80 milisegundos

explosic3b3n-cara.jpg

“La duración de la fase de comprensión fue la mitad del mínimo tiempo requerido para el reconocimiento cognitivo de un evento en un ser humano”, señala un informe de inteligencia de la marina estadounidense para desviar la atención de la desaparición del submarino argentino ARA San Juan en el Atlántico Sur, publicado por Le Monde. ¿Es medible comprender el final de la existencia? Ventura repasa alguna situación cercana:

Las luces del auto iluminaron a los cuatro tipos que en su Renault 12 se cruzaron en la ruta esgrimiendo armas por las ventanas. Rondaban las diez de la noche, circulaba por el lomo del Atlas, en una de las rutas que une Chefchaouen con Fez. Los dos del lado derecho: morochos, con bigote, campera de cuero y, por lo menos uno, camisa a cuadros. El otro, pullover oscuro. Ambos con armas largas. Los del lado izquierdo eran sombras gesticulantes enarbolando machetes. O grandes cuchillos. Gritaban y hacían señas para que detuviese el auto. Dos opciones en una fracción de segundo: embestirlos para despeñarlos o esquivarlos bajando marchas. Ambas mientras metía las largas para cegarlos y con la mano izquierda rebuscaba en la guantera de la puerta una filosa navaja recuerdo del Gran Sol. Parecíamos una presa fácil: dos autos, tres mujeres y dos tipos, una cena en Derdara y las ansías por comprar algo de hachís, siempre probando su calidad. La ruta estaba sin pintura. Un continuo enlazar curvas. Y el Atlas no tiene luces. Habría pasado media hora desde que reemprendimos el viaje. Y aquellas luces por el retrovisor no levantaron sospecha. Fue el instante que adelantaron cuando cruzamos las miradas y las vi. Primera reacción, lenta. Solo se activó el instinto cuando cruzaron el auto. En la perspectiva, hay tiempo. En el momento, apenas unos segundos. Las opciones para responder de una forma determinada, violenta, es sencilla. Detenerse no es posible. No será un simple robo. No esperaré una respuesta deseada: “la plata, lo de valor, el auto.” Eso no ocurre. Quizás en el medio de un aburrido Estocolmo. Ni ahí. En el medio de un sitio desconocido, las reglas se intuyen. Lo mismo ocurrió años después cuando me salté un control de la Policía Militar a la entrada de Porto Alegre. Estaba, aunque no lo quería, cargado de historias sobre la Militar y la Federal en Brasil. Escaso salario, chapa uruguaya, mal asunto. Y metí una segunda en el acueducto que baja junto al muelle para perderme por las calles que desconocía perseguido por una moto con un uniformado. Llegué a donde intuí que era el centro, las luces y el bullicio fue el dato, y me dejé alcanzar. Si había una posibilidad era exponerme a los paseantes. ¡Qué risa!, el uniformado era del servicio de atención al turista y solo quería ofrecerme un hotel. Le dije que sí, que necesitaba uno y me señaló uno que estaba justo enfrente de donde me había detenido. Ok., perfecto. Pagué la comisión por sus servicios y tras una ducha, me tomé todo el bar. Un par de ellos. Y sin resaca. El susto es cómo el espidifen. Pura arginina.

La diferencia con aquel hecho en Marruecos fue contemplar la decisión del enfrentamiento. Con resultado incierto; peor que incierto. Cuatro contra dos. Unos armados y la navaja sin aparecer. Y, sin embargo, evaluar que existe una posibilidad no tiene territorios, es una ley de la calle no escrita que dice de una remota posibilidad si uno demuestra estar lo suficientemente loco cómo para despreciar la propia vida. Psicología callejera que funciona y hasta a veces apacigua. Difícil de entender en ciertas latitudes o ambientes. Realidad demasiada frecuente para demasiadas personas. Y no precisamente de pantalla de televisor. Es una respuesta automática. Sin moralinas.

Acelerada la escena, haciéndola real y sin la perspectiva narrativa de los años, la muerte llamada evento, se reduce una fracción de segundo sin sonido ni contexto fuera del foco principal. Aquel 15 de noviembre de 2017, los 44 tripulantes “no se ahogaron ni sintieron dolor alguno. La muerte fue instantánea, en 40 milisegundos (0.040 segundos)”. Ventura, sin pretenderlo, lo supo desde mucho antes. Cada día, consciente o inconscientemente, se mantiene alerta. Un automatismo. No hay nada más absurdo que driblar la muerte y cambiar las percepciones, los valores. Eso se hace antes. Mucho antes. Solo pretende tener 80 milisegundos para escoger su última mirada. Cognitiva. A ella.

 

 

Anuncios

Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s