Instantes / La púa de John Cale

3296114800537En el lateral de la Plaza de España, estacionaban los autobuses para llevarte a los estudios de la 2 en Prado del Rey. Había que estar temprano, como a las 8 de la tarde. Cada jueves. Habitualmente éramos tres. En ocasiones, cuatro. A veces, superábamos los cinco. Lo normal era no tener entradas. Invitaciones. Era TVE, era el PSOE. Y nosotros estábamos en todas las jodas posibles, conocíamos a un montón de personas pero no formábamos parte de la cúpula de la Movida. Puro bulto. Divertidos y nada más. La mecánica era sencilla: al llegar conocidos u amigos, los invitados solían ir por sus medios directamente a los estudios, repetíamos el ¿te sobra una entrada? Alguna siempre caía. Y con ella uno se subía al autobús y desde la ventanilla trasera la pasaba al que esperaba en la calle. Una y otra vez, las que fuese necesario.

Al principio nos colamos alguna vez en Prado del Rey. Después, los Civiles se pusieron espesos. Vuelta al “¿te sobra una entrada?”, en la cola de los invitados. Nunca quedamos afuera. Siempre entrábamos a carcajada limpia.

Antes del plató, una parada en los baños para cargar pilas. Visto con la perspectiva de esta posmoderna edad media en el que vivimos, suena a ciencia ficción pasar cargado de anfetas, porros y algo de alcohol barato en el control de los guardias. El baño era un buen sitio para vacilar con alguno de los músicos extranjeros que miraban con satisfacción el desparpajo de lo público.

El plató era grande, estaba bueno. Siempre parecía estar medio vacío. Al fondo una barra para las dos birras y el bocata cortesía de la casa. Éramos un público difícil y por megafonía, después del “prevenidos”, nos invitaban convertirnos en ese bulto entre la cámara y el escenario. La verdad, todo era postura porque a poco que sonase la banda, nos entregábamos. Eso sí, a cada corte para publicidad nos recordaban que los músicos extranjeros no entendían la moda de escupirles como gesto de admiración. Parpadeabas y el estudio estaba saltando. Ya lleno. ¡Qué lujo de actuaciones! Era como un top en una ciudad que llevaba años ofertando de lo mejor. No era extraño ver guiris que viajaban solo a los conciertos. O despistados estudiantes come hamburguesas que descubrían que en sus landers existían músicas diferentes. Conciertos que devorábamos sin importarnos el estilo. Algo bueno encontraríamos en la sala o en los baños, o en la previa o desparrándonos por el circuito madrileño con el subidón de algo. Obvio, el templo: el Rockola. Y sin embargo, La Edad de Oro logró atraer conciertos en exclusiva impensables para las salas.

Con Paloma Chamorro, pura crueldad. Mal hecho pero obviarlo no limpiará la realidad. Quizás por su edad. Quizás porque lo suyo era la plástica y sus entrevistas eran tediosas y llenas de tópicos. Quizás porque… Por mucho que abriese el micrófono para solicitar ese fondo de escenario en sus entrevistas, rara vez alguien se ofrecía voluntario para hacer el paripé y, en más de una ocasión, los voluntarios, colocados hasta las cejas, reventaban sus minutos de gloria. Era una diana. Hasta los invitados se pasaban un montón, quizás informados previamente que era la persona y lugar idóneo para una gamberrada televisada a todo el reino. Pantalones abajo y culo al aire. El crucifijo con el cerdo. La negación como respuesta.  Y dicho esto, habría que decirle varias veces gracias por montar con otros (el equipo invisible) el mejor programa de la televisión pública y privada. No se repetirá, faltan contenidos y profesionales independientes.

No vale la pena hablar de un concierto. Sí de todo el mundo que entró por nuestros sentidos. Efímero. Lo sabíamos. Estaba claro que llegaríamos a este estado de las cosas. Remixes. Tampoco hay que desconocer lo bueno que algunos proponen. Digo, no es colectivo y las alcantarillas de la cultura no rezuman la electricidad de los sentidos que recorre tu espalda. Sí, diré que aun conservo la púa de John Cale y que durante años llevé una pulsera que sin querer queriendo le robé a Marc Almond en uno de sus ataques para ser toqueteado por el público.

Después, el autobús nos tiraba en Plaza España. Malasaña estaba cerca.

http://rtve.es/v/996808

 

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Publicado por

carlosdeus

Periodista independiente

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