La entrada de la muerte

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Cruzo el Río de la Plata en un barco casi tan viejo como yo. Cuarenta kilómetros de aguas ocres, confusas, mentirosas. Por acá entró la muerte. Y se mató a la muerte. Pero esta, que vestía de hojalata, volvió. Y trajo más muertes. Muertes petizas. Muertes malas. Juzgadoras. Absolutistas. Ignorantes de la vida. Y la vida murió matando a la muerte. Y sus hijos fueron perdiendo zonas de vida. Y se agolparon contra otras vidas. Y las vidas con las vidas no siempre conviven. Y cuando la muerte les dio caza, se mezclaron para confundirla. Pero la muerte está en la tierra desde que existe la vida. Sabe mucho sobre vidas. Antes también fue vida. Antes también peleo con la muerte. Otra. También implacable. Conocedora de sus verdades. Adoradora de sus verdades únicas. Aunque siempre hay un último eslabón en la cadena de la vida. Y en la muerte, también. Aunque esta, recién lo ha descubierto. Y nosotros, sus cachorros, andamos preocupados. Y si encontramos vida intentamos comprenderla. No todos, es cierto. Y mientras tanto, un yo viejo y su tonina, también vieja, cruzamos el Río de la Plata por el canal del Indio.

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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