Sólo busco otra chica

“Bueno, no quiero cambiar el mundo, no estoy buscando una nueva Inglaterra,
sólo busco a otra chica…” retumbaba con una guitarra conectada a un vetusto Marshall en los caños londinenses de acarreo de ganado en pie rumbo a sus tediosas diarias de té con leche en cocinas enmoquetadas de rubia en bikini en la tercera página del Sun de sándwich de cremas y pavo partido en cuatro triángulos para alargar la media hora de almuerzo de borracheras a la carrera antes de la campana de sexo automatizado. Está bien o mal o no lo sé pedir deseos a estrellas fugaces que son satélites, hardware espacial que dicen y entendemos como nuestra felicidad, parece propagar en sus ondas entubadas Billy Bragg. Fuera, exhumados, el conflicto llevaba años. Así debía ser. Derechos y libertades que se peleaban para romper la milenaria condena de Sísifo del día a día del yo-tú-él-ella-usted-nosotros-vosotros-ellos-ustedes (algunos no. Pocos. Pero admirados. Deseados. Emulados. Adorados). Y sí, se perdió. Perdió el amor en todas sus expresiones, el amor político, el sentir por quien se desconoce, pero se percibe igual de necesitado de vivir que la imagen que nos devuelve el espejo cada mañana.

Renunciar a cambiar el mundo se ha vuelto cambio. Qué loco. Los baby boomers ajados cansados canosos oxidados descolocados jubilados enrocados en el relato de un siglo pasado y por ello derrotados so pena de ser estigmatizados como no democráticos, nostálgicos de violencias callejeras-sierras maestras-casbas-selvas, peor, populistas contradictorios conversos, ya fuimos. Mirar al horizonte pasa por saber que el sistema colapsa. Solo.

Gracias al brexit, ¡bien brexit!, sabemos que la estacha está a punto de cascar, que sin las personas nada funciona. que el relato del empresario como generador de empleo basura-esclavo-caritativo-xenófobo no funciona. que los baby boomers ya pocos quedan para asumir la derrota. que se llamen como se llamen las actuales generaciones no transan. que no se avergüenzan con su no trabajo por un salario de miseria. que saben que hacen falta pero no para transformarse en ese ganado en pie que transitaba por los caños de la guitarra con voz de Bragg. que si odias mi color acento olor, mi cultura, se siente, es lo que hay valor. y no hay más. oh, pobre Inglaterra, pobres centros de poder que ya nadie quiere pintarles en la pared. Pensaban que la muchachada del hoy sería tan inocentes como lo fuimos nosotros, que bastaba con tirar unas monedas en la funda de la guitarra y seguir el paso. no. dos, tres, cinco años a lo sumo para que nosotros seamos outsiders que sólo busquemos otra persona para perdernos entre sus piernas y ustedes, simples egoístas, lidien con el dilema de ser inclusivos, equitativos, diversos porque les va en sus billeteras (lo único sagrado en sus miserables vidas). “I don’t want to change the world, I’m not looking for a new England, I’m just looking for another

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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