Nacerte entre los muertos

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Hola Kevin, perdona que este nerviosa, tenía tantas cosas que decirte que ahora, que estoy contigo, no me salen las palabras, por lo menos como quería decírtelas. En el avión pensaba en cómo estarías, en tu sonrisa con los dientes torcidos, como la de tu papá, en aquella tarde que llegaste a casa sonriente con el pasaje de autobús para la frontera y aquel mapa. Te acuerdas, se me dio por llorar. Ya, ya, lo habíamos decido ambos, nos habíamos pasado medio noviazgo y tres hijos después, lo decidimos. En Benín City, nuestra ciudad, solo hay miseria y venir a esta tierra era nuestro sueño. Igual se me dio por llorar. A escondidas, no quería que te sintieses mal. Tu mamá también lloró mucho. Estuvo meses llorando. Ahora no. No te preocupes. Ahora es tu papá quien se ha vuelto un fantasma. Cuando vuelve de la ladrillera se pasa horas sentado mirando al vacío. Solo habla con Robert, que dice que es igualito a ti cuando tenías 7 años. Tiene una foto tuya en la escuela de las monjitas. Estabas lindo con tu uniforme de camisa blanca y pantalón verde. Las monjitas hicieron una colecta para mi viaje. Yo creo que ellas pusieron más que los vecinos. Y eso que nos hicimos pentecostales. Igual, yo creo que todos somos hermanos. Traje una foto donde estamos toda la familia, tus papás, los míos, Joshua, Alice, Robert y Mary Ann, la hija que no llegaste a conocer. Es una linda foto, ¿no crees? La sacamos en casa de mi hermana Jennifer, que su marido compró un teléfono con cámara de fotos. Ya sabes, muchas veces llamo desde ese teléfono. Los niños están bien. No saben nada. No sé, son muy pequeños. Igual Robert sueña con venir. Les dice a sus amiguitos en la escuela que tú tienes un coche blanco. Te imaginas, un coche blanco. A veces pienso que él lo sabe. Los pequeños no. Están acostumbrados a tu ausencia, tras dos años de viaje. Les falta escucharte por teléfono pero yo me las arreglo para decirles cuando llegan del colegio que justo nos llamaste. Y protestan pero les digo que el trabajo y las diferencias horarias no te lo permiten. Igual, les cuento historias. Daddy, siempre están con el daddy. Es lindo este pueblo y las personas han sido muy amables. Dicen que es la primera vez que les ocurre. Es muy caro y ni estoy segura de poder devolver el dinero de la colecta. Fue una suerte. Una organización holandesa pudo localizarte. El resto, ya me conoces, no viajé contigo por mi embarazo; de lo contrario, a lo mejor estábamos juntos, los dos, ahí dentro. Perdona que llore, no lo puedo resistir. Imaginarte en medio del mar, ver tu cara de angustia. Me despierto por las noches imaginándote. Y hay noches que te siento; que siento tus manos, que huelo tu piel. Y aquí estoy, sin saber bien que decirte. Tú tras esa tapa y yo aquí, hablándote. No sé si se puede o no, pero agarré esta piedra para escribir tu nombre. No quiero que seas anónimo. Quizás mañana, cuando las personas vengan a ver a sus muertos, lean tu nombre como uno más de los suyos: Kevin Omoregie. Por eso vine, para nacerte entre los muertos.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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