sea lo que sea; será

si quieren venir que vengan, le presentaremos batalla…, quedó como la frase dentro de un discurso que antes tendía la mano para una paz y evitar lo inevitable porque, es de esperar que ahora alguien concuerde,  cuando suenan los tambores de guerra, las pegadizas emotivas estimulantes excitantes marchas militares es difícil darle la espalda prender un cigarrillo apurar un whisky para que venga otro y pensar, bien para dentro, que por ahí una generación se sacrificará al pedo. y decirlo (pensarlo para evitar el frote del colectivo enardecido), sabiendo que es legítimo y está interiorizado el sentimiento de territorialidad que a cualquier visitante que cruce el río y trepe del bajo al centro, se desparrame por cualquiera de los cien barrios porteños, por su conurbano por la pampa encontrará una y mil veces referencias en escuelas calles plazas pueblos del tiempo de ñaupa. no. galtieri con su tono miliquero, de pausas enfáticas era tan tarado como otros que hoy son alimentados con secretos en sus oídos que nada pasará que a lo sumo unos cuantos morirán y eso está bien bárbaro estupendo emocionante necesario. pero las guerras están llenas de miedos llantos deseos de no estar de no disparar ni ser disparado de orines que bajan por la entrepierna de vómitos de sudor frío tan lejano a lo dejado unos días antes cuando la película tenía un final feliz. nada tiene un final feliz nadie quiere disparar herir matar a un otro que está igual de cagado pero con otra bandera. trapos. sí, están los adoctrinados, pero no vale la pena citarlos describirlos hablarles. cuarenta años han pasado y las escuelas calles plazas pueblos siguen siendo Malvinas Argentinas pero faltan los que fueron llevados al matadero jaleados despedidos con banderitas. ahora los supervivientes de ambos bandos andan transitando los sesenta y monedas. nada ha cambiado. la legalidad y el derecho aplica para unos, pero no para otros. ley de vida, dicen. es difícil darles la espalda prender un cigarrillo y apurar un whisky para que venga otro y otro, callarse la boca con tantos mamaderas ofendidos que reclaman el sufrimiento de otros porque morir morimos todos, pero muchas personas antes de tiempo. quedaron muchas palabras para decirnos, es un buen epitafio para el silencio de años. y que sea lo que sea; será.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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