El Mercado das Nubes

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Quién no ha escuchado a la puerta de una escuela o cancha de deportes: mi hijo tiene el talento de Messi, o de la Navratilova, o pinta como Picasso a su edad o toca Mozart, o no mucho más porque el repertorio es corto. Quién no ha escuchado de los networking, crowdfunding, incubadoras, aceleradoras y batidoras de talentos. Todos tecnológicos, éstos. Y quién no ha escuchado que dicho talento es cómo una varita mágica, un don cuasi divino, o sin cuasi para sus relatores. Superdotados intelectualmente. Y a ellos se destinan recursos para apoyarlos a experimentar en disciplinas afines a su prodigio de la naturaleza. A los normales, exámenes. Educación para aprobar, para ir tirando. Creo que debería ser al revés. En fin, es una apreciación.

El talento se ha convertido en una bandera, en una marca país, en valor construido de un discurso comercial.  Hace unos años al talento se le llamaba creatividad. Era limitante y percibido en la veta artística y poco más. La mercadotecnia necesitaba más y creó el talento como banderín de enganche. Hoy por doquier se enarbola el talento y cientos de millones aplauden haciendo suyas las virtudes. Es un aggiornamiento de nuestra religión primitiva. Un olimpo. Para el resto, el valor solo puede filtrarse por el esfuerzo. Y en algunas comunidades sociales o territoriales el deterioro prolongando es tal que el esfuerzo se vende como una cualidad identitaria de un animal bruto, bueno, manso y trabajador.

Pero el talento no existe. Es una ficción. Como la mayoría de nuestros valores sociales. Es la excusa perfecta para mantenernos en ese sillón mental que nos hace funcionales a las decisiones de las corporaciones en forma de productos o servicios. Consumidores sumisos y entretenidos con pavadas. Hasta la muerte. Las teorías de la conspiración son estupideces. El mercado no. Y es la adaptación a esa vida esclava de servidumbre la que se determina dentro de cada una de las corporaciones que compiten entre ellas por el dominio en la necesidad de consumo, del mercado.

Existe, sin embargo, la mirada. La curiosidad. Por acción u omisión, desde que tenemos memoria se generan espacios de libertad donde rebuscar y explorar inquietudes. Y es apto para todos los públicos. Sin divinidades. Si estas libertades no son seccionadas por las normas, producen placer. Y avanzamos. Profundizamos por mero placer. Y esa mirada que explora, con los años, nos pide intervenirla. Por placer, también. Existen infinitas miradas y la clave es reconocerse complementarias y no necesariamente lectores de las ajenas. Es la biodiversidad de una sociedad, un cálculo de probabilidades incalculable. Obviamente es una teoría ya que la realidad educacional está diseñada para coartar el placer de la mirada y la pensada o, alternativamente, darle un valor competitivo de unas sobre otras. No es extraño escuchar lo de “información inútil”. Tampoco el pudor por sentir placer, habitualmente reprimido, considerado sucio, vicioso, pervertidor de las buenas costumbres.

El planteo de crear un mercado urbano para quienes le dan una pensada a su trabajo, es visibilizar y ser compartido por esas miradas que son un mundo en sí misma; ver los distintos enfoques sobre los objetos y procesos que están en esa normalidad seriada y estandariza de nuestra diaria. Cada una con su locura y ninguna con el discurso vacío, tan imperante en la actualidad. No existe el talento; todo es mirada y pensada. Pensada en el cómo y el qué. El cuándo y el dónde es la traba que esta sociedad de funcionarios, públicos y privados, de grandes, medianas o pequeñas estructuras, imponen a las personas. Y, paradójicamente, son el contrapeso necesario e inevitable hacia una maldita uniformidad que avanza a paso firme y veloz gracias a los algoritmos de la electrónica.

La idea de desarrollarlo implica también el riesgo de dejarlo crecer solo y, consecuentemente, que se convierta en un producto más de consumo. Las pensadas tienen que vender y probablemente corromperse. Sin embargo, hay y habrá otras que deberán sustituirlas. Y si no, otra será la forma de exponer en este gran mercado social a quienes piensan en su herramienta económica de vida. Nada de discursos de máximos, ni romanticismos bajo una parra; hechos. Pasos. Eso es el Mercado das Nubes. Bueno, era.

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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