“A medio cocinar”

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Mío, mío, mío. Esto es mío. Vos sos mía. Ustedes son míos. Y aquello, también. No tengo mucho. Pero todo es mío. Hasta mis enfermedades son mías. Y mis manías. Y el mal carácter. También es mío. Tengo un país, una bandera, una raza, una creencia, un himno. Una comida. Y una bebida que aunque parezca igual, la tierra y el sol la hacen única. Una selección, un cuadro de fútbol y un estar. No es un gran estar, pero es mío. Un sistema educativo, sanitario y un trabajo. Todo mío. Y sí, lo comparto, pero con los míos, en mi democracia, con mis derechos y mis libertades. Y acepto las obligaciones porque me distinguen, son mías. Y si le engaño al fisco es porque el estado, obviamente, es mío. Y por lo mío, mato. Y me pongo uniforme con un escudo que me representa. Cierto, no lo hago. Pero lo haría. No me tienten. Soy muy mío. Yo no me meto con los de afuera. Es verdad, me interesan una mierda. Bueno, en el fútbol, quizás. Y en la música. Pero no tienen patria. Además, con mis impuestos que vienen con las entradas o los derechos, les pago sus vidas. Qué carajo, que no soy xenófobo. Y menos racistas. Están ellos y estamos nosotros. Nosotros, digo, los que son como yo. Y si se comportan y adoptan mis costumbres, porque es para su bien, para su civilidad y bienestar, bueno. La caridad es una buena manera de ganarse el cielo. Ahora que lo pienso, ¿en el cielo estaremos todos mezclados? Ya, ya, no los bárbaros de las otras religiones pero, todo hay que decirlo, lo he visto en la televisión y en algunos países que dicen profesar la mía, son un, cómo lo diría, un poco retrasados. En fin, ya lo veré en su momento. Yo no soy racista. Digo, tampoco veo a mis hijos con parejas de color. En fin, por no mentir, quién no se ha imaginado un cuerpo desnudo de color. Es venial. Además, cuando imagino sus olores, se me pincha la pelota. Es natural. A ellos le debe pasar lo mismo con nosotros. ¿O no? Buen rollo. Si hasta los llamo con un diminutivo. Soy cariñoso. A veces. Lo que pasa es que vienen y no quieren cumplir con nuestras leyes. Les dan prioridad en la sanidad, en las escuelas, en los alquileres. Lo hemos hablado en el bar que hay personas que saben mucho porque son abogados, tienen empresas y son funcionarios, comerciales, artistas, taxistas y demás, buena gente, de trabajo, de ley, que generan riqueza, que en los hospitales y servicios sociales siempre tienen prioridad los emigrantes. ¡Tócate los huevos! Hay cupos para ellos y no para nosotros que pagamos los impuestos. Están muertos de hambre en sus países y se vienen aquí para ir al médico. Y después no hay para nosotros. Y lo peor es que el otro día el negrito ese que pide en la calle, en la puerta del supermercado, que es de uno de esos países de África que están a los tiros, creo que se llama Nigeria, uno de esos, y que tiene una dentadura enorme, me dijo que no era negrito. Y yo pensé, estará fumado. Me dijo que su padre era alemán y que en su país los llamaban “a medio cocinar”. Padre blanco y madre negra. Y me dejó pensando. ¿Qué quiso decir? ¿Qué los negritos están cocinados, ellos a medio cocinar y nosotros crudos? ¿Nosotros crudos? Me está llamando crudo. Qué es lo mismo que llamarme animal, caníbal, incivilizado. ¡No! Si yo tengo una patria. Mía. Y podría contar todo lo que es mío.

Cosas.

Artista: Tolu Aliki

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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