“La voz de su amo”

1213.jpgEmmanuel Macro gesticula durante su discurso. Está embebido en palabras que cree originales. Habla de somnolencia ciudadana. De legalidad y justicia. Por supuesto, de democracia. Se viene arriba sintiéndose portaestandarte del “renacimiento europeo”. Es joven. Probablemente los últimos 16 años no prestaba atención a los discursos de sus homólogos en el cargo de la France. Tampoco a las decenas de bombardeos en los que su país actuó como comparsa de los Estados Unidos, siempre necesitado de legitimar sus redoblantes belicistas con simbólicos compañeros de armas.

Del otro lado del canal, Theresa May, más sobria en el gesto, no tan joven e igual de ausente, se centra en la justicia y la legalidad de su participación en el bombardeo. Si los disparates de Sarkozy, hoy investigados en el capítulo de Libia, amparan los actuales, a la Premier británica le restan muchos bombardeos para caer presa de la borrachera bélica de aquel líder de la nueva vía llamado, Tony Blair. Hecho el quilombo, huyeron, contraprestación de recursos mediante, dejando desamparados a quienes fueron a proteger de las armas de destrucción masiva. Fue el Faluya.

El Eurotúnel es atrapante y ambos países comparten la melancolía por reverdecer sus imperios asiáticos y africanos. Sus discursos, sean cuales sean los gobiernos que hasta la fecha han tenido de amabilidad de compartir, son de un insultante patriarcado que, por suerte, a la hora de la verdad, es pura milonga. Y es que no son nadie. Bueno, lo son como países, pero su peso internacional es de secundarios sin mención al Oscar. Igual, están ahí tirando bombas para su electorado interno, avalando a cada uno de los presidentes de la Casa Blanca.

Nipper era un simpático fox terrier, blanco y negro, que fue legado como herencia al pintor Francis Barraud, junto a un gramófono, tras el fallecimiento de su hermano. Barraud observó que aquellos discos de pizarra que además de música eran utilizados para enviar mensajes, provocaba que Nipper se acercase para escuchar la voz de su amo muerto. Atentamente, con la cabeza inclinada frente a la trompeta, parecía entender las palabras. Y lo pintó. Y a la postre se convirtió en 1901 en el logotipo de Victor Talking Machine Company y fue tan impactante que se mantuvo en su fusión con RCA, en 1930. Hoy, la voz del amo (his master´s voice), es la de Donald Trump. Un presidente irascible, lleno de prejuicios, racista y xenófobo. Un presidente mercader, donde las personas se miden en su cuenta de resultados. Ni es ideológicamente algo; un fanático de sí mismo. May y Macron son quienes acercan sus caras sin entender bien de que ultratumba tuitera salen esos sonidos reconocidos y a los que nunca se debe cuestionar. Eso sí, después marcan su territorio para sentirse coprotagonistas, casi impulsores y decisivos. Y lo peor es que están tan felices como perro con dos colas. Resultan conmovedoras o patéticas, según el asiento desde donde se escuchan, sus explicaciones que no son otras que la falta de soberanía, la mendicidad en el expolio de recursos ajenos, los imperios perdidos o la manifiesta dependencia hacia quién, hace unas semanas los amenazaba con medidas proteccionistas contra el acero.  Mañana vendrán (ya se producen, pero se calla), los daños colaterales de tanta democracia, justicia y legalidad (esa suerte de hashtag para todas las edades). Eso es seguro.

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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