La pantalla renacentista

El apagón del medievo europeo (de alguna forma existieron existen existirán medievos en todas las civilizaciones cuando el poder sucumbe a la fe en los dios diosa o en plurales), demandó la creación de una iconografía con relato-imagen-sonido-escena compatible con las recuperadas ansias del conocimiento expresado habitado hecho volumen edificado e incorporado definitivamente a la diaria de las personas para desgracia de los monasterios veedores de los vestigios no incinerados. Recrear reinventar reinterpretar recuperar relatar y reacomodar la ciencia-cultura-religión-historia fueron secuencias de olas estrelladas contra la orilla de la verdad revelada. Nada de tsunamis y sí mucho de comunicación gracias a Johannes con su invento del arma de comunicación masiva, pero también de la portabilidad de escenarios teatrales músicas rituales religiosos pintura historicista. Así la tierra poco a poco giró, recuperó las curvas de su forma, se protestó hasta ser protestante, el mesías tornó a blanco-caucásico-tirando a nórdico, aparecieron nuevos-viejos mundos con nuevas-viejas personas que eran humanas pero no se comportaban como tales sino más bien como parte de la salvaje flora y fauna donde habitaban…, un largo etcétera donde la última civilización nacida por arte del relato y el conocimiento se atribuyó ser la más vieja y la más sabia y su territorio, por siempre jamás, el viejo continente. Cuestión de tiempos, de relatos, de inventos (bien es sabido que los descubridores de la fundición del hierro se pasaron por el filo de su espada a los que seguían anclados en el bronce), de relatos para acortar distancias, de ganarle metros a la lejanía, minutos a los husos horarios, de aproximar lo propio, en el entendido que los imperios apropian e intentan unificar el discurso cultural, religioso, científico. Prevalecer es unificar. Eso dicen. No ha lugar dos o más miradas.

Hoy, la proximidad, aggiornada la imprenta de Johannes en pantallas, está en los bolsillos y son más importantes que la ropa interior. Es tanto el caudal informativo que prevalecer demanda un relato como el renacentista, multiplataforma o multisoporte. El bien del mal, lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo bárbaro de lo incivilizado tiene que ser prejuzgado desde la infancia y consumido como menú del día. Pero, no es tan fácil. Nunca lo es. Quizás lo sea en un futuro replicante de Blade Runner. Por ahora hay asistir desde nuestra caverna digital a los mensajes. Y vaya que los hay. Y vaya que a veces duelen los oídos cuando nos recrean reinventan reinterpretan recuperan relatan y reacomodan lo que los sentidos el conocimiento y la experiencia nos alertan como absurdos. Alguien en algún lugar (sin utilizar el comodín del algoritmo) está empecinado en insultar (con éxito, hay que decirlo) la inteligencia.

(no entraré en la madre de todas las guerras de héroes villanos ni en lados correctos de la historia). Seré más banal, tanto como un rey emérito, que en estos días más parece un Cid Campeador que Rico «Ratso» Rizzo, aquel timador que nunca llegó a su Florida deseada para escapar del “todos hablan”. “El último campeón del mundo de vela”, el Colón o Vasco da Gama o Erick el Rojo o el almirante Zheng He o el Piris Reis, ocupó durante días la información por su retorno a su antiguo reino. Por tierra mar y aire se conjeturó sus argumentos: navegar, patronear el Bribón (no va con segundas aunque entre el Bribón y el Fortuna, carajó, blanco y en botella para describirlo a través de los nombres de sus yates), Sanxenxo, Galicia, su familia, sus súbditos, su autoexilio dorado, sus pelillos a la mar.

(no entraré en la política y en sus causas judiciales, ni tampoco en el desprecio de mis hijos por matar a sus dumbos de la infancia). Esa idea de recuperar su figura más excelsa de deportista buen mozo de más talla rubio sonriente campechano, llama la atención cuando sabemos que los años se morfan cualquier pintura y a la natura ya que le queda poco trapo. Pero no. Y la realidad, cuando desciende del avión privado (así viajan los monarcas eméritos), muestra lo que la lógica dicta a un tipo de su edad bien o mal llevada: un carcamal. Sin embargo, el mensaje continua y no está claro por qué al final no fue parte de la regata, pero se apresta a estar en otra, la verdadera, la que defenderá su título mundial, la que mostrará cicatrizadas sus heridas, tonificados sus músculos para los vientos y maniobras prestos los sentidos para la caña. Surrealista, pero lo dicen las pantallas del nuevo renacimiento creando ese epílogo de un monarca que no supo serlo aunque eso es un matiz típico de sus antepasados borbones. Pero eso es otra historia.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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