Palabras de pobres

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Orfeo yace tirado en el suelo desencajado de dolor. Lo sabe, ha escuchado al espíritu de Eurídice en el inframundo de un terreiro de santo: está muerta. A él se acercan el niño que ya sabe que con una canción el sol aparece en el horizonte y el viejo Hermes, el cuidador de la estación de tranvías, la experiencia. Los tres en plano son pasado, presente y futuro. Orfeo, entre sollozos le declara a la experiencia: “Yo ya no tengo nada en la vida. Soy más pobre que el más pobre de los negros”. Hermes, que tantas veces ha vivido la sobrevivencia, con voz suave, calmadora, le contesta: “Pide caridad, mi hijo. Todos somos pobres y la única palabra que se puede decir es una palabra de pobre: gracias”. “Orfeo Negro” (Marcel Camus y coguionista Vinicius de Moraes), la noche y su irremediable mañana de carnaval, vio la luz en 1959. Muchas décadas han pasado remontando una situación que hoy, más que nunca, se desinfla con descontrolada velocidad. Muchas personas empeñaron sus vidas por erradicar la caridad como método en pos de la equidad. Y visto en la distancia, valió la pena, aunque el castigo por tanta osadía sea cruel y cruento, avasallador, camuflado en máscaras de progresía e intelectualidad mediática. El pobre es hoy más pobre porque se ha legalizado su pobreza y asumido desde un discurso benévolo, buenista, correcto pero distante, desde la frontera de un bienestar no permitido al Otro. El goce, es cosa de pocos.

Y como si Hermes siguiese inclinado consolando a Orfeo, la escena, como un plano continuo de un movimiento Dogma olvidado, podría añadir otras palabras de pobres como, “por favor” y “perdón”. Porque si se inocula desde la infancia que la vida, para sobrevivirla, depende de un poder al que agradecer la gracia de mantenernos vivos, aunque sea en el dolor y la miseria, es otra realidad que la caridad nos obliga a pedir por favor nuestros derechos y libertades, como las que tienen otros. Por favor y gracias no como una cortesía sino como una condición. Por favor. Gracias. Y la tercera, igualmente de pobre, es la necesaria marcha atrás que la osadía de ser pensante a veces nos vuelve descuidados diciendo o haciendo lo que consideramos correcto. Entonces, no queda más remedio que pedir perdón. Las reglas son las reglas, ¿verdad Hermes? Por las dudas, gracias por sus segundos, por favor no se enojen y perdón por el vuelapluma.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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