Malos tiempos para la lírica

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Cuando Rafa Domínguez escribió la letra de “Malos tiempos para la lírica” con la que Golpes Bajos ganó el premio a la mejor maqueta del año y que Germán Coppini se adueñó con la promesa que saldría el nombre de Rafa en los créditos del EP que Nuevos Medios le grabaría, nos parecía que estábamos rodeados de políticos ineptos, periodistas oportunistas del cambio, tratantes de ganado travestidos en banqueros o grandes empresarios e intelectuales dispersos de la realidad española.

El miedo lo presidía todo, Las Vulpess cantaban “quiero ser tu zorra” y las fuerzas vivas de la sociedad apoyaban su censura para evitar el apocalipsis que latía amenazante. Carrillo se volvía sociata. Y los sociatas renunciaban al marxismo (Carrillo con ellos). González anunciaba la reconversión industrial y el sindicalismo cavaba la fosa donde hoy vive. En la calle se marchaban contra las bases militares yanquis y el anunciado ingreso a la OTAN. Se portaban pegatinas con “nuclear, no gracias” y el rey paseaba sus rubios hijos, cuál monarquía escandinava o anglosajona, que es lo mismo pero no es igual, por una España que los recibía con banderitas cuando bajaban de aquel impresionante Mercedes con una corana en la matrícula. Mientras no viajaba, se peleaba con Suárez por determinadas faldas y hacia de la Casa de Campo madrileña su nido de amor. El pergamino con las “últimas voluntades de Franco”, colgaba de las paredes de muchas casas. Demasiadas. Sabíamos de los muertos del Valle de los Caídos porque cada 20 de noviembre marchaban hacia su cruz los fachas de oscuras camisas. Pero poco o nada de los otros muertos, sólo relatos de viudas y jubilados y ese mojón de carretera, totémica referencia de fosas cercanas. España era destape. Y estaba bien una parte de ese caos. Y el nombre que huía de limitarse al cuerpo. Era destape. Podía ser desatasco. Cada vez que algún documental narraba la verdad de la postguerra, se miraba para otro lado. Para eso estaba el costumbrismo del cine que a fuerza de tópicos aburrió hasta el propio Saura y a su “Prima Angélica”.  El Ajoblanco daba sus últimos coletazos. Estaban los fanzines que eran las redes sociales del momento. Y había experimentos gloriosos como Radio 3, con el Nano en los informativos, o Radio El País. Porque en su momento pareció que también era progresista. Sin embargo, los Anson y Pedro Jota, los Cebrián y Godó ya imponían sus tesis de mejor callar y pactar que hacer algo propio. Sistema político nuevo era oportunidad de negocio.

Fuera de los entornos excepcionales donde la creatividad se reivindicaba gratuita, la España que los dinosaurios ahora ponen de ejemplo era chata y mezquina, interesada y ávida de ocupar las vacantes de la dictadura. Una España que se puso el traje y la corbata o el traje chaqueta, versión de género que hace cuerpos rectilíneos, y  claudicó con la corrupción, “porque los que hacen algo, algo se tienen que llevar”, con la concertación como método, aunque se llevase por delante miles de trabajos,  las desigualdades territoriales,  las OPAS hostiles (que fueron moda), la ventanilla única que transformó a los industriales en empresarios emprendedores, con la grandilocuencia de los eventos y  el lema de “Spanish is different”.

Lo bueno fue intenso y fantástico pero escaso. Esa idea de que todos estaban es simpática. Ahora, vivimos tiempos igual de convulsos y probablemente igual de decepcionantes en sus logros. Pero, vivamos otra vez. Intentemos otra vez crear espacios nuevos, creativos, insolentes, ofensivos con el poder establecido, con las normas y usos sociales que predeterminan nuestras vidas haciéndonos ver y sentir realidades ajenas. O si no, tendremos que soportar que nos pirateen otra vez el destino…

El azul del mar inunda mis ojos,
el aroma de las flores me envuelve,
contra las rocas se estrellan mis enojos
y así toda esperanza me devuelve.
Malos tiempos para la lírica.

Las ratas corren por la penumbra del callejón,
tu madre baja con el cesto y saluda,
seguro que ha acabado tu jersey de cotton
puedes esbozar una sonrisa blanca y pura.

Malos tiempos para la lírica.

Seguro que algún día, cansado y aburrido,
encontrarás a alguien de buen parecer,
trabajo de banquero bien retribuido
y tu madre con anteojos volverá a tejer.

Malos tiempos para la lírica

Letra: Rafa Domínguez  (no, de Germán Coppini)

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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