Los pisitos

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“¡Qué te cases con la vieja!”, le ordena amenazante Petrita a Rodolfo para conseguir el pisito a la muerte de Doña Martina. Es la salida, la subsistencia, la oportunidad, en una realidad de crisis que, recurrente, vuelve y vuelve y vuelve como aliviadero de unos y condena de otros, los más. Neorrealismo cinematográfico. Una comedia de humor en la que es imposible reírse, heredera de esa veta oscura que une a Goya, Unamuno y al cine en reconstrucción de la postguerra. Realidad intensa donde los personajes, lejos mostrarse en solidarios, sacan su prosaico discurso donde reina el egoísmo. “El pisito”, es un clásico del cine español y, por lo visto, de la política.

Neorrealismo y cine social van de la mano, igual que, en la actualidad, neorrealismo y política social. Sé es así, se actúa así. Alguien sacó la brillante idea de comprar pisos para resolver una necesidad social. No se fijó en la datación de la revista leída. De haberlo hecho, sabría en sus números posteriores que esa medida fracasó en los espejos urbanos donde se miran. Sin embargo, el premio prometido, la inmediatez en el accionar frente a la opinión pública (sin los plazos más lentos de una política de viviendas), era goloso. Y por ahí, como hace Marco Ferreri en sus escenas que se van llenando de personajes, aparentemente absurdos (por ejemplo, un niño sentado en una bacinilla sobre una mesa de comedor junto a los comensales), el concurso “en libre concurrencia”, sumó propietarios oferentes. Debió estar muy bien comunicado porque la noticia llegó hasta Barcelona. Un propietario cercano al partido de gobierno vio oportuno presentar dos “pisitos” heredados. Y ganó. Con los dos. Igual que tres personas más. ¿Con dos? El guion no busca la risa. La supuesta casualidad, el don de la ubicuidad, tampoco. Parece lo que es. Es lo que parece. Pensaríamos igual si fuesen otros (la historia reciente del reino está llena de casualidades juzgadas o no, condenas o justificadas. Las hemerotecas están ahí). Lo que ocurre es que cuatro de los cinco pisitos comprados no cumplen con la normativa. Entre esos cuatro pisitos están los dos de la casualidad. ¡Vaya!

El neorrealismo cinematográfico es un invento italiano. Se caracteriza por un intenso realismo, por sus localizaciones naturales y la inclusión de actores no profesionales. ¿Coincidencia? En este caso, pasados los años los políticos amateurs tienen ya un grado de semi-profesionalismo. Y su actuación, tampoco provoca risa. Solo se salva el concejal con competencia en contratación porque, digamos lo que digamos, firma todo lo que sus colegas le pasan y, a falta de un notario, uno se puede imaginar que tiene que existir un sistema de confianza o, en su defecto crear un puesto para esa responsabilidad. Firma lo que le pasan. Punto. Sin embargo, quién tiene competencias en la materia, quién diseñó el plan, lo ofertó y evaluó, sí tiene responsabilidades. Está mal, bueno, chau. Hay cientos de personas que pueden ejercer ese cargo. Ya es un tema de partido. Y, hablamos de un partido, no de una formación diferente que llegó a refrescar las cloacas de la política en las que se sumió el reino con el bipartidismo monárquico.

Y como las películas tienen su metraje, y este lo hicieron largo, desde la cúpula se montó una trama desmedida. No son profesionales, tampoco, ya, amateurs. Negar la evidencia tampoco provocó risas. ¿Alguien pensaba que dilatando el tiempo con negativas iban a crecer los metros cuadrados de los pisitos o se abrirían las ventanas? ¿Alguien pensó que el tribunal no se ajustaría a derecho? Y como el emérito en sus memorias de África, ahora se pide perdón. La plata de los pisitos, voló. Ahora el propietario ya no es tan colega. Hablamos de plata.

Mary Carrillo y José Luis López Vázquez representaron estupendamente a quién le supera la realidad y está pero no está y a quién, a toda costa, busca manotear las circunstancias a su favor. Marco Ferreri, criticado en su época por hacer uso del sarcasmo y el humor “negro”, y Rafael Azcona guionizaron una realidad de las tantas del incipiente desarrollismo en dictadura. Los datos sociales y económicos actuales, lo diga quién lo diga, son de una situación de crisis. Y a falta de neorrealismo cinematográfico, hoy, la comedia que no es para reírse, se consume, día a día, en los noticieros y otros medios. Cosas de pisitos.

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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