“Obrigado pela sua preferência”

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En febrero de 2017, el gobierno ilegítimo de Michel Temer decreta un “golpe maestro” autorizando la intervención militar en Río de Janeiro. En las favelas, claro, donde viven un cuarto de la población. Es una herramienta de imagen para repuntar ante su increíble 97% de impopularidad en el estado carioca. Es fácil ser curioso, basta con escribir en el buscador de youtube, rio (así, sin mayúsculas ni tildes). Las ventanas se despliegan con diferentes títulos y tiempos que buscan atraer al internauta o telespectador local: morto, traficante, conforto, guerra y otras de un supuesto bien peleando contra el mal. Click al azar y una carátula que se va conformando con impactos de balas: Risc en Río. Sobran palabras. Es decir, faltan palabras y sobran tiros. Las grabaciones son parecidas: eternas procesiones de policías (nunca aparece el ejercito) por calles, descampados y pasadizos semivacíos. ¿Semivacíos? Obvio, que el espectador le ponga cara al mal. El bien, va pertrechado como contratista en Irak o Afganistán. Cada cruce, esquina, recoveco es una posible emboscada y los policías, de la civil, militar o federal actúan cubriéndose, parapetados tras autos, farolas o muros, apuntando, dedo en el gatillo, como en esos juegos infantiles. Evitar la sorpresa. Llevan tanto equipo que es agotador verlos. Igual, de fondo, algún sonido de automáticas. El territorio que pisan no está destruido, simplemente, nunca fue, aunque quiso serlo. Al final, algún detenido. Imágenes tendenciosas como fondos con el “ordem e progresso” de la bandera brazuca, el respeto a los moradores despistados y la basura. Habitualmente son los atacados. Y caminan, caminan, caminan.

Al hilo de rebuscar las imágenes que están sin su control, el contexto, la vuelta a una certeza de una pseudo guerra civil provocada, necesaria para las elites coloniales, que odia y necesita a quien dice combatir, Eric Nepomuceno publica una nota donde los datos son desoladores porque, cinismos e ironías aparte, hablan de personas:

 

. El año pasado hubo en Brasil 63.880 asesinatos. Es decir: 175 asesinatos por día, más de siete por hora ( hubo más asesinatos en Brasil el año pasado que muertos en la guerra civil de Siria).

. De ese total, 4.539 eran mujeres. Y muertos por la policía 5.144: 14 por día. El promedio nacional indica 30,8 asesinatos por cada grupo de cien mil habitantes. Pero en algunos estados el índice es tremendamente impactante: 59,1 asesinatos por cada cien mil habitantes en nordestino Ceará, y 63,9 en el amazónico Acre, y escandalosos 68 en el también nordestino Rio Grande do Norte.

. Hubo al menos 60.018 estupros oficialmente denunciados, lo que significa 164 por día, casi siete por hora. Y se registraron 606 mil casos de violencia doméstica. Vale recordar que esos datos se refieren exclusivamente a denuncias prestadas ante a las autoridades, y que estudiosos e investigadores de esa clase de violencia indican que el número real sería de por lo menos el doble.

. En el abandonado y arruinado estado de Río de Janeiro (donde se graban las imágenes para los audiovisuales tipo corresponsales de guerra), se registró, en los cuatro primeros meses de 2018, la muerte de un preso a cada dos días. Principales causas de semejante brutalidad: enfermedades infecciosas, malas condiciones de higiene y falta de personal médico.

. En Brasil, se calcula que el 40 por ciento del total de poco más de 700 mil presos, la tercera población carcelaria del mundo, ni siquiera han sido juzgados (otra vez me vienen a la cabeza los detenidos de los audiovisuales). Se estima que la sobrepoblación media de los presidios brasileños es del 50 por ciento. O sea, por cada cien plazas, 150 presos.

 

El “golpe maestro” de Temer (así le llamó quien se sienta en Planalto), ha registrado ahora dos resultados: una disminución en el número de robos, y un fuerte aumento en el de muertes. Desde marzo ocurren 17 tiroteos por día, en promedio, en el conurbano carioca. Se multiplican casos de muertes de inocentes, niños y adolescentes, sin que nada cambie, excepto para peor (y estos, a diferencia de las desgarradoras imágenes de los conflictos bélicos oficializados de familias rotas, no salen en tv).

Eric Nepomuceno escribe acertadamente: “El aumento astronómico de la violencia, en todo caso, es solamente uno de los muchísimos aspectos del derrumbe de un Brasil que se deshace de manera veloz. Cada día gana impulso, fuerza e impacto el incalculable retroceso experimentado por el país que hasta hace tres años era la sexta o séptima economía mundial, ocupaba un espacio nítido y consolidado en el escenario internacional y mantenía –pese a sus problemas económicos y principalmente fiscales– programas sociales de enorme envergadura.”

El retroceso, que finalmente es violencia aunque no armada, ha provocado el crecimiento de la mortalidad infantil, el retorno de enfermedades que habían sido extirpadas, la vuelta de entre 5 y 8 millones de brasileños a la pobreza (tras la salida de la misma de 40 millones de personas en las legislaturas de Lula). Se traduce en la existencia de 27 millones de brasileños desempleados, o trabajando en condiciones de precariedad absoluta, o sobreviviendo en la informalidad; es decir: 37 por ciento de la fuerza laboral del país.

Volviendo al principio al principio de la nota, y antes de las carátulas de presentación de esa herramienta de desinformación que me llega por youtube, salen los patrocinadores de los espacios. La plata chica. Es elocuente porque en el fondo desnuda al público que quieren convencer: las víctimas que moran en los escenarios bélicos. Y entre varios de gomerías y tiendas, rescato a un servicio 24 horas de reparto de garrafas de gas a domicilio que cierran su speech con: “Obrigado pela sua preferencia”.

 

 

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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