La tierra de los hombres íntegros

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Es uno de esos países por los que la opinión pública no apuesta. El 181 de 187 en renta per cápita, según Naciones Unidas. País fallido para algunos, imposible para otros, “una merienda de negros” para el refranero. Tan poco inspirador que ni siquiera Macron pondría dos aviones para bombardearlo y tras los estruendos, correr a escribir un romántico discurso sobre la democracia (algo de Nerón y su cítara tiene Emmanuel). Bueno, mientras no toquen a alguna de sus empresas mineras. Y es que la ruina de este país es ser el cuarto exportador africano de oro, además de otros minerales que lo han conducido a la hambruna, las enfermedades y el trabajo esclavo infantil (en términos de aceptación de la opinión pública occidental, este punto no es moralmente reprochable; véase la industria textil o de calzado deportivo).

Sin embargo (qué despiste cuando existe un sin embargo), fue más que un país posible durante cuatro increíbles años. Y como probablemente suene a cuento chino de migrante aburrido descreído del etnocentrismo imperante, empezaré como corresponde: había una vez un país que, en 1983, se cansó de no serlo. Durante siglos mantuvo a raya a religiones invasoras, vieron venir y marchar civilizaciones y hasta el día de hoy se desconoce quiénes edificaron su impresionante muralla meridional (me gustaría creer que son parte de los Reinos Hausas). Los dos últimos siglos asumieron ser parte del “imperio” galo. Le brindaron a cambio sus riquezas y las personas para sus guerras mundiales (igual que otros). En 1960, esa falsa independencia que tan bien describe Boaventura en su análisis sobre la continuidad de los colonialismos (con otra imagen). Dos décadas de golpes, repúblicas, golpes, repúblicas. Hasta ese 1983 que, un golpe con gran apoyo popular (de esos maléficos como los cubanos, nicaragüenses, bazzistas, bolivarianos, norvietnamitas, etc.), llevó al poder a un capitán llamado Thomas Sankara. Final de la Guerra Fría. Casi desconocido en Occidente, Sankara ha sido y es un referente africano y global, si uno quiere encontrarlo. En primer lugar, por orden de importancia mediática en nuestra actualidad, porque incorporó a la mujer a la vida pública sin cupos. Se le atribuye la frase de: “hago lo lógico si la mitad del cielo es mujer y la otra, hombre”. Además de la presencia en su gabinete, erradicó la ablación, los matrimonios forzados, la poligamia y promulgó leyes sociales que permitían la conciliación de la mujer, alentando el trabajo fuera de casa. Vaya, hace treinta años. Y sin hashtags. En ese país ocurrieron tantas cosas que espero que lo tomen con un cuento porque muchos de los que llegan en pateras proceden de él (hoy hay 3 millones de emigrados en Costa de Marfil, por ejemplo). De las primeras medidas que se adoptaron fue eliminar la dependencia externa. Al diablo fue la alpargata, el FMI y el Banco Mundial que imponían sus políticas con la misma inescrupulosa doctrina saqueadora. Lo logró (los gobiernos progresistas de América del Sud, solo tenían que documentarse para encontrar el camino; digo, del pecado). Combatió la hambruna con una reforma del sistema productivo y con la reforma agraria. Un éxito. Estableció un sistema sanitario público y y promovió la vacunación de 2,5 millones de niños contra la meningitis, fiebre amarilla y el sarampión (puro populismo). Por supuesto, erradicar el analfabetismo (más populismo innecesario). Nacionalizó la minería (dictadura). Creo infraestructuras viarias en su creencia de un panafricanismo posible (hoy reivindicado). Y, como iba de moderno, plantó más de 10 millones de árboles para frenar la desertización en el Sahel (ahora estamos como revolucionario con el carril bici). Una última, antes que el Pepe Mujica, terminó con los vuelos en primera clase, la residencia presidencial y cambió la flota de Mercedes Benz en los que viajaba el gobierno por aquellos fantásticos Renault 5.

¡Ah!, pero cerró la prensa privada porque la consideraba al servicio de potencias exteriores (Francia, fundamentalmente). Y no, contra eso, no. ¡Si la prensa privada es lo más libre del mundo! ¡Son valientes empresarios que no dependen de nadie y les impulsa su pasión y deber por informar! Así que, en 1987, Miterrand y Giscard d´Estaing (el ADN dictaminará que eran abuelos de Macron) promovieron el golpe y su asesinato. Lo hicieron a través de Blaise Compaoré que ordenó desmembrar el cuerpo de Sankara para su olvido. Vueltos al redil de los Macron, May y Trump, de los democráticos organismos financieros internacionales, se revertieron todas las medidas adoptadas, la corrupción irrumpió desbocada y el país descendió a tumba abierta a los abismos de la nada donde hoy habita. A finales de 2014, La Escoba Ciudadana (acertado nombre para un movimiento que no necesita de sufijos datados para recordar), barrió del poder a Compaoré y como había vaticinado Sankara a modo de epitafio en su último discurso, “se mata al revolucionario, pero no a las ideas”.

Yo crecí estudiando a un país que se llamaba Alto Volta. Y Thomas Sankara lo bautizó Burkina Faso, que en mossi significa “patria de los hombres íntegros” (y que mi alergía por patrimonios me lleva a interpretarlo como tierra). Y por ahí, los franceses y sus mandados se olvidaron de cambiarlo, pero no de sus recursos que siguen explotando. Hay mucho más detrás de una manta que te cruzas por la calle. Pero ese es otro tema.

 

 

 

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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