rituales religiosos pintura historicista. Así la tierra poco a poco giró, recuperó las curvas de su forma, se protestó hasta ser protestante, el mesías tornó a blanco-caucásico-tirando a nórdico, aparecieron nuevos-viejos mundos con nuevas-viejas personas que eran humanas pero no se comportaban como tales sino más bien como parte de la salvaje flora y fauna donde habitaban…, un largo etcétera donde la última civilización nacida por arte del relato y el conocimiento se atribuyó ser la más vieja y la más sabia y su territorio, por siempre jamás, el viejo continente. Cuestión de tiempos, de relatos, de inventos (bien es sabido que los descubridores de la fundición del hierro se pasaron por el filo de su espada a los que seguían anclados en el bronce), de relatos para acortar distancias, de ganarle metros a la lejanía, minutos a los husos horarios, de aproximar lo propio, en el entendido que los imperios apropian e intentan unificar el discurso cultural, religioso, científico. Prevalecer es unificar. Eso dicen. No ha lugar dos o más miradas.

Hoy, la proximidad, aggiornada la imprenta de Johannes en pantallas, está en los bolsillos y son más importantes que la ropa interior. Es tanto el caudal informativo que prevalecer demanda un relato como el renacentista, multiplataforma o multisoporte. El bien del mal, lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo bárbaro de lo incivilizado tiene que ser prejuzgado desde la infancia y consumido como menú del día. Pero, no es tan fácil. Nunca lo es. Quizás lo sea en un futuro replicante de Blade Runner. Por ahora hay asistir desde nuestra caverna digital a los mensajes. Y vaya que los hay. Y vaya que a veces duelen los oídos cuando nos recrean reinventan reinterpretan recuperan relatan y reacomodan lo que los sentidos el conocimiento y la experiencia nos alertan como absurdos. Alguien en algún lugar (sin utilizar el comodín del algoritmo) está empecinado en insultar (con éxito, hay que decirlo) la inteligencia.

(no entraré en la madre de todas las guerras de héroes villanos ni en lados correctos de la historia). Seré más banal, tanto como un rey emérito, que en estos días más parece un Cid Campeador que Rico «Ratso» Rizzo, aquel timador que nunca llegó a su Florida deseada para escapar del “todos hablan”. “El último campeón del mundo de vela”, el Colón o Vasco da Gama o Erick el Rojo o el almirante Zheng He o el Piris Reis, ocupó durante días la información por su retorno a su antiguo reino. Por tierra mar y aire se conjeturó sus argumentos: navegar, patronear el Bribón (no va con segundas aunque entre el Bribón y el Fortuna, carajó, blanco y en botella para describirlo a través de los nombres de sus yates), Sanxenxo, Galicia, su familia, sus súbditos, su autoexilio dorado, sus pelillos a la mar.

(no entraré en la política y en sus causas judiciales, ni tampoco en el desprecio de mis hijos por matar a sus dumbos de la infancia). Esa idea de recuperar su figura más excelsa de deportista buen mozo de más talla rubio sonriente campechano, llama la atención cuando sabemos que los años se morfan cualquier pintura y a la natura ya que le queda poco trapo. Pero no. Y la realidad, cuando desciende del avión privado (así viajan los monarcas eméritos), muestra lo que la lógica dicta a un tipo de su edad bien o mal llevada: un carcamal. Sin embargo, el mensaje continua y no está claro por qué al final no fue parte de la regata, pero se apresta a estar en otra, la verdadera, la que defenderá su título mundial, la que mostrará cicatrizadas sus heridas, tonificados sus músculos para los vientos y maniobras prestos los sentidos para la caña. Surrealista, pero lo dicen las pantallas del nuevo renacimiento creando ese epílogo de un monarca que no supo serlo aunque eso es un matiz típico de sus antepasados borbones. Pero eso es otra historia.

Recuerdasipuedes la margarita deshojada

Salsipuedes vivesipuedes sientesipuedes amasipuedes trabajasipuedes riesipuedes cantasipuedes escribesipuedes besasipuedes abrazasipuedes hablasipuedes llorasipuedes paresipuedes comesipuedes caminasipuedes duermesipuedes…

Fue la matanza de 1831, el asesinato de Charrúas en el arroyo Salsipuedes cuando arrancó el relato, apenas un combate entre la civilización y la barbarie; eso dijeron. Así lo escribieron y durante generaciones así lo estudiamos. Un relato de un territorio que es biblia con otros tantos de otros tantos territorios, plagiados adaptados versionados, de sometimiento castigo desolación muerte, de poderes mandatos divinos, de elegidos rechazados esclavizados, de epidermis claras quemadas oscuras, de sangres puras impuras fragmentadas, de libertades entendidas merecidas excluyentes, de democracias a según quién a según cómo a según cuándo a según dónde.

Un país sin indios fue el comienzo de un relato civilizatorio donde la preposición aún sigue cumpliendo su función tenebrosa del descarte de personas bárbaras incivilizadas oscuras menstruantes pensantes de otras vidas posibles. Les dan miedo. Les jode, mucho y me alegro, mucho.

Deshojar la margarita, ajenos al relato, es saber que todos sus pétalos tienen la misma respuesta: te quiero no estás pero estás. Algo que hace rabiar hasta el delirio de aquellas personas que quieren ser victimas siendo victimarios cómplices secuaces odiantes, los que niegan golpes, dictaduras, imperios, guerras civiles, estados que secuestran, torturan, asesinan y desaparecen personas.

No hay relato para aquella mujer expresa política que creó una margarita a la que le faltaban pétalos y se convirtió en la imagen de Madres y Familiares de Detenidos Desparecidos. Fue en 1989. Se podría escribir una tesis. No hace falta. Se entiende en cualquier punto de la rosa de los vientos. Cada 20 de mayo, y van 27 veces, “La marcha del Silencio”, nos recorre la columna y la avenida. Las fotografías las margaritas el silencio. Todos somos familiares de las 194 personas detenidas desaparecidas por un Estado que aún hoy, está ausente, callado, cobarde para no molestar a los uniformados y a quienes los financiaron de traje y corbata.

Cada mundo en la tierra tiene una génesis real donde surge el mito de su relato identitario que justifica la vida sin el otro el vacío el olvido. La grieta cada vez es más grande, pero en algunos lugares, gritando en silencio se da la pelea.

Recuerdasipuedes a la margarita deshojada porque dice: Memoria, verdad y justicia.

El abrazo del Frontex

Te abracé en la noche, te ibas de mi vida, te abracé en la noche, era un abrazo de despedida…, quedé a la deriva… y quedé con sabor desaparecido… (no puedo entrecomillar porque no recuerdo, la etaria condena que nos habita, saber si amasijé a Fernando Cabrera y, vaya mi disculpa de mostrador de habitué de El Cosmopolita que ya no está, pero ahí, justo ahí viene el tema de las ausencias presentes nunca olvidadas ausencias).

Mis tatarabuelos, bisabuelos abuelos viejos yo y quizás (seguramente sí) mis hijos que aún no lo saben enfrentaran ese abrazo nocturno que pelea por quedarse y sabe que cuando amanezca en el último colchón cardado por la necesidad vendrán un puerto aeropuerto estación de tren de autobús o un camión que pondrán la ruta en funcionamiento. Y quién se tiene que marchar, deja. Y quién queda, deja. Y es el abrazo, el último el que no quiere ser el que es y no quiere ser el que siente como la arena se escurre entre los dedos lo que produce ese rechazo visceral (mirar hacia otro lado es también asunto de vísceras) para no recibir. Qué tema, qué aburrimiento, qué pesadez escuchar leer ver ese asunto epidérmico de decir que no sé es y sin embargo, sí; ese asunto epidérmico de ser distraído con los miles y miles, decenas cientos y a poco que miremos atrás, millones de ñatas contra el vidrio que piden entrar. Racismo. Sí, da igual la etiqueta (quizás tenga razón Byung-Chul Han y Europa está signada por la infocracia, donde las audiencias, el público, las personas que enfrentan la sobredosis informativa sin saberlo pero a propósito se han convertido en mercancía. Quizás).

La publicación de una investigación conjunta de ‘Lighthouse Reports’ (Der Spiegel, SRF Rundschau, Republik y Le Monde) donde se acusa al Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, creada en 2004) de haber estado involucrada en la devolución en caliente de al menos 957 solicitantes de asilo en el mar Egeo entre marzo de 2020 y septiembre de 2021, provocó la dimisión de su director ejecutivo, el francés Fabrice Leggeri que había llegado en 2015. Apenas la punta del iceberg de una agencia involucrada en varias investigaciones desde su operativa hasta el antifraude.

Leggeri, apoyado por el semicírculo parlamentario europeo que va desde centro a la punta de la extrema derecha (y que avanza), sintiéndose desautorizado escribió en su carta de despedida: “parece que el mandato de Frontex por el que he sido elegido y renovado en junio de 2019 ha sido modificado de forma silenciosa pero efectiva”. Vaya, a quién se le ocurre mojarle la oreja con las violaciones de los derechos humanos. Vaya, porque venir ahora, tras muchos años asistiendo a la muerte de miles de personas, a decirles que existe la ley, que guardar las fronteras no es reprimir a las personas que intentan llegar, no es abandonarlas en la mar a esperar la muerte, no es devolverlas a los puertos de partida de donde han escapado, no es hacer negocios públicos y privados para agrandar y extender el abandono. Vaya, seguro que no se miran como personas. Ni tan siquiera un rato, como alguien escribió, pensarlas en clave de refugiados ucranianos.

Ver una patrullera un coche un helicóptero un uniforme del Frontex es una eurovisión canalla y no da para un abrazo. Es el mandato de Europa: blancos entran el resto afuera…, cosas de pieles culturas libertades derechos..

Lula es claro: se necesita una nueva gobernanza mundial

Habían transcurrido ocho años del inicio de la Guerra Fría cuando  por iniciativa de los jefes de gobierno de India, Jawaharlal Nehru, Egipto, Gamal Abdel Nasser e Indonesia, Sukarno (inspirados en el pensamiento de Mahatma Gandhi), se vislumbró una nueva vía intermedia para ser posibles como naciones, los Países No Alienados sin la adscripción a los dos grandes bloques en liza: EUA/Europa Occidental vs URSS/China. Fue en la primera de sus cumbres (la inicial en Bandung de 1955 fue la propuesta de crear la organización), en Belgrado (1961), cuando se dio forma a la organización oficializó la denominación de Movimiento de Países No Alineados (a fecha de hoy la componen 120 países y 15 observadores, que supone el 55% de la población mundial y 2/3 de los países presentes en la ONU). Y no, por supuesto, no están los países de los antiguos bloques que hoy siguen guerreando simbólica y realmente en sus cosmogonías geoestratégicas de poder como miembros de cada una de las partes (aunque no exista la URSS).

Los objetivos primarios, desde aquel 1961, de los países no alineados se centraron en: el apoyo a la autodeterminación, la oposición al apartheid en Sudáfrica, el apoyo de la lucha contra el colonialismo, el racismo, la no adhesión a pactos multilaterales militares, la lucha contra el imperialismo en todas sus formas y manifestaciones, el desarme, la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, el fortalecimiento de la ONU, la democratización de las relaciones internacionales, el desarrollo socioeconómico y la reestructuración del sistema económico internacional aspirando a la independencia económica y a la colaboración en pie de igualdad, los principios de la coexistencia pacífica, la diplomacia como solución a los problemas… Ni Europa (Este/Oeste) ni EUA ni la URSS ni China ni otros países que bajo sus órbitas participaron ni participan de esa visión que hoy, tras 60 años, la siguen presentado como: populista, radical, antidemocrática, inviable, carente de libertad…

En estos días, el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, candidato para las próximas elecciones generales en octubre de este año, concedió una entrevista a la revista estadounidense Time (https://time.com/6173104/lula-da-silva-transcricao/) y entre muchos temas, habló sobre la guerra en Ucrania y su repercusión mundial. Fue claro contundente sin ambages en cada una de las respuestas responsabilizando a Putin pero también a Zelenski a Europa a la OTAN y a Biden por estar más pendientes de echar gasolina al fuego que de buscar la paz a través del diálogo, de colectivizar las sanciones a Rusia a la mayor parte de la humanidad, del circo mediático (la comedia de relaciones públicas), de la falta de líderes que actúen como tales y, sobre todo, de la necesidad de una nueva gobernanza mundial (ninguneada la ONU).

Brasil no es un país cualquiera y Lula tampoco es un dirigente cualquiera de éstos que abanderan “estar en la lado correcto de la historia”. Porque la historia, la real que está llena de atrocidades tras un relato, la siglos de imperios, guerras mundiales, pandemias hambrunas, crisis de todo tipo y pelaje…, siempre tienen los mismos actores y los mismos resultados. Los objetivos principales del Movimiento de Países no Alineados siguen vigentes y aunque Lula no los cita como herramienta, es bueno que sea claro y le llame a las cosas por su nombre: se necesita una nueva gobernanza mundial.

El imperio contraataca

Está salado el asunto de los imperios. Superado aclimatado incorporado y explicado el significado de “oligarca ruso” haciendo hincapié en sus conductas disimiles frente a los empresarios generadores de empleo aborígenes, el asunto de los imperios ha tocado la puerta para gastar mucho grafito tinta tecla; sobre todo mucha tecla. Y otra vez toca singularizar diferenciar recalcar que existen imperios del bien e imperios del mal o buenos y malos que hacen el amor y no la guerra o en todo caso hacen la guerra justa que terminará en el amor la justicia social la igualdad a través de la gobernanza del pueblo y por supuesto, la libertad (lo del amor libre ya es excesivo, pero pongamos que sí). y diferenciarlo porque de no hacerlo habría que cambiar todo el temario formativo de la historia clásica donde los imperios se asocian a los grandes maravillosos e increíbles procesos civilizatorios de la humanidad ya definitivamente sapiens que conllevan progreso e innovación y el conflicto guerra invasión conquista descubrimiento colonización apenas es un detalle sin importancia pero necesario a tal magno fin.

Y tras la m con la a es ma y repetido mamá y la p con la a es pa y repetido papá viene dar el contexto a las raíces que nos sujetan y alimentan como hojas caducadas del árbol de la sabiduría con epígrafes grandilocuentes para soñar imperios donde nunca se pone el sol, para tajear el globo terráqueo entre dos justo Este y Oeste, para saber parte de un destino manifiesto culto y religioso y de sangre pura y democrático, para diagramar continentes con la premura de una rotativa que escupa periódicos que piante un lagrimón en los lectores con los territorios de ultamar, para narcotizar naciones poco colaboradoras con el progreso y hacerlas dependientes, para ver y comprender que los genocidios son palabrotas cuando son leídas pero necesarios para aquellos pueblos que ni visten ni calzan y me rezan al dios correcto y lógico si tras el exterminio se plantan aquellos que defienden los valores supremos de la libertada y la democracia aunque no incluya el derecho a la vida (por eso de las hojas caducadas y del comodín de una otra e ilocalizable vida tras la muerte). Los imperios nos protagonizan y sus emperadores son, desprovistos de la violencia, semidioses que alguna vez vivieron y nos trajeron al magnífico presente de la muletilla “nunca como ahora hay generaciones tan educadas y tan bien preparadas”. 

Poner en solfa o matizar o expresar un espíritu crítico sobre este choques de imperios que pugnan en la tabla de posiciones del campeonato imperial del porvenir; es decir, de la propiedad o en su defecto arrendamiento leonino de los recursos, es de “estúpidos”. Así lo dicen en Europa. Y están cabreados, sumamente cabreados, por quienes no adscriben a ciegas sus planteamientos. Tan cabreados que han geolocalizado en la periferia, sobre todo en la América por debajo del Río Grande, esas voces que incluyen variables visiones cuestiones que hablan de otros conflictos en desarrollo (los habituales entre la civilización y la barbarie) que recuerdan que en cada momento existieron justificaciones éticas basadas en un supuesto victimismo del momento para avalar y aplaudir la guerra invasión ocupación sin fronteras ni soberanías y en nombre de un bien mayor. A todas estas voces se les han acuñado ser “putinstalinista”. El mal por partida doble. Es en vano que digan que están en contra de la invasión rusa si meten como corresponsable de la guerra a la OTAN. No, están en “el lado incorrecto de la historia”, vista ésta como futuro y no como pasado. En la OTAN tiran flores y si los afganos la acusan de crímines de guerra, son afganos, no entienen que lo hacían por su bien. Dudar, no. Así que el imperio contraataca contra todos los estúpidos putinstalinistas (en el caso que alguna pluma se le reconozca con vínculos religiosos habría que añadirle estúpido putinstalinistasatánico; es una propuesta), adoradores del comunismo, de lecturas dudosas, de historias no oficiales, de memoria condicionada y resentida con una zaga de editoriales columnas comentaristas analistas expertos que dejan bien a las claras que el bien es uno grande y libre y el mal un kan que asola estepas bosques y montañas.

Como en la zaga de las películas de Lucas de cronologías y precuelas, donde nadie sabe si el bueno era malo o el malo lo era porque fue bueno o los socios están y después son enemigos o al sabio lo matan por ser sabio, en este presente de imperios en conflicto, de fronteras móviles, de milenarios relatos, de epicentros de luz, de porvenires catastróficos o venturosos y placenteros, de instigadores mercaderes, los muertos son los de siempre aunque todo el mundo diga que lo hacen para salvarlos. Sí, hay un conflicto imperial, pero muchas miradas, sobre todo las incómodas de aquellos que fueron sujetos a padecer tan magnánimo esfuerzo bélico en pos de…, bueno, de los recursos. Nada hemos aprendido de nuestras historias. Pero bueno, son palabras de un estúpido putinstalinista; y quién sabe, a lo peor también Darth Vader.

El Norte es el Sur

Nico, el más grande de los que se quedarán cuando deshaga las valijas, estrenó su piel a pura aguja de tinta. Bien, zanjado el tema enquistado durante años sobre las marcas que nos acompañan. Dos miradas. La despejada que ve amaneceres y la brumosa llena de atardeceres. No antagónicas. Acrónicas. Sin drama. La brumosa, claramente la mía, justificada por estar llena de cicatrices de una vida más presencial más de contacto más lesiva más de pedrada más de patada más mugrienta pulgosa rasqueteada, hecha un siete o pespunteada o cosida o pegada o rasguñada o quemada por el asfalto. Un mapa que cada mañana en la ducha revela al Neruda epidérmico que confiesa haber vivido. Lo habitual de la vida donde el contacto lo era todo y nada era posible sin el mismo. Así que la tradición de tatuarse, de añadir una marca artificial pese, sin duda, a libertad de hacerlo y el simbolismo implícito o la carga emocional de hacer perenne una emoción un instante una situación un recuerdo una persona, va a ser qué no, que dicen por estos lares (creo que fue la única estupidez que no hice, algo raro en mí, cuando la marinería entró en la tatuajeria de Immingham para concluir una curda de campeonato). De la mirada despejada, qué decir, tiene garra profundidad de campo es reversible fresca creativa y no necesariamente se adscribe a una tendencia.

Pero, ¿por qué cambiar mi arrugada y cicatrizada mirada? Es fácil: uno solo es veterano si asume que acumula varias vidas (no varias ideologías que entonces es un veterano de mierda) y que cada una te ha despertado en territorios diferentes. Así que cuando Nico me mostro, hinchado de mayoría indiscutible de edad, su tatuaje, fue inesperado y me gustó. Me gustó mucho. El loco se había tatuado en su costillar izquierdo el dibujo de Joaquín Torres García. El mapa. “El Norte es el Sur”. No pregunté el porqué; para qué estropear el momento haciendo esa estúpida pregunta. Lo entendí como algo suyo propio deliberado, como esos bonus track de los discos escuchados. Me descolocó. Y de colocarse y descolocarse tengo una maestría. Supongo muchas cosas que no vienen a cuento, pero creo que ese mapa dibujado por el maestro del universalismo constructivo es una declaración de intenciones, una brújula con un destino incierto, pero destino. Un destino al revés o al derecho, con latitudes y paralelos para atravesar, sin olvidos ausentes. A falta del mapa de mis cicatrices, trazarse el suyo propio y a contramano me alegra, aunque no auguré singladuras fáciles en un mundo de mesa puesta donde habitan los normales. El Norte es el Sur y es un lenguaje y está lleno de otros símbolos iconos pensamientos sentimientos a definir porque, así lo creo, quedarse con la primera edición del relato es mal asunto.

¡Al loro! Una mirada estrecha cruel canalla

“La mejor obra que hice como alcalde, sin lugar a dudas, fue el saneamiento de Madrid que, cuando llegué, era una de las tantas ciudades del mundo, diría que la mayoría, desbordadas por un crecimiento demográfico vertiginoso y un urbanismo político desbocado, cortoplacista y acomodado. Y costó mucho dinero, el saneamiento no es barato, fue la obra más grande y lenta. Por suerte, crear o sustituir la red de alcantarillado y traída de agua no concita debates, no compra o vende votos, es una obra necesaria para todas las personas y ya está. Fue una gran obra y larga, diría que siempre inacabada que la sociedad agradece sin aspavientos porque, de nuestros restos, los que generamos, no se habla salvo cuando hay inundaciones o son foco para epidemias. Pero no se ve, y tu sabes que de lo que no se ve, no se habla”, fue la respuesta, ya lejana, que Tierno Galván me dio cuando era plumilla en prácticas en una agencia de noticias, en su casa de Ferraz, con su sempiterno traje cruzado, lejos de la mediática imagen de abuelo de la movida madrileña tras la frase en el concierto del Palacio de deportes: ¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque… y al loro!

Guarde la respuesta (o la esencia porque mis libretas yacen bajo tierra como aquellos grabadores-walkman) o la programé en la cabeza como una curiosidad a satisfacer por las ciudades que pasé y me detuve. En la nocturnidad se convive con los camiones de la basura, los barrenderos y las Carmen Maura empapadas por un gentil operario que baldea las calles. En la diurna claridad se comprueba como el paisaje, de pronto, se vuelve cemento ladrillo o chapa, asfalto o barro, el cuento de los tres chanchitos cuando hay sudestada o gotas frías o cómo carajo le llamen ahora a las tormentas con nubes preñadas de granizo o agua. Entonces, el desastre es inminente y los equipos de tv registran hasta dónde llegó el agua tras los amasijos de enseres que categorizan el desastre.

Ahora, de la contaminación producida por el aluvión de personas en los nuevos asentamientos o de los viejos fruto de la especulación urbanística, de sus restos, sus basuras, su falta de reciclaje o “civismo” sí se habla, pero asimétricamente (lo asimétrico nos define como sociedades del poniente) porque: o directamente el saneamiento no existe, o se ocuparon los cauces naturales (esos que dicen presente cada 100 años y hoy por hoy, por el cambio climático, vienen con mayor frecuencia) o las hay poco dimensionadas cuando crecen en densidad y altura…; sí, los centros y barrios aledaños están correctos. Por ahora.

A Tierno Galván en aquella entrevista le faltó el “por ahora” ya que los cachorros de los Chicago Boys devenidos del neoliberalismo que asoló los 70s a la actual doctrina libertaria o neolibertaria el campo de batalla es destruir las políticas de Estado donde el saneamiento era ese tema necesario y sin debate, fuese cual fuese el signo político de los gobernantes. Hoy es herramienta en la estrategia política y están dispuestos a bloquear y postergar las obras de saneamiento de bien común porque entienden que al rival (o enemigo) ni agua, aunque penalizan a la población (o porque buscan agrandar esa grieta en la clase media, siempre atemorizada en caer al abismo y por ello dispuesta a no mirar a sus vecinos; o porque alguna encuestadora les vendió las respuestas que querían escuchar en esas desopilantes estudios de opinión pública; o porque directamente son unos canallas). Hay muchos temas urgentes donde avanzar y también a defender del hackeo mundial de los libertarios y entre ellos, el saneamiento asociado al derecho vital del agua, pero también de la salud imposible entre basurales y al medio ambiente.

No es nuevo, pero en estos días ocurrió en Montevideo, en su Intendencia. La coalición libertaria en la oposición municipal bloqueó (votación ponderada) un fideicomiso por 70 millones de US$ ofrecido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para acometer un plan de saneamiento en zonas carenciadas y un programa de limpieza en la ciudad que contaba con el aval por considerar necesaria la obra del Ministerio de Medio Ambiente (curiosamente, también de esa coalición que gobierna el país). Y lo han festejado como un triunfo muchos de aquellos que viven de un lado de la avenida que es frontera entre dos realidades (habrá que suponer que la canallada se absuelve en sus ritos religiosos de fin de semana).

Y es que los libertarios no soportan los sentidos y no van, salvo en campañas electorales, ven a las personas por televisión y cuando aparecen es para hacerse un selfie con un pobre al que desprecian o como los viejos caudillos, frente a las cámaras, reciben la solicitud suplicante de un trabajo para el hijo una pensión rechazada… Y se van, seguramente puteando por llevar los zapatos embarrados.

Si el viejo profesor Enrique Tierno Galván asistiese a esta nueva política de mercadotecnia en las obras civiles de saneamiento, levantaría su ceja tras sus gafas por lo inaudito. Ay, así como en su España está Vox, así como Josep Borrell creó un nuevo cargo para Juan Guaidó en Venezuela como el rimbombante nombre de “presidente encargado”, en Montevideo también hay una no intendenta libertaria llamada Laura Raffo (la intendenta encargada, supongo Mr. Livingstone) que tras perder las elecciones (y no ejercer cargo alguno) habla de personas olvidadas mientras las condena a vivir sin la mínima dignidad humana. Una mirada estrecha cruel canalla desde su lado de la avenida. ¡Al loro con los libertarios!

Un copón de fervor: Yes of this Earth

Asunto extraño es el fervor que en algunos se desata en la semana de pascua cristiana. Va por épocas. Cuando la malaria se asienta y nos pica el mosquito de la economía el desempleo el pandémico o el guerrero, el fervor crece. Los mosquitos no tienen la culpa, son mosquitos, pero se nos presentan organizados, consecutivos como un tren de olas que apenas te permiten dar una respirada entre ola y ola antes de sucumbir otra vez a los embates y revolcones de la “naturaleza” (¿de la naturaleza?, bueh, es otro debate el dedo Miguel Ángel Buonarroti y su libre albedrío para ser parte del problema). Nada nuevo, siempre es así cuando vienen estas temporadas (que de pronto son años, cantaba Silvio Rodríguez cuando daba una canción), aunque en nuestra supina petulancia sintamos que todo es nuevo y fruto de nuestra desbordante creatividad y conocimientos (nunca una generación estuvo tan preparada, se suele escuchar). Así que durante una semana, las imágenes milagreras salen a la calle (cuando no son estas épocas, hacen negocio los turoperadores) y marchan con rabia contenida marcando el paso. Ni bueno ni malo aunque el sonido trepe hasta mi buhardilla con la vana esperanza que estimular la curiosidad o recordar que la laicidad es una hoguera rodeada de devotos que  yiran y yiran y yiran con sones de guerra buscando almas desgraciadas.

Procesionan. Van con percusión y trompetas (diría que mis muros están más firmes que los del mito de Jericó) empujando a mantener el fervor pese a quien le pese. Visto, desprovisto del fervor, la puesta en escena con caras encajadas en el papel, parafernalia estimulante y sonidos cívicos-militares, te evoca el cine de la parroquia y esas películas de serie “b” del final de la niñez, de bajo presupuesto (en todo) y títulos ocurrentes como “Not of this Earth”, que un año atrás y con otro nombre y otro presupuesto rutilaban en las fachadas de los cines de estreno de la Avenida 18 de Julio. De romanos del farwest de mundos fantásticos (por eso estaban perdidos, era mi teoría) de marcianos de piratas… el mundo del cine prendía el proyector en el barrio para entretener a la gurisada. Íbamos a no verlas, a reírnos, a armar quilombo por la oscuridad y ese descontrolado picor de la sexualidad al vernos en la oscuridad iluminados por la pantalla  (el mayor acto de amor era tirarle un chumbito a la vecinita de en frente que te tenía loco de algo indescifrable, pero algo al fin y al cabo), hasta que fray Alejandro prendía la luz y campana en mano recorría el pasillo para calmar con tono amenazante y acento calabrés a las “pieles del demonio” desacatadas. Entonces nos resignábamos a verlas y reírnos sin aspavientos como estaba permitido. A veces, en las ciudades o planetas perdidos de plexiglás y de luz plana, el mal y la barbarie se mostraba co una procesión ritual (a un volcán a las fauces de un animal hambriento a un dios irascible a un rey de túnica…). No había presupuesto para caracterizaciones o grandes maquillajes por lo que todos los participantes del rito paradójicamente eran parecidos conocidos nuestros. La mayoría miraba hacia arriba como buscando respuestas (mirar hacia arriba es clave para formar nuestra estupidez, pero eso lo aprendí después). Procesionaban con gesto compungido, sin arrugar la cara, sin parpadear ni un cachito pero, eso sí, con colirio a granel para gotear lagrimones, qué el dolor o la emoción les iba por dentro. Dos filas con velas antorchas caracolas báculos (la música de fondo hacía lo que podía para contextualizar la solemnidad del momento, ya lo dije, el presupuesto daba para lo que daba) siguiendo a los sumos sacerdotes con sus letanías, manteniendo un paso en suspensa coreografía, en silencio rumiando. Las escenas del ritual nos provoca risas, en parte porque los elencos se repetían en distintas películas, en parte porque los extras siempre tenían el mismo papel tragicómico del hincha popular con distintos vestuarios, pero sobre todo porque entendíamos que la supuesta gravedad del momento fervor, en realidad, el director-guionista-productor ejecutivo pretendía hacernos reír con la caricatura del fervor (la falta de atrezzo, lo del presupuesto, ayudaba) en la mirada del otro. No eran planos secuencia y sí un combo de primeros medios generales para recoger esa catarsis esquizofrénica que poseía a los cofrades acólitos siervos adeptos del rito religioso. Pero, siempre existía el porqué de ese estado de trance religioso: beber de un copón humeante de fervor los drogaba, los llevaba al mal (en estas películas claramente era a la estupidez; por lo del presupuesto), los cariacontecía, los alejaba del vino de misa. Y eso, como en la película “Not of this Earth”, llegado al The End, no ocurría cuando se prendían las luces y nos desparramábamos por las calles.

Tras tres días rodeado de tambores y trompetas, de imágenes dolientes porteadas por patas sin cuerpo, de las dos filas de mantilla traje caperuzos uniformes y velas (y alguna que otra saeta muy sentida), me provoca la misma risa que en la oscuridad del cine de los padres Conventuales aunque no sé cuándo toman un copón de fervor para hacerlos marchar pidiendo que se termine esta época de malaria, u otras cosas, vaya uno a saber. Yes of this Earth.