El tobillo tatuado

It-月

Ventura anda dubitativo en su palear. Le mete energía sin motivo aparente para, a continuación, detenerse rebuscando una señal en su horizonte desierto que lo destine a lo que sus tripas le suplican desde que naufragó. Un va de vuelta incierto, aunque sepa que le ha quitado todas las escamas que lo hacían confuso, brillante o camuflado a la vista de otros. Sus paladas se tornan divertidas, entonces. Reír está bueno. Solo el vigilante del Cementerio Central entendía sus carcajadas en aquellas mañanas en el que acudía a robar nombres de las tumbas para inventarles relatos que imaginaba opuestos, contradictorios a los supuestamente reales que, ya muertos, querían representar. Un mundo de historias post mortem, con texturas de contundentes opulencias, o de sensibilidad artística, o de pragmatismo financiero, o de alquimia científica; con arquitecturas arriesgadas o barrocas o piadosas; con epitafios para aclarar lo que en vida no se pudo. De ahí las carcajadas de Ventura que, en su interior, comprendía la contradicción viéndose representado por la suya propia. Y es que hubo, y es lo que considera su castigo, un momento, que fueron años, de ser tan sólo un espejo donde mirarse con su contexto. Sin dejar de criticarlo, de analizarlo y desmenuzarlo, Ventura pasó demasiado tiempo frente al espejo. Personas, lugares y objetos que nunca le aportaron la felicidad y sí un aburrimiento y el fatalismo de ser parte de algo construido para otros. Se acostumbró a bajar la cabeza para ocultarse del espejo y a vivir con el ruido, tan necesario para quienes tienen que entretener sus vidas. Se la rebuscó para sobrevivir. Al fin y al cabo, el cinismo también alimenta. Por eso, cuando vio aquel tobillo tatuado con el sinograma de una luna, mucho antes de ser la vestimenta de la actualidad, sintió la necesidad de levantar la cabeza y descubrir un relato en vida. Complicado, contradictorio, errante, justo para la felicidad desnuda. Sin espejos. Contextos. Objetos. Sin ruido. Ventura igual rema dubitativo. Y hace pausas. Buscar ese tobillo tatuado en el maldito horizonte también es una forma de estar en la mar. Tocar la  luna es posible.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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