Fly to quality

CorralitoArgentino-2001

Mientras miles de personas abollaban sus cacerolas y sartenes contra las chapas de las sedes bancarias del Microcentro porteño en busca de sus ahorros ante las cámaras de los medios de comunicación internacionales, en los restaurantes de la avenida Dardo Rocha, junto al hipódromo de San Isidro, las colas de cientos de personas eran para entrar en alguno de ellos a 100 US$ el tenedor. En la “31”, postal icónica e irredenta como la 9 de Julio con su Obelisco de una ciudad, los que no son esperaban a que la ola se retire y despertarse con nuevos vecinos en la villa arrastrados desde los “cien barrios porteños” y del norte desnutrido del país. Fueron unas de tantas escenas de diciembre de 2001.

De aquellas épocas tan sólo nos queda el recuerdo de “El Corralito”, ese término que arraigó no solo en Argentina y que describe una medida adoptada por un gobierno para evitar la retirada masiva del dinero y el consecuente colapso de las entidades financieras (el sistema financiero, según el modelo liberal).  Nada, en cambio, se dice de los momentos previos, cuando son los capitales extranjeros (que llegan para especular), los que salen y generan las turbulencias, el origen del tsunami. Mucho, en cambio, se dice de la salida adoptada para la crisis, de esa demoniaca y antidemocrática elección que despectivamente tachan como “populismo”.

Por primera vez, desde los movimientos independentistas, el continente tiene referencias económicas y políticas donde elegir: la presente, previa a un nuevo corralito que fundamenta su estrategia en el mensaje a inversores extranjeros (productivos y especulativos) en: “venir, tenemos muchos recursos naturales, sociedades blancas, estructuradas y educadas, les daremos ventajas fiscales, destruiremos competencias locales y facilidades para repatriar capitales y sobre todo, corporaciones mediáticas para vender vuestras cualidades, bondades e imagen en todos los formatos posibles, desde el informativo, la opinión y hasta la ficción, a cambio de unas módicas comisiones a depositar en paraísos fiscales”. O, la pasada: “venir, hay recursos naturales y facilidades dentro de un marco legal donde operar y competir, como en las sociedades de vuestras sedes matrices”.

Por primera vez, hay hechos para comparar las políticas de gobiernos progresistas (perdón, populistas), que priorizaron las operaciones en ámbitos regionales, generaron empleo y potenciaron el I+I+D. Claro, fundamentaron sus políticas en la acción social, algo tan absurdo como anhelar los estados del bienestar que tan bien venden los europeos. Una sociedad democrática en la periferia para los que rigen el mundo tiene que ser desigual, folclórica y colorida, digna de ser rezongada y avergonzada. De ser condescendientes con las personas, organizaciones, hábitats (estamos bien para un rato, tenemos músicas, literatura, plástica, futbolistas y boxeadores, semiólogos y muchos psicólogos, algunos políticos raros y muchos malos, diversidad epidérmica y paisajes en vías de destrucción por inéptos; somos, para la percepción de buenistas y obtusos, sociedades fallidas que demandan asistencialismo de los senados del norte).

Mayo de 2018, el dólar trepa frente a las monedas nacionales de los países que han decidido comprar el olvido de aquellos años. Perú, Colombia, Brasil, México y Chile están desbocados. Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. subieron en el último mes y se espera que la reactivación económica lleve a la Reserva Federal a seguir aumentando las tasas de interés este año. Correlación directa.

Argentina pide 30.000.000.000 de US$ a FMI. Sin problemas. Una tasa de interés baja, dice el ministro de Hacienda para su política gradualista (la falta de concreción ya es un dato para la alarma). Las consecuencias serán conocidas y previstas: pagan los que menos tienen que son personas trabajadoras y jubiladas y, fundamentalmente, quienes se benefician de las míseras ayudas sociales. Hay más, por supuesto, el ajuste fiscal y paralización de la inversión pública para destruir el poco tejido empresarial que resiste. Y después, tras la desolación, vendrán también el hambre, la desnutrición que los que no son.

Deprimida la sociedad, ese santo grial que es la clase media, abiertas nuevas villas miseria, quedan los que acuden a los restaurantes junto al hipódromo. Son el 1% de la sociedad. Avalan y comprenden a los mercados que son su patria. Sin embargo, hasta de ellos se ríen en los mercados bursátiles del mundo llamando a esta situación de fuga de capitales, “fly to quality”. Es comprensible, “vuelan a la calidad” y todos estos virreyes del continente son una caricatura de gobernantes. México y Brasil pueden liderar el paso. Depende de sus elecciones y de hacer oídos sordos a las corporaciones mediáticas.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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