El abrazo del Frontex

Te abracé en la noche, te ibas de mi vida, te abracé en la noche, era un abrazo de despedida…, quedé a la deriva… y quedé con sabor desaparecido… (no puedo entrecomillar porque no recuerdo, la etaria condena que nos habita, saber si amasijé a Fernando Cabrera y, vaya mi disculpa de mostrador de habitué de El Cosmopolita que ya no está, pero ahí, justo ahí viene el tema de las ausencias presentes nunca olvidadas ausencias).

Mis tatarabuelos, bisabuelos abuelos viejos yo y quizás (seguramente sí) mis hijos que aún no lo saben enfrentaran ese abrazo nocturno que pelea por quedarse y sabe que cuando amanezca en el último colchón cardado por la necesidad vendrán un puerto aeropuerto estación de tren de autobús o un camión que pondrán la ruta en funcionamiento. Y quién se tiene que marchar, deja. Y quién queda, deja. Y es el abrazo, el último el que no quiere ser el que es y no quiere ser el que siente como la arena se escurre entre los dedos lo que produce ese rechazo visceral (mirar hacia otro lado es también asunto de vísceras) para no recibir. Qué tema, qué aburrimiento, qué pesadez escuchar leer ver ese asunto epidérmico de decir que no sé es y sin embargo, sí; ese asunto epidérmico de ser distraído con los miles y miles, decenas cientos y a poco que miremos atrás, millones de ñatas contra el vidrio que piden entrar. Racismo. Sí, da igual la etiqueta (quizás tenga razón Byung-Chul Han y Europa está signada por la infocracia, donde las audiencias, el público, las personas que enfrentan la sobredosis informativa sin saberlo pero a propósito se han convertido en mercancía. Quizás).

La publicación de una investigación conjunta de ‘Lighthouse Reports’ (Der Spiegel, SRF Rundschau, Republik y Le Monde) donde se acusa al Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, creada en 2004) de haber estado involucrada en la devolución en caliente de al menos 957 solicitantes de asilo en el mar Egeo entre marzo de 2020 y septiembre de 2021, provocó la dimisión de su director ejecutivo, el francés Fabrice Leggeri que había llegado en 2015. Apenas la punta del iceberg de una agencia involucrada en varias investigaciones desde su operativa hasta el antifraude.

Leggeri, apoyado por el semicírculo parlamentario europeo que va desde centro a la punta de la extrema derecha (y que avanza), sintiéndose desautorizado escribió en su carta de despedida: “parece que el mandato de Frontex por el que he sido elegido y renovado en junio de 2019 ha sido modificado de forma silenciosa pero efectiva”. Vaya, a quién se le ocurre mojarle la oreja con las violaciones de los derechos humanos. Vaya, porque venir ahora, tras muchos años asistiendo a la muerte de miles de personas, a decirles que existe la ley, que guardar las fronteras no es reprimir a las personas que intentan llegar, no es abandonarlas en la mar a esperar la muerte, no es devolverlas a los puertos de partida de donde han escapado, no es hacer negocios públicos y privados para agrandar y extender el abandono. Vaya, seguro que no se miran como personas. Ni tan siquiera un rato, como alguien escribió, pensarlas en clave de refugiados ucranianos.

Ver una patrullera un coche un helicóptero un uniforme del Frontex es una eurovisión canalla y no da para un abrazo. Es el mandato de Europa: blancos entran el resto afuera…, cosas de pieles culturas libertades derechos..

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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