Tun tun, ¿quién es? cierra la muralla

Un pasajero es retirado de la fila de migraciones del aeropuerto de Dallas, Texas, EUA por no haber marcado la casilla de la tarjeta verde de ingreso donde se pregunta: es alcohólico, pertenece o perteneció al partido comunista y otras sandeces. El pasajero ya en el mostrador de aduanas pregunta: si yo marco que sí, que soy alcohólico o que soy o fui en mi juventud del partido comunista ¿puedo entrar? No hay respuesta. Pasan los minutos llenos de apremios y pensando que es el momento exacto de tomarse un whisky y ser expulsado no resuelve nada, marca que es todo lo que esperan que sea para entrar en ese país. Otro pasajero, en un aeropuerto londinense zanja la cuestión con una frase que le viene a la cabeza tras muchas ocasiones donde se ha sentido humillado con las risas de los aduaneros por su escasa capacidad económica haciéndole dar vuelta los bolsillos (lo salva la carta de la institución de estudios) para estar en tierras británicas como estudiante: si aprendo tu maldito idioma en una semana, no estoy dos. Chash-clash, pasaporte sellado y el amistoso: have a nice day, sir. Anglosajones de ambas orillas.

Ahora Europa se saca de la manga la visa ETIAS para latinoamericanos que estaban exentos que por esas cosas del relato dicen que es una autorización de viaje y no una visa (vaya). Los tiempos han cambiado y los aduaneros son sustituidos por el algoritmo. Mismas absurdas preguntas que van creando un filtro para dejar afuera a muchos sin subirse al avión. Se hace telemáticamente. Si no presentan una tarjeta de crédito o débito, imposible la entrada. Es una visa de turista, no un cuestionamiento para obtener una residencia o un permiso de trabajo (esa pescadilla que se muerde la cola) que amerita un estudio más amplio. No. Es para sacarse una foto con las palomas de la Plaza España de Sevilla o en Duomo de Milán o para ver un partido de fútbol en el Saint Denis parisino o para detenerse frente a la Puerta de Istar en el berlinés museo de Pérgamo. Para cualquier cosa temporal, incluso visitar a la familia aunque ese punto, avisan, se mirará con detenimiento porque eso de la familia implica relación frecuente y las visitas sorpresa o los encuentros con familiares desconocidos, no pasan.

Así que frente a la compu, supongamos ciudades pero también espacios rurales, altiplanos, selvas, desiertos…, quien quiera visitar Europa debe responder sobre: antecedentes penales, historia laboral, consumo de drogas, participación en la trata de personas, viajes anteriores a zonas de conflicto y viajes anteriores a la UE.

Ahí directamente entra el algoritmo. Por ejemplo, la hoja de coca tradicional método para combatir el mal de alturas elimina a toda la población de los países andinos y también a los habitantes de los países con territorios selváticos y por supuesto en los países donde el consumo de marihuana está legalizado, como Uruguay. Marchan al spiedo. El algoritmo no entabla conversaciones, decide. Sigamos, ¿y la historia laboral? ¿A qué viene contarla? ¿Qué aporta? Ah, el algoritmo programado saca el perfil de la persona buena trabajadora o mala, de la frecuencia tipo o permanencia en los trabajos, ergo, en sus binarias conclusiones puede o no entrar. ¿Entrarán lo mismo obreros peones rurales camareros que ejecutivos empresarios o profesiones universitarias…? Hay que decir, en honor a la verdad, que no piden las calificaciones y tampoco las faltas injustificadas. Otro montón de personas sin darle de comer a las palomitas. Lo de participar en la trata personas (único tema específico y que debería estar en antecedentes penales que tampoco son exigibles si no es para una residencia) es para señalar un extremo de la cuerda y librar al otro en la prostitución. Sin más comentarios porque en esa lógica se podría especificar cada tipo de delito. Lo de haber estado en zonas de conflicto qué es: Israel lo es, pero Colombia o como Europa participa de los bloqueos con Cuba y Venezuela, ¿también? Es más, cuenta visitar haber estado anteriormente en Europa ahora que ella misma se considera zona de conflicto lo que redundaría en la siguiente pregunta: haber estado anteriormente en Europa.

En el primer gobierno de Lula, EUA dictó una norma para restringir el acceso de brasileros al país del norte. De la noche a la mañana se cerraron las puertas para una inmensa mayoría de visitantes. La respuesta del gobierno de Lula fue aplicar la misma norma, sin cambiar una palabra ni una coma a los visitantes estadounidenses y el resultado fue el mismo, los del norte incumplían tanto como los del sur. Resultado, se levantó la norma. Ahora, supongamos, que los países de América latina introducen la misma norma invocando los mismos principios de seguridad y de lucha contra el terrorismo, también sin cambiar una pregunta…, ¿cuántas personas europeas entrarían?

Las murallas de la xenofobia y el racismo se pueden pintar de colores, pero son lo que son. Y dan asco.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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