«La Frontera Salvaje», dato mata relato

Durante siglos, primero las potencias coloniales europeas y después Estados Unidos, América, la que antes era y ahora ni por su nombre es y se refugia con una terminología inexacta (entre latina, hispana, ibera porque que a nadie le digan que Norteamérica incluye a México), fue una frontera salvaje divida por un océano que sumó un río, pero sobre todo, muchos prejuicios que hicieron el relato que hasta hoy nos acompaña. Un relato lleno de causas ficticias inventadas prejuiciosas que dan una consecuencia: el continente más imposible de la Tierra.

En el hoy se repite como un mantra Cuba Venezuela Nicaragua representan todo el mal que nadie desea para sus vidas, aquello de si no te duermes viene el hombre de la bolsa para sumergirte en terrible pesadillas. Y pongamos que el hombre de la bolsa existe, pero por qué existe, qué le llevaron a protagonizar el papel del malo en la película (si verdaderamente es el malo o su bolsa está llena de maldades) o es parte de ese relato de seres fantásticos o ángeles caídos. Es evidente y conveniente que exista una mirada reduccionista de buenos y malos, de puros e impuros, de divinidades y demonios que nos permitan prejuzgar a los demás, cuestionarnos y a lo sumo, ser condescendientes con esa paternal mirada: no saben lo que hacen, nos están cualificados para gobernar, son populistas, no tienen solución o más abiertamente, es una merienda de negros, hacen el indio, son comunistas vagos indolentes aprovechados salvajes sucios… Es larga la lista pero de una u otra manera, enfrentar una noticia sobre un acontecimiento en el continente americano está llena de prejuicios y solo aporta la certeza de la imposibilidad de ser de cientos de millones de personas.

El libro “La Frontera Salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina”, de Jorge Majfud, es una sisga tirada al muelle para acercar esa nave del prejuicio creado a través de los hechos y que explica con datos ese terrible accionar impuesto por EEUU como nueva potencia colonizadora y a la postre imperio global que arranca a primeros del XIX hasta el hoy. Datos de fuentes existentes y contrastadas (las que salvaron del fuego o la picadora de papel), de las actas y comités del Congreso de EEUU, de los discursos presidenciales, de las publicaciones públicas, privadas o mercantiles, de los informes diplomáticos, de las universidades y, por supuesto, de las hemerotecas.

Datos y no relatos que explican los hechos que sabemos que existieron pero mejor dormir no vaya a ser que venga el hombre de la bolsa. Porque sabemos que el genocidio de los pueblos originarios en EEUU existió como la esclavitud durante siglos de personas traídas de África, pero nos falta saber cómo semejante barbarie en nombre de la civilización (democrática y llenas de leyes en pos de la libertad) se justificó, normalizó y alentó en palabras de sus protagonistas. Y son terribles descarnadas persistentes y están ahí para su consulta.

Datos y no relatos de 200 años en nombre de la democracia la libertad el cristianismo y  el beneficio empresarial de invasiones golpes de estado de bloqueos de asesinatos masivos de poner y quitar presidentes de explotación de la carne y los recursos del financiamiento del caos donde sacar partido.

Datos y no relatos de cómo el accionar fue mutando en función de los tiempos, de las herramientas utilizadas en cada momento: el Estado, los mercenarios o filibusteros, las empresas (las que inmortalizaron el peyorativo nombre de “las repúblicas bananeras”, las agencias gubernamentales, los terroristas a sueldo y, cómo no, los medios de comunicación siempre dispuestos a un relato a una fake news por una cifra considerable

Datos y no relatos que explican ese fanatismo despiadado que hoy nos acompaña y explica que otro Donald Trump (que no es el primero ni mucho menos) o un Bolsonaro ambos elegidos por los votos sean el bien frente al mal de un Petro o un Lula (ni que decir de Maduro, Díaz Canel u Ortega).

Datos no relatos fruto de años de investigación desde adentro, desde una universidad de Jacksonville (ciudad que lleva el nombre del séptimo presidente de EEUU célebre por su odio a los indios que justificaba: Los indios fueron completamente derrotados y la banda de descontentos fue expulsada o destruida… Aunque debimos actuar con dureza, fue algo necesario; nos agredieron sin que nosotros los provocásemos, y esperemos que hayan aprendido para siempre la saludable lección.) y que intenta entender esa justificación al fanatismo que de alguna manera afecta a todo occidente sumido entre el bien y mal. No es lo mío hacer críticas a un libro, pero me parece fundamental su lectura para hacer evitable el final del relato anunciado y, sobre todo porque, dato mata relato.

¿Cuál es el lema de los cadetes de la militar de West Point? ´NO MENTIRAS, NO ENGAÑARÁS, NO ROBARÁS NI PERMITIRÁS QUE OTROS LO HAGAN´. Pues, yo he sido director de la CIA y les puedo asegurar que nosotros mentimos, engañamos y robamos. Tenemos cursos enteros de entrenamiento para eso. Los que nos recuerda la grandeza del experimento estadounidense. (risas y aplausos) Mike Pompeo, Secretario de Estado de Estados Unidos. Texas A&M University. 15 de abril de 2019

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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