Primeras impresiones

ca3

Lo nacieron a desganas. Nada estaba escrito y menos tatuado para pensar que aquel súbito tsunami de luz que lo invadió estaría mejor que su líquido y movido ambiente. Sería cuestión de explorarlo, de buscar la nitidez de esas formas sonoras, de tacto seco y olores extraños que aparecían intermitente frente a él. De repente, el vacío se le presentó. Sus fronteras reconocidas habían desaparecido y sintió que cuando había piso no existía el techo, que alargando sus manos nada alcanzaba, que sus piernas también podían extenderse sin límite, no ya como reclamo, una protesta. Su banda sonora donde se mezclaban murmullos, yidakis gástricos y lonjas de tambores piano perennes, se acallaron. Y lo vistieron. Y fue extraño. Otra piel sobre la propia, un roce inesperado que enlentece los movimientos. Da calor, sí. Pero nada iguala a las profundidades de su océano expulsado. Los desconcertantes instantes se agolpan por todo su cuerpo. Interpretarlos exige repetirlos y discriminarlos. Hay abrazos que hacen daño mientras que otros son tan confortables que ensoñecen. Los hay susurrantes. También celosos. Hay sonidos reconocibles que ahora no suenan iguales. Algunos, se han vueltos distantes, secos y quizás por ello, honestos. Ya es un hecho que come, mea, caga y llora. El tono demarca a sus sombras. La calmada voz no siempre se acompaña de un abrazo, de un beso. La histriónica algarabía, viene, toca y se va. Hasta un siguiente carnaval. También están los sonidos que son dunas, montañas gastadas, olas, a los que lamenta no comprender en ese instante de proximidad irrepetible. Le gustan. Mucho. Y más si son atropellados. Suenan creíbles. Como los labios temblorosos. No los que exhalan un vaho tóxico de compromiso que son sellos de propiedad. Los temblorosos. Esos le gustan. Humedecidos, acogedores. Sin aromas extraños, ni texturas compradas. En sus primeros instantes, el amor y el odio pugnan. Involuntario protagonista. Alguien, entre muchos alguien, lo ve como una oportunidad de ser, como algo propio. Alguien, también entre otros, como una cadena, como un ataúd de cemento en el río. Y solo él los reconoce, aunque solo vea formas difusas, primeras impresiones. Qué son las que cuentan.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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