tinta invisble pero Indeleble

Hay un ejercicio que practico y no recuerdo desde cuando, pero presumo que debió ser cuando aún tenía anuda la lengua y por alguno motivo que desconozco, pero presumo fruto de  mi hiperactividad y la saturación-desquicie-ineficiencia de tirar las orejas-oídos sordos de los dioses invocados, encontré un lugar donde pasar el rato: el zaguán (lamentablemente soy gurí de apartamento años 50 tres alturas más azotea con taller y no disfruté del ecléctico de maestros italianos con balcones a un metro de la calle. Lo digo porque soy zaguán de mármol y baldosa imposible de calentar por muchas horas de asiento). Uno más, nada excepcional. Del zaguán a la esquina-banco de plaza- de rambla-de los bancos de territorios encontrados, es mi ejercicio practicado que practico que practicaré: observar.

Observar sin prejuzgar, sólo superponiendo imágenes, olores, gestos, palabras oídas, ritmos. Observar por curiosidad tiene una primera conclusión: dudar de la tinta visible presentada como un acto de fe con sus verdades-armonías-aceptaciones-jerarquías. De chico ya te das cuenta que algo no cuadra. De chico ya sabes que cuestionar el relato te traerá problemas. Pero algo no cuadra. Se ve, no cuadra. Sean los territorios que sean la perfección del relato que atribuye identidad está novelado y sus protagonistas, con buenos y malos, con obsecuentes y cuestionadores, tapan la mar de dudas que surgen a poco que se siente uno a mirar-curiosear-vaguear; da igual.

Sentado a miles de kilómetros aquellas superposición de imágenes se vuelven más nítidas con el estudio científico:

la primera

falso que es “un país sin indios” como proclama la historia oficial ya que hay un 14% de la población con ancestría genética indígena

la segunda

falso “el éxito del genocidio” que ya me revolvía las entrañas de chico cuando tal hecho se presentaba en los libros como una suerte de destino manifiesto con comprensión-sin crudeza-mostrando resultados que éramos nosotros, los casi europeos blanquitos civilizados enclavados en un continente demasiado indígena y por ello abocado a no lograr un pleno desarrollo cognitivo

la tercera

verdadero penoso cruel bárbaro miserable el éxito del etnocidio sobre las poblaciones originarias donde con esa mirada decimonónica de civilización-progreso, las políticas aplicadas por la ilustración local se fundamentó en tatuar la idea de que lo importante era destruir la base cultural de las poblaciones nativas: los indios no se tienen que reconocer como indios

la cuarta

el desconocimiento de los orígenes de las poblaciones nativas, la simplificación del relato, la bondad de unos frente a la maldad de otros. poco o nada es el relacionamiento de la macroetnia charrúa (acá vendrán más episodios para dar y quitar envergaduras y mitos) con los guaraníes (me pincharon el globo de la infancia donde éstos eran los culpables del asado con Juan Díaz de Solís) y, por el contrario, un lógico mestizaje con nativos argentinos y chilenos, en especial con los mesopotámicos diaguitas

la quinta

los franciscanos buscaban almas y sexo ya que se fija los primeros mestizajes con europeos sobre 1658, cuando establecen la misión en Soriano y la segunda, cuando los portugueses fundan Colonia de Sacramento (1683) donde aparecen rastros de mestizajes con europeos pero también con africanos, los esclavos de los lusos

la sexta

que es secundaria al proyecto pero general al estudio del genoma de cada individuo es que el saber SÍ ocupa espacio ya que portamos alrededor de 5 millones de datos para escrutar lo que supone en términos actuales unos 300 gigas de almacenamiento y un tera para su procesamiento.

Lucía Spangenberg y Hugo Naya son dos de los investigadores del proyecto “Urugenomes” en el que participan científicos de varios países (asiáticos-europeos-americanos) que de alguna manera están pateando en el culo al mito fundacional uruguayo a través de los dos pares de 23 cromosomas que nos habitan y como puntapié inicial es la publicación en la revista francesa Corps del artículo de divulgación “El genoma humano: la tinta invisible (pero indeleble) de nuestra historia”.

Que la tinta sea invisible forma parte del relato que aún hoy está anclado en los planes de estudio y en la esfera de lo público. Alguien se preguntó una vez que sin los romanos los pueblos romanizados ¿serían mudos? Sentarse a mirar es un buen ejercicio y quema calorías. La ciencia, con todos sus recaudos éticos, empieza a desmontar sin proponerse esa labor, pero desmontar, lo que es visible, pero es invisible oficialmente por culpa de nuestra huella que, mamá papá abuelas abuelos bisabuelas y bisabuelos…, nos han escrito con tinta indeleble.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s