Ingenuidades

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Resulta fascinante que alguien se asombre al descubrir dónde está el poder real de nuestras sociedades llena de libertades abstractas, trapos y canciones. En el reino, que nadie lo llama como tal ni irónicamente, aunque lo oficialice el carnet de conducir, hemos vivido en los últimos cuarenta años (¡joder, cómo Franco!), en sucesivas efervescencias financieras en distintos sectores que, eufemísticamente se les llamó burbujas. Seguro que se conoce a muchos perjudicados (que nuestro alzheimer funcional nos ha ayudado a olvidar) y el ciclo recesivo que viene a continuación. También las distintas reformas laborales, reconversiones industriales y jibarización del primer sector. Solo una vez se bajó de los dos dígitos en el desempleo; es decir, las personas no han sido prioritarias a la hora de planificar la economía. Claro, qué decir de la crisis del 2008, verdadero hecatombe social y financiero. Primero fue el rescate al sistema financiero (ahora sabemos que no pueden devolver 42.000 millones de euros y que no hay ninguna empresa de cobros que los atosigue con llamadas intempestivas preguntándoles si tienen algún familiar o amigo que le preste el dinero para reintegrarlo y saldar la deuda o que les amenace directamente con su voz femenina y firme [según los estudios, son más efectivas las voces femeninas en los cobros] o que les manden un cobrador del frac o al torero moroso), en la firme creencia que la vida de las personas dependen del acceso al crédito y de los depósitos bancarios. Hasta donde creo saber, ningún cuerpo policial y hasta militar en funciones policiales ha entrado en esas entidades. Bueno, seamos justo, ningún juez ni fiscal ha considerado oportuno iniciar un procedimiento judicial contra esos poderes reales. Son los que mandan. Ahora, con la disputa territorial catalana, liderada por dos gobiernos liberales, resulta ingenuo no considerar que antes de mover ficha se acudió a la consulta con dichos centros de mando. La cuestión es que en las finanzas no hay personas buenas o malos, dinero en blanco o negro, negocios limpios o sucios; hay oportunidades. Y los enmarañados paquetes accionariales hace mucho que no responden a dictados políticos y sí a grupos, fondos, fundaciones, captadores de la liquidez para dar la solvencia a los parqués, verdaderos parlamentos en la sombra. Lo siento por quiénes una y otra vez apuestan ingenuamente por las libertades reales más propias y vivas en las sociedades del mundo menos apetecible por estos organismos y entidades, por quiénes son apoyan un discurso a sabiendas que sus oradores son liberales con piel de solidarios. Y no lo siento por estos últimos, que nada tienen de ingenuos, aunque la mano, a veces, le venga mal dada. Por suerte no ha habido muertes, aunque sí muchos heridos. Quizás si el poder financiero hubiese sido claro desde un principio, la singladura hubiese tomado otro derrotero. Escribir tal deseo, es una ingenuidad por mi parte. Y es que como señala el reciente premio Nobel de Economía, Richard H. Thaler, pionero de la economía conductual, es falsa la supuesta racionalidad en la toma de las decisiones de los consumidores y, obviamente, el sistema financiero lo sabe y promueve desde que los Von Taxis y Rothschild inventaron los medios de comunicación al servicio de los mercados.

Un apunte más porque me avisan que hay tres carabelas virtuales rompiendo las pelotas en el océano Atlántico, el Tratado de Roma del 57, fue económico y energético (se han borrado de las mentes aquellas singulares iniciales como la de un pueblo de Galicia: CEE). Se creó un marco económico (que fue imitado por el mundo), que necesitó desarrollar otros aspectos para tener un mercado interno lo más homogéneo posible; es decir, con capacidad de compra de los ciudadanos. Y así se llegó al asimétrico euro y sus políticas fiscales (eso sí les gusta como seña de identidad) que todos tragaron mientras se deslocalizaban las producciones y empobrecía el coste de la mano de obra para ser competitivos. Y sus políticas migratorias autistas o represivas se derivan de no encontrar la ganancia a los migrantes (en los 60´y 70´ eran bienvenidos). En fin, ingenuidades.

Imagen: Projecte Ingenu

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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