Rozaduras

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Entre mate y mate matutinos, Martina, soñolienta, se prepara su jugo de naranja, las tostadas con dulce de leche y unas natillas que no admiten comentario. Están buenas estas visitas fuera de programación. En realidad, no existe esa tabulación vital que suponen los convenios donde se reparten los tiempos como si los gurises fuesen objetos con cariño cronometrado. Así que cuando quieren, vienen. Y cuando ocurre, está bueno estar sin principios de autoridad y acatamiento. Eso ya fue. O nunca fue. La verdad es que desde el minuto uno la interacción ha sido, como dicen en el reino, flipante. Los tres nos intercambiamos actitudes, cada uno en la suya. Y las rozaduras escuecen lo que, fuera de apriorismos, provocan todo tipo de sensaciones y momentos. Para desgracia de los gurises, soy un conversador compulsivo, un pesado, en plata (no argumentaré disculpas a mi favor). La historia es que hay momentos, cada vez más frecuentes, que sus comentarios me producen una mezcla de orgullo y pudor (la apología del discurso me rompe las pelotas. Nunca he sido capaz, conscientemente, de asociarlos a mis querencias y creencias para no hacerlos ociosos en sus miradas y curiosidades). Y hasta deliberadamente intento ser brusco en las posiciones para ese gratificante encuentro de la controversia. Ellos conmigo. Ellos entre ellos. Dos a uno. Uno a dos. La cuestión es que, lejos de las normas imperantes, y sabiendo llevar los tiempos que muchas veces juegan en contra, la flaquita estaba hoy con sus ojos legañosos enfrentando el día con su viejo sin afeitar y ya enfrascado en el vicio de leer la prensa con el mate (doblemente amargo, que no amargura, aunque parecido e igualmente excitante) y va, y pregunta: “¿Qué pasa con Trump?” Le respondo su última estupidez vomitada sobre que los emigrantes no son personas, son animales. Y la flaquita, absorta en su tostada, responde: “Papá, los tontos son los que lo votaron, los que opinan como él. Es la democracia”. Rozaduras. Ahora, lograr la ducha diaria que está en pleno equinoccio de los 12 años y ya sabemos cómo lo vivíamos nosotros.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

3 comentarios en “Rozaduras”

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