El Rey de Espadas

¿Tienes un traje?, fue la pregunta que me agarró por sorpresa aquel verano del 84 en las primeras prácticas en la agencia. Como la respuesta fue negativa, siguió la recomendación “pues, cómpralo si quieres asistir a los actos del rey”. Obviamente, no asistí, ni había monedas ni interés por tomar notas en esos actos de relaciones públicas del monarca con empresarios que abrían sus puertas en el reino. Igual, con los años, compré un traje a plazos por trabajo. Después vinieron otros lowcost sin plazos, también por trabajo, por rito. Con traje, señor; sin traje, chaval. Un juego de confusiones en la senda que muchos hemos recorrido para las monedas a falta de contactos o familia que abren puertas en cada profesión. Sin quejas porque el camino es estar sin ser me permitió asistir a rituales que otros consideran importantes, bajo la premisa que una vez mi viejo, en conversaciones y de soslayo me ofreció: “si la otra persona considera interesante el ritual, vos estás mirando o pensando en lo tuyo, pero estás para hacer feliz a esa personas. Total, nunca es más de diez minutos y a vos no te mueve el piso”. Y sí, te levantas sientas arrodillas descalzas descubres tapas danzas…, o simplemente no vas, todo depende de la curiosidad y la capacidad de sincretizarte para evitar la representación y falsedad que conlleva actuar para la prensa que después explica lo representado y nunca lo vivido. No hay ofensas ni agresiones; son rituales, también llamados protocolos en la vida política, a los que nadie obliga asistir.

El caso del rey Felipe VI en la ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro es paradójico porque si algo tienen y mantienen a capa y espada las casas reales es el rito, el protocolo, el traje. Nada a la improvisación. Nada al descuido. Decir que no estaba en el guion del acto traer la espada al escenario es simplemente para desternillarse de la risa. Que los demás mandatarios se levanten y el rey no, es una descortesía (quizás fruto del automatismo sobre su supuesta figura totémica que se ejerce en sus rituales), es marcar paquete anacrónicamente (vaya uno a saber lo que estudió de la historia de España que no pudo reprimir la defensa de la figura de su antepasado, el absolutista Fernando VII, frente a la espada liberal y libertadora de Simón Bolívar, otro español de origen, porque las guerras de independencia fueron una suerte de guerra civil, de españoles liberales en América contra españoles absolutistas en América) y una demostración ideológica (los reyes no se substraen a la misma y probablemente no hubiese ocurrido si el acto fuese con Iván Duque).

En fin, ya está. Llama la atención que en la representación española de la toma de posesión democrática, por primera vez un presidente de izquierda en Colombia, país no menor en el continente, faltase el presidente de gobierno, Pedro Sánchez. Fue el rey y pasó lo que pasó. “El por qué no callas” de su padre se reeditó con el “no me levanto frente a la reliquia de una espada de hace dos siglos”. Será que los liberales de antaño hoy son los comunistas actuales y los absolutistas del pasado los neoliberales del presente; será. Y como pintan espadas, el ya Rey de Espadas debería saber que los tiempos cambian (en familia propia) y siempre puede excusarse y no comprar un traje para asistir a un rito. Nadie lo echará en falta.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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