No son tiempos para la sutileza

El paso se le ralentizó como la ciudad vieja donde habita. Se transformó en “el viejo” de Piero que escuchaba en la infancia como un imposible de alcanzar. Argumenta que sus instantes son para mirar, que producir es una segunda instancia, o tercera. Y la mirada necesita ser pausada. Atrás queda su relojear de refilón. Entonces sus palabras estaban condicionadas por metas impuestas por otros. Ahora son absolutamente libres. Un viejo de mierda, casi adolescente, donde los tonos escritos, adiós al sonido de las palabras en las malditas redes y correos que entrelazan perfiles de personas sin carne ni hueso, se lee quejoso, con bronca, intolerante, irreverente. Es la magnífica suerte de la edad, a la que no renuncia porque lo vivido ya fue. Y bien.

Roger Water sale al escenario y tras de él, las pantallas emiten un mensaje claro y unívoco: “Trump es un cerdo”. Está de gira, “Us and them”. Tras 25 años presenta su disco que es una suerte de enojo: “Is this the life we really want?” Concede entrevistas porque tiene ganas de hablar de su activismo contra la política israelí, de religión, dinero, autoridad, redes… El ex Pink Floyd a sus 74 años regresa a 1969, en mi memoria, con su Ummagumma, cuando algunos británicos llamaban por ese nombre a “tener sexo”.  Sexo combativo, conversado, alucinógeno, descubridor de tripas y neuronas, provocador, de donde nacen los discos de los 70´. “Cuando decidimos hacer este tour, me di cuenta de que la gente aún estaba ligada profundamente al material que creamos en los 70, y que debería tocarlo si todavía significa algo para mí. La gira toma el nombre de la canción ‘Us and them’ (de The dark side of the moon) y cada noche que la interpretamos quedo fascinado: me paro al lado del escenario y miro lo que proyectamos en la pantalla. Estoy feliz de poder tocar algunas de esas viejas canciones”, dice Waters. Y lo que pasan es un discurso en soporte audiovisual de temática de compromiso social y humano. Una mezcla excelente, toca pelotas, que el ex Pink Floyd explica en: “es tan ridículo que te da ganas de agarrar al mundo de la garganta, sacudirlo y decirle ‘¿qué mierda te pasa?

En un barrio de Montevideo, Malvín, una pareja de suaves gestualidades, siguen buscando el sentido a las cosas. Coetáneos de Water, él es un eterno estudiante de guitarra y ella una desmontadora de la historia. Las tertulias tras exquisitos platos de manos viajadas, la calma de sus palabras y sus jóvenes deseos, esconden un pasado de compromiso, de exilio, de aprendizaje entusiasta de otras culturas, de retorno y coherencia con sus militantes años 60´. Solo una sentencia rompe la idílica estampa: “Y al final, por qué no, las armas están guardadas”.

Trump, Putin, Merckel, Sarkozy, Berlusconi, Assad, Kim Jong Un, Temer, Macri, Duterte, Salám bin Addulaziz,… personajes de caricatura que nos llevan a un mundo más desigual y televisado, compartido en redes de enmalle social, sin refugio, asfixiado por las chimeneas productoras de objetos innecesarios, obsolescentes, transgénico, insustentable, suficientemente preparado en la ignorancia, de posverdades (un nombre pasajero a la normal anormalidad de crear verdades), de relaciones humanas con el profiláctico de los perfiles, controlado más allá de lo imaginado por Orwell, que camina rápido y sin mirar. Y como la libertad de la edad va más allá, aquel tipo que decía: “He estado en Hollywood. He estado en Redwood. Crucé el océano por un corazón de oro…”, hoy, sin ambages proclama que “estos no son tiempos para sutilezas”.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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