Católicos

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Porrompompomporrompóm procesionan unas cuantas personas por la Ciudad Vieja llevando una imagen al frente. De pronto, un triste parroquiano que bebé en silencio una copa de vino se arranca con su proclama: “¡Viva la Guardia Civil!” y estalla la carcajada de la concurrencia del boliche. De la otra esquina, otro, habitualmente taciturno le retruca: “¡Y el generalísimo Francisco Vázquez!” y la noche se vuelve alegre imaginando al antiguo embajador plenipotenciario del reino de España en el Vaticano como uno más del séquito de fieles luciendo sus medallas y una banda atravesando su pecho. Por supuesto, junto a él, “su parienta”, como gustaba nombrar a su esposa. Son pocos y hasta conmueve su devoción raquítica a pasear creencias trasnochadas por la ciudad. Los tiempos han cambiado. Tampoco hay tradición y las malas lenguas de noctámbulos tugurios especulan sobre el pago a los costaleros por falta de juventud vigorosa que asuma semejante carga religiosa. Y está bueno que en estos tiempos de mordazas, donde todos tienen el derecho de limitar la libertad de expresión de los demás, más allá de las ocurrentes proclamas, los parroquianos sientan ternura por el dolor en el rostro de las procesionarias.

Hace muchos años, en un viaje aventura por Portugal con mis hijos, recién liberada la convivencia y con la maravillosa sensación de un pecado de carne y hueso en algún territorio conocido, nos encontramos con otra demostración de fe. Estábamos de excursión en Apulia que celebraba la fiesta de su patrona. Huelga decir que los portugueses tienen el don de hacerte sentir cómodo, querido, acompañado. Y un viejo con dos renacuajos, debía ser como una figura desvalida, torpe y necesitada de más mimos. Estábamos en un camping cercano y ese día de fiesta fue especialmente agradable, con una exquisita y copiosa comida, juegos, playa, caricias, abrazos y las habituales cafradas, marca de la casa. No hubo jueguito sin gastar, coches de choque donde impactar, tiro al blanco para errar, dulces ellos y, sobre todo, el helado veraniego para impregnarnos de bigotes y barba de limón y frutilla. En palabras de una anciana de la familia: “¡espectacular!” Se vino la noche con su circunspecta sirena para la niebla que rivalizaba con los sonidos de la fiesta y nosotros, felices. Y de repente, el sonido cesó. Al fondo de la rúa da Colonia, la calle de la joda, un mar de velas se había congregado en la plaza frente a la capilla de N. Sra. da Guía con el alumbrado público apagado. Me resultó curioso y como se habían suspendido los juegos y el bullicio, nos acercamos. He de reconocer que desconozco muchos ritos. Los tres llegamos con nuestra alegría llenas de risas. Por un megáfono se recitaba una letanía que cientos de personas acompañaban con shipishiesheshiepisieshmieshiesamén, sheischeieshiesamén. Quizás porque las luces de las velas profundizaban y marcaban unos rostros llenos de sombras, alargándolos y ahuecándolos, quizás, por el escenario creado, al mejor estilo muzzoliano o goebbeliano, de oscuridad profunda moteada por las oscilantes llamas, quizás, porque la letanía había petrificado a nuestros afables anfitriones, que Martina se puso a temblar y sollozar sin poder reprimir el miedo que le recorría el cuerpo. Ni los abrazos de su hermano, ni los míos subiéndola a mis brazos, ni el gesto de tocar a una señora para comprobar su humanidad y restarle dramatismo a su estado cuasi zombi, pudieron contra su aterrorizada sensación. Nos fuimos abriéndonos paso a empujones entre las recitadoras estatuas humanas. Nos subimos a la camioneta y se deshizo en llantos. No sabía explicar lo vivido. Y las bromas de su hermano y las mías no surtieron mucho efecto. Como cuete salimos de la villa y no paramos hasta el camping. Por suerte, una nostálgica portuguesa amenizaba una fiesta con música de GNR, Taxi y hasta Dead Combo. Costo bastante hacerla bailar. Un refresco. Desde aquel instante y durante años, cuando algo le daba miedo o no entendía una actitud, sentenciaba: “católicos”. Hoy ya es una anécdota.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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