Al Maestro con cariño

Cuando Sr. Thackeray llegó, ya veterano, a dar clase en un centro de Chicago, eligió aceptar el reto de hacerlo en el curso “H”, de los alumnos horribles. Sus nuevos alumnos son estudiantes hispanos, negros y blancos que son ruidosos, rebeldes y empeñados en comportamientos destructivos. Como hizo en Londres, él comienza enseñándoles el respeto por los demás. Se dirige a ellos como el señor X o la señorita Y, y espera a ser llamado el Sr. Thackeray. Poco a poco se entera de sus historias personales: Wilsie (Christian Payton) es el líder de la banda que protege a su hermano menor. Otra es una mujer afroamericana que lucha doblemente contra los prejuicios. Evie (Dana Eskelson) está creciendo sin padres y esconde esto para evitar ser adoptada. Así, cada uno es una historia a conocer y ofrecerle una mirada diferente.

El viernes, echaron con muy poco estilo o al estilo de los neoliberales, al “Maestro” Óscar Washington Tabárez, tras 15 años de proceso al frente de la selección uruguaya. Aducen falta de resultados. La realidad es otra. El Maestro era una piedra en el zapato en el marketing gubernamental, una imagen sólida fruto a su mirada diferente sobre el aglutinante e imperioso mundo del fútbol donde sus protagonistas han crecido (salvo casos puntuales) desde la crudeza de sus realidades sociales a un posible estrellato renunciando a los mecanismos que sociabilizan en una sociedad. Es el “a toda costa”, es la esperanza, es el juego del contacto donde los jugadores sí manejan la bronca y la osadía. No importa la opinión de quienes pagan tribuna. Ya era mala y nada, durante su efímera carrera, les convertirá en lo que no aspiran ser a ojos de los “doctores”.

Óscar Washington Tabárez como el Sr. Thackeray, son un grano en el culo del sistema que demanda producir y desechar personas. Durante 15 años, pero sobre todo en los últimos 10 años, el “proceso” Tabárez ha suscitado interés en el mundo tanto por lo deportivo, pero sobre todo, por hacer inclusiva la figura de las grandes estrellas que juegan en las ligas del Norte en un entorno. Conocer sus realidades vitales, empatizar con las mismas, tratar y exigir el respeto al Otro, sea cual fuese la función, ha marcado un antes y un después. La hinchada, siempre demandante de éxitos futbolísticos, se sintió participe, orgullosa de sus figuras y comprensivas con la idea de planificar, de estar en un rumbo concreto.

Se sabe que el neoliberalismo se significa por la figura del líder (aunque detrás estén los accionistas que obtienen los beneficios). El Maestro era rival para el Presidente. Le recordaba que hay otras formas de dirigir, que la planificación a medio y largo plazo la vuelve sostenible, que el efectismo tiene las patas cortas, que al carisma se lo comen los años como la pintura, que el fútbol sienta juntos en la cancha a muchas ideologías durante 90 minutos, que internacionalmente es más respetado y seguido Tabárez que su desconocida e intranscendente figura (una más de tantos líderes neoliberales), que es herencia de otra forma de ver y mirar la vida y que para un país fiado a las exportaciones, Tabárez es/era (su proceso) un valor que él nunca alcanzará.

Sí, ha habido un estallido de muestras de desagrado (aunque peligre la participación en el mundial de fútbol) por su cese (en tiempo y forma ruines). Pero sobre todo, un reconocimiento a quien supo maestro de escuela y de jugadores que publican: “al Maestro con cariño”. Lo de Uruguay Campeón, es secundario. Y lo del Presidente, tan solo es y será el número 52.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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