Tu vecino puede ser un monstruo

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Su cuerpo es una cáscara hueca, una zombi que deambula en un mundo que ya le es extraño. La encontré con su uniforme azul de conserje, el mismo al que todas las personas acuden para solventar sus milongas diarias. Sabía que me faltarían palabras. “Es un monstruo” atisbé a decirle mientras sus ojos cobraban vida con las lágrimas. Durante un rato nos miramos y al final, su abrazo de abuela, el que ahora le sobra sin su nieto asesinado por monstruo con título de padre, me sumergió en el dolor de saberla vecina.

He de reconocer que me faltan armas para enfrentar la brutalidad que nos acecha en cualquier esquina en forma de drama. Esa bronca que tensa los músculos y amenaza erupcionar con una escorrentía de insultos y deseos para que alguien haga justicia por mano propia, se enfrenta a la distancia imposible de mostrar apoyo y serenidad para no horadar la tristeza infinita de la pérdida. Un instante.

La proximidad no debería admitir esa objetividad castrante con la que nos educan para sentirnos parte de la normalidad. Esa fría y aséptica normalidad que consume dramas porque lo importante es estar bien con uno mismo, ser feliz a toda costa, el centro de un universo desconocido. La normalidad de convivir con monstruos que se alimentan de nuestro orden, de nuestra corrección. No reivindico el ojo por ojo, ni reclamo sistemas judiciales que castiguen con severidad extrema que raye la crueldad al monstruo. Me inquiero a mí mismo.

Los monstruos sociales, que no son las personas enfermas, existen desde que conformamos sociedades, desde que definimos lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, lo normal y lo anormal. Lo bueno, lindo y normal es poseer. Lo malo, feo y anormal es no tener. La vida se vuelve una norma comparada, un muro fronterizo que admite y rechaza. Es difícil encontrar un monstruo social joven, por más que la prensa sensacionalista no hubiese mostrado a los “niños asesinos de Liverpool” que, en realidad, eran tan víctimas como el niño que asesinaron. El monstruo se construye, lo hacemos entre todos y estalla. Y sus acciones se vuelven incomprensibles a la razón. El monstruo busca hacer daño y condenar a su entorno y así recordarlos el resto de sus días como cáscaras huecas, sin vida.

Mientras nos mirábamos le oí decir que la familia del monstruo sabía de lo que era capaz, que nada hicieron. Es probable, o no, pero tiene todo el derecho a creer y decirlo. Nadie sabe que ven sus ojos ni por qué se levanta cada día, ni lo que siente cuando alguien le abraza por la calle. Su nieto de 11 años fue asesinado por su padre con un golpe de pala en la cabeza. ¿Por qué era suyo? ¿Por qué era de ella? ¿Por qué ella no era suya? Convengamos que así nos educan, que nuestras relaciones personales se plantean en poseer, en cumplir convencionalismos, en ser normales. Y, sin embargo, la criba deja la puerta abierta al monstruo. La falta de un nosotros donde converger crea al monstruo. Ese tipo que hoy se llama Marcos Javier Miras Montánez, mañana aún desconocemos su nombre. Y hay muchos. Y lo sabemos. Quizás, tu vecino.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

3 comentarios en “Tu vecino puede ser un monstruo”

  1. “Mi vecino es un monstruo”.
    Soy vecina de la calle ultramar, he nacido y criado en ella. El barrio de Labañiu es un barrio que ha ido creciendo a lo largo e los años, pero en mi niñez, la niñez de Marcos, Gabi y Susana todos nos conocíamos. Al leer tu columna puedo leer un párrafo en donde escribes que oyes decir a la abuela que la familia de él lo sabía……mucha gente puede decir que es por el dolor, que como puede ser posible que lo supieran y no hicieran nada.
    Pues si, no es dolor solo, es realidad, en todo su contexto…lo sabían, lo sabían porque la madre del monstruo tiene tanta culpa como su hijo. Javier era un niño que llegaba a la calle y lo metían en casa, en todo ese tiempo solo lo vi jugar, si se puede decir jugar, salir más bien el corto tiempo de 15 minutos delante de la puerta y si no recuerdo mal, fue por ser un día puntual de semana de fiestas de diciembre…eso fue todo, todo lo que ese niño disfrutó. Nunca lo he visto pasear con su tía o su abuela, eso sí…el perro, que no tiene culpa sale a pasear 4 o 5 veces al día. El día de los hechos, jugando los niños en la calle, a la tarde volvió a casa solo, salio cambiado y su madre detrás de él, le dio una bolsa y se metió en el coche ..solo hay que preguntarse porque no pregunto por su nieto si no era la hora de recogida y porque no le dijo a esa madre desconsolada la verdad. Yo lo sé, porque siempre fue mala, mala hasta la saciedad, hasta el punto de ser una mujer adulta e insultar, denigrar, y decirle cosas a niñas de 8 años como mi hermana, que pueden marcar.
    Mala hasta el punto de cuando Javi era un bebé, no permitir que entrara en su casa y estar esperando en la esquina de la calle con su mamá en el carro por no ser bien recibido. Hay lo dejo, es cierto que no se puede juzgar a una familia por los actos de uno, pero en este caso, para mí hay dos culpables .

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      1. Simplemente decirle que los vecinos de la calle apoyamos a esa madre, que no todos en este barrio son malas personas, hay familias muy trabajadoras….lo digo por la fama que tiene, pero que esa investigación tenía que abarcar a más personas.

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