“Su último día follable”

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La ironía de la polifacética Amy Schumer, actriz, guionista, productora y comediante, es toda una declaración sobre el estado de las cosas en el mundo del share y lo mediático. La edad que se consume no debe pasar de los cuarenta. Son las reglas no escritas que se asumen y a las cuales se someten las chicas que quieren hacer carrera en el espectáculo. Son las reglas que explotan los que detentan el poder de decisión en ese gremio. Pero, con matices, son también las reglas que imperan en otros ámbitos laborales y sociales.

Las relaciones de poder crean amantes asimétricos. No existe el placer y sí la conveniencia. Follan una vez a la semana, al mes, cuando pintan la ocasión, con calculada mecánica y el deseo de no estar ahí si no es por algo. Un engaño a quién, lejos de ser un enfermo, es el máximo exponente del éxito en la sociedad vigente. Es el poder. Y a quién se le resista, lista negra. Porque como buenas ovejas siguiendo al pastor, las personas entronizan y elevan a culto, porque a través de él nos medimos, al trabajo y su capacidad de dar dinero a cambio de tiempo. Y en sus relaciones espacio temporales, el organigrama lo es todo. Y hay que trepar de cualquier forma y las complicidades con el poder, es una forma efectiva, aunque peligrosamente efímera (también compartir juergas y farlopa). Y toda aquella persona que rechace la insinuación, lista negra. El poder tiene una clave: la humillación. Y los procesos que emplea suelen caracterizarse por ser zafios, directos, intimidatorios. Las víctimas deciden entre la nada o supuestamente algo a la brevedad. Es un mal trago que se espera que el tiempo lo borre. Es imposible.

Más allá de las relaciones laborales, el poder actúa de la misma manera acosadora y violentadora de voluntades en todos los ámbitos. Antes se solía decir: “la ley de la selva”, para disimular que en realidad es la ley del cemento y el asfalto, de los consejos de administración, de las entidades financieras, de los países. ¿O no es lo mismo la actuación de un FMI o Banco Mundial ante un país desfavorecido o en crisis? Y de algo tan abstracto se derivan las penurias de carne y hueso de los habitantes. Y aumentan los suicidios.  También, en estos casos, se argumenta y se ponen paños calientes. También se tornan las complicidades del entorno. Si querés, me tenés que dar a manosear los cuerpos de tus fronteras. Por no hablar de las amenazas sin límites del poder en manos de un demente como presidente de los Estados Unidos: “Trump amenaza con cortar la ayuda a países que critiquen la capitalidad de Jerusalén (El País Digital, 20-12)”. O se callan, o los follo, le falta decir a ese personaje que Tod Browning no supo mostrar en “La parada de los monstruos”.

Hace poco murió el cabrón del cardenal que encubrió los casos de pederastia en Boston. Decenas de miles de niños en todo el mundo se han enfrentado a consentir o no el manoseo o violación de curas-educadores. Vaya, soy poco tolerante. Por suerte, en el pasado, uno que lo intentó, terminó con una pierna rota. La ley de calle. Una moto, un cable de acelerador y un muro. Lo habrá pensado con su pierna enyesada. Y habrá vuelto a sus andadas. Sin embargo, los más enfrentan al poder en las clases o clubs deportivos sin tener herramientas para discernir sobre lo correcto o incorrecto que le está aconteciendo y que lo marcará para toda la vida.

Peor, si cabe, porque medir este abuso o violación por entornos no es justo, es la relación de poder filial, la que se da en el entorno familiar. A veces aprendido, a veces tan solo la frustración con el exterior que se vuelve hacia el débil. ¡Atroz!

Leyendo la nota sobre Mira Sorvino y Ahsley Judd, sus caídas en desgracia por negarse a ser folladas por desgraciado Harvey Weinstein, otrora todo poderoso productor de cine, queda patente que hay un algo de normalidad que se ha tolerado en todos los ámbitos. No es un enfermo. Es un poderoso. Y cómo él, hay cientos de miles. Millones. Los ha habido siempre y con la anuencia, disculpa o tolerancia de cada uno de los entornos que les rodea. Bueno, no sé hasta cuándo, porque la inmediatez madura y pudre las noticias con celeridad, esperemos que las víctimas se sientan respetadas y respaldadas por muchos. Será difícil, creo imaginar sin equivocarme que muchos dirán que ellas lo provocan. También los desocupados no quieren trabajar. Ironiza Amy Schumer sobre la sensación de que se le pasa el arroz y llega “su último día follable”. Humor de diván neoyorquino. Consecuencias de las relaciones de poder. Follar, coger, hacer el amor de verdad es otra cosa y no tiene fecha de caducidad. Por suerte.

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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