Los fusiles abandonados

La guerra en Ucrania no sentará cátedra aunque por ilusiones de revertir el modus operandi de los conflictos ¡qué la inocencia nos valga! Digo, los sudaneses de la frontera marroquí que huyen de una guerra olvidada pero real, son una banda organizada violenta y matarlos no tiene castigo, sean 23 o 37, y es más, hay que juzgarlos por intentar tiznar la blanca madre blanca Europa en contraposición con otras victimas, los que proceden de Ucrania también huyendo de la guerra. Sigue igual. Tampoco la solidaridad que acudió “en masa” a la fronteras de aquel país a rescatarlos: está más cerca Lesbos, Trípoli, Ceuta, Melilla, las costas atlánticas marroquíes donde están los que ya no esperan más que vivir. Seguirá igual y podría haber sido un espejismo lo vivido tras el estallido del conflicto o “la normalidad” de los números clausus raciales.

En las últimas horas, el impresentable Vladimir Putin llamó a filas a parte de sus reservistas para combatir y, como es lógico, muchos que se consideran afectados por edad decidieron poner tierra por medio, convertirse en prófugos (no desertores) ante la posibilidad real de pelear salir herido o muerto en un conflicto que no lo consideran propio. Por supuesto, en Occidente es noticia que abre noticiarios sin medida ni una mínima reflexión y sí más bien como un síntoma de debilidad y soledad del impresentable Putin (repito adjetivo porque me parece más abierto y acorde a lo que cada uno quiera sumar). Pero, y si Occidente que se considera partícipe (por ahora con armas, logística y dinero), hiciese esa misma llamada a sus reservistas; ¿qué ocurriría? ¿serían los hombres y mujeres occidentales casi héroes o cuando menos atinadas personas que deciden huir de un conflicto que no lo sienten como propio? ¿Se mantendría el halago y se buscarían fórmulas para mantenerlos insertos en la sociedad? Y la más fácil: ¿serían noticia?

En la guerra de Vietnam, esa espina clavada que tiene EEUU y que pese a publicaciones y películas nunca ha podido acomodar el relato porque por única vez la prensa tuvo las manos libres para informar, decenas de miles de muchachos estadounidenses se convirtieron en prófugos aunque se les tildase de “desertores” erróneamente (el prófugo no se presenta a filas y el desertor se marcha de las filas). Miles, decenas de miles, sobre todo en Canadá pero también en México y por el mundo. A tal punto que Bob Dylan habló de ellos una canción en 1975, If You See Her, Say Hello (If you see her, say hello / She might be in Tangier…). Eran antipatriotas, vagos, hippies, drogadictos y, lo que es peor, estudiantes universitarios… Pasaron algunos años para permitirles el regreso al Estados Unidos derrotado.

Cuando Antonio Tejero y otros y otras decidieron intentar un golpe de Estado en España, allá por un febrero sin carnaval de 1981 (o quizás ellos y ellas eran las mascarita y nadie se dio cuenta), en el Parque de Automóviles de la Armada española en Madrid, la espera era tensa y nerviosa. Los automóviles listos para intervenir ya que la Armada era contraria al golpe y en esos momentos las preguntas rondaban las cabezas de los acuartelados. ¿Habría un conflicto real? ¿Las fragatas y corbetas abrirían fuego contra los tanques de Milans del Boch en Valencia? ¿Qué hacer? Pero sobre todo, ¿cuál sería la mejor ruta de escape? ¿Francia o Portugal? La guerra la patria el deber eran cuestiones que se alejaban a cada minuto que pasaba. Sí estaban las querencias presentes. En aquel cuartel atrás de la Plaza Roma, cada uno se debatía un dilema moral lindo en teoría, pero complicado en la práctica cuando pintan bastos: vivir o pelear. Por suerte, estaban los veteranos, aquellos a punto de jubilarse y que habían vivido la guerra civil española. De entre ellos, Manolo, el jefe de chapa y pintura, viendo los corrillos de marineros y sus miradas pérdidas frente a los automóviles listos para desertar, con tranquilidad pasmosa soltó: “cuando se tuvo noticia del alzamiento nacional y el estallido de la guerra civil, en Ferrol, donde hacia la mili como vosotros, solo se veían fusiles abandonados, tirados por el suelo o apoyados contra la pared. Ni guardia quedaba en las garitas. ¡Al carallo con los guerreros!”

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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