Correctos, incorrectamente

¡Vamos! ¡Hostias!, ¡MeCAGOendiola! ¡La CONCHA de la Lora!, quién no ha cometido una estupidez a los 20 años y a los 30, 40, 50 o 60. No diré a más edad porque aunque lo vea, no lo palpo. Y lo digo por acción, mala decisión o de pensamiento que decían los curas en el confesionario cuando conminaban a confesar allá por los 8 o los 10 años, las perturbadoras recreaciones de las escenas franja verde con la Loren, la Coca Sarli o Rosa Luna.  El muchacho de Malasaña salió por donde pudo. O ustedes no le intentaron cargar el mochuelo a la aseguradora con un rascón en auto del viejo barra vieja. O no trucaron el contador de la luz. O no se hicieron los sota cuando la cuenta les favorecía. El muchacho de Malasaña hizo lo que muchas otras personas de esa edad hubiesen hecho. Punto.

La cuestión y vendrá después a putearlo todo, es que los líderes de opinión también conocidos en la versión aggiornada  y enredada como influencers, nunca han tenido un mal pensamiento. Están impolutos, no han acelerado sobre el límite ni manejado con la idea, está bien voy tranqui que las cervezas o whiskies son canallas, pero pongo el pasacasetes a todo volumen. Son pura teoría. Y se vengan. Porque Ganaron. Están ahí y billetera mata ideología. Se creen correctos. Tiene eslóganes, los «slaugh» (guerra) y «gheun» (grito) grito de guerra de los celtas que cruzaron de Irlanda a Escocia. Pero correctos definitivos definitorios sobradores o eso creen. Van y sueltan el rollo sobre qué es democracia y qué no, qué está bien y qué no. Se gustan. Son sexo frío, legal, con todos los permisos, paso a paso, “¿te gustó?”, PEOR: ¿te corriste o acabaste? Y bueno, son sociólogos, politólogos, abogados (es una plaga resistente a los deet), historiadores, economistas (estos están de capa caída, hace unos años con la prima de riesgo eran más disputados que el tiempo).

Pero, vamos, lo que no puede ocurrir es en la personas que se dedican al periodismo. Eso no. Ya, es así. Siempre fue. Digo, no avanzamos nada. Eran las que tomaban apuntes y no escuchaban a las pocas personas que tenían algo interesante para contar y gastaban el tiempo para que las personas estudiantes no incurrieran en los mismos errores pasados del periodismo. Si, estaban los abducidos en la infancia por las sectas religiosas- Pero eso es una tara. Se cuenta con ellas. ¿Y el resto? Gran pregunta. Ahora están ahí. Correctas con todo. O casi todo. Ay, hay cosas como la pobreza o la xenofobia que nunca terminarán de sentirla a flor de piel. Está bien, hablo de parte. Y no, dirán, pero si sos blanco y llevas tantos años con nosotras que sos uno más. No entendés nada.

Dicen que la presión de las redes sociales les impulsan a cometer errores. Que cuando el bar virtual decide hay que alimentarla, que contrastar fuentes tener calma analizar hechos ver como se desarrolla una noticia tener la mirada igualmente crítica y cuestionadora, va en contra de los ansiados likes. No. La culpa son las redes sociales. Puede que sí o que no. Resultado, la culpa es de aquel, aquella otra, lo virtual, la sociedad… Y era noticia. Vendimos mucho. Tuvimos un gran share (véase, lo mismo que estudio una de las infantas del reino y que viendo su auto en el aparcamiento llevó a un mundo de personas a desconfiar de esa carrera de ciencias sociales y políticas).

No tener los recursos profesionales, la mirada clara, la información actualizada implica darle carnaza a quienes viven desde la política del odio, en el odio declarado o tal vez insinuado. Ey, esta jodido, la culpa la tienen esos negros de mierda que vienen a quitarte el trabajo, los maricones que tienen mucha pasta y son un grupo de presión, las tortilleras que te enfrentan con su amor por la calle, los subnormales que te substraen recursos sanitarios sociales afectivos. Ahora pon correctamente las palabras a 2021 aunque sabemos que son esos los epítetos que repiten los tarados medievales. Y es que los tarados se rigen sin límites. Tenés una vida de mierda por culpa de todas estas personas que son vecinos. Sos una víctima de ellos, dicen. Por eso, hacerle el juego, caer en su simpleza es, cuando menos, lamentable. Porque los  delitos de odio han aumentado y MUCHO. Los CIEs están lleno de personas que no tenían un papel con su foto cuando llegaron, las calles se basurea a la persona diferente. La APOROFOBIA crece. Y parece un sinsentido y, sin embargo, hay una bronca larvada en la última década, cuando se decidió que era más importante la banca que las personas, cuando se precarizó el empleo, cuando la pobreza energética entró por las puertas y ventanas, cuando se planteó: “esto es lo que hay valor o lo tomas o lo dejas porque peor es nada”. Billetera mata ideología. Se dice. Pero se instaló como valor supremo.

Nada nuevo. Brota como la malaria. Se prende como un chisquero. Hay un montón de gente que acude a los nuevos sermones del odio. Buscan la respuesta a una miseria sin luz al final del túnel. Y odian sin saber hasta que punto odian. Antes, en la calle, los enfrentabas a trompadas. Ahora no corre y está bueno. Pero la grieta está. Y se agranda. Las sociedades no cambian ipso facto por una ley. Es un proceso de lento contagio. Un tiempo que las redes sociales dicen no tener. Los correctos, incorrectamente viven en su burbuja y alimentan los discursos del odio cuando meten la pata por esa premura de colgarse medallas. «Piano piano si va lontano forte forte si va alla morte«. O eso creo.

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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