Un Mercadito Ecológico y de Proximidad

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El primer domingo de octubre del 2016, el Campo de la Leña amanecía sembrado de unas pequeñas carpas bajo su magnífico arbolado. La incertidumbre era grande. Se intuía que la población coruñesa demandaba un mercado de productos ecológicos y de proximidad, pero también que para muchas personas, la información de la que disponían era contradictoria: bueno pero caro, curiosidad frente a incredulidad. La apuesta fue clara: realizar un mercado chico, un mercadito, para promocionar esta producción y comercializadores, facilitar los cambios en los hábitos de consumo de las personas e informar. Al ayuntamiento le costó unos meses entenderlo, sacarse esa pelusa del todo gratis porque cualquiera pone una carpa. Pero lo hizo y fue más allá financiándolo, un caso único en Galicia. Al mediodía el Campo de Leña estaba llena de personas. Fue un éxito y el tiempo ha dado la razón.

En estos dos años de fríos, calores, lluvias y vientos, han pasado más de 70 productores, tiendas coruñesas y transformadores que con su trabajo se han ganado eso tan difícil para muchos que es la fidelidad de los clientes. Los productos frescos son las estrellas, cómo es lógico, porque aúnan calidad única y sabor incomparable; “los de siempre”, como aseguran las personas de más edad. Y, ya no hay temor por su precio. Los elaborados, sobre todo, destacan por el componente creativo de quienes trabajan en su producción. Son estupendas sorpresas dominicales. Y los textiles, en una ciudad muy impregnada por el sector, un descubrimiento. También las organizaciones que trabajan en comercio justo y ecológicos, en los procesos de inclusión, en el reciclaje. El Mercado es eso y mucho más porque cada domingo que despliega sus carpas, se construye una vez más.

En estos dos años, también, hay un aprendizaje, una observación sobre las tensiones de los extremos que giran alrededor de la ecología. Certificados frente a proximidad. Cada uno con sus razones, pero enfrentados. Faltan los espacios comunes. La política anegando con sus intereses las posturas. Y, en muchos casos, la perversa relación de subvenciones, el clientelismo ancestral que tanto daño hace. Ahora son las grandes marcas que entran en sus estrategias de marketing verde y suena a la milonga de la responsabilidad social corporativa. Igual, son pasos. Punto pragmático. Pero nos falta una ecología en los procesos comerciales, las administraciones, en el relacionamiento. Falta sostenibilidad y respeto por las personas que, vaya, también formamos parte de la naturaleza. Sin embargo, vale la pena. Y sobre todo por las personas que nadando en aguas turbulentas, apuestan y viven en el difícil equilibrio de vivir según sus criterios vitales. Quizás por eso, en el mercadito, es impagable robar conversaciones, arrancar historias reales.

El mercadito es ecológico a la interpretación de sus usuarios. Es comida o ropa o objetos hechos de verdad. Y, no seamos malos, es una depresión entrar en los supermercados y comprar, probablemente más barato, la comida basura, es carne que encoje, esa fruta que no sabe, esas verduras que desaparecen fuera de los lineales, por decir algo de la normalidad que aceptamos sin rechistar. Leyes de mercado frente al mercadito. Y por ahí, gana el mercadito. Lo suscribe un urbano bien contaminado y sin el postureo.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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