629 buenas noticias

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Carmelo y Pascual llegaron en segundo de escuela. También Manuel y Carmen. Era 1968. Matteo Salvini no había nacido, el odio sí. También el bufón de Beppe Grillo. Calabreses y gallegos. Tardamos cómo dos semanas en intercambiar figuritas y bromas. Recuerdo que el primer día salí corriendo de la escuela para decirle a mi vieja que “había conocido a un gallego chiquito”. Recuerdo su carcajada: “¿cómo un gallego chiquito?”, me preguntó. “Chiquito cómo yo”, respondí señalando con mi mano la altura de aquel chiquilín. “Y qué pensás, los gallegos también son niños”, y me quedé pensando porque hasta ese momento, solo eran grandes. Los viejos de los calabreses eran costurera y zapatero. De los gallegos, modisto y no recuerdo su mamá (laburanta, muy laburanta, seguro). Venían apremiados por la vida. Y encontraron su hueco. Venían cargados de vida. Y la compartieron. De eso se trata. Difícil encontrar alguna familia que no lleve a gala la promiscuidad de sus ancestros. En la primera acepción del diccionario (porque la segunda pocos la entienden como un halago. Yo sí). Difícil desnudarse como un monocroma. Solo los fachos. Y ni eso. Salvini siempre será un bastardo para los germanos. De los Alpes al Sur, solo el Papa les sumaba a sus imperios. Ahora ni eso. Sin embargo, ellos, en su escalera, hacen de menos a su Sur. Y sencillamente no les dan la condición de humanos cuando se cruza el mar. Los han esclavizado, han provocado genocidios, una y otra vez olvidados (han olvidado hasta cuando los Dagoes fueron linchados en Nueva Orleans [eran calabreses y sicilianos]). Gorilas blancos que, por desgracia, tienen seguidores y votantes temerosos al extranjero, al que viene a robarle sus trabajos, sus mujeres e hijos, los caretas que viven de sus impuestos. Oh, los impuestos ganan en el ranking de provocadores de conflictos sociales (aunque necesitará siglos para sacarle el primer puesto a la religión y el segundo al amor). El discurso del victimismo. Por suerte, el nuevo gobierno español ha reaccionado abriendo sus puertos al barco de rescate Aquarius. Por esta vez. Y son 629 vidas que salvan. No es poco. Y es por derecho internacional. Pero vendrán más y a Salvini, el tipo que nunca será tedesco, le salió bien la jugada. Nunca más supe de Carmelo y Pascual, Carmen y Manuel. Ojalá sean felices. Se lo merecen como todos. O casi todos. Bueno, hasta los hijos de puta como Salvini, alguien lo rescataría. Es una buena noticia. Son 629 buenas noticias.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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