Ella

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Para los pueblos guaraníes, la energía del agua está emparentada con el amor. Quizás por ello, sin saberlo, desde chica, ella nadó y nadó en sus ríos, en olas atlánticas, en subterráneos manantiales de roca, en su caverna.

Amó con sentidos ignotos y se dejó fluir por corrientes que viajan cargadas de sonidos y aromas de otras tierras. Y las hizo propias. Mestizó su sudor, los jugos de su mirada.

Restingas ocultas, traicioneras, tajearon su piel tecnicolor. Nunca la detuvieron. Caudales turbios de vida la hicieron sensible a texturas descubridoras. Y ansió más. Difícil distinguir entre brumas y remolinos sin su mirada. Puro pelear a contracorriente. Por instinto nomás. Por esa centella de energía de quien es agua y ama. Una buena tipa. Salina y dulce; estuario ella. Porfiada y caudalosa, siempre. Salvaje y mansa; nunca quieta, ella.

Hay veces, cuando la luna llena dibuja un boulevard sobre la mar camino de algún horizonte, Ventura la imagina por un pasillo orillero llegando desnuda, creciendo hasta ser tsunami, abrazando con su cuerpo de río que es mar, revelándose como sudestada. Tienen razón los guaraníes.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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