¡Explicaciones de qué!

Por una rara (in)explicable circunstancia que nunca determiné, de vez en cuando aparecían unas revistas europeas en el revistero del apartamento de la calle Canelones. Todo color. Carrozas barrocas salones barrocos pan de oro por doquier espejos cuadros dinásticos terciopelos bandas medallas pamelas familias numerosas ordenadas de mayor a menor o en semicírculo en torno a alguien y personas, no barrocas pero amantes del estilo, con banderitas aclamando los desfiles de uniformados brillantes y coloridos a caballo. Ese era uno de los grandes argumentos para discernir que nosotros vivíamos en un continente nuevo joven adolescentes y aquellos personajes pertenecían al viejo continente pese a no estar claro cuando pasaron de los Stonehenge a los Buckingham Palace. Eran la confirmación de su existencia de aquella colección de Sissi Emperatriz de la editorial Bruguera que mi hermana devoraba sin remedio y yo detestaba sin remedio porque ella leía más rápido y restaba espacio a las aventuras.

En estos días es bastante habitual el análisis de sucesos de analistas políticos sobre la vida y obra con milagros incluidos del otrora rey de España (cuestion mark diría aquel viejo profesor del maltés Instituto Whitaker de la calle Río Negro cuando desordenaba los sustantivos adjetivos los verbos y predicados saliendo de la norma que lo importante va primero diferenciándose así del castellano). Las preguntas sobre los porqués de su comportamiento económico-financiero-impositivo invaden el panorama entre la bronca y la traición de aquel que era tan campechano y ahora tan odiado. En verdad, después de hacerle la ola y aclamarlo con barroquismo entusiasmo, sus súbditos (por diferenciarlos de los ciudadanos por ese plus emocional) están indignados. ¿Pero qué esperaban? ¿Qué pensaban que es una monarquía por más adjetivo de parlamentaria se les indilgue? Lo importante va primero y las monarquías son normalidades donde una persona y su familia, aunque cambien los escenarios y no habiten castillos en promontorios, se consideran ajenos al mundano padecer de los comunes de sus reinos. Creen (y ejercen) sus derechos, que ya no son de pernada, pero si de acumular su barroco estilo de vida. Sus normalidades es merecer todo lo material que se les antoje porque son los “jefes del Estado-Reino”. Nacen príncipes y princesas, tiene líneas dinásticas de sucesión y sobre todo, viven ajenos por derecho real o divino a sus reinos. Son así (recientemente decenas de miles de personas han muerto por la pandemia y se generaron las colas del hambre; ¿alguien los vio arrimando el hombro? No. Sin embargo no faltan a las presentaciones de una supuesta élite empresarial o académica que, supongo, consideran parte de su corte). ¿Alguien conoce un rey pobre? No. Entonces, para qué analizarlo y pedirle explicaciones si no tienen la capacidad de diferenciar lo que el resto consideramos correcto o incorrecto. Son así están en otro mundo y si falta se enchufa un holograma (ese concepto de la luz coherente). Días atrás una periodista le preguntó al rey-padre si le daría explicaciones al actual rey de España. La respuesta sonó fuerte, de esas que salen desde las tripas: ¡Explicaciones de qué!

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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